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7 Cosas que me hubiera gustado saber antes de comprometerme

Las bragas sin entrepierna no siempre son la respuesta.

publicado

1. No existe tal cosa como el momento correcto para comprometerse.

Fox Searchlight

Sabes cuando lo sabes, ¿cierto? Por inútil que sea esa afirmación, resulta que es cierta.

Mi pareja y yo teníamos nueve años de conocernos cuando supimos que estábamos listos para el compromiso. Para ese momento ya habíamos pasado por casi todo. Tuvimos una amistad inicial, una relación de adolescentes, una amistad como adultos y, luego, una relación como adultos. Las cosas iban en serio. Tan en serio que una vez sostuvo un recipiente de cartón para que yo hiciera pipí en él mientras estaba en el hospital con una infección de riñón. (Un consejo, chicas: Si se queda después de que hicieron un poco de pipí sobre su muñeca, no lo dejen ir).

Nuestra separación de mutuo acuerdo durante la universidad resultó ser lo mejor que hicimos por nuestra relación. Seguimos siendo amigos, nos reunimos para tomar café durante el tiempo que estuvimos separados, y, al final, después de cinco años, terminamos solteros y viviendo en la misma ciudad al mismo tiempo.

Volvimos a reunirnos para ver lo que había ocurrido, y cuando nos dimos cuenta que nada de lo que encontramos cuando estábamos separados se comparaba ni remotamente con lo que teníamos cuando estábamos juntos, supimos que era el momento correcto para comprometernos.

2. Una petición de matrimonio implica mucho más que el anillo.

New Line

En lo que a mí se refiere, cualquiera que diga que una mujer no puede tener injerencia en la elección de su anillo de compromiso está absolutamente equivocado. Por supuesto que podemos, si queremos hacerlo; nosotras somos quienes vamos a llevar puestas esas malditas cosas.

Una vez que habíamos tenido la conversación de "yo estoy lista si tú estás listo", mi entonces novio y yo pasamos una tarde recorriendo joyerías. Decidí que quería una esmeralda montada en un anillo de oro y le dejé lo demás a él. Adelanta el tiempo unos ocho meses más o menos y nos encontramos en los Jardines de Ives St Laurent en Marrakech. Son alrededor de las 8:30 a.m. y es mi cumpleaños. Me volteo después de tomar una foto a una planta de maceta particularmente lista para Instagram y él está hincado sobre una rodilla. Grito y doy un salto hacia atrás sobre la ya mencionada planta de maceta.

Ninguno de los dos puede recordar qué fue lo que dijimos, o lo que ocurrió después. Lo que sí recuerdo es que le temblaban las manos, y que el sol salió y tuvo que empujarme a que le diera una respuesta. Pero eso fue todo. Yo había imaginado todas esas cosas. Pero lo que no había imaginado fue que cuando él abrió el estuche del anillo, sería lo menos interesante de toda la situación. El anillo recibió una mirada somera antes de abrazarnos (los dos), de comenzar a respirar nuevamente (él) y de llorar (yo).

No fue sino hasta después de eso que miré verdaderamente el anillo. No era lo que yo había esperado: era una esmeralda, sí, pero no era la imagen que tenía en mi mente. Pero, ¿saben qué? Me enamoré de él de inmediato. Porque lo que verdaderamente importa es lo que el anillo significa: es un símbolo de nuestra relación, y es un símbolo de esos breves momentos perfectos en una mañana soleada de sábado en Marruecos.

3. Lidiar con la familia política es todo un arte.

Universal

No conocí a mi familia política sino hasta que nos comprometimos. Antes de ese momento, jamás comprendí plenamente cuántas oportunidades existen en un día promedio de echar a perder por completo las cosas con un grupo de extraños.

Cuando conocí a mi suegro, prácticamente le lamí la sien cuando traté de darle un beso en la mejilla. La primera vez que fui a su casa, tuve un ataque de pánico menor en el auto afuera, cuando me así de un ramo de crisantemos de Tesco. Una vez dentro, jamás deseé tanto que mi pareja y yo tuviéramos cualidades telepáticas. ¿Puedo poner mis pies en el sofá -quería preguntarle- o tu madre, disgustada, los quitará de un manotazo? ¿Ofenderé a tus antepasados si rechazo repetir una porción de la cena?

Una vez que todo mundo dejó de ser tan absolutamente amable, finalmente tuvimos la oportunidad de conocernos unos a otros. No pretenderé decir que ha sido miel sobre hojuelas. Hemos tenido que aprender cuáles son los límites y peculiaridades de cada quien. Ha habido una que otra conversación jodidamente rara, y uno o dos textos pasivo-agresivos. Pero ahora que ha pasado el tiempo, ajustarme a mi nueva familia no solo es más fácil, sino que es verdaderamente agradable. Provengo de una familia bastante pequeña, y jamás me había imaginado un futuro con tres nuevos hermanos, tres nuevos abuelos (absolutamente adorables), y docenas de nuevos primos. Y era totalmente natural que me llevara bien con sus padres. Después de todo, cada uno de ellos es la mitad del hombre con el que me estoy casando. Ahora pongo mis pies y todo en su sofá.

4. Prepárate para que comiencen a llegar preguntas sobre los bebés.

Blunt Cards

Tenía un departamento con una habitación extra y un auto antes de darme cuenta de lo que toda mujer joven que haya crecido en un pueblo donde los embarazos se dan en la adolescencia entiende un día. Ya no tenía la edad en la que un embarazo sería recibido con suspiros de decepción y folletos dejados estratégicamente por toda la casa. A partir de ese punto, sería recibida con balbuceos y globos.

Casi en el preciso instante en el que escapé de las preguntas de "Entonces, ¿cuándo van a comprometerse?" y había respondido a las preguntas sobre la fecha de la boda, comenzaron a llegar con absoluta seriedad las preguntas sobre los bebés. y no solo preguntas, sino declaraciones completas, como "Oh, ¡tendrás tus propios hijos antes de que te des cuenta!" O, todavía peor: "¿Entonces veremos una florecilla extra el día de la boda?" Podría añadir que este tipo de comentarios siempre están dirigidos a mí. Como si fuera capaz de tener una concepción inmaculada, y mi prometido estuviera ahí solo para cargar las bolsas. (De hecho, solo una de esas cosas es correcta.)

Afortunadamente, tanto mi pareja como yo adoramos a los bebés y estamos ansiosos por tener nuestra propia pequeña camada un día. Ya tenemos los nombres elegidos y todo. Sin embargo, eso no ocurrirá ahora, ni en poco tiempo. Tenemos muchos lugares a donde viajar, mucho trabajo, mucho tiempo para dormir hasta las 2 p.m. los domingos antes de eso.

5. Vas a volverte loca por una posible cancelación de boda al menos una vez.

HBO

¿Te acuerdas de esa parte en Sex and the City: La película donde Big le dice a Carrie que no asistirá a la boda? Y Samantha, como la diosa entre las diosas que es, dice: "Me quedaré aquí y me haré cargo de todo esto". Seguimos a Carrie afuera y vemos cómo golpea al IMBÉCIL de cejas enormes con su ramillete. Pues bien, ¿saben lo que yo quería ver? Lo que Samantha hizo después. Porque ¿cómo carambas cancelas una boda?

Ahora, eso no quiere decir que he considerado un discurso casual de cancelación en mis planes de boda. Pero no puedo decir que el asunto no ha pasado por mi mente. Porque, ¿a cuántas personas les causas molestias si cancelas tu compromiso? A un máximo de dos, y, potencialmente, solamente a una si tu otra mitad es bastante despreocupada al respecto. Sin embargo, ¿a cuántas les causas molestias si cancelas una boda? A cientos; es más, a miles (parece). "Pero, ¿qué hay de la encantadora mujer de la tabla de quesos?" Yo estaría lamentándome mientras me llevan a un salón adjunto. "¡Vino desde Sheffield!" Solo tendría que esperar que mi dama de honor Aggie me enviara a México. Y mi otra dama de honor, Amy, se haría del baño en los pantalones.

6. Es bastante normal que tu vida sexual se marchite en medio del estrés de la planeación.

Universal

Todos conocemos a esa persona casada ligeramente miserable a la que extrañamente le encanta alardear del poco sexo que tiene ahora. Bueno, una vez que anuncias que tú también estás en la ruta del matrimonio en verdad agarran un paso constante.

Según parece (y aunque me duele decirlo), sí puede haber, digamos, una reducción. De hecho, puede ocurrir en el periodo de compromiso.

Después de un tiempo, nos acomodamos y nos llenamos de ocupaciones; ahora soy de la opinión que estos son los dos principales asesinos de una vida sexual. Eso llevó a un, mmmh, periodo de sequía, en todos los sentidos de la palabra.

Al principio, traté de arreglarlo. Incluso compré jodidas bragas sin entrepierna de Ann Summers, por Dios santo. Pero eliminó cualquier tipo de sexo por el sexo mismo. Así que probamos aceptarlo. Eso resultó ser mucho más efectivo (lo siento, Ann). Recuperamos el control de las cosas y ahora hemos regresado a la normalidad. Y ¿sabes cuál es la mejor parte? (Además del sexo, obvio). Saber que si pasa otra vez, no necesitamos ponernos como locos. Y no tendré que desperdiciar otros 16 £ en unas cuantas piezas de hilo dental.

7. Tener dudas no significa que has cometido un error.

Paramount

Supe que mi novio era un buen tipo cuando yo tenía 16 años. Cinco años después, me di cuenta de que no solo era un buen tipo, era con quien debía casarme. Cumple todos mis requisitos. Me hace reír de la forma menos atractiva (es decir, la mejor forma), está dispuesto a tener un gatito algún día y me trata como la reina que siempre sospeché que, de hecho, podría ser.

¿Pero conoces el miedo que te da después de beber demasiados sambucas? Resulta que también pasa después de que te comprometes. Afortunadamente, para mí, fue una fugaz conversación lógica que sostuve conmigo misma una noche, no una conversación telefónica histérica con mi madre. Pero sería deshonesto pretender que no me pregunté algunas cosas por algunos minutos. ¿Iba a poder ser capaz realmente de mirar su rostro todos los días sin querer clavarle el utensilio más cercano? ¿Honestamente estaba feliz con renunciar a todo el sexo ocasional con extraños inadecuados?

Hacerme estas preguntas fue difícil, pero darme cuenta que todas las respuestas eran un rotundo sí, fue jodidamente maravilloso.

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