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Updated on 24 ene. 2019. Posted on 18 oct. 2018

23 historias horribles, perturbadoras y comunes de mujeres acosadas mientras hacen ejercicio

"Sería fantástico poder salir a correr sin que me convierta en algo a lo que hay que mirar".

Recientemente hemos pedido a mujeres y personas de género no conforme de la comunidad de BuzzFeed que nos cuenten los casos de acoso y/o sexismo a los que se han enfrentado mientras hacían deporte. Aquí tenéis una muestra de las más de 200 respuestas que hemos recibido, las cuales revelan la demasiado habitual (y, a menudo, aterradora) realidad a la que se enfrentan las mujeres o quienes se perciben como mujeres:

Atención: algunos de estos textos incluyen descripciones de agresiones sexuales, hostigamientos y otros incidentes que pueden provocar reacciones.

1. Esta corredora, que soporta los silbidos y piropos, pero no que la graben:

"Solía correr por las mañanas. Normalmente iba antes del amanecer, para terminar antes de la hora de trabajar. Los silbidos, piropos y miradas eran bastante habituales. Lo que NO ERA normal fue el día que noté que una furgoneta me perseguía durante varias manzanas. Cuando miré al conductor, vi que me habían estado grabando. Corrí todo lo rápido que pude y entré en un 7-11. A partir de entonces, empecé a salir a correr más tarde".

—Keenan

Photo by Andrew Tanglao on Unsplash

2. Esta persona a la que persiguieron desde el gimnasio hasta la oficina:

"Solía hacer ejercicio en mi YMCA local durante el descanso para comer del trabajo. Después de recibir un correo electrónico en la dirección del trabajo de un tipo que se me acercó en el gimnasio para presentarse, cambié la hora de comer para así evitarle. En su correo, decía que me había seguido cuando salí del gimnasio y que vio el edificio en el que aparqué, así que pudo averiguar mi dirección de correo electrónico".

—Leah

3. Esto prueba que evitar los piropos y acosos sale caro:

"Comencé a buscar gimnasios solo para mujeres después de que tres tipos dejaran de hacer sus propios ejercicios para mirarme embobados mientras yo hacía los míos. Cada vez que pasaba por delante de ellos, alguno hacía comentarios desagradables sobre mí. Uno en concreto se chupaba los labios mirándome mientras yo hacía sentadillas, lo que me sacaba tanto de quicio que tenía que dejarlo e irme a otra parte del gimnasio. Y no fue un hecho aislado. Incluso empecé a hacer ejercicio en un parque cerca de casa, y entonces un hombre se sentaba y miraba cómo hacía deporte con una desagradable sonrisa en la cara. Por todo eso, ahora pago 120 € más y voy a un gimnasio solo para mujeres, y así puedo hacer deporte en paz".

—Makyla

4. Esta historia muestra que, a veces, nunca hay un lugar seguro donde hacer ejercicio:

"Estaba entrenando Krav Magá tras ser agredida sexualmente y ninguno de los hombres de la clase quería pelear conmigo. Cuando al fin el monitor les convenció para que lo hicieran, empezaron a comentar lo sexi que era luchar contra una mujer que podía golpearles y cuánto les excitaba. Intentaban, a propósito, agarrarme el culo o las tetas. Soporté esas tonterías durante dos años antes de rendirme; durante ese tiempo, los hombres me explicaban de manera condescendiente cómo debía hacer los malditos movimientos. Me frustré tanto que dejé de hacer ejercicio. En los gimnasios, los manoseos, consejos y acercamientos para ligar no deseados eran constantes. Correr en la calle suponía, además, comentarios incesantes sobre que estaba demasiado gorda para correr. Los hombres, básicamente, han hecho que hacer deporte no sea seguro. Es un asco".

—Alicia

Lightfieldstudios / Getty Images

5. A esta persona le dijeron que sonreír mejoraría su técnica:

"Estaba pensando en mis cosas mientras usaba una de las máquinas de musculación, con los auriculares puestos y dándolo todo, cuando un tipo creyó que era necesario llamar mi atención con la mano y decirme que debía sonreír para hacer el ejercicio con mejor técnica. Lo medio ignoré, porque no me podía creer que un hombre me dijera eso, pero siguió mirándome y empecé a sentirme incómoda, así que comenté el incidente con el personal del gimnasio. Cuando fueron a hablar con él, me di cuenta de que había ido al gimnasio con otra mujer. No sé si sería su pareja, hermana, amiga o qué. ¿Pero quién demonios va al gimnasio a acosar a alguien? ¿Especialmente si vas con una mujer? ¿¿Qué pasaría si se lo hicieran a ella??

—Sara

6. Esta persona que solo aprovechó un día de su suscripción de un año al gimnasio a causa del sexismo:

"Hace unos 10 años, me apunté emocionada al Gold's Gym, después de probarlo durante una semana. En mi primera visita pagada, estaba corriendo en la cinta. Uno de los colaboradores estaba entrenando a un cliente; un hombre mayor. Me miraron e hicieron algunas bromas que no pude escuchar, pero me sentí incómoda porque siguieron mirando hacia mí y riéndose. Me cambié de máquina. Luego, el entrenador se rió e hizo como si susurraba: 'Si "ella" puede hacerlo (la elíptica), sé que tú también podrás'. El cliente dijo: 'Oh, sí, lo hace muy bien'. Di por concluida mi sesión y me marché. Han pasado diez años y desperdicié toda la suscripción anual porque no pude volver. El entrenador era un empleado del Gold's Gym y fue el máximo responsable de hacerme sentir plenamente consciente de mi género y su discriminación hacia él. Sentí que me usaron como entretenimiento. Aunque ahora parece poca cosa, nunca olvidaré lo denigrante que fue la experiencia".

—Sunni

7. Esta persona que vio a unos hombres aparcar en la puerta de su casa después de salir a correr:

"Ya no corro, ni hago ejercicio ni monto en bici al aire libre yo sola, porque de manera habitual, coches llenos de hombres me seguían hasta casa a poca velocidad. Normalmente no me gritaban, pero aparcaban en la puerta de mi casa cuando volvía de correr. Intento no entrenar en el gimnasio sola porque tengo miedo de los hombres que pasan cerca y miran cómo hago ejercicio".

—Marina

Doble-d / Getty Images

8. Esta horripilante experiencia con la matrícula:

"Dejé de ir al gimnasio. A cualquier gimnasio. Estaba cansada de las miradas, los comentarios y el acoso que tenía que soportar. Una vez, un tipo al que había ignorado varias veces, me dijo que había sacado una foto a mi matrícula, y que a partir de entonces me podría seguir a cualquier sitio. Ese mismo día fui a tráfico para que me cambiaran de matrícula. Afortunadamente, la persona que me atendió fue lo suficientemente amable como para dármela gratis después de escuchar la historia. Ya no voy al gimnasio ni a clases colectivas de deporte (boxeo, yoga, pilates, etc.) con nadie. Hago ejercicio yo sola en casa. Para sentirme completamente segura mientras lo hago, cierro las cortinas".

—Melissa

9. Esta persona que fue agredida en el aparcamiento de un gimnasio:

"Después de que me siguieran hasta mi coche y me agredieran en el aparcamiento, me aterra ir a cualquier gimnasio. Dejé de hacer deporte durante un tiempo, porque estaba traumatizada por lo que pasó. Fue muy angustioso, pero ahora hago ejercicio en casa. Si decido salir a dar un paseo o a correr, siempre me llevo a mi perro".

–Lauren

10. Esta persona a la que le encantaba dar paseos, pero que acabó por no darlos más:

"Me encantaba dar paseos por la mañana temprano cerca de la Misión de Santa Bárbara. Una vez, estaba caminando y un coche lleno de hombres pasó lentamente cerca de mí. Luego, el coche retrocedió y escuché a alguien que decía: '¡Agarradla!' Empecé a correr por medio de una zona abierta con hierba, frente a unas casas. En ese momento, temí por mi vida, y pensé que si me alcanzaban, probablemente me violaran y tal vez me asesinaran. Cuando miré hacia atrás, vi que dos de los hombres volvían a entrar en el coche y luego se alejaron. Caminé hasta casa temiendo que esos hombres volvieran a encontrarme. A partir de ese día, dejé de salir a caminar".

—Melanie

Wavebreakmedia / Getty Images

11. Esta persona, que fue acosada mientras paseaba con su hija en el carrito:

"Vivo en una calle muy ajetreada, así que empecé a ir a pasear por un camino de un parque cercano, después de dejar a mis gemelos en el colegio. Llevaba conmigo a mi hija pequeña, empujándola en un carrito de los de salir a correr. Me encantaba. Hasta que los asquerosos encargados de cortar la hierba empezaron a seguirme por el camino, en lugar de hacer su trabajo. Lo que hizo que dejara del todo de salir fue que un hombre que estaba corriendo empezó a ir más despacio justo detrás de mí. Podía ver su sombra por delante y vi que me estaba sacando fotos. A partir de ese momento, me sentí muy incómoda. No me apetecía averiguar qué haría la próxima persona, así que dejé de ir".

—Amanda

12. Este ejemplo de por qué llevar ropas más holgadas no evita los acosos:

"Me ha ocurrido que hombres adultos me interrumpieran en mitad de mis ejercicios para decirme qué buen aspecto tenían mis piernas con ciertas mallas o pantalones cortos. Ahora llevo al gimnasio pantalones cortos holgados, y sudaderas también holgadas, para evitar que me miren. Tan solo quiero hacer ejercicio sin que nadie me vea como un objeto".

—Sarah

13. Esta persona de la que se burlaban por su peso:

"Soy una mujer de talla grande y me encanta correr, el yoga y hacer ejercicios de fuerza. Recientemente, dejé de correr durante unos días después de que unos chicos me grabaran con sus teléfonos mientras corría, y me señalaran y se rieran. Hizo que descuidara mi propia salud, porque unos hombres creyeron que una mujer gorda corriendo es algo tan cómico que lo TENÍAN que grabar para la posteridad".

—Anna

Fatcamera / Getty Images

14. Esta persona, que tiene que hacer deporte a las 5 de la mañana para evitar el acoso:

"He empezado a ir al gimnasio a las 5 de la mañana. Una de las cosas que más me gustan de estar ahí tan temprano es que la gente que va al gimnasio a las 5 de la mañana está ahí para hacer ejercicio y seguir luego con su vida. Las cinco de la mañana es la única hora en la que no estoy preocupada por que me acosen mientras hago pesas".

—Tuesday

15. Esta historia sobre cómo llevar auriculares no acalla los comentarios ni la atención:

"Una vez fui al gimnasio y descubrí que no debía ir sola nunca más. Una noche, entré al gimnasio con mi ropa de deporte habitual y empecé a hacer zancadas y sentadillas, cuando entró un grupo de hombres. Llevaba los auriculares puestos, así que no podía oír al grupo murmurar y reírse detrás de mí, sin embargo sentí cómo me miraban el trasero. No volví nunca más. Uno de los chicos que tenía detrás estaba grabando y todos se reían. Fui a mi coche y, cuando pasaba por delante de ellos, me silbaron".

—Maria

16. Esta persona, que solo puede hacer ejercicio en casa para evitar que le tiren los tejos:

"Ya no me apunto a gimnasios, porque estoy harta de que los hombres usen lo de 'déjame que te enseñe a hacer bien las sentadillas' como una vía para tirarme los tejos. No critiques mis ejercicios para así hablar conmigo. Ahora solo hago ejercicio en casa, lo que limita en gran medida el equipamiento al que puedo acceder, pero me apaño".

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Pixelfit / Getty Images

17. Esta persona, que solo va al gimnasio en grupo para sentirse segura, e incluso eso no siempre funciona:

"Siempre voy al gimnasio en grupo, nunca sola. Casi cada vez que vamos al gimnasio, sin excepción, algún tipo tiene que hacer algún comentario sobre cuánto peso levantamos o cuántas repeticiones hacemos o lo fantástica que es nuestra técnica o, incluso: 'Vaya, le dais duro para ser chicas'. Y me pone enferma que esos hombres crean que está bien y que solo es un cumplido. Pero es asqueroso y significa que me estás mirando lo suficiente como para saber cuánto rato llevo y el peso que estoy usando en esa serie, lo cual no está bien. Por suerte, decidí unirme a un grupo de chicas que están superfuertes y espantan a la mayor parte de los tipos que osan hacer comentarios o acosarnos mientras nosotras solo intentamos estar en forma y ser felices".

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18. Este asistente que resultó ser un salido:

"Esto ocurrió cuando era bastante novata haciendo ejercicio, y acababa de empezar a hacer sentadillas con barra. Un hombre, unos cuantos años mayor que yo, se ofreció para ayudarme, y yo, en principio, estaba deseando cualquier ayuda desinteresada. Sin embargo, en cuanto me agaché al hacer la sentadilla, pude sentir sus partes apretadas contra mi trasero. Me sentí abochornada, pensando que mi técnica había hecho que pasara eso. Pero cuando volví a hacer otra sentadilla, manteniendo la espalda lo más recta posible, volvió a ocurrir. Y otra vez. Le dije que había terminado, aunque me quedaban varias series, y nunca volví a usar a un extraño como asistente. Por suerte, a día de hoy hace que me ría, pero no quiero ni imaginar por lo que pasarán otras mujeres".

—Sarah

19. Este recordatorio de que, a menudo, los encargados del gimnasio no hacen nada por cancelar las suscripciones de los acosadores:

"Durante mi primer año de universidad, había vuelto a casa por Navidad. Estaba en el gimnasio, con los auriculares puestos y concentrada en las pesas, cuando un hombre que tendría unos 30 o 40 años se me acercó por detrás y puso sus brazos a mi alrededor para 'ayudarme con la técnica, porque parecía que me costaba'. A pesar de que le dije varias veces que me dejara en paz, me ignoró y casi me sigue hasta los vestuarios, pero una mujer que salía le amenazó con decírselo a la dirección del gimnasio. Cuando salí, 45 min después, estaba esperándome y yo fui directa hacia los empleados. Cuando les conté lo que pasaba, me dijeron que no podían hacer nada, porque no me había hecho daño. Nunca he vuelto a la zona de la ciudad donde estaba ese gimnasio, porque me asusta pensar lo que pudo haber pasado".

—Amy

Monkeybusinessimages / Getty Images

20. Y otra, por si acaso:

"Solía ser monitora de ejercicios en grupo en un gimnasio. Una vez que estaba esperando a que empezara mi clase, un miembro del gimnasio se me acercó e intentó besarme. Me eché hacia atrás y le dije: 'No, gracias'. Siguió insistiendo y diciendo que era 'algo que normalmente hacía' y que 'no era para tanto'. Lo intentó al menos tres veces más, hasta que vio mi anillo de compromiso, se disgustó y se marchó. Cuando se lo conté a la dirección, me dijeron que ellos se harían cargo. Seguí viendo a ese hombre cada vez que fui, y oí que a otra chica le había ocurrido lo mismo. Ella también protestó y acabó por marcharse, ya que la dirección dejó claro que no iban a cancelar su inscripción, y yo también dejé de trabajar ahí".

—Julia

21. Esta persona que tuvo que dejar de hacer ejercicio fuera, aunque era beneficioso para su salud mental:

"Dejé de salir a correr. Ha llegado un punto en que nuestro barrio está lleno de asquerosos, y tanta gente sufre acosos que mi marido y yo decidimos que no debía de salir a correr más. Lo cual, para mi, es un asco. Apuntarme a un gimnasio es más caro y estar al aire libre y correr es muy beneficioso para la ansiedad y depresión que sufro". Cuando me apunté a un gimnasio, me cambié al poco tiempo. Al que iba estaba lleno de hombres que observaban todos mis movimientos, y eso me hacía sentir incómoda. Yo solo quería hacer ejercicio y no tener que estar pendiente de quién me mira o me acosa con sus comentarios".

—Melissa

22. Esta persona, que recurrió a correr con una pistola paralizante en su propio barrio:

"Empecé a correr por mi barrio con una pistola paralizante. Hubo una vez que dos hombres que iban en una furgoneta de trabajo me siguieron mientras corría. Yo me asusté, así que volví a casa. Es frustrante tener que dejar un entrenamiento a medias porque la gente sea rara, pero no quiero arriesgarme. No me siento segura saliendo a correr cuando ya está oscuro y, a veces, tampoco me siento segura si voy escuchando música. Ser mujer e intentar hacer ejercicio supone un estrés que la mayor parte de los hombres no experimentan".

—Lauren

Gradyreese / Getty Images

23. Y esta persona que solo quiere salir a correr en paz, al menos una vez:

"He decidido dejar de salir a correr porque, en varias ocasiones, hombres en coche daban la vuelta a la manzana simplemente para volver a pasar por delante de mi otra vez. En una ocasión en concreto, tuve que atajar por los jardines de mis vecinos para perderme de vista, porque un hombre había dado ya dos vueltas y empezó a conducir muy despacio hacia mí. En ese punto, supe que si no huía, me podía pasar algo horrible. Nunca falla; cada vez que salgo a correr, algún hombre toca la bocina o me grita al pasar. Y no, no es una exageración. Como mujer, sería fantástico poder salir a correr sin que eso me convierta en algo a lo que hay que mirar".

—Janell

Las respuestas se han editado ligeramente por cuestiones de claridad y longitud.

Este artículo ha sido traducido del inglés.

24.

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