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Esta era la vida de los pilotos mexicanos en la Segunda Guerra Mundial

Un sobreviviente del Escuadrón 201 nos reveló la cara más oscura de la vida en combate.

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Él es el Sargento Primero Armero Fortino González Gudiño, un mexicano que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial.

BuzzFeed

En 1942, México se unió al conflicto más grande de la humanidad. Ese año, submarinos alemanes hundieron dos buques petroleros, el potrero del Llano y el Faja de oro. En respuesta, el presidente Manuel Ávila Camacho decidió mandar un equipo de pilotos para apoyar a las tropas americanas en Filipinas.

Durante tres meses, el Escuadrón 201 participó en 96 misiones de combate y bombardeo.

Asociación mexicana de veteranos de la Segunda Guerra Mundial

Ellos fueron una pieza fundamental para recuperar el control de las Filipinas y los únicos mexicanos que han combatido fuera del país. Esta es la parte de la historia que se pierde en los libros:

"Todos los que fuimos éramos voluntarios."

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Cuando se supo de los ataques alemanes, todo el país entró en cólera. “Estábamos muy enojados, teníamos que hacer algo” nos dijo Fortino. Por eso, cuando les ofrecieron la opción de ir a la guerra, fueron con gusto.

"Técnicamente éramos parte del ejército norteamericano."

Wikicommons

“Claro que somos mexicanos, pero nos entrenaron los gringos” nos contaba Fortino. Antes de ir a la guerra, el Escuadrón 201 tomó su entrenamiento en una base militar de Idaho, después se trasladaron a Greenville, Texas, donde los reconocieron como parte del 5to destacamento de la Fuerza Aérea Norteamericana.

"Íbamos preparados para morir."

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Mientras el escuadrón tomaba su entrenamiento militar, el gobierno mexicano mandó un emisario al frente europeo para ver cómo estaba la situación. Cuando regresó, reunió a los miembros del Escuadrón 201 y les dijo “Si el 25% de ustedes sobrevive, va a ser mucho. Pueden regresarse a México si quieren, nadie les va a decir nada.” Nadie se regresó.

"Hubo otros escuadrones latinos con peor suerte que el nuestro."

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Argentina y Brasil, por ejemplo, mandaron destacamentos que ni siquiera llegaron a la zona de combate. El Pacífico era un área muy peligrosa durante la guerra.

"Desde que dejamos México, sólo conocimos climas extremos."

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Primero les tocó entrenar varios meses en las temperaturas bajo cero de Idaho. Luego llegaron a Filipinas, donde conocieron un calor y una humedad que no existen en México.

"El equipo con el que nos mandaron no era suficiente."

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Una vez, en Filipinas, un piloto trató de llenar su cantimplora en un río, así que la amarró a un hilo y la sumergió, pero la corriente era tan fuerte que el hilo se rompió. Como no había cantimploras de repuesto, le tuvo que borrar el número de serie a otra cantimplora para robársela. En esa unidad siempre estuvo faltando una cantimplora y al rato ya ninguna tenía número de serie.

"La primera sorpresa que encontramos en Filipinas es que mucha gente hablaba español."

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En su tiempo libre, los pilotos podían hacer lo que quisieran. Normalmente se iban a buscar bares entre la población local. Cuando los norteamericanos iban a emborracharse, se llevaban a los mexicanos para que les ayudaran a traducir.

"También había racismo, pero no nos dejábamos."

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En un bar de Filipinas estaba bebiendo un par de mexicanos, cuando llegaron unos pilotos gringos. Uno de ellos dijo “Vámonos, aquí apesta a mexicano”, pero antes de que pudiera dirigirse hacia la puerta, ya tenía una navaja mexicana frente al rostro. Al final hicieron que el racista se disculpara y el Escuadrón 201 se rió de esa anécdota durante muchos años.

"Pero hasta en el racismo hay niveles."

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Fortino nos contó que “Aunque todos arriesgábamos la vida igual, el campamento estaba dividido por razas. Había un área para los blancos, una para los mexicanos y otra para los negros.” Durante un cese al fuego, los norteamericanos organizaron un juego de béisbol en el que todos estaban invitados. Todos menos los negros.

"La línea de fuego estaba a muchos kilómetros del campamento, pero ahí también había peligro."

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La tecnología del radar aún no se perfeccionaba y su campamento no contaba con uno. A lo que más le temían era a los ataques kamikaze. Desde Pearl Harbor, en las bases norteamericanas siempre había baterías antiaéreas listas y pilotos preparados para despegar en cualquier momento.

"El fin de la guerra no fue un evento tan alegre como todos esperábamos."

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Un día el escuadrón estaba preparando a los aviones para despegar y llegó un oficial a decirles “Paren todo, se acabó la guerra. Ya sólo estamos esperando la firma del Emperador de Japón.”

No hubo alegría, más bien, los pilotos se preguntaron “¿Pues cómo no se van a rendir después de esos bombazos?” Se referían a las bombas atómicas.

"Aún así, muchos consideramos que soltar las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki fue la decisión correcta."

Wikicommons

“¿Estuvo bien o no? De cierto modo sí, porque detuvo esa matazón a la que no se le veía fin.”

"En Filipinas, Fortino descubrí que la guerra cambia a la gente."

Wikicommons

A los mexicanos les tocó vivir los últimos meses de la guerra pero, cuando Japón finalmente se rindió, convivieron con soldados americanos que ya llevaban peleando varios años. “Volvieron sucios, con el uniforme hecho harapos y la mirada perdida. Parecían de otra especie.”

"El viaje de regreso fue mucho más rápido."

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De regreso tomaron una ruta directa desde las Filipinas y llegaron a América en 23 días. El viaje de ida tomó casi dos meses porque tenían que esquivar a los submarinos y pilotos japoneses.

"Llegando a México nos recibieron con cenas, desfiles y ascensos."

BuzzFeed

Todos los sobrevivientes del Escuadrón 201 fueron ascendidos un rango y recibieron una multitud de medallas mexicanas y norteamericanas. A veces tenían tantos desfiles y eventos que dejaron plantados a varios gobernadores.

"Pero no nos consideramos héroes."

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“Muchos nos dicen que somos héroes pero nosotros no nos vemos así” dice Fortino. “Nosotros sólo fuimos a cumplir con nuestro trabajo.”

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