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Carta abierta a mi yo adolescente

En realidad, tienes que escuchar.

publicado
Caravaggio / Velázquez / Marcos Chamizo / BuzzFeed

Empecemos por algo que seguro que te preocupa: te va a ir bien. No te agobies. Tienes acné (bastante) e inseguridades (más); uno desaparecerá –con apariciones esporádicas cuando abuses del McDonald's– y las otras seguirán, pero aprenderás a controlarlas.

A veces.

Sé que ahora no significa mucho y que no tiene sentido que insista en ello, porque no sirve de nada: no te preocupes. Pero, en realidad, yo hoy quería hablarte de otra cosa. Porque, por suerte, no necesitas que insista mucho en esto. No lo pasaste mal. Pero hay gente que sí. Y, aunque ahora pienses que no, también fue por tu culpa.

Guillermo, seamos honestos: eres un bocazas. Y lo vas a seguir siendo. Lo siento mucho, pero es lo que hay. Tampoco pasa nada, casi siempre serás tú quien salga escaldado y te reirás. A veces no. Y de eso quería hablarte.

Hoy, con tus 15 años o así que tendrás, estás deseando poder dejarte perilla (de esto también deberíamos hablar), escuchas más a tus padres de lo que admitirías ante tus amigos –pero menos de lo que deberías– y entras en esa etapa rebelde y chulita en la que te metes con la gente. Afortunadamente, no lo haces mucho porque sabes que no está bien. Desafortunadamente, te faltan unos años para comprender que el problema es que está mal. Y ese matiz, amigo, ese matiz lo es todo.

Dirás, entre gallos, que tampoco es para tanto. Que no haces daño a nadie por reírte un poco de una persona a sus espaldas si todo el mundo lo hace. Que sólo has hablado del físico de alguien porque se había metido antes contigo. Que peor es David. Pues no. Porque todo el mundo sabe que David es imbécil y todos lo saben, pero tú no; tú eres bueno.

Tú lo que eres es un cabrón.

Rubens / BuzzFeed

Que sí, que lo haces sin mala intención. Si muchas veces son tus amigos y estáis de risas. Pues no. ¿No te das cuenta de que lo estás normalizando? Tus bromas son más inocentes y esporádicas, pero joden más. Todos esperan que David se ría de ellos, pero tu hostia viene de la nada. Y, por supuesto, no estoy justificando al otro imbécil; simplemente quiero que entiendas que tú también lo eres. Igual, hasta más.

Piénsalo, dale una vuelta a esta idea; no te pido más. Es mejor que lo hagas ahora a que te veas obligado a hacerlo dentro de unos años. Porque ahora todavía puedes arreglarlo. Después, con 29 (casi 30, Guillermo, casi 30), sólo te quedará escribirte una carta y esperar que llegue a tiempo a hace 15 años. Porque hoy todavía puedes evitar hacerle daño a alguien mañana y darte cuenta mucho después, cuando ya es tarde.

Y creo que eso es todo. No pretendo analizar una problemática más compleja ni quiero que seas tú quien le diga a otras personas que deben amarse y estar a gusto con su cuerpo, porque eso es su tarea y su decisión. Lo único que quiero es que se lo pongas más fácil y para ello lo mejor que puedes hacer, lo más sencillo, es callarte. Como yo me callo.

Ya aprenderás a hacerlo.

La semana del cuerpo está dedicada a generar contenido que explore y celebre nuestra complicada relación con nuestro físico. Lee más artículos aquí.

Chris Ritter / BuzzFeed