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Tuve que dejar de fumar y mi vida no se acabó como me lo esperaba

Unos días del terror por una vida entera de paz mental y pulmones limpios.

publicado

Fumé mi primer cigarro a los 14 años.

Estábamos en una fiesta de quince y los niños más grandes me dieron ~un toque~. Recuerdo que terminé mareadísima y con un ataque de tos. No fue una grata experiencia. Pero igual, dos años después, lo volví a probar y esta vez, regresé para quedarme. Desde entonces el cigarro se convirtió en un parte importantísima de mi identidad, una extensión de mi persona. No fumaba taaaanto, media cajetilla en promedio, pero por alguna razón siempre tenía un cigarro presente, por lo menos en la cabeza (como pueden apreciarlo en mi foto de Facebook aquí arriba).
Bibi Barud

Estábamos en una fiesta de quince y los niños más grandes me dieron ~un toque~. Recuerdo que terminé mareadísima y con un ataque de tos. No fue una grata experiencia. Pero igual, dos años después, lo volví a probar y esta vez, regresé para quedarme. Desde entonces el cigarro se convirtió en un parte importantísima de mi identidad, una extensión de mi persona. No fumaba taaaanto, media cajetilla en promedio, pero por alguna razón siempre tenía un cigarro presente, por lo menos en la cabeza (como pueden apreciarlo en mi foto de Facebook aquí arriba).

Me acuerdo muy bien de ir a casa de mi amiga Mich, subir a su azotea y fumar obsesivamente mientras hablábamos de la vida.

Tirábamos las colillas a casa del vecino, nos acusaba, sus papás nos regañaban y el ciclo volvía a empezar. Jugábamos canasta con cigarro en mano (como las señoras que éramos), íbamos por café con cigarro en mano (además era el Edomex en los dosmiles, se podía fumar en cualquier lugar). Para todos lados íbamos con el cigarro, porque claro que no solo fumaba yo, fumábamos todas.
prudkov / Getty Images

Tirábamos las colillas a casa del vecino, nos acusaba, sus papás nos regañaban y el ciclo volvía a empezar. Jugábamos canasta con cigarro en mano (como las señoras que éramos), íbamos por café con cigarro en mano (además era el Edomex en los dosmiles, se podía fumar en cualquier lugar). Para todos lados íbamos con el cigarro, porque claro que no solo fumaba yo, fumábamos todas.

Nunca había querido dejar "el cigarrito", realmente lo consideraba una parte de mí.

Me daba terror tener en un ataque de ansiedad y psicosis si dejaba esa única cosa que realmente me "calmaba". Volverme loca, fallar, recaer, enojarme, engordar... pero había algo más grande que yo que me obligó a hacerlo, mi salud.
Sabritori / Via instagram.com

Me daba terror tener en un ataque de ansiedad y psicosis si dejaba esa única cosa que realmente me "calmaba". Volverme loca, fallar, recaer, enojarme, engordar... pero había algo más grande que yo que me obligó a hacerlo, mi salud.

Me empecé a enfermar, y mucho. Digamos que en promedio un mes sí y otro no.

Mi primer doctor era un imbécil y me dijo que lo que tenía era reflujo. Mi otro doctor me hizo unos estudios y me dijo que tenía que dejar de fumar. A lo que yo pensé "Sí, señor, a huevo que sí." Pasaron unos años más y mi salud no mejoraba mucho. Sin energía, tos, ganglios y anginas inflamadas, principios de neumonía, flemas, bronquios irritados, problemas en la laringe, faringe, maringe y todas las demás inges que forman el aparato respiratorio. La última vez que fui al doctor fui con la misma queja de siempre y su pregunta fue "ya dejaste de fumar?" La respuesta obviamente fue NO. Además, viviendo en la Ciudad de México, los pulmones ya tienen chamba pesada nomás por salir a la calle.
Fuzznails / Getty Images

Mi primer doctor era un imbécil y me dijo que lo que tenía era reflujo. Mi otro doctor me hizo unos estudios y me dijo que tenía que dejar de fumar. A lo que yo pensé "Sí, señor, a huevo que sí." Pasaron unos años más y mi salud no mejoraba mucho. Sin energía, tos, ganglios y anginas inflamadas, principios de neumonía, flemas, bronquios irritados, problemas en la laringe, faringe, maringe y todas las demás inges que forman el aparato respiratorio. La última vez que fui al doctor fui con la misma queja de siempre y su pregunta fue "ya dejaste de fumar?" La respuesta obviamente fue NO. Además, viviendo en la Ciudad de México, los pulmones ya tienen chamba pesada nomás por salir a la calle.

Meses antes de esa infame última visita al doctor, Mich, mi amiga con la que fumaba en la azotea, dejó de fumar.

Lo cual fue sorprendente, porque si alguien fumaba era Mich. Si ella lo logró yo también podía. La forma en la que lo hizo fue a través de un famoso curso llamado Allen Carr, seis horas y te prometen dejar de fumar... o te regresan tu dinero. Sonaba como que todos íbamos a salir ganones de ese trato. Además, hace unos meses hicimos un post sobre ex-fumadores y muchos de los entrevistados habían dejado de fumar con ese curso. Alberto Vázquez dice que dejó de fumar con ellos, y si es bueno para Alberto, es bueno para mi. ¡Convencida (más o menos)!
BibiBarud

Lo cual fue sorprendente, porque si alguien fumaba era Mich. Si ella lo logró yo también podía. La forma en la que lo hizo fue a través de un famoso curso llamado Allen Carr, seis horas y te prometen dejar de fumar... o te regresan tu dinero. Sonaba como que todos íbamos a salir ganones de ese trato. Además, hace unos meses hicimos un post sobre ex-fumadores y muchos de los entrevistados habían dejado de fumar con ese curso. Alberto Vázquez dice que dejó de fumar con ellos, y si es bueno para Alberto, es bueno para mi. ¡Convencida (más o menos)!

Él es Alberto Vázquez, y fumaba mucho en la época de mis papás. Si no sabes quién es, pregúntales a tus progenitores.
easyway

Él es Alberto Vázquez, y fumaba mucho en la época de mis papás. Si no sabes quién es, pregúntales a tus progenitores.

Hice mi cita para el 23 de abril y lo pasé hasta atrás de mi cabeza, mientras fumaba con nostalgia, hasta que llegó el mentado día.

Llegué al lugar con un nudo en la garganta y empezó la plática. Seis horas después me fumaba mi último cigarro de, lo que espero, sea el resto de mi vida.Eramos como 10 personas, todas sentadas en unas sillas negras grandes, cómodas y reclinables. Una mujer que había tomado el curso años antes iba a ser nuestro “sensei”. Ella hablaba durante hora y media y luego nos mandaba a fumar. Para la hora 5 todavía no sabes cómo diablos es que vas a dejar de fumar, pero la sensei lleva horas metiéndose en tu cabeza explicándote cómo el cigarro es algo muy pinche y no lo necesitas en tu vida. Todo acaba con lo que ellos llaman hipnosis, que en realidad no es nada más que una meditación guiada.El último cigarro es muy fuerte. Lo ves, lo respiras, lo piensas, lo tocas… y lo apagas. Suena muy tonto, obviamente ya sabes que el cigarro te hace daño, pero de alguna forma empiezas a verlo desde otra perspectiva. Claro, solo si quieres.
BibiBarud

Llegué al lugar con un nudo en la garganta y empezó la plática. Seis horas después me fumaba mi último cigarro de, lo que espero, sea el resto de mi vida.

Eramos como 10 personas, todas sentadas en unas sillas negras grandes, cómodas y reclinables. Una mujer que había tomado el curso años antes iba a ser nuestro “sensei”. Ella hablaba durante hora y media y luego nos mandaba a fumar. Para la hora 5 todavía no sabes cómo diablos es que vas a dejar de fumar, pero la sensei lleva horas metiéndose en tu cabeza explicándote cómo el cigarro es algo muy pinche y no lo necesitas en tu vida. Todo acaba con lo que ellos llaman hipnosis, que en realidad no es nada más que una meditación guiada.

El último cigarro es muy fuerte. Lo ves, lo respiras, lo piensas, lo tocas… y lo apagas. Suena muy tonto, obviamente ya sabes que el cigarro te hace daño, pero de alguna forma empiezas a verlo desde otra perspectiva. Claro, solo si quieres.

Todos temíamos por mi salud mental, mi relación con mi novio, mis uñas mordidas, mi mal humor.

No me mal interpreten, sigo siendo la misma neurótica que siempre, pero no perdí todo el control. No asesiné a nadie ni me quise cortar las venas ni golpee a cada persona que se me puso enfrente, aunque para nada no todo fue miel sobre hojuelas...
Robert Herhold / Getty Images

No me mal interpreten, sigo siendo la misma neurótica que siempre, pero no perdí todo el control. No asesiné a nadie ni me quise cortar las venas ni golpee a cada persona que se me puso enfrente, aunque para nada no todo fue miel sobre hojuelas...

Lo que sí me pasó fue un depresión aterradora que me duró una semana. (La imagen que verán a continuación es muy gráfica, fue durante el día más difícil de mi abstinencia).

BibiBarud

48 horas después de dejar de fumar, me sentía tan triste que no podía dejar de llorar, no podía ni dormir (de hecho, cada vez que veo esa foto se me llenan los ojos de lágrimas). Y es que es obvio y nunca lo pensé... Acababa de perder aquello que me daba tranquilidad, calma, un escape. La forma en la que lidiaba con mis sentimientos cambió por completo, pero no me di cuenta hasta que le dije adiós al que yo creía que era mi mejor amigo, pero en realidad, era un ojete.

Después de eso fue cuestión de ir rompiendo los paradigmas que ya conocía: el cigarro en las bodas, en el aeropuerto, en la peda, en la tristeza...

Durante la primera boda a la que fui tuve que sentarme y respirar profundo para no entrar en ataque de ansiedad o prender un cigarro. Después de pocos minutos me sentí más tranquila pero igual me fui corriendo a la mesa de dulces a comerme todo lo que encontré. Pero he ido a muchas bodas después y ahora ya es -casi- como un paseo en el parque con shots de tequila barato. Así han sido todas mis experiencias, difíciles al principio y más sencillas con el tiempo. A lo mejor te puede sonar exagerado, pero todo esto es muy serio. Soy una adicta hecha y derecha, solo que esta droga es legal y es una de las más populares del mundo. Debo admitir que todo fue más fácil de lo que pensé, porque me había dado cuenta que el cigarro no era lo que yo creía: un tubito de amor que me llenaba los pulmones de esperanza y ocupaba mi tiempo mientas me hacía compañía, más bien era una muleta dañina que me causaba más daño emocional y físico que el beneficio que yo creía que tenía sobre mi.
Dario Lo Presti / Getty Images

Durante la primera boda a la que fui tuve que sentarme y respirar profundo para no entrar en ataque de ansiedad o prender un cigarro. Después de pocos minutos me sentí más tranquila pero igual me fui corriendo a la mesa de dulces a comerme todo lo que encontré. Pero he ido a muchas bodas después y ahora ya es -casi- como un paseo en el parque con shots de tequila barato.

Así han sido todas mis experiencias, difíciles al principio y más sencillas con el tiempo. A lo mejor te puede sonar exagerado, pero todo esto es muy serio. Soy una adicta hecha y derecha, solo que esta droga es legal y es una de las más populares del mundo.

Debo admitir que todo fue más fácil de lo que pensé, porque me había dado cuenta que el cigarro no era lo que yo creía: un tubito de amor que me llenaba los pulmones de esperanza y ocupaba mi tiempo mientas me hacía compañía, más bien era una muleta dañina que me causaba más daño emocional y físico que el beneficio que yo creía que tenía sobre mi.

Pasaron (casi) tres meses desde que me fumé mi último cigarro...

Y puedo decirles que me siento bien. Ahora soy una persona menos ansiosa (porque sí, el cigarro te da una ansiedad extra que no puedes ubicar y que crees que se calma con el mismo cigarro) y cada vez se me antoja menos. Cada antojo dura unos dos segundos y luego sigo mi vida normal, un poquito más sana. Con menos dolor pulmonar y con (tantita) menos neurosis, ¿será porque ya no TENGO que salirme para fumar? Aprendí que el cigarro me causa más ansiedad y estrés, que definitivamente no lo necesito ni física ni emocionalmente (aunque sí lo hice durante 14 años) y que mis emociones fluyen mejor cuando no hay un cigarro distrayéndome.
Brand X Pictures / Getty Images

Y puedo decirles que me siento bien. Ahora soy una persona menos ansiosa (porque sí, el cigarro te da una ansiedad extra que no puedes ubicar y que crees que se calma con el mismo cigarro) y cada vez se me antoja menos. Cada antojo dura unos dos segundos y luego sigo mi vida normal, un poquito más sana. Con menos dolor pulmonar y con (tantita) menos neurosis, ¿será porque ya no TENGO que salirme para fumar?

Aprendí que el cigarro me causa más ansiedad y estrés, que definitivamente no lo necesito ni física ni emocionalmente (aunque sí lo hice durante 14 años) y que mis emociones fluyen mejor cuando no hay un cigarro distrayéndome.

Y como ahora soy ese tipo de gente que "ya no fuma" puedo darles algunos consejos que, tal vez, pueden ayudarles...

* Necesitas un estímulo importante, realmente querer dejarlo o algo que te inspire de verdad. * Cuando en realmente te das cuenta que el cigarro no hace NADA de lo que crees que hacia por ti (calmarte, ocupar tu tiempo, quitarte el hambre, tranquilizar tu ansiedad, ir al baño) es más fácil dejarlo ir. * No cambies tu estilo de vida al dejar de fumar. Al contrario, ponte en situaciones difíciles desde el principio para que sea más fácil lograrlo. * No le des un toque. Si eres un gran adicto como yo lo era, lo mejor que puedes hacer es alejarte de él por completo. A menos que quieras volver a empezar el proceso de abstinencia desde cero.* Hablando del proceso de abstinencia… Infórmate al respecto. Cada organismo reacciona de formas distintas, tanto físicas como emocionales. Y pueden llegar a ser síntomas muy fuertes. Para superarlo solo debes convencerte de que lo que te está pasando es temporal y tiene una razón de ser. Ese dolor, tristeza, ansiedad no dura para siempre.* Prepárate para cambios físicos y mentales. Tu cuerpo y tu mente tienen que cambiar todos los procesos que conocías desde que empezaste a fumar. Desde cómo ir al baño, hasta como manejar una situación triste. * Encuentra tu método. No todo mundo deja de fumar de un jalón. Lo que importa que estés convencido. * Racionaliza tus antojos. Piensa que podrías fumar si quisieras, pero ¿en serio quieres? O sea, hay una razón por la que estás dejando, o intentándolo, no la olvides. * Ten muchísima paciencia contigo mismo y felicítate por lograr algo que no es nada fácil.
BibiBarud

* Necesitas un estímulo importante, realmente querer dejarlo o algo que te inspire de verdad.

* Cuando en realmente te das cuenta que el cigarro no hace NADA de lo que crees que hacia por ti (calmarte, ocupar tu tiempo, quitarte el hambre, tranquilizar tu ansiedad, ir al baño) es más fácil dejarlo ir.

* No cambies tu estilo de vida al dejar de fumar. Al contrario, ponte en situaciones difíciles desde el principio para que sea más fácil lograrlo.

* No le des un toque. Si eres un gran adicto como yo lo era, lo mejor que puedes hacer es alejarte de él por completo. A menos que quieras volver a empezar el proceso de abstinencia desde cero.

* Hablando del proceso de abstinencia… Infórmate al respecto. Cada organismo reacciona de formas distintas, tanto físicas como emocionales. Y pueden llegar a ser síntomas muy fuertes. Para superarlo solo debes convencerte de que lo que te está pasando es temporal y tiene una razón de ser. Ese dolor, tristeza, ansiedad no dura para siempre.

* Prepárate para cambios físicos y mentales. Tu cuerpo y tu mente tienen que cambiar todos los procesos que conocías desde que empezaste a fumar. Desde cómo ir al baño, hasta como manejar una situación triste.

* Encuentra tu método. No todo mundo deja de fumar de un jalón. Lo que importa que estés convencido.

* Racionaliza tus antojos. Piensa que podrías fumar si quisieras, pero ¿en serio quieres? O sea, hay una razón por la que estás dejando, o intentándolo, no la olvides.

* Ten muchísima paciencia contigo mismo y felicítate por lograr algo que no es nada fácil.

Lo importante es que busques la forma que te sirva a ti personalmente.

Puedes visitar este enlace para ir al curso al que yo fui o, si vives en la CDMX puedes intentarlo en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, el cual imparte un curso muy completo con todo y apoyo psicológico. También puedes intentarlo con libros, con terapia, de un solo golpe, poco a poquito. El punto es que lo intentes y que hagas lo que puedas por tener una mejor vida, porque esto sí está en tus manos y aunque parezca imposible, definitivamente no lo es. ¡Ánimo!
Prettyvectors / Getty Images

Puedes visitar este enlace para ir al curso al que yo fui o, si vives en la CDMX puedes intentarlo en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, el cual imparte un curso muy completo con todo y apoyo psicológico. También puedes intentarlo con libros, con terapia, de un solo golpe, poco a poquito.

El punto es que lo intentes y que hagas lo que puedas por tener una mejor vida, porque esto sí está en tus manos y aunque parezca imposible, definitivamente no lo es. ¡Ánimo!