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    5 mar. 2018

    14 Pequeñas cosas que hice para dejar de comer carne y sentirme mejor

    Convertirme en vegana no fue tan difícil como pensaba.

    Hola, soy Yuri y hace dos años me hice vegana.

    Yuri

    Para que no quede duda, los veganos no consumimos NADA de origen animal: ni carne, ni queso, ni mantequilla, ni huevo, ni miel. NADA de eso.

    Personalmente, lo hice por mi salud. Tengo muchas intolerancias y alergias y la dieta vegana se acopla perfecto a todas mis restricciones alimenticias. Esto hizo que tomar la decisión fuera un poco más fácil, pero igual fue un gran cambio en mi estilo de vida.

    En realidad, ser vegano no es tan difícil como parece y aquí les comparto algunos tips que me ayudaron a que este proceso fuera más sencillo y agradable...

    1. Reduje PAULATINAMENTE mis alimentos de origen animal.

    Karpenkovdenis / Getty Images

    Hace ocho años dejé de consumir lácteos y carne de cerdo porque descubrí que era intolerante a la lactosa y alérgica al cerdo. Unos meses antes, había dejado de comer mariscos, también porque tuve una reacción alérgica muy fuerte. El paso natural, para mi, fue dejar de consumir huevo, pollo y pescado; y no fue muy difícil.

    Durante las primeras semanas fui flexible con la comida que llevaba huevo o pollo y lo comía una o dos veces a la semana. Así, no hice pasar a mi estómago por un cambio tan brusco y poco a poco, mi cuerpo se fue adaptando.

    2. Compré una guía introductoria al veganismo.

    Yuriria Ávila/ BuzzFeed

    En la sección de cocina de un librería encontré una guía sobre todo lo que se necesita para ser vegano: cómo sustituir los alimentos, en dónde comprarlos, de dónde obtener nutrientes, restaurantes veganos, blogs, documentales y datos curiosos. Este método me ayudó muchísimo a saber más sobre un mundo que era completamente desconocido para mi.

    3. Le avisé a mi doctora y me asesoraré con una nutrióloga.

    Utah778 / Getty Images

    Mi doctora me recomendó visitar a un nutriólogo para asegurarme que siguiera una dieta balanceada y no me faltara ningún nutriente.

    La nutrióloga me hizo un menú semanal basado en las cosas que me gustan, y puedo comer y me pidió que tomara cápsulas de vitamina B-12, el cual es el único nutriente que no puedo obtener de la dieta vegana.

    4. Comencé a revisar las etiquetas de todos los alimentos que compraba.

    Jimvallee / Getty Images

    En realidad hay MUCHOS alimentos procesados que NO contienen productos de origen animal, pero no están etiquetados como veganos.

    En sus ingredientes, los productos empaquetados indican cuando contienen huevo, leche (o nueces para quienes son alérgicos). Así descubrí que podía seguir comiendo pan de caja, galletas María, Oreo y chocolate amargo.

    5. Localicé las tiendas de productos veganos cercanas a los lugares que frecuento.

    Dragonimages / Getty Images

    En realidad, todo lo que consumo lo puedo encontrar en el súper o en mercados, pero descubrí que las tiendas naturistas o las tiendas especializadas en veganismo tienen todas las cosas que solía comer antes de hacerme vegana, pero sin productos animales. Por ejemplo: yogurt, salchichas y jamón (de soya), y hasta crema de avellanas.

    A mi, estos productos (aunque muchos nos critiquen por comerlos), me sirvieron mucho para dejar poco a poco la carne y mis antiguos hábitos alimenticios.

    6. Comencé a hacer mis propios productos veganos.

    Amarita / Getty Images

    Nunca me imaginé que lo haría, pero cuando empecé, me di cuenta que ahorraba mucho dinero y además era mucho más saludable y fácil. Hacer mi propia mayonesa, leche de almendras o tofu me hace sentir muy poderosa.

    7. Compré un recetario y empecé a cocinar con mayor frecuencia.

    Letterberry / Getty Images

    Si no quieres gastar en restaurantes veganos, ni comer siempre lo mismo, empezar a cocinarte es la mejor opción. Las opciones de comida son infinitas y la dieta vegana nunca se vuelve aburrida. Para mi, cocinarme me hizo conocer nuevos sabores y recetas que nunca había probado antes.

    Cuando acabé con todas las recetas del libro compré otro y cuando lo terminé busqué nuevas recetas en Internet y en videos. Hasta ahora, nunca he dejado de comer cosas nuevas; y todas son deliciosas.

    8. Aprendí que no toda la comida, por ser vegana, es saludable.

    Kiboka / Getty Images

    De hecho, hay un grupo de personas al que se le conoce como "veganos de comida chatarra" porque solo se alimentan de productos veganos, pero no naturales, ni del todo saludables.

    Por ejemplo, las papas a la francesa son veganas, pero no podría comerlo todo el día. La comida vegana también puede ser grasosa, alto en azúcares y en sal.

    No basta con eliminar la carne, el huevo y los lácteos, es IMPORTANTÍSIMO tener una dieta balanceada en frutas, verduras, leguminosas, granos y proteína.

    9. Localicé los restaurantes veganos de mi ciudad y los lugares que visitaba.

    Istetiana / Getty Images

    Existen restaurantes de todo tipo y rango de precios. Descubrí que atrás de mi casa existe una fonda vegana y que cerca de mi trabajo hay un puesto de tacos veganos. También encontré que existen personas que preparan comida vegana para entregarla diariamente a domicilio. Ubicar esos lugares me hizo sentirme menos presionada a cocinarme todos los días y descubrir que la oferta es más grande de lo que imaginaba.

    También me encantó encontrar restaurantes veganos súper ricos y un poco más caros, para darme un gusto de vez en cuando, la verdad :)

    10. Me uní a grupos en Facebook de veganos en mi ciudad.

    Rawpixel / Getty Images

    Los grupos veganos fueron lo mejor que me pudo haber pasado. En los grupos comparten información sobre restaurantes, nutriólogos, talleres, tips, recetas, dudas y memes.

    Sí, memes sobre lo que callamos lo veganos.

    11. Conocí a personas con los mismos hábitos alimenticios que yo.

    Disobeyart / Getty Images

    Es muy satisfactorio encontrar personas que comen y disfrutan el mismo tipo de alimentos. De manera muy inesperada conocí a dos chicas veganas con las que me uní mucho. Pasar tiempo con ellas me hizo aprender de sus hábitos y agregarlos a mi vida diaria.

    También es muy interesante platicar con otros veganos sobre su rutina y su inspiración para seguir con esa dieta. Entre todos nos ayudamos, y damos consejos.

    12. Aprendí a buscar una opción en cada lugar que voy y si no la hay, a negociarla.

    Bernd Schwabedissen / Getty Images

    Eso lo aprendí de mis amigas veganas cuando hicimos un viaje por todo el sur de México. Era difícil encontrar en todas partes un restaurante vegano, sin embargo eso nunca fue obstáculo. En los restaurantes avísamos que no comíamos carne y siempre nos ofrecieron una opción de su menú que pudiera adaptarse.

    Como la comida era hecha especialmente para nosotros, en la mayoría de los casos llevaba mucho esfuerzo y atención y el resultado era delicioso <3.

    13. En eventos especiales, pido con anticipación una opción vegana.

    Amoklv / Getty Images

    En las bodas, graduaciones o eventos en los que se contratan banquetes, generalmente existe una opción vegana si se pide con anticipación. Para eso es necesario avisarle al organizador unos días o semanas antes pero vale toda la pena del mundo para no pasar hambre, ni tener que llevar tupper.

    14. Pero, sobre todo, comencé a apreciar de todos los beneficios que me da este tipo de dieta

    Lzf / Getty Images

    Ser vegana fue uno de los cambios más grandes que hice en mi vida y una de las mejores decisiones que he tomado.

    Aprendí que:

    -La comida no tiene que dejarte la sensación de estar lleno al punto de no poderte mover. Puedes comer rico y a la vez sentirte ligero.

    -Puedes hacer comidas en grandes y variadas porciones con un presupuesto bajo, sin comprometer el sabor por no tener carne.

    -Hay muchos sabores nuevos por descubrir que nada tienen que ver con los animales.

    -Se siente increíble comer sin el temor de tener una reacción alérgica.

    Pero sobre todo aprendí a escuchar las necesidades mi cuerpo, y eso me hizo sentir mucho más en contacto conmigo misma, y con el mundo que me rodea.

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