Ir directo al contenido
  • Lola badge
Updated on 2 feb. 2019. Posted on 16 ene. 2019

En defensa de las fan girls

¿Por qué es histérica, niñata o exagerada una chica que permite que fluyan sus emociones en la pista de baile y no un chico que grita a la pantalla de televisión de un bar cuando hay fútbol?

Roberuto / Getty Images

¿Os acordáis cuando durante los 2000 la gente de vuestra clase que escuchaba de manera orgullosa flamenquito no estaba especialmente bien vista? ¿De cómo muchas veces se les relacionaba con un ambiente macarrilla, choni y de clase baja y se asumía que su criterio musical era malo? Supongo que muchos eruditos de la música han olvidado (o han querido olvidar) esa etapa. Ahora lo correcto –musicalmente hablando y siempre desde el punto de vista de 'los enterados'– es llenarse la boca hablando del flamenco fusión del Guincho y de Rosalía; del revivir de un género. Tales han sido estas ganas de encontrar algo nuevo a lo cual rendirle devoción que los festivales se han llenado de propuestas con raíces flamencas y del sur.

Esta reapropiación de un género que ha estado infravalorado no ha sido ni la primera ni la única que hemos podido ver últimamente en este terreno. Aunque este lo veíamos como un movimiento más marginal, hay otro, mucho más multitudinario y mainstream, propenso a llevarse los palos de los supuestamente conocedores de lo que es la 'buena música': las fan girls. Las chicas que adoran el pop más comercial y se dejan llevar por los grandes artistas del momento también son el blanco favorito de todo buen pureta musical.

Cada vez que el movimiento fan, mayoritariamente femenino, apoya a un grupo o cantante aparece otro grupo de gente que se ve con la obligación de atacar a estas chicas jóvenes para... ¿demostrar sus conocimientos musicales?

Este desprecio tiene poco fundamento si nos basamos en lo que la historia tiene que enseñarnos. Así que ha llegado la hora de desmontar aquello que aparentemente tienen que achacar los puretillas musicales a las fan girls.

No, su gusto no es una mierda

Parece como si históricamente nos hubieran enseñado que mofarnos, menospreciar y desacreditar el criterio y los gustos de las chicas de entre 15 y 20 años que se desviven por sus cantantes favoritos nos hiciera mejores. Una de las acusaciones que reciben estas fans suele ser que “su gusto es una mierda”. Así, tal cual.

Y quizás a día de hoy pueda resultar sencillo desacreditar a las fans de X grupo, pero si echamos la vista atrás es fácil descubrir que muchas de esas fan girls fueron descubridoras de la música con mayúsculas.

Por ejemplo: el famoso pianista y director de orquesta del siglo XIX, Franz Liszt – actualmente aclamado por crítica y el público– fue el primero en desatar la locura entre las jóvenes austrohúngaras. En su época muchos hombres le tenían cierto recelo porque desató un movimiento fan tan fuerte y concreto que los periodistas tuvieron que darle nombre propio: lisztomanía.

Las admiradoras de Listz sufrían, según la prensa de la época, "reacciones histéricas" en los conciertos. Como cualquier adolescente de la actualidad, las mujeres de la época colgaban los retratos del pianista en sus broches y camafeos. También trataban de obtener mechones de su pelo o cuerdas rotas de su piano.

Pero tampoco hace falta remontarnos tantos años.

Tomemos como otro ejemplo a Frank Sinatra, quien ahora se vincula con el famoso imaginario de ‘Mad Men’, la virilidad que huele a aftershave, los puros, el whisky y los señores que ligan de manera 'elegante', en sus primeros trabajos fue tratado como un cantante "para chicas". Su público, las Bobby soxers, eran chicas de entre 13 y 25 años que llevaban calcetines blancos por encima de los tobillos, que ahorraban durante meses para poder verle y que se cosían a la ropa las fotos de Sinatra.

Fueron ellas las que catapultarona carrera de esta leyenda: si el 12 de octubre de 1944, 30000 chicas no se hubieran plantado en Times Square para adorar a Sinatra, quizás hoy en día nadie le vería bajo el mismo prisma. Pero por suerte, y a pesar de las críticas y las burlas, las Bobby soxers lo hicieron a su manera, demostrando que las mujeres jóvenes no solo tienen criterio, sino un gran poder en la industria musical.

Tan solo unas décadas más adelante, los críticos volvían a fallar al mofarse de los Beatles y la beatlemanía. Al grupo lo tacharon de sensiblón y blandengue mientras que sus conciertos se describían como un espectáculo grotesco en el que la música no se llegaba a escuchar a causa del griterío de las fans. Las fans de los Beatles no se diluyeron a pesar de las críticas y, como buenas fans, confiaron en ellos y en su música y les apoyaron hasta el final de su carrera como banda. Es posible que quienes hoy consideran a los Beatles el grupo más importante de la historia no hubiesen apostado un duro por ellos en su época.

Parafraseando a Harry Styles en una entrevista en Rolling Stone : “¿quién es el que puede decir que una chica joven a la que le gusta la música pop tiene peor gusto musical que un tío hipster de 30 años?”.

No, no son unas histéricas

Roberuto / Getty Images

Siendo sinceros, este desprecio a las fans y a sus formas de adoración también se hace un poco por pose: no alterarse como ellas ni mostrar devoción por nada ni por nadie parece equivalente a ser guay. A menudo, incluso reprimimos las cosas que verdaderamente disfrutamos porque sabemos que el resto de la gente podría ridiculizar nuestros gustos. Pero ellas no.

A las fans les da absolutamente igual lo que tú o tu colega tengáis que decir sobre el último disco de Ed Sheeran desde la barra del festival más vanguardista del país. A ellas les gustan realmente esa música y esos grupos. Y les gusta de una manera transparente y pura. No quieren hacer de lo que escuchan el baremo que mida su valía. No necesitan entrar en ninguna revista online para estar seguras de que el disco que ha sacado su artista favorito es justo lo que quieren escuchar. Y eso las convierte en personas verdaderamente honestas que aceptan por encima de todo lo que son y lo que les gusta, sin necesidad de ocultar una parte de ellas por miedo o por vergüenza y, a veces, en una sociedad como la nuestra eso puede ser un acto revolucionario.

¿Por qué es histérica, niñata o exagerada una chica que permite que fluyan sus emociones en la pista de baile y no un chico que grita a la pantalla de televisión de un bar cuando hay fútbol? ¿Por qué siempre intentamos reprimir los gustos de las mujeres pero toleramos los de los hombres?

Siendo una chica adolescente, y la mayoría de las fan girls tienen en común ser chicas muy jóvenes, ya se reciben bastantes mensajes negativos por parte de la sociedad: la importancia del físico, la necesidad de encajar, el no saber qué hacer en el futuro o la medida de valía social según cómo viva su sexualidad. Y estas fans encuentran una vía de escape: canciones llenas de comprensión, que hacen sentir que lo que piensas no lo estás pensando tú sola y encima incluso suena bien. Encuentran a gente que les dice que son preciosas y preciosos más allá de lo que digan los cánones y que valen mucho más de lo que ellos creen, escuchan canciones que les empoderan para perseguir sus sueños y les ayudan a sonreír cuando están de bajona. Y todo ese carrusel de emociones y vivencias sin tomar ni una sola droga. Quizás entonces sea normal que cuando tienen la oportunidad de devolver todo el cariño y calor que han sentido con estas canciones lo hagan de la manera más potente que puedan. Si se desviven por estos grupos es porque seguramente estos les hayan dado algo mucho más grande: una manera de sentirse seguras, un grupo de gente que vive las cosas del mismo modo y un puñado de canciones que las entienden.

He de admitir que yo también he pecado y me he reído de las fans por acampar durante días, por chillar demasiado o, simplemente, por autoafirmarme en que mi gusto musical es mejor que el suyo pero, por fortuna, he decidido dejar de cuestionarlas y aprender de ellas a vivir la música de una manera más libre y tolerante.

Este año, incluso los festivales de música parecen haberse rendido a las fan girls y han programado artistas antes considerados 'menores' como Carly Rae Jepsen o J. Balvin. Quizás mientras empezamos a aumentar nuestra biblioteca musical con otros estilos y autores podemos aprender todo lo que las fan girls, aparentemente tan inexpertas en los asuntos de la vida, pueden enseñarnos.