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13 cosas sobre la depresión que quisiera haber sabido antes de ir a la universidad

Tienes todo el derecho a sentirte como te sientes.

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Mi primer año de universidad no fue para nada como me esperaba. Aunque la semana anterior a trasladarme a la residencia universitaria me tragué todas las películas sobre la universidad que pude encontrar en Netflix , no estaba preparada para el choque cultural que sentí al estar sola por primera vez.

Aunque lo que dicen es cierto, y la universidad puede ser uno de los mejores momentos de tu vida, para mi y para muchos otros también fue uno de los más solitarios. Entre que te abres camino a través de la recién adquirida independencia y gestionas un curso lleno de asignaturas, el estrés de la universidad se va acumulando. Y, en ocasiones, ese estrés acarrea problemas de depresión. Pero no tienes que pasar por todo esto tú solo. Estas son algunas cosas sobre la depresión que me gustaría haber sabido antes de empezar la universidad.

1. No te fíes de todo lo que ves en las redes sociales.

Las redes sociales pueden ser peligrosas cuando sufres depresión. Ver una foto tras otra de gente sonriendo puede hacer que parezca que todo el mundo tiene todo bajo control, pero eso no es así. No puedes tomarte las redes sociales en serio. Si te soy sincera, durante los meses de universidad en los que estuve más deprimida, mi Instagram estaba repleto de fotos mías sonriendo.

Es fácil empezar a compararte con el resto, especialmente cuando crees que todo el mundo lo pasa bien menos tú, pero recuerda que no todo es como parece en Internet. No es tan difícil crear una falsa realidad en las redes sociales para ocultar la depresión y la ansiedad, así que no creas que a todo el mundo le va bien.

2. Es mucho más fácil afrontar los problemas cuando no tienes resaca.

El acceso al alcohol en la universidad hace que sea muy sencillo ahogar tus emociones en una botella de vodka. Pero resulta que cuando sale el sol, y se seca todo el vodka con arándanos que no recuerdas haber derramado sobre tu chaqueta, los problemas siguen ahí esperándote.

El abuso del alcohol es frecuente en la universidad, pero beber puede empeorar los síntomas de la depresión. Confía en mí, adormecer tus emociones con alcohol solo hará que tengas resaca y más problemas a los que enfrentarte cuando te despiertes.

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3. No todas las comunidades son comunidades saludables.

Durante el primer año, estaba tan horrorizada de sentirme sola que me uní al primer grupo de amigos que encontré, pero, aunque estaba rodeada de gente, no recibí ningún apoyo emocional por su parte. En ocasiones, me sentía más sola rodeada de mis 20 supuestos amigos de lo que me sentía estando realmente sola en la habitación.

A nadie le gusta la soledad. Sin embargo, es importante que te rodees de gente que te estimule y te haga crecer. Sentirte solo es horrible, pero también lo es pasar el rato con gente que no te apoya, y unirte a las personas equivocadas cuando sufres depresión puede hacer que no tomes buenas decisiones respecto a tu salud.

4. Si intentas serlo todo para todos, acabarás por no ser tú mismo.

Una de las mejores cosas de la universidad es que te ofrece la oportunidad de un nuevo comienzo. Tienes la posibilidad de probar cosas nuevas e incluso reinventarte a ti mismo, pero tienes que tener cuidado y asegurarte de que la persona en la que te estás convirtiendo es la que realmente quieres ser.

Nunca pensé que yo era alguien que cediera a la presión de grupo, pero pronto descubrí que estaba dispuesta a hacer casi cualquier cosa para seguir formando parte de mi grupo de amigos. Poco a poco, comencé a dejar de ser yo misma, mientras intentaba mantener la actitud de "que les jodan" que desprendían mis amigos. Adoptar algunos de los rasgos e intereses de la gente que te rodea es normal, pero no debes poner en riesgo tus propios valores solo por integrarte.

5. Pedir ayuda no te convierte en un fracasado.

De lo que más me arrepiento de la universidad es de no haber pedido ayuda antes. Da igual lo que pasara o lo mal que me sintiera; siempre mantenía a todo el mundo alejado con un "estoy bien". Resulta que el mayor obstáculo en el camino de mi recuperación fue simplemente mi orgullo. Una vez que acepté que podía seguir luchando sola o pedir ayuda, sentí que al fin podía respirar por primera vez en meses.

Pedir ayuda puede dar miedo, porque significa que reconoces que las cosas no van bien, pero eso no te convierte en un fracasado. Significa que, aunque tu vida esté jodida, tienes el valor suficiente como para pedir ayuda. No debes despreciar tu valentía.

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6. Pero tienes permiso para fallar.

Cuando estás deprimido, cualquier fracaso puede parecer un gran contratiempo, pero la verdad es que, a veces, has de fracasar para poder crecer. Mientras no te hagas daño a ti mismo ni a los que te rodean, no hay mal que por bien no venga. Si dejas que el miedo al fracaso impere en tus años de universidad, vas a perderte muchas de las cosas buenas que la vida te tiene preparadas.

Tras pasar los dos primeros años de universidad aterrada por la posibilidad de fracasar, firmé un contrato en el que me daba permiso para fallar. Hoy en día, aún lo guardo en mi habitación para que me recuerde que algunas de las mejores cosas de la vida surgen de un fracaso.

7. Tus sentimientos son legítimos, sin importar lo que diga el resto.

A pesar del número de veces que escuches "¿Seguro que estás deprimido?" y "No exageres, es solo un mal día", es importante que recuerdes que tienes todo el derecho del mundo a sentirte como te sientes.

Esto también significa que puedes mostrar cómo te sientes. No tienes que actuar como si estuvieras bien cuando es todo lo contrario. Sé honesto contigo mismo. No rebajes tu depresión riéndote de los problemas con tus amigos, o sonriendo cuando hablas sobre estar triste.

8. Si buscas ayuda a través de la universidad, puede que tengas que esperar.

Cuando finalmente admití que necesitaba ayuda, quise hablar con alguien lo antes posible. Sin embargo, cuando acudí al centro de asesoramiento de la universidad, tuve que esperar dos semanas para la primera consulta y un mes más para la primera sesión. Según una encuesta de la National Alliance sobre salud mental, los estudiantes que han dejado los estudios por problemas de salud mental afirman que un mejor acceso a los servicios de salud mental les hubiera ayudado a permanecer en la universidad.

Así que, aunque animo a la gente a que pida ayuda, has de saber que si lo haces a través de la universidad puede tardar un poco. Si crees que no puedes esperar tanto tiempo, existen muchos recursos en Internet que podrías usar. Gracias a organizaciones como National Suicide Prevention Lifeline o Crisis Text Line, la ayuda inmediata está a tan solo una llamada o mensaje de distancia.

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9. Tomar medicamentos no te hace débil.

Antes de sufrir depresión en la universidad, las únicas veces que escuché a mis amigos mencionar el Xanax fue con un sentido lúdico. Así que cuando mi terapeuta me recomendó empezar con una pequeña dosis para enfrentarme a la ansiedad y la depresión, me sentí débil. Pensé que no era lo suficientemente fuerte como para gestionar mi propia vida, pero no es así.

Según una encuesta realizada por el Center for Collegiate Mental Health en 2013, el 32 por ciento de los estudiantes de universidad que pidieron ayuda por problemas de salud mental tomaron medicamentos como parte de su tratamiento. Así que no te avergüences de tomar medicación.

10. La depresión no se cura de un día para otro.

La depresión no se cura de repente tras la primera sesión con un terapeuta. No esperarías que un esguince de tobillo se cure tras una visita a urgencias, ¿verdad? Entonces, ¿por que suponer eso cuando se trata de salud mental? Estar mejor requiere su tiempo, así que ten paciencia.

En una encuesta realizada por Psychology Today en 2014, uno de cada tres estudiantes universitarios relataron sufrir periodos prolongados de depresión. Así que, aunque estés ansioso por mejorar, recuerda que no estás solo y que está bien celebrar las pequeñas victorias, aunque solo sea el levantarte de la cama los días más difíciles.

11. Da prioridad a tu salud mental.

No cabe duda de que la universidad es dura y en ocasiones abrumadora, así que no te sientas mal si tienes que tomar un descanso. Algunos días puedes sentirte como si tuvieras el mundo cargado a tu espalda y, cuando eso ocurre, está bien que dediques el día a tu salud mental.

Perder una clase no es el fin del mundo. Tu salud mental es más importante que una lección de filosofía. Sé honesto con tus profesores y hazles saber que las cosas no van bien. Deberían ser comprensivos e incluso puede que alguno te felicite por tu sinceridad.

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12. Cuando puedas, date un capricho.

Cada vez que sentía que mi vida se derrumbaba a mi alrededor, iba al cine. Sentarme sola en la oscuridad de la sala y sumergirme en la película que tenía delante era como pulsar un botón que desconectaba mis emociones. Me daba un respiro. En ocasiones, eso es todo lo que puedes pedir.

Así que encuentra algo que te ayude a desconectar. Tal vez sea dar un largo paseo por el campus o algo tan sencillo como tomarte un segundo trozo de tarta de chocolate en el comedor. A menudo nos olvidamos de ser generosos con nosotros mismos, pero es muy importante que te acuerdes de darte un respiro de vez en cuando.

13. Recuerda que no estás solo.

Según la American College Health Association, casi un tercio de los estudiantes universitarios se ajustan a los parámetros de una enfermedad depresiva o de ansiedad. No olvides que hay más personas a tu alrededor que se sienten como tú. Si eres abierto y honesto contigo mismo y con los demás, tal vez puedas incluso formar un grupo de apoyo en tu residencia o universidad. Por favor, recuerda que no tienes que enfrentarte a la vida tú solo.

Si tú o alguien que conoces está pasando una mala racha, se siente deprimido o tiene ideas de autolesión, puedes llamar a la National Suicide Prevention Lifeline al 800-273-8255 o visitar su página web aquí.

Alana Mohamed ha contribuido con sus investigaciones en este artículo.

Este artículo ha sido traducido del inglés.