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La monja argentina que creó un espacio para las personas trans

La hermana Mónica no sólo reza, también hace mucho por las identidades trans argentinas. Acá su historia.

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“La que está haciendo lío soy yo”, así le dijo la hermana Mónica Astorga al Papa Francisco I.

Facebook: monicaascre

Y ese lío del que habla consiste en acompañar y luchar por derechos y una mejor calidad de vida para las personas trans. Son más de 11 años en los que la hermana Mónica acompaña a las identidades trans. Este es su recorrido:

Mónica pertenece a la orden de las Carmelitas Descalzas. El hábito marrón abraza su sonrisa maternal, ella siempre ríe. Habla con seguridad y se indigna ante las injusticias que viven -como ella las llama- “las chicas”. Esta es la misma monja que tipea rabiosa en redes sociales cuando alguien agrede a las personas trans. La hermana Mónica es dulce y combativa.

En un mundo hostil que primero rechaza, ella no sólo reza, también hace. Actualmente gestiona una casa donde las chicas pueden reunirse y tener una contención. Expulsadas por la sociedad, por sus familias y hasta por la iglesia, acá las trans se descubren, visibilizan y comparten.

Romina avanzó ante la mirada de yeso de los santos para dejar el diezmo. Cuando el cura de carne y hueso le preguntó que de qué trabajo salía ese dinero, ella dijo “prostitución”. Romina es trans y en un sistema que las excluye la prostitución suele ser la única salida que les queda. El cura puso en contacto a

Romina con la hermana Mónica: “tenía amigos gays, pero nunca había hablado con una trans. Dos horas hablamos”, explica la monja.

Y eran muchas las Romina que querían volver a acercarse a la iglesia. “Se me van a reír, ¿traerlas a un convento?”, dijo Romina. “¿No te animás?”, respondió Mónica. Y cuatro chicas más se unieron. Volver a rezar, a charlar con Dios, escuchar la palabra. Volvieron a la casa (otra casa más) de la que fueron expulsadas, volvieron a una iglesia que se había olvidado eso de “amar al prójimo”.

El salón de esa casita que ahora las reunía empezó a llenarse. Las oraciones empezaron a tener santos y relatos travisteriles que se mezclaban con las confesiones y la carcajada. Monjas y travestis. Y la hermana Mónica preguntó: “¿Qué sueño tienen?, porque si uno no tiene sueños está muerto”. “Una cama limpia para morir”, respondió Romina.

Las chicas.

Facebook: monicaascre

Era 2006 y en Argentina, en la provincia de Neuquén, la idea de una Ley de identidad de género que hable de derechos para las personas trans era lejana. Entonces la hermana Mónica consiguió una casa, abandonada y rota. Con ayuda lograron refaccionarla y se convirtió en el salón de todas y en el taller de Katy.

Katy fue una de las primeras trans en acercarse luego de Romina. Como la mayoría, cuenta con un rosario de historias de exclusión. Su mamá le dijo a la familia que ella había muerto. Todo con tal de no reconocer una hija trans. Llegó con un historial de alcoholismo que de a poco fue superando entre el taller, el acompañamiento de la hermana y las chicas y reuniones de AA. Este mes de marzo Katy cumplió cuatro años sobria.

En Argentina el promedio de vida de las personas trans no supera los 40 años. Sin acceso a educación, trabajo, salud y vivienda, sometidas a la violencia social e institucional, es que viven (mueren) actualmente.

En este contexto es que unas 15 chicas asisten al convento. A veces más, a veces menos. A veces se suman, a veces mueren. La hermana sabe lo que cuesta pasar de la calle a un hábito de trabajo diferente, sabe de las adicciones, aprendió la lengua y los códigos de la calle. “¿Para qué voy a dejar la calle?”, le dicen algunas. “Vos tenés tu tiempo, no voy a insistir, ya va llegar el momento”, dice Mónica. Ella acompaña, no las va a buscar a la calle, ella está.

Almodóvar no tendría mucho que aportar a la escena: trans jóvenes y adultas, entre risa y griterío, en medio de un grupo de monjas y todas hablando de la vida cotidiana y de Dios. Pero esto no es una película, esto es la vida real.

Un día en la reunión un cura le pidió a las chicas que lo bendigan. Las manos de uñas filosas y esmaltes chillones que saben caminar la identidad se apoyaron en la frente del padre arrodillado. “Bendecilo, por favor. Dale fuerza. Dale salud”, hablaban ellas directo con el altísimo, sin esos intermediarios que alguna vez las dejaron sin iglesia. La hermana Mónica explica que las trans tienen su manera de rezar, cuenta que mientras nosotros repetimos oraciones armadas lo que ellas dicen les sale desde el corazón, “son más rezadoras que ninguna”.

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La muerte de una compañera.

Facebook: monicaascre

Luisina está muerta. Con 21 años había llegado al grupo y se había integrado de lo más bien con “estas viejas mañosas”, como les dice a las trans adultas la hermana.

La historia de Luisina suena a lo de siempre: con 15 años la madre y el hermano la echan de la casa por ser trans, se muda de provincia y sin acceso al mercado laboral tradicional termina ejerciendo el trabajo sexual de manera clandestina.

Culo, tetas, cadera y más curvas del cuerpo trans se construyen inyectando aceite siliconado como el que se usa en los aviones. Y Luisina también lo hizo. Y como a muchas de ellas, el aceite le afectó la salud. La fiebre no bajaba, y capaz que era una gripe, pero no.

El cuerpo flaco de Luisina ahora estaba deformado en internación. Los médicos le advirtieron a la hermana Mónica que si al visitarla tocaba ese cuerpo tendría que ser desinfectada. “Bueno, después paso a que me desinfecten”, aclaró. Una caricia, una plegaria, saber que esto era una extremaunción. Ocho días duró así. Y murió. “Era una jovencita preciosa, me fui deshecha”, dice esta monja que ya vio muchas (demasiadas) trans morir.

Y apareció la familia reclamando por Luisito. Mónica le respondió: “acá la nombra Luisina o prefiero que no diga nada. Y sabe por qué se murió, por culpa suya y de su hijo. Si ustedes a los 15 años no la hubiesen sacado a patadas de la casa que compartían, hoy no tendríamos a Luisina muerta”.

Madre y hermano insistían en llevarse el cuerpo de ‘Luisito’, mientras que la hermana Mónica junto a las chicas preparando el velorio de Luisina. Finalmente esa familia que la negó se llevó unos restos sin vida pero con historia. La madre antes de despedirse de la hermana Mónica le pidió “rece por mi hijo para que descanse en paz”, y Mónica respondió: “ella descansa en paz, la que no tiene paz es usted”.

Facebook: monicaascre

Hace un tiempo la hermana Mónica pidió un colchón y desde la organización de caridad de la iglesia, Cáritas, le enviaron uno destrozado. Indignada le escribió al Papa y este le respondió: “las tratan como los leprosos de le época de Jesús”, te pido que no te calles estas cosas y siempre las denuncies, no permitas que pasen estas cosas en la iglesia”, callarse nunca fue una opción para ella.

Hace tiempo que ella cuenta con el respaldo del sumo pontífice. “Te pido que las acompañes, que no las dejes. Este es un trabajo de frontera que te puso el señor y para lo que necesites, contá conmigo", le dijo hace ya un tiempo Jorge Bergoglio antes de ser el Papa Francisco I.

Casi como una versión propia de la película ‘Sister act’ parece el cotidiano de esta monja que hizo del convento un espacio inclusivo. Las Carmelitas Descalzas son una orden que no recibe dinero ni de la iglesia ni del Estado. Ellas amanecen con el sol, a veces antes, y preparan alfajores, dulce y licores para vender. Si alguien lleva donaciones lo reparten entre quienes se acercan a pedir. Parte de sus ingresos lo usan para comprar mercadería para quienes necesitan. Y así viven ellas.

Cada vez que a la hermana obtiene algún reconocimiento prefiere que las chicas lo reciban por ella. “Cuando lo reciban digan que la hermana les agradece y ahí nomás empiecen a hablar ustedes, porque esto es de ustedes”, las insta Mónica para que aprovechen esos auditorios llenos de empresarios, funcionarios y prensa. Es visibilizar esas realidades trans tan ignoradas.

“El tiempo es poco porque la vida de ellas se va”, repite Mónica. Sus redes sociales son muros que a veces tienen manifiestos, peleas de gente que la agrede a ella y a las trans, y otras veces son obituarios dónde despedir a las que mueren.

El verbo y la palabra son fundamentales en la religión católica. Y Mónica convirtió esto un activismo, ahora la buscan para consultarle. “Me siento mujer, ¿dios me va a castigar?”, le preguntó un docente de 23 años a la hermana. Mónica respondió: “Dios no te va a castigar, dios busca nuestra felicidad, dios no nos creó infelices y si vos no sos feliz así, sé lo que quieras ser”, Amén.

Asociación Civil Vidas Escondidas.

Facebook: mikaellatheone

La fe podrá mover montañas y rezar, sanar el alma, pero no alcanza. Trabajo, vivienda, alimentación y más necesidades son urgentes. Por eso lo que empezó como una casa para taller y espacio de paso para las chicas, ahora aspira a seguir creciendo.

Para esto la hermana junto a las chicas crearon la Asociación Civil Vidas Escondidas. Este grupo de acompañamiento para mujeres trans consiguió dos terrenos. En uno de ellos se creará un hogar de día para el cuidado de ancianos creando fuentes laborales para personas trans, en el otro se levantarán viviendas.

Pero claro, mientras esto se construye, los vecinos intentaron tomar esos terrenos, no las quieren viviendo ahí. La hermana Mónica, las chicas y gran parte de la sociedad que las acompaña siguen de pie para concretar este proyecto. Un vecino ayuda con la pintura, un colegio pintó el logo de corazón y arco iris, amigos y familiares construyen, una abogada ayuda con el papelerío, toda una comunidad obra en conjunto por este sueño que cada vez se vuelve más realidad.

En la última semana el intendente de Neuquén hizo efectiva la sesión de terrenos a las Carmelitas Descalzas para que puedan avanzar con las obras. Esto no se consigue solamente rezando.

Facebook: pg

Hace poco la hermana Mónica editó su libro biográfico ‘Acariciar las heridas’. En él cuenta cómo fue vivir con una madre alcohólica, pasar hambre, dormir en plazas y más. “Doy gracias por haber sufrido todo esto para hoy poder entender lo que las chicas me cuentan que viven en la calle, yo lo vivo en mi cuerpo. Hay una historia detrás de cada persona, trato de meterme en esa historia que me están contando”, explica.

La Mónica previa a la hermana Mónica aparece en ese libro, pero claro, cuando le preguntan qué pasará con la Mónica post esta vida, la que deba rendirle cuentas a Dios, ella responde: “Creo que me va a perdonar todo. Yo le digo a las chicas que espero que ellas me abran las puertas allá arriba. Ellas pasan de largo, tienen el cielo ganado. Ellas son sumamente creyentes, sufridas, aún más entregadas que quienes estamos dentro de la iglesia”, explica la hermana.

Descubriendo su recorrido, su padecer y su renacer con fuerza y orgullo, cualquiera puede ver que ellas tienen el cielo ganado. Pero mientras tanto, ellas tienen quien las acompañe, la hermana Mónica.