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Posted on 17 oct. 2017

Las mujeres somos algo más que seres que sufren, y ‘Madre!’ no lo ha entendido

La historia de Aronofsky sobre la Madre Tierra no es más que otra película sobre la pureza, las "cualidades cuidadoras innatas" de las mujeres y su "naturaleza abnegada".

Paramount Pictures

Spoilers por todas partes.

Hacía mucho tiempo que no me enfadaba tanto con una película como lo he hecho con ‘Madre!’ de Darren Aronofsky. ‘Madre!’ es el resultado de un proceso muy común: un hombre piensa que tiene una idea brillante, la lleva a cabo porque tiene los medios y el prestigio y, aunque represente a la mujer como una criatura de naturaleza abnegada y feliz de su represión, la gente seguirá pensando que es una crítica maravillosa de la reducción de las mujeres a objetos deshumanizados. Y ya estoy harta. No todos los productos culturales que incluyen una historia machista son críticas a esas desigualdades de poder. Normalmente son simplemente misóginas. Porque no es lo mismo contar una historia en la que la víctima termina siendo consciente de su represión e inicia un viaje de autoconsciencia y amor propio, como sí consiguió Vigalondo con ‘Colosal’, que dibujar a una mujer puramente sufriente y drenándose agónicamente durante dos horas sin mensaje liberatorio. A Madre la matan arrancándole el corazón cuando “ya no le quedaba nada más que ofrecer”, servicial hasta el último segundo, y la caricatura de Javier Bardem sale triunfante de lo que es una gymkana del horror para Jennifer Lawrence.

Nadie tiene nombre en ‘Madre!’, pero Aronofsky quería contar una historia sobre la Madre Tierra que incluyera a Adán, a Eva, a Caín y a Abel. Os lo juro. Y entre todas estas alegorías religiosas poco sutiles, el director ha tenido la suficiente energía para desarrollar una Madre Tierra absolutamente anulada, cuyo único cometido en la vida es hacer feliz a su hombre, cocinar embutida en vestidos imposibles y limpiar todos sus desastres. El problema es que esta representación de la mujer, por muy Madre Tierra que sea, la hemos visto millones de veces y en todas partes. Estamos repitiendo una y otra vez el tropo de mujer destinada a satisfacer las necesidades de un tío, y no, a quién represente metafóricamente la protagonista no es relevante.

No podemos permitir que el rol arquetípico de la madre abnegada siga persiguiendo a las mujeres del cine en 2017

No voy a recordar esta historia como un relato sobre la Madre Tierra siendo destruida por las manos del hombre, aunque eso es lo que quieran hacerme creer. Voy a recordar esta historia como la centésima vez que se contempló a la mujer como un ornamento para crear vida y mantener a salvo a todas las personas de su entorno con abnegación, sin cuestionárselo y sufriendo muchísimo en el proceso, aunque a nadie le importe. Las dos horas de Jennifer Lawrence llorando, padeciendo, viviendo a merced de las decisiones de su pareja (21 años mayor que ella) son innecesarias, dolorosas y será bastante trigger warning para algunas mujeres supervivientes de maltrato o abusos.

La representación importa. Los mensajes que se extraen de las películas importan. Las intenciones de un creador al grabar una cinta importan. Y, sobre todo, la visión de un artefacto cultural difiere mucho si el que lo idea es un hombre. No me imagino a una directora creando una imagen tan pusilánime de la Madre Tierra. Ha tenido que venir un señor a presentarla como una mujer maltratada por todo su entorno, en forma de alegoría pretenciosa, para que muchos la vean como una crítica al maltrato, a pesar de que el propio director va por ahí explicando la metáfora de Adán, Eva y sus hijos. La propia Lawrence le contaba a Variety: “para que una película sea feminista no hace falta que todas las mujeres sean agresivas. Antes de que supiéramos lo que era el feminismo, la gente escribía novelas que mostraban la fuerza de las mujeres mientras las drenaban”.

Pero no es 1847, ‘Madre!’ no es Jane Eyre y las herramientas que tenemos a nuestro alcance para contar historias van más allá de la brutalización envuelta en un supuesto mensaje feminista. No podemos permitir que el rol arquetípico de la madre abnegada siga persiguiendo a las mujeres del cine en 2017, ahora que sí sabemos lo que es el feminismo. Por él estamos encontrando nuestra voz y, desde luego, no tiene nada que ver con los gritos ensordecedores de los hombres que quieren subirse a la marea violeta sin saber que para nadar no necesitamos ahogadillas. Contad otras historias, porque la de la mujer que da, da y da sin recibir nada a cambio ya la hemos visto demasiado.

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