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¿Y a ti qué te importa que una mujer solo tenga amigos gays?

Sobre la importancia de reapropiación del término mariliendre.

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El calificativo de mariliendre me ha acompañado a lo largo de toda mi vida. Aunque pocas veces, debo decir, ha sido utilizado de manera positiva: la gran mayoría de las ocasiones llamarme mariliendre era una manera de burlarse de mí por el simple hecho de tener amigos gays. "Tener amigos gays", siempre se resumía de esa forma. Como si mis "amigos gays" fuesen un complemento más. Como tener un bolso bonito, unos zapatitos de charol y un buen puñado de amigos gays para palmearme.

La pregunta: "¿y por qué tienes tantos amigos gays?", pronunciada con cierto desdén (casi siempre) por un varón heterosexual me ha perseguido durante años. Y lo que antes me parecía una pregunta nacida de la curiosidad que solía resolver con un encogimiento de hombros, con el tiempo me resultó un prejuicio expuesto de forma interrogativa que, a día de hoy, sirve para meter a esa persona en mi lista de "gente que ni para un café". La persona que hacía la pregunta tenía poco o ningún interés en escuchar la respuesta, su intención era cuestionarme. Preguntarme por qué me había salido voluntariamente del rebaño de los chicos y las chicas "como Dios manda".

Me he planteado en más de una ocasión por qué tengo "tantos amigos gays". Me lo he planteado como si el hecho de entablar amistad con alguien de una orientación sexual distinta a la tuya necesitase un profundo análisis. Me lo he planteado porque el cuestionamiento externo acerca de este punto me ha hecho cuestionarme a mí misma.

Decía Caitlin Moran en su libro 'Cómo ser mujer' que pensaba que las mujeres nos llevamos tan bien con los hombres homosexuales porque ambos grupos habíamos entendido y asumido que, frente al hombre heterosexual, nosotros éramos criaturas "de segunda". Ellos por ser "menos hombres" desde la encorsetada visión de los estereotipos de género. Nosotras por el mero hecho de ser mujeres. Al no tener la posición privilegiada del hombre hetero, mujeres y gays nos habíamos mirado desde el otro lado de la sala de baile y comprendido que estábamos destinados a entendernos y a protegernos.

Carrie Bradshaw, en un capítulo de 'Sexo en Nueva York', decía que la relación entre una mujer y un hombre gay era el vacío legal de las relaciones heterosexuales. Con una visión no ya solo machista, sino particularmente masculina para una serie protagonizada por cuatro mujeres, lo que Bradshaw planteaba es que, cuando tienes pareja, te puedes permitir tener amistades masculinas siempre y cuando estos hombres sean gays. Porque los hombres gays no suponen ningún tipo de amenaza para el hombre hetero.

La pregunta "¿por qué tienes tantos amigos gays?" en el fondo no deja de ser un "¿por qué te vas con ellos teniéndonos a nosotros? ¿Qué es lo que te están ofreciendo?"

Jamás entendí el prejuicio de la mariliendre. Ni entre los heterosexuales ni entre los homosexuales. He llegado a escuchar auténticas barbaridades de boca de hombres gays acerca de la figura de la mariliendre: que si son "sus esclavas", que si toda mariliendre está enamorada de "su" gay, que si hay mariliendres "a su pesar" (mujeres poco agraciadas a las que no les queda más remedio que salir con gays) y mariliendres que son en realidad gayheteras: mujeres heterosexuales que se comportan como gays. Con el tiempo comprendí que este prejuicio sobre la mariliendre se debe a un factor principal: la misoginia interiorizada que todos sufrimos en ocasiones.

Los lazos afectivos creados por mujeres siempre se han ridiculizado de manera pública. La amistad entre mujeres se caricaturiza (cotorras, cotillas, brujas, criticonas) o se pone en duda aludiendo a la rivalidad femenina. La amistad entre una mujer y un hombre homosexual sufre el mismo prejuicio, simplemente se utilizan otros recursos para que las mujeres vuelvan a avergonzarse de un tipo de relación que no incluye al hombre hetero en el centro (ni en la periferia) de ésta.

Por eso la pregunta "¿por qué tienes tantos amigos gays?" en el fondo no deja de ser un "¿por qué te vas con ellos teniéndonos a nosotros? ¿Qué es lo que te están ofreciendo?". Lo que un hombre homosexual me está ofreciendo mediante su amistad es el disfrute de una compañía interesante, lúdica, cálida o divertida sin la necesidad de crear un vínculo sexual ni que exista un interés de conquista mediante.

Tenemos que reapropiarnos del concepto de mariliendre, porque una mariliendre es una mujer libre que no tiene la necesidad de recibir la atención del hombre heterosexual cada vez que sale de fiesta. Una mariliendre es una outsider a la que le interesa poco o nada "salir a ligar", solamente quiere pasárselo bien. Una mariliendre no está enamorada de todos sus amigos gays, porque aunque parezca imposible, existen infinidad de relaciones humanas que no están sometidas a los intereses románticos. Una mariliendre valora a las personas por lo que son y no por con quién se meten en la cama.

Pero sobre todo, las relaciones entre mujeres y hombres homosexuales, así como las relaciones de amistad entre mujeres, tienen en común algo importante: no están sometidas al control del hombre hetero. Y por eso existe ese prejuicio: porque nada genera tanto miedo como una mujer libre.

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