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Juan Mabromata, Getty

Por qué Argentina dijo #NiUnaMenos en contra del femicidio

Una mujer es asesinada cada 35 horas en el país, según estadísticas de ONGs. BuzzFeed News entrevistó a mujeres violentadas, activistas, intelectuales, periodistas y artistas que alzaron su voz para contar por qué la violencia de género es un problema muy real.

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En Argentina, los trending topics de Twitter casi nunca duran más que un par de días. Sin embargo, #NiUnaMenos se mantuvo por más de tres semanas, con miles de menciones al día, y promovió diversas discusiones sobre la violencia de género y el femicidio, término que define el asesinato de una mujer por cuestiones sexistas, la mayoría de las veces por parte de su actual o ex pareja.

En el país, la cultura “machista” afecta a las personas reales. A falta de estadísticas oficiales sobre el tema, las ONGs recopilaron casos basándose en notas de medios, y llegaron a la estadística macabra de que se ha cometido un asesinato cada 35 horas en los últimos meses. Si hablamos de siete años pasados, son 1808 mujeres asesinadas.

En cuestión de semanas, se publicaron varios casos en los medios locales: una mujer fue apuñalada por su novio a plena luz del día mientras caminaban por Puerto Madero, un barrio elegante de la ciudad de Buenos Aires; un hombre de 58 años asesinó de 49 puñaladas a su ex mujer en Caballito en el centro de la ciudad, luego de haberla citado en un bar para “hablar”; en San Martín de los Andes, provincia de Neuquén, un hombre secuestró a su novia en su auto y lo manejó hacia un precipicio, terminando con la vida de la mujer… y estos son solo algunos pocos ejemplos.

La muerte de Chiara Páez fue la gota que rebalsó el vaso de agua. Impactadas por la historia de la adolescente de 14 años embarazada fue enterrada viva por su novio de 16 años en Rufino, provincia de Santa Fe, varias periodistas, artistas y escritoras iniciaron el hashtag #NiUnaMenos, que rápidamente se propagó dentro y fuera de las redes sociales. El 3 de junio, a partir de las 5 de la tarde, se organizaron docenas de marchas en todo el país bajo una misma consigna: pedir que cese la violencia, y que las autoridades implementen políticas de estado que asistan potenciales casos de violencia de género.

Soledad Vallejos, una de las organizadoras de la campaña, dijo a BuzzFeed News que se convocó a todos los sectores, sin importar su afiliación política o ideológica, ya que el objetivo es unir a la gente y promover la reflexión colectiva.

“Si bien este es un problema mundial, en Argentina existen algunas inequidades estructurales entre hombres y mujeres que están profundamente enraizadas en nuestra cultura, y la violencia es el vehículo que perpetúa esta falta de igualdad”, dijo Fabiana Tuñez, directora ejecutiva de La Casa del Encuentro, ONG dedicada a temas femeninos.

Las organizaciones intentan saber con exactitud cuántas muertes más sucedieron. La Casa del Encuentro desarrolló su propio sistema de conteo, y Tuñez explicó a BuzzFeed News cómo funciona: “Sabemos que hay muchos casos sin denunciar, de modo que nuestras cifras no son exactas. Rastreamos los casos publicados en los 120 medios masivos y en agencias de noticias de todo el país”, dijo.

Hoy por hoy, la única manera de obtener datos parece ser levantar la cobertura de noticias, porque si bien la actual Ley de Violencia de Género (26.485), aprobada en 2009, ordena la creación de estadísticas oficiales, éstas aún no existen. “La ley es ambiciosa y de vanguardia”, explica Mariana Carbajal, periodista autora del libro Maltratadas, quien siguió este tema durante años, “pero no se implementó completamente: todavía esperamos un plan nacional que prevea y sancione a los agresores, que algunas jurisdicciones tengan más recursos y sean más efectivas, y que las fuerzas policiales sepan qué hacer o cómo controlar estas cuestiones”.

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No existen lineamientos claros al momento de sancionar un crimen de violencia de género. “Muchos femicidios podrían haberse evitado si se hubiese prestado atención a las denuncias”, dijo Magdalena Moreno, activista de la organización COB La Brecha. A pesar de que las ONGs y las organizaciones de mujeres han realizado talleres de educación, lecturas, entrenamientos y otras actividades durante décadas, la violencia se mantiene como parte de la vida diaria.

Lorena Mansilla, miembro de la organización FOL y periodista del sitio de noticias Anred, contó que cuando intentó ayudar a una compañera que denuncie un caso de violencia de género en una comisaría de la mujer, tuvieron que esperar durante horas, y que cuando finalmente las recibieron, no se les dio ningún tratamiento especial. “Fue como denunciar que se perdió el estéreo del auto”, dijo Mansilla. A la mujer le dijeron que siga el caso en persona en la fiscalía el día siguiente. “Ella era totalmente dependiente de su esposo, no tenía dinero propio, y ni siquiera podía pagar el transporte para presentarse y seguir la demanda, así que se dio por vencida”, dijo Mansilla.

No fue la única que se rindió, o que no tuvo otra. Cuando Suhene Carvalhaes Muñoz acudió a la policía denunciando que su novio, Damián Loketek, era cada vez más abusivo, lo único que le dijeron fue que “lo resuelva en el dormitorio”, según contó su hermana a la prensa en aquel momento. Cuando la pareja celebraba su segundo aniversario, Loketek la pateó en la cabeza de forma tan brutal que tuvo que ser hospitalizada. Murió ocho meses después, debido a las lesiones que sufrió aquella noche.

La presunción dominante es que los problemas de las mujeres deben resolverse “en casa”, una idea relacionada con preconceptos culturales tradicionales que ubican a la mujer en el ámbito doméstico y al hombre en la esfera pública.

"Cuando acudió a la policía denunciando que su novio, Damián Loketek, era cada vez más abusivo, lo único que le dijeron fue que “lo resuelva en el dormitorio”

“Al hablar, lo más difícil fue exponerse a ser juzgada, a todo el interrogatorio y a la vergüenza”, dijo una mujer que prefirió no revelar su nombre para no exponer a sus hijos. Durante 14 años ocultó la violencia de su esposo, aterrada de no poder superar el abuso, y temiendo la falta de protección y de respuesta de las autoridades.

En una carta abierta que envió a varios medios, explicó que su caso fue tratado por dos jueces (uno civil y uno penal). La jueza del penal civil no la protegió (le pidió discutir su relación en la corte junto a su ex esposo) y archivó el caso; en el penal, en cambio, reabrió los interrogatorios un año y medio después, y le dió un “botón anti pánico” (un sistema de alerta) para usarlo si su ex marido se acerca a menos de 50 metros de ella.

Según la periodista Soledad Vallejos, esto no es suficiente: “¿Qué pasa si el hombre se presenta en su casa con un arma de fuego, y la policía llega demasiado tarde? No deberíamos limitar a la víctima, sino asegurarnos de que es el agresor esté controlado, es por eso que pedimos una tobillera o algo que asegure que se están cumpliendo las medidas de restricción”.

Los menores de edad también son víctimas de la violencia de género. En el caso de nuestra fuente anónima, contó que sus hijos son manipulados por su padre, quien le envía mensajes amenazantes a través de ellos. Los niños son testigos, y a veces les toca presenciar el asesinato de su madre, como un chico de 12 años de la localidad de Florencio Varela, en la provincia de Buenos Aires, quien presenció cómo su padre mataba a mazazos a su madre.

En casos similares, los hijos terminan muertos como parte de una “venganza” calculada. Las ONGs definen estos casos como “feticidios vinculados”, ya que alguien más sale lastimado al intentar frenar la escena de violencia, o hijos de parejas son asesinados por hombres que desean dañar a su madre.

Dos meses después de separarse, un hombre envió un mensaje de texto amenazante a su ex esposa: “Nunca más vas a a nuestros hijos”. Asustada, la mujer fue a la estación de policía, sin saber que en ese mismo momento su ex estrellaba su auto deliberadamente contra un camión cerca de Concordia, en la provincia de Entre Ríos, y mataba a uno de los dos mellizos de la pareja, de 7 años. Durante el año pasado, la ONG La Casa del Encuentro registró 29 casos similares a este.

Lo que diferencia a Argentina de otros países latinoamericanos es que la violencia de género está siendo fuertemente cuestionada, mientras que en otros lugares es difícil de medir a ciencia cierta. Al buscar apoyo de otros sectores de la sociedad, los grupos feministas pudieron generar un debate y lograron varias políticas durante los últimos años (números de emergencia para violencia de género, comisarías de mujeres, leyes de educación sexual y de violencia de género), pero la batalla aún no termina.

En respuesta a #NiUnaMenos, algunos usuarios crearon el hashtag #NiUnHuevoMenos, en el que argumentaban que los hombres también tienen derechos y que a ellos también se los discrimina, por ejemplo, cuando se les pide pagar entradas para ir a bailar, mientras que las mujeres entran gratis.

“Me deja sin palabras”, dijo Soledad Vallejos, “pero no me sorprende. Argentina es un país misógino, muy machista. Incluso hay varias mujeres que son machistas”.

La campaña #NiUnaMenos ganó popularidad por su cobertura en los medios, no solo en las noticias sino también en shows de espectáculos y otros programas populares. En Almorzando con Mirtha Legrand, uno de los programas más longevos de la televisión argentina (con 47 años seguidos en el aire) la anfitriona preguntó a Laura Miller, una de sus invitadas, qué había hecho para merecer haber sido golpeada por su novio.

“Nadie se merece ser golpeada” respondió, sorprendida. En ese momento, la presentadora de televisión intentó parafrasear la cuestión, y luego se disculpó públicamente.

“La frase ‘algo habrá hecho’ se remonta a la última dictadura militar, en la que los oficiales usaban esta expresión para justificar la violencia del estado”, dijo Mariana Carbajal, y agregó que reacciones como estas no se generan de la nada, sino que están basadas en mitos profundos en contra de las mujeres que la sociedad acepta sin cuestionar: “La creencia de que los hombres nacen violentos, que las mujeres son sumisas, que solo sucede en las clases bajas, que si ella continúa en la pareja es porque le gusta ser maltratada, que los problemas de pareja se resuelven en pareja”.

Hace solo unos años atrás, muchos medios definían al femicidio como “crimen de pasión”, o “matar por amor”, y a las organizaciones les llevó mucho tiempo enseñar a los periodistas que el amor no tiene nada que ver con el crimen, que existe un patrón en todos estos casos, y que el denominador común es el machismo. En los años 30 era común escuchar tangos como Tortazos, que amenazaban con golpear a una mujer “manyada” ("fácil"); y canciones más recientes como la cumbia La piba lechera siguen retratando a la mujer como objeto sexual disponible para ser dominado. Así siguen mostrando a las mujeres muchos shows de TV, las publicidades, las revistas.

La cultura del “aguante” también cumple un rol. Pablo Alabarces, profesor de la Universidad de Buenos Aires, estudió cómo la identidad masculina en Argentina se forma desde la violencia, y que inunda cualquier ámbito, desde la cancha de fútbol hasta las relaciones. “El femicidio es el paroxismo de la violencia machista, desde la inequidad salarial, la división del trabajo doméstico, la ilegalidad del aborto, las violaciones, la trata de mujeres, los abusos cotidianos (como que te toquen el culo en el transporte público), los golpes, la explotación sexual, el falocentrismo en la cama, la labor de la justicia, y la sospecha constante de la mujer”, explicó a BuzzFeed News Laura A. Arnés, periodista feminista.

Estela Díaz, secretaria de género en la CTA, la Central de Trabajadores de la Argentina, resumió el objetivo del a marcha: “Queremos que el todo el gobierno, los poderes ejecutivo, judicial y legislativo se unan y hagan algo al respecto. Siento que, como sociedad, todos tenemos algo que hacer, algo que decir que aún no se ha hecho”.

Al pedir #NiUnaMenos, estos grupos nos plantean que repensemos los roles de género en la sociedad, y una de las formas de ganarle al machismo es la reforma en la educación sexual que enseñe a los niños que todos somos iguales desde el primer día, ya que transformar una cultura no es fácil.

Y sería mucho más difícil cambiarla desde la cama, a puertas cerradas.

Si eres una mujer víctima de violencia de género en Argentina, aquí tienes algunos recursos, y también puedes llamar por teléfono a la línea 144.

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