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No, Jesús Cintora, la homofobia no es una cuestión de opinión

Y no podemos ni queremos entenderla.

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"¿Existe homofobia en España?". Una pregunta ridícula que cerraba un primer corte del programa de debate del periodista Jesús Cintora llamado 'La línea roja'. Un programa que, según explicaba la cadena, ponía frente a frente a dos posturas opuestas para intentar que entendieran la posición del otro. En el mismo corte se hablaba del aumento de las agresiones homófobas en España el pasado año en un 36% y se relataba cómo HazteOir contaba con beneficios fiscales al ser declarada de "utilidad pública", pese a su discurso de odio. "Jorge, ¿crees que hay homofobia en España?", preguntaba Cintora en su primera aparición en pantalla al protagonista heterosexual del programa. Y con eso arrancaba una hora de vergüenza ajena, rabia y enfado para todos aquellos que hemos sufrido homofobia alguna vez en nuestras vidas.

Jorge, como hombre heterosexual y homófobo, contestaba que no, que no pensaba que hubiera homofobia, y miles de personas LGTBI nos preguntábamos en nuestras casas si realmente había alguna necesidad de preguntarle a un señor heterosexual y homófobo qué pensaba él de la homofobia. Sinceramente, Jorge, no nos puede importar menos lo que tú opines. Pero la culpa no es tuya, sino de quien te pone un micrófono delante. "¿Es la Tierra redonda?", podría haber preguntado también Cintora al abrir el programa. Porque total, si la intención era opinar sobre hechos probados y darle un aire de periodismo serio a enfrentar opiniones a datos, podían haber apostado por algo más impactante.

Como habían relatado al comenzar el programa, solo en 2016 se produjeron 239 denuncias por agresiones homófobas según el Ministerio del Interior. Tenían los datos. Tenían las cifras. Incluso tenían a alguno de los protagonistas de esas agresiones. Pero prefirieron lanzar la pregunta al aire y después darle la palabra a una persona homófoba que habló de cómo se había convertido en víctima de una sociedad que pretendía homosexualizarlo todo. No tuvo réplica. Durante los primeros 15 minutos, un cuarto del programa, y con la excepción de una breve aparición de Álvaro, el protagonista homosexual, el discurso homófobo de Jorge dominó la narración.

"Algo falla si un reputado periodista nacional simplemente esboza una sonrisita cuando un señor elabora un discurso de odio delante de su cámara"

El odio maquillado de debate en horario de máxima audiencia. Lo que sea con tal de tener un buen espectáculo televisivo. No parece haber problema para un profesional como Cintora en darle voz y minutos de pantalla a personas que abogan por terapias de conversión, que aseguran que "conocen casos que han funcionado porque los han visto en YouTube", o que afirman sin ruborizarse que "no todas las opciones sexuales están al mismo nivel". No parece haber problema en dejarles hablar y no darles respuesta para dejar claro a los telespectadores lo equivocadas que están esas opiniones. Cuando uno pone un micro delante de una persona que miente, tiene la responsabilidad de poner en relieve que está mintiendo, más cuando se cuenta con todas las herramientas y datos necesarios para ello como tenía Cintora. Si no lo haces, no eres más que un instrumento para difundir mentiras y eres tan responsable de sus consecuencias como ellos.

Así se desarrolla una hora de programa en la que se da espacio a una persona heterosexual que habla de apartheid en Chueca para después argumentar que él está dispuesto a hablar y que respeta a todo el mundo, extendiendo así la idea de que la homofobia, si no es violenta, tampoco es tan mala. Claro, simplemente dice que no le gustan los homosexuales, simplemente dice que su estilo de vida está destruyendo la sociedad, simplemente dice que el colectivo LGTBI es la nueva inquisición que persigue a los que piensan diferente. ¿Qué daño puede hacer una persona así si no pega a nadie?

Quizá ha llegado el momento de que Cintora y su equipo se enteren de que los efectos devastadores de la homofobia no se limitan a la agresión física. Que la opinión que están ayudando a extender y validar es la que hace que muchos adolescentes sufran –y se suiciden– cada día por el miedo a enfrentarse a una sociedad en la que discursos como este son escuchados en vez de ser denunciados. Una sociedad en la que claramente algo falla si un reputado periodista nacional simplemente esboza una sonrisita cuando un señor elabora un discurso de odio delante de su cámara, en vez de destruir su opinión con datos.

En varias ocasiones, el programa muestra a distintas personas homosexuales discutiendo con los homófobos protagonistas. Si, en algún momento de la discusión, la rabia se apodera de ellos –como ocurre con el peluquero de Chueca o la trabajadora de la librería–, se apresuran a ser extremadamente educados y respetuosos. Porque ese es el mensaje que el programa parece querer transmitir: si te insultan, si te odian por ser como eres, si desprecian tu estilo de vida, tu capacidad para criar hijos, si intentan freírte el cerebro o hartarte a pastillas para cambiar lo que eres, tienes que ser respetuoso, porque es solo una opinión.

Alguien debería explicarle a Jesús Cintora que no estamos ante dos extremos opuestos de un mismo tema que ostentan la misma validez. No estamos ante dos opiniones igual de respetables. No es una cuestión de pensar diferente. Nadie plantearía un programa que enfrentara a una persona que piensa que matar está bien y a una persona que piensa que está mal y vendiera ambas posturas como válidas pero contrarias. Porque el odio al colectivo LGTBI, querido Jesús, no es una cuestión de opinión ni de debate. Es un delito.

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