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Todo lo que te molesta de que Ylenia sea feminista es todo lo que está haciendo bien

En España necesitamos mujeres que sean capaces de unir el feminismo y la cultura popular y de llevar el mismo mensaje a todo tipo de público.

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En el año 2015, Ylenia Padilla, ex concursante de ‘Gandía Shore’ y de ‘Gran Hermano VIP’, le dedicaba unas palabras de amor al chico con el que estaba saliendo, Fede, también concursante del segundo reality. Hablaba de lo cariñoso que era, de la atención que le prestaba, de su inteligencia y aspiraciones y, entre todas aquellas bondades, la alicantina también hablaba de que Fede cocinaba muy bien: “que a mí como feminista máxima en algunos sentidos, eso me encanta, lo veo una cualidad importante igual que ellos en nosotras desde hace siglos”.

No es necesario indagar demasiado en la cuenta de Twitter de Ylenia para encontrar mensajes feministas. Mensajes como “La seguridad de una mujer es la inseguridad más grande de un hombre” o “Soy feminista! Borraron nuestros pasos, nos arrancaron nuestros derechos y valores, durante siglos..” aparecen de tanto en tanto en su timeline. Hace no demasiado, compartió una cita de Simone de Beauvoir: “nadie es más arrogante, violento, agresivo y desdeñoso con las mujeres que un hombre inseguro de su propia virilidad”. El tuit era una respuesta a la babosísima entrevista que Pablo Motos le dedicó a las protagonistas de ‘Las chicas del cable’ y a un tuit de Dani Rovira sobre un anuncio de ropa interior femenina que parecía ridiculizar el movimiento feminista.

Ylenia es uno de esos personajes públicos a los que la autodenominada élite intelectual considera pura caspa: concursante de dos programas de telerrealidad, habitual en Telecinco, rubia con extensiones, sin carrera universitaria y, para más inri, de Benidorm. Ylenia saca a la luz esa doble moral patriarcal a la hora de juzgar a las mujeres: representa todo lo que la sociedad machista quiere que sea una mujer (rubia, delgada, explosiva, sexual, disponible) y, al mismo tiempo, todo lo que esa misma sociedad detesta (es decir, todo lo anterior, pero libre). Es la encarnación del objeto de deseo más puro del imaginario colectivo masculino, pero al contrario de lo que la sociedad espera de ella, ella ha tomado el control sobre su cuerpo y sobre sus actos.

Por eso, en las respuestas que encontramos cada vez que Ylenia menciona la palabra feminismo en Twitter, no solo observamos la misoginia habitual con la que los hombres se dirigen a las mujeres cada vez que una trata este tema, sino que Ylenia se enfrenta también al clasismo más repugnante. Resulta curioso: “todo por el pueblo, pero sin el pueblo”. Parece que el debate sobre feminismo solo puede darse si ya te has leído ‘El segundo sexo’, ‘Una habitación propia’ y ‘Los hombres me explican cosas’ y que el hecho de que los hombres te lleven explicando cosas toda tu vida no tiene el mismo mérito. Parece que el mismo mensaje es solamente válido si lo dice una persona a la que tú dotas de cierta autoridad y si no, es basura. Parece que, si además de mujer, eres lo que la gente denomina "choni", tienes una doble descalificación inmediata en tu discurso.

“Así que vuestro referente es una individua salida de un programa ‘tan culto’ como 'Gandia Shore'. Cómo están las cabezas”, respondía un señor a un tuit de la alicantina. “Salida del coño de mi madre”, respondía una fantástica Ylenia, “si todo lo que haces en tu vida es culto y yo no, ¿qué haces aquí? Tribu la de los neardentales como tú”. Misoginia y clasismo, doble combo. Una doble opresión manejada con maestría por la de Benidorm. No es solamente una mujer la que transmite un mensaje feminista –que ya resulta muy molesto para los señores– sino que es una mujer a la que muchos hombres consideran todavía menos válida y culturalmente inferior... porque en el universo cromañón "carrera universitaria" es el único sinónimo posible de inteligencia. Esto resulta doblemente crispante para un misógino: con toda tu educación y tu formación, con toda tu verborrea y tus buenas maneras, Ylenia sigue sin dedicar un minuto de su tiempo en escuchar tus pamplinadas.

Ylenia es una representante del feminismo tan válida como cualquier otra. Es ella quien se define como feminista mientras que grandes comunicadoras de la televisión, con un currículum plagado de estudios y másters y con un altavoz capaz de llegar a todas las señoras de España, siguen pensando que “feminismo es lo contrario de machismo”. Es ella la que está lanzando estos mensajes a través de su cuenta de Twitter y en horario de máxima audiencia en Telecinco, ¿somos conscientes del bien que puede hacer su mensaje? ¿De la cantidad de gente a la que Ylenia puede llegar? Su voz puede alcanzar a mujeres a las que la “élite cultural” no llega: puede calar en chicas que no leen medios especializados en feminismo, ni papers, ni Médiums, ni artículos del New York Times, pero a las que una revista les dice cada semana que algo está mal con sus cuerpos; puede empoderar a adolescentes a las que los chicos de su edad tratan como trozos de carne, a chavalas a las que les tocan el culo noche tras noche en una discoteca y que siempre cambian de zona por no decirle cuatro cositas al agresor, a la señora que trabaja fuera pero no por ello ha dejado de hacerlo dentro de casa (sin ayuda) y desconecta cada tarde viendo 'Sálvame', o a la chica a la que su novio controla el WhatsApp y es asidua a ‘Hombres Mujeres y Viceversa’. Ylenia, como Belén Esteban, llega al pueblo.

Nos quejamos constantemente de la telebasura, de la toxicidad de las narrativas que llegan a través de la televisión, de la falta de responsabilidad de los medios… pero parece ser que tampoco nos gusta que alguien coja el altavoz y utilice esa plataforma para enviar mensajes positivos. Y parece ser que gusta menos si es rubia, feminista y supuestamente "choni".

Su discurso no es perfecto, ¿el de quién lo es en un camino de constante revisión? Ylenia comete errores, muchísimos, como cualquiera. Son muchas las mujeres que increpan a la alicantina haciéndole saber que, si de verdad se considera feminista, no puede dedicar comentarios tan ofensivos a otras mujeres sobre su aspecto físico, la ropa que llevan o sobre su comportamiento sexual con los hombres. Sin embargo, en este punto me gustaría seguir defendiendo a Ylenia: hace dos años, ella misma decía que no quería feminismo, sino igualdad; y dos años más tarde cuelga en su cuenta de Twitter una frase de Simone de Beauvoir y publica a los cuatro vientos “¡soy feminista!”. Como diría Daddy Yankee: pasito a pasito.

Porque su discurso me resulta más compacto y benigno que el de todas aquellas mujeres y hombres públicos que siguen haciéndole la señal de la cruz y poniéndose un montón de ajos en el cuello cada vez que se menciona la palabra “feminismo”. Ylenia Padilla no solamente escribe un mensaje, sino que lo lleva a cabo: su voz nunca se silencia porque a alguien no le guste, no permite ser tratada como un objeto por su forma de vestir, con quién se acuesta puede entrar a debate en los platós de Telecinco –por decisión propia–, pero ella no otorga el poder a nadie de calificarla como una "zorra" por ello. Ella es libre para utilizar su sexualidad como le viene en gana.

En España todavía no tenemos una Beyoncé, una Emma Watson o una Miley Cyrus. Y las necesitamos. Necesitamos a mujeres que sean capaces de unir feminismo y cultura popular, de llevar el mismo mensaje a todo tipo de público. Necesitamos feminismo para principiantes, para novatas, para alienadas y para mujeres que sí pero que no. Necesitamos un feminismo de calle, de barrio, de polígono y de pueblo tanto como necesitamos un feminismo de élite y de proyecto de final de carrera. Necesitamos verlo en los programas de televisión y no solo leerlo en columnas dominicales. Necesitamos a gente cargándose el mensaje de siempre en todos los niveles y estratos posibles. Necesitamos a Ylenia, con sus extensiones y su vestidazo y su discurso aprendido, callándole la boca al machirulo de turno que trata a la mujer como basura mientras menea sus pechos y le dice que “tiki tiki”.

Quizá, si no estás viendo cómo de necesaria resulta Ylenia para el feminismo, no estás viendo la magnitud del problema que estamos intentando resolver.