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Ir al gimnasio, según los gatos

Gatea tu camino para un cuerpo purrfecto.

publicado

Bueno, un amigo te convence de ir al gimnasio.

Pero sigues indeciso.

Pues pensar en hacer ejercicio te dan ganas de matar a alguien.

Y todo lo saludable te asusta.

Pero vas al gimnasio de todas formas.

Entras, y está todo lleno.

Así que te relajas y haces estiramientos.

Y tal vez un poco de couching.

Pero luego suena tu canción favorita y te motivas.

Entonces pasas a un nivel superior.

Sabes que te ves realmente bien, y que todos te están mirando.

Y ni siquiera los fisiculturistas pueden intimidarte.

Así que das un paso más adelante.

Pero tus brazos se vuelven de gelatina.

Así que te enfrías en la cinta de correr.

Pero cinco minutos en la cinta, en serio parecen como cinco horas, y sientes que la muerte se apodera de ti.

Entonces te das una ducha.

Planeas tu fuga.

Y caes rendido cuando llegas a casa.

Todo lo que quieres es un masaje.

Pues estás tan dolorido que apenas si puedes moverte.

Sin embargo, al final te das cuenta que todo valió la pena.