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    9 veces en las que la ropa asesinó a gente

    Básicamente todo puede matarte, lo siento.

    1. La reina Isabel usaba maquillaje hecho con plomo que terminó por envenenarla. Ups.

    Hulton Archive / Getty Images

    Durante el reinado de la primera reina Isabel I, la palidez se convirtió en sinónimo de belleza, riqueza y nobleza. Para lograr el aspecto pálido definitivo, las mujeres se pasaron al ceruse, un maquillaje a base de plomo. Dije plomo, sí, porque el maquillaje a menudo se comía la cara de quien lo llevaba, causando la cicatrices y daños extremos.

    Como señaló Giovanni Lomazzo, autor de la época,, ceruse "es por naturaleza un gran secador... las mujeres que lo usan en sus rostros, se marchitan rápidamente y se vuelven canosas, porque esta irritación puede secar la humedad natural de su carne". Suena... genial.

    En el caso de la propia reina Isabel, usaba tanto ceruse que terminó muriendo a causa de ello, ya que se envenenaba lentamente con el tiempo a medida que el plomo del cosmético se filtraba en su piel.

    Y ESO NO ES TODO.

    Los estándares de belleza prevalecientes en ese momento también exigían que las mujeres tuvieran bocas rosadas y ojos brillantes y grandes. Con el fin de conseguir una mirada de ojos brillantes, las mujeres echaban gotas de belladona en los ojos. Sus efectos secundarios incluyen dolor de cabeza, mareos, náuseas y visión borrosa. QUÉ.

    2. En Inglaterra, en el siglo XVI, uno podía ser ejecutado por llevar la pluma equivocada en el sombrero.

    Kean Collection / Getty Images

    En la Inglaterra del siglo XVI, las leyes suntuarias (leyes que intentaban crear distinciones entre clases y definir normas sociales) regulaban las plumas que cada clase podía usar. Ante todo, todos los mayores de 13 años debían usar un sombrero, lo que resulta bastante curioso. Las clases más bajas fueron relegadas a llevar plumas de ganso, pato, pollo o urogallo, mientras que a las clases altas se les permitía usar plumas de pavo real, avestruz, garceta, cisne o faisán. Cualquier persona de una clase baja que fuese vista con una pluma de faisán era etiquetada como impostora y podía ser ejecutada.

    3. Durante la época georgiana, las pelucas de las mujeres se incendiaban rutinariamente.

    Library of Congress

    Durante el período georgiano (aproximadamente de 1714 a 1830), las mujeres (¡y los hombres!) se volvieron locas por las pelucas. Las pelucas a menudo estaban hechas de pelo comprado (aparentemente se prefería pelo de vírgenes) que luego se complementaba con lana y se le daba forma con agua azucarada y una pomada grasosa. Como te puedes imaginar, podían oler bastante mal después de unos cuantos usos y requerirían viajes regulares a un barbero para darles forma y limpiarlas.

    Las pelucas de las mujeres eran tan grandes y elaboradas que a menudo tenían problemas para entrar por las puertas y tenían que inclinarse o sentarse en el suelo de sus carruajes para moverse. Uno de los efectos secundarios más horribles de estas monstruosidades de peluca era que las damas de la sociedad a veces tropezaban con velas y cosas y accidentalmente incendiaban sus pelucas increíblemente grandes. Los periódicos de la época estaban llenos de terribles relatos de mujeres que se quemaban hasta morir en accidentes relacionados con pelucas.

    4. Durante la época victoriana, las mujeres usaban ARSÉNICO para aclararse la piel.

    Smithsonian Institution

    A mediados del siglo XIX, se descubrió un grupo de "personas que comían arsénico" en lo que ahora es Austria. El grupo era conocido por ingerir pequeñas cantidades de arsénico y tener una piel y una salud reaaaaaaalmente geniales, al haber desarrollado una tolerancia al veneno. El único problema fue que cuando trataron de dejar de tomar arsénico, su salud y bienestar se desplomaron.

    Aún así, los fabricantes de medicamentos y cosméticos vieron una oportunidad en el veneno y apostaron por él. Crearon pastillas, una crema facial e incluso balnearios con arsénico, los cuales ayudaban a las mujeres a lograr una tez suave y pálida. El único inconveniente era la lista EXTREMADAMENTE larga de potentes efectos secundarios, incluidos dolores de cabeza, diarrea, vómitos, dolor de estómago, calambres, convulsiones, somnolencia, sangre en la orina y pérdida de cabello. Y lo que es peor, muchos dijeron que cuando intentaron dejar de tomar las pastillas sus síntomas empeoraban. En efecto, los usuarios se vieron obligados a continuar envenenándose para sentirse un poco mejor.

    5. Los corsés se ataban tan ajustados que a veces cortaban el estómago de la mujer por la mitad.

    Wikimedia Commons, Archive Photos / Getty Images

    Los corsés apretados que oprimían los órganos eran muy populares durante la época victoriana y se pensaba que cuanto más apretado pudieras atar el corsé, mejor. (Sí, los estándares irracionales para la feminidad han existido SIEMPRE, bravo).

    Desafortunadamente, la práctica a menudo supuso que las mujeres se causasen daños permanentes y horribles en el cuerpo. Existe información de un caso en que una mujer con una cintura de 33 cm murió y se averiguó que su hígado había sido perforado por tres costillas. Otra mujer tenía heridas de punción del corsé en el corazón. A otra se le aplanó el hígado por el apretado encorsetado. El corsé apretado se llevó incluso a un imitador de mujeres; el actor de teatro Joseph Hennella colapsó durante un espectáculo de vodevil y murió esa noche. Las mujeres sufrieron una larga lista de dolencias por culpa de su corsé, entre las que se incluyen dolores de cabeza, dificultad para respirar, mala circulación y desmayos (duh).

    6. Las crinolinas hacían que las mujeres se cayeran constantemente y que en ocasiones se prendieran fuego.

    Hulton Archive / Getty Images, London Stereoscopic Company / Getty Images

    Las crinolinas, o faldas aro, estuvieron de moda durante gran parte del siglo XIX. A menudo estaban hechas de una combinación de crin y acero. Dado que el aro de la falda estaba lejos del cuerpo, las mujeres tenían que ser increíblemente cuidadosas sobre cómo caminaban con el vestido. Muchas, muchas mujeres (se estima que unas 3000) se incendiaron al llevar una falda crinolina Además, si el viento alcanzaba a la falda, podía llevarse a la mujer desde el borde de un muelle o de un acantilado.

    Y lo que es peor, las faldas a menudo se quedaban atrapadas en maquinaria o en las ruedas de los carros o calesas, Una mujer, según se informó en The Essex Standard, trabajaba en una fábrica de crinolinas y murió cuando su falda se enredó en una máquina y se le aplastó el cráneo.

    7. Los hombres a veces se ahogaban hasta la muerte con sus cuellos desmontables.

    Wikimedia

    Guau, vaya manera de irse. En la década de 1800 los hombres solían usar cuellos desmontables fuertemente almidonados y rígidos, que eran geniales porque eran más fáciles de limpiar. Excepto que a veces, después de una noche de beber en exceso (o de lo que fuese), los chicos se desmayaban mientras llevaban los cuellos apretados y morían de asfixia. En un caso particular, un cuello ahogó completamente la tráquea de un hombre, y lo encontraron muerto en un banco. Otro hombre murió después de que un ataque de indigestión lo dejase con el cuello hinchado, el cual estaba apretado por un cuello de camisa almidonado y rígido. Las muertes relacionadas con los cuellos ocurrían con la frecuencia suficiente como para que se las conociera como el "padre asesino." Maldita sea.

    8. Las mujeres solían enfermar hasta la muerte por rociar la falda con agua.

    James Gillray / Public Domain / Via Wikimedia

    A finales del siglo XVIII, durante un breve periodo de tiempo, se hizo popular renunciar a toda la corsetería y artilugios de feminidad en favor de los vestidos de estilo regencia. Los vestidos de regencia eran muy similares a las togas o vestidos griegos en cuanto a su simplicidad y servían para enfatizar mucho la forma femenina y resaltar las curvas naturales del cuerpo de una mujer.

    Para sacar el máximo partido al look, las mujeres solían mojar la tela de muselina del vestido para que se les adhiriese de verdad al cuerpo (como esa dama descarada de la izquierda en la pintura de arriba). No parece un problema grave, EXCEPTO POR... Mojar un vestido de manera intencional para que se adhiera al cuerpo probablemente no sea una gran idea cuando hace frío y no llevas ropa interior, como la mayoría de las mujeres de clase media de la época. Un montón de mujeres contrajeron neumonía como resultado de esa moda. Y varios doctores culparon a la tendencia de la muselina húmeda de un brote grave de gripe que golpeó París en 1803. Incluso le pusieron el nombre de epidemia de la "muselina húmeda". Bonita manera de culpar a las mujeres, chicos.

    9. Y finalmente, la falda de cojera hacía que a las mujeres les fuera casi imposible caminar.

    Wikimedia

    A principios de la década de 1900, el diseñador Paul Poiret creó un horrible artilugio llamado falda de cojera, la cual constreñía los movimientos de las mujeres desde las rodillas hacia abajo obligándolas a "cojear" dando pequeños pasitos. Muchas pensaban que la falda hacía que las mujeres parecieran más femeninas y delicadas, pero otras sentían que la falda era un peligro para la seguridad, ya que hacía que las mujeres se tropezasen y cayesen.

    En algunos casos, el confinamiento de la falda de cojera causó la muerte, como cuando un caballo salió huyendo entre la multitud y una mujer no pudo salirse del camino del animal. Otra mujer murió después de tropezar con su falda y caer sobre la barandilla de un puente. Afortunadamente, la falda de cojera solo duró de 1910 a 1913 sin pasar de moda.

    Este artículo ha sido traducido del inglés.

    BuzzFeed Daily

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