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¿Y cómo se supone que se tiene que comportar una víctima de una violación?

El abogado de los presuntos violadores de San Fermín ha presentado un informe que pretende probar que la víctima no ha sufrido un trauma porque durante este tiempo ha salido de fiesta. Varios medios se hacen eco de la vida "normal" de la víctima después de los hechos.

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Lo explicaba muy bien Virginie Despentes en su libro 'Teoría King Kong' en un capítulo autobiográfico dedicado a la violación y a cómo superarla. Citaba para ello un polémico artículo de la feminista Camille Paglia, que llegó a sus manos un año después de haber sido violada junto a una amiga por tres hombres cuando volvían de Londres haciendo autostop. Paglia hablaba de la violación en términos nunca antes puestos sobre una mesa, entendiéndola como un riesgo inevitable e inherente a nuestra condición femenina. Algo que te puede llegar a pasar por el simple hecho de ser mujer, independientemente de si vas sola o acompañada, has bebido o estás sobria, llevas minifalda o pantalones vaqueros, sea de día, de noche o de madrugada.

Paglia nos permitía imaginarnos como guerrilleras, no tanto responsables personales de algo que nos habíamos buscado, sino víctimas ordinarias de algo que podíamos esperar cuando se es mujer y se quiere correr el riesgo de salir al exterior. Ella era la primera que había sacado la violación del horror absoluto, de lo no dicho, de lo que no debe ocurrir nunca. Ella hacía de la violación una circunstancia política, algo que debíamos aprender a encajar. Paglia cambiaba todo: ya no se trataba de negar, ni de morir, se trataba de vivir con.

Teoría King Kong, Virginie Despentes.

Lo que Paglia y Despentes pretendían era desdramatizar la visión generalizada en torno a la violación y, sobre todo, a la post-violación. Porque parece que la violación es el único trauma que te obliga a vivir bajo un estatus de víctima permanente. En nuestro imaginario colectivo, una víctima de una violación es una "pobre chica" a la que le han "destrozado la vida" y que lleva consigo el trauma allá donde vaya. Una mujer víctima de una violación es la más víctima de todas y tiene sentido que tenga todos los traumas del mundo: miedo a los hombres, miedo al sexo, miedo a llevar minifalda, miedo a volver sola a casa, miedo, en definitiva, a salir al mundo exterior. Y esto puede suceder, siendo una reacción totalmente válida. Pero no todas las personas superamos un trauma de la misma forma.

Decía Despentes que esta visión de "las pobrecillas" no dejaba de conformar una visión particularmente machista del mundo y del espacio que las mujeres ocupamos en él, en el que somos meros objetos de deseo y consumo masculino, valoradas exclusivamente por nuestra sexualidad y lo que hacemos o dejamos de hacer con ella.

Una víctima de una violación vive en un juicio permanente. En el antes ("¿qué llevabas puesto? ¿volviste sola a casa? ¿cuánto habías bebido?"), en el durante ("yo le hubiese pegado una hostia, quizás no te resististe lo suficiente") y parece que también en el después ("pues tampoco parece tan traumatizada"). Porque parece que si no lo pasas lo suficientemente mal, si no tomas preocupaciones, si no te defientes y si no sufres después, es que en el fondo te gustó.

A todos nos gustan las historias de superación. Nadie pretende que un chico al que le han robado y le han dado una paliza en el metro no vuelva a coger nunca el transporte público, nadie entendería que no volviese a salir, a divertirse, a reirse con sus amigos. Incluso en los traumas cotidianos, o lo que llamamos las pruebas que nos pone delante la vida, entendemos el concepto de superación. El paso de víctima a superviviente: nos gusta ver a una mujer que ha superado un cáncer volver a reírse. Nos gusta que una viuda vuelva a encontrar el amor y, en los tiempos que corren, no entenderíamos que guardase el luto de por vida. Nos gusta que un atleta que se ha roto una pierna vuelva a correr. O que alguien que ha sufrido un accidente de tráfico sea capaz de volver a disfrutar de un viaje. Nos gusta que una persona que se ha caído se ponga en pie, se limpie el polvo y siga caminando. ¿Por qué una víctima de una violación no debería volver a llevar una vida normal?

En el juicio por lo sucedido en los San Fermines de 2016, la defensa de "La Manada" aportó como prueba fotos de las redes sociales de la víctima en la que aparecía socializando con sus amigos. Acto seguido, preguntaron a la víctima que si tenía tanto trauma cómo podía estar subiendo fotos a redes sociales. La víctima, que tenía 18 años, dijo que "son las fotos de una chica de 20 años que está tratando de reconstruir su vida".

Una mujer de 20 años tiene derecho a reconstruir su vida. Y una de 30. Y de 40. Y de 50. Y de cualquier edad. Cuestionar la aparente "normalidad" de la vida de la víctima está mandando un mensaje atroz para quienes hayan pasado por una situación similar: ¿qué haces estudiando, trabajando, viajando o incluso pasándolo bien DESPUÉS DE LO QUE TE PASÓ? ¿Cómo te atreves a salir de casa? ¿Por qué no te has encerrado entre cuatro paredes? ¿Es que no has aprendido una lección?

Me pregunto cuál es el protocolo para ser una buena víctima de cara a jueces y abogados, a medios y periodistas, a opinadores profesionales en redes sociales y a gran parte de la sociedad. ¿Cómo debe comportarse una víctima de cara al público? ¿Cómo debe actuar una chica después de lo sucedido para que se crea en su historia? ¿Tiene permitido volver a disfrutar del sexo, con su pareja o con una pareja esporádica? ¿Se puede volver a poner cachonda? ¿Tiene permitido volver a salir con sus amigas? ¿Puede emborracharse? ¿Puede reírse hasta caerse al suelo? ¿Puede volver a llevar escote? ¿Minifalda? ¿Puede querer sentirse sexy? ¿Es acaso anormal que no quiera hacer absolutamente todos sus planes acompañada? ¿Le permitimos que se olvide de la hora y se le vaya el santo al cielo porque una noche se lo está pasando la mar de bien? ¿Puede volver a disfrutar? ¿A sentirse ella misma? ¿Le permitimos volver a ser una mujer con entidad propia y no solamente una víctima?


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