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25 Terroríficas historias de piercings que te darán pesadillas

Nervios expuestos, orgasmos inesperados y muchísima sangre.

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1. El doble revés:

"En la secundaria tenía un amigo que se perforó ambos pezones con aros grandes y tuvo situaciones desafortunadas con los dos. La primera sucedió mientras jugaba al voleibol y decidió rematar el balón por sobre la red. Se le atascó y al caer, el piercing se le arrancó violentamente. Unos meses después, fue a broncearse a una de esas cabinas verticales de bronceado y no se dio cuenta de que la otra le quedó atascada en la jaula que te protege de los tubos luminosos. Alguien abrió las puertas para ver cómo estaba y así llegó a su fin la otra".

—Gracie Tiesma, Facebook

2. Una sorpresa horriblemente sincronizada:

"Convencí a mi mejor amiga de ir juntas a perforarnos el capuchón del clítoris. De camino al lugar, empecé con mi período. Cuando llegamos decidí preguntarle al muchacho si le parecía bien hacerlo y dijo que sí. No existe nada más incómodo que echarse ahí con un tampón insertado y el cordón colgando mientras este soldado de las perforaciones hace su tarea. Dolió como el demonio. Nunca volveré a hacerlo".

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3. Una consulta costosa:

"Cuando tenía 18 años fui con unas amigas a perforarnos el ombligo. Yo fui primero. Cuando todas terminamos, yo me paré y me desmayé cayendo de cara contra el piso. Los empleados no sabían qué hacer, así que me llevaron afuera, me pusieron en el asiento trasero de mi auto y digamos que salieron corriendo para el otro lado. Me fracturé la mandíbula en tres lugares y perdí cinco dientes. Seis horas de cirugía, 74 consultas médicas y tres años más tarde sigo teniendo la perforación."

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4. Una explosión con proyectiles:

"Tenía cuatro perforaciones dérmicas por encima de la cadera, pero una se me infectó y no se me limpió con el método típico de la sal. Luego de una semana más o menos, noté que el tejido que rodeaba a la perforación estaba duro y caliente. Fuí a la sala de urgencias solo para que el médico me dijera que no iba a tocarlo, ya que había visto a médicos que "mutilaron" a otras personas en su intento por quitarles las perforaciones. Así que fui a uno de los locales de perforaciones más recomendados de Columbus. Un artista me llevó a la sala, palpó la perforación y empezó a cortar. La perforación salió; pero luego vino la explosión de la infección. Fue como esos vídeos asquerosos de granos, pero duro y menos 'liquidoso'. El olor era TERRIBLE".

—Bethany Bentley, Facebook

5. La puerta implacable:

"A mi amiga se le atascó el aro en una puerta y le rebanó el lóbulo de la oreja por la mitad".

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6. La abuela salvaje:

"Me perforaron las orejas cuando tenía tres meses, pero odiaba usar aretes, así que con el tiempo la piel se regeneró. A los siete años, los agujeros habían desaparecido prácticamente. Mi abuela me sentó y me dijo que íbamos a mirar TV. Cuando no estaba prestando atención, me agarró el lóbulo de la oreja y metió a la fuerza un arete por lo último que quedaba del agujerito. Dolió mucho, se me puso verde y chorreó pus durante varias semanas."

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7. El agujero equivocado:

"Un día olvidé que tenía que quitarme la perforación de la nariz para ir al trabajo. Salí a tomar después de mi turno, y me olvidé completamente de la nariz hasta que llegué a casa. Aún borracha, traté de volver a colocarme el arete y noté cierta resistencia de parte de mi nariz. Supuse que la perforación se estaba cerrando un poco, pero con fuerza y dolor logré volver a ponerme un pendiente. Cuando me miré en el espejo, me corría sangre desde la nariz. ¡Me di cuenta de que por accidente había colocado el pendiente en la fosa nasal equivocada! Luego de ese error no volví a perforarme la nariz".

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8. Un encuentro interrumpido:

"Fui a una tienda a perforarme el cartílago en la parte de arriba de la oreja. Aparentemente mi oreja rechazó la perforación porque se puso supercaliente, se inflamó y se veía horrible. Mi novia en aquellos días quería iniciar un momento sexy y se puso a mordisquearme el lóbulo de la oreja. De pronto hizo su cabeza hacia atrás y dijo que le había caído algo húmedo. Era la perforación. Le estaba chorreando encima. Luego tuvo que ayudarme a quitarmela y desinfectarla porque estaba muy inflamada y era un asco. Solo hacía un mes que salíamos".

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9. La chica con el tatuaje del punto:

"Fui a perforarme la nariz y me hicieron una marca donde quería el agujero, lo cual es completamente normal. Al principio me pareció un poco oscuro, pero entendí que luego se aclararía. Hace cinco años que me quité el aro de la nariz, pero todavía tengo un punto azul en el sitio donde aquel idiota básicamente me hizo un tatuaje cuando me perforó la nariz sobre la marca de su rotulador azul".

—Leanne Serra, Facebook

10. Un perro muy malo:

"Justo antes de que empezaran las clases, al hogar de nuestro vecino de al lado llegó una simpática e hiperactiva perra Golden Retriever. Mi hermano y yo fuimos a su casa a jugar con ella y al rodar de aquí para allá y jugar , por alguna razón una de sus patas quedó atascada en el arete que yo tenía en el ombligo y me arrancó del cuerpo. La sangre salía como de un rociador por todas partes y todos quedaron aterradísimos. Estuve casi desmayada del dolor, insistiendo que no, que estaba bien.

—Emmay Friedenson, Facebook

11. Una hamburguesa demasiado jugosa:

"Me perforé el labio y luego fui a cenar. Le di un mordisco a mi hamburguesa, agarré la parte de atrás de la alhaja con los dientes y la arranqué, con la bolita y todo, traspasando el agujero del labio. Al día siguiente fui a reparar esto y el hombre tuvo que volver a hacer la perforación sobre la costra, lo cual, no sobra decir, dolió más que la primera".

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12. Un asalto sin querer:

"Le estaba perforando los labios vaginales a una mujer y se desmayó. Tuvo una convulsión y luego procedió a darme un puñetazo en la cara".

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13. El sangriento juego previo:

"Hace unos tres años, me perforé los pezones con herraduras en lugar de mancuernas. Le dije a mi novio de aquel tiempo que había una estricta regla de no tocar durante unas dos semanas, ya que mis perforaciones estaban muy sensibles. Unos días después estábamos en la ducha juntos y él se excitó bastante con las perforaciones mientras jugábamos un poco. En vez de simplemente "tocar" la perforación, jaló de ella con fuerza y tiró hacia arriba, arrancándola y cortándome el pezón. No hubo tanta sangre como creí que habría, pero el dolor fue inimaginable".

—Heather Stai, Facebook

14. El nervio expuesto:

"Fui con mi vecina a perforarnos los pezones. Ella me dijo que el lugar era limpio y que conocía bien al perforador. No mencionó la parte de que iríamos a su apartamento, que estaba más desordenado que el carajo. Le pregunté al hombre cuándo nos costaría y sus palabras textuales fueron: "Bueno, ¡voy a ver tetas, así que será gratis!". Yo estaba un poco negada y dejé que mi vecina fuera la primera. Cuando le perforó el izquierdo, ¡salió el maldito nervio del pezón junto con la aguja! Ella no podía moverse y gritaba, así que tuvimos que llamar a la ambulancia".

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15. La reacción alérgica:

"Soy muy alérgica a la mayoría de los metales, así que por supuesto me hice siete perforaciones en la oreja. La sangre y el pus fluían libremente desde el punto donde me había hecho la última perforación. La infección se había diseminado y se combinó con una reacción alérgica. Una noche me quedé dormida con los aretes puestos y cuando me desperté vi que se habían atascado y pegado unos a otros y a la oreja por filtración. Cuando traté de sacarme un arete, salieron los cuatro, junto con un trozo de piel. La infección empeoró muchísimo después de eso. Quedó roja, en carne viva y siempre húmeda. Encima tenía una gruesa capa de pus blanco. Era tan asqueroso".

—Maria Kokora, Facebook

16. Un orgasmo muy innecesario:

"Estaba haciéndole una perforación "príncipe Alberto" (perforación del pene) a un caballero mayor de edad y él eyaculó frente a mí, literalmente".

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17. El incidente del quemado:

"Recién me había perforado la nariz, pero olvidé que tenía un torneo de quemado ese mismo día a la noche. Por supuesto, fue ese el día en que recibí un pelotazo en la cara. No me di cuenta de que me habían sacado parcialmente el aro, así que cuando fui a mi casa a limpiarlo, el agujero ya casi se había cerrado. Tuve que volver a perforarlo al día siguiente, lo cual dolió como el demonio".

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18. El labio del tamaño de una pelota de golf:

"En noviembre decidí de improviso hacerme una perforación Monroe. Todo iba perfectamente bien, hasta que cinco minutos después mi cuerpo decidió rechazar la perforación. Ni el perforador ni el médico de la sala de urgencias pudieron descubrir por qué a la noche, aparentemente, el labio se me hinchó hasta llegar al tamaño de una pelota de golf y la parte que estaba en mi boca estaba completamente crecida. Terminé teniendo que hacerme una cirugía plástica para que me la quitaran, luego de que pareciera que había recibido un hachazo en el lado derecho de la boca durante dos semanas debido a la inflamación".

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19. El arete que desapareció:

"En el verano me volví a perforar el cartílago y todo marchó bien durante uno o dos días. Pero al quinto día, la oreja estaba roja como un tomate y tan hinchada que el arete no podía verse, literalmente. Así que tomé una gran cantidad de antibióticos y me apliqué cremas para ver si la inflamación cedía. Pero no.

Allí es cuando nos dimos cuenta de que el cartílago había absorbido literalmente al arete y este estaba dentro de la oreja. La oreja se había hinchado tanto que envolvió al arete. Dolía como el demonio. Así que decidimos ir al hospital, porque pensé que me darían algún tipo de crema anestésica o analgésico (no fue el caso). Dos cirujanos tuvieron que trabajar de manera conjunta para sacarme todo el arete por la parte de atrás de la oreja. Dolió MUCHO".

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20. Una guerra de mantas con pésimo final:

"Tuve la nariz perforada durante un año sin ningún problema. Pero una noche, dormía con una manta gruesa de invierno y mi marido rodó estando dormido, llevándose la manta y mi perforación de la nariz. Nunca olvidaré la sensación de ser despertada de madrugada por un ganchito metálico arrancado de mi cara. Él ni se dio cuenta de qué había pasado. Solo oía mis gritos y veía que estaba cubierta de sangre".

—Linzy Jensen, Facebook

21. El horror del plato del "home" del béisbol:

"Me perforé el ombligo el día de mi graduación de la escuela secundaria y costó mucho que cicatrizara. Un día estaba jugando al sóftbol. Me deslicé hasta la base del "home" y sentí un dolor agudo. Volví al banquillo y vi que me había arrancado completamente la perforación. Eso me marcó para toda la vida y nunca más me he hecho una perforación".

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22. El desastre en la montaña rusa:

"Me había perforado el cartílago y reemplacé el pendiente que me habían puesto en la oreja por un arete de herradura una vez que fue prudente hacerlo. Unos días después fui a Disneylandia y el arete se me atascó en un cinturón de seguridad del juego Radiator Springs Racers al comienzo del paseo. Intentamos desengancharlo suavemente, pero el paseo cobró velocidad, me sacudió y me arrancó el arete del cartílago. ¡El dolor fue increíble!".

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23. El pezón uva:

"Cuando me perforé los pezones no me dolió tanto como pensaba y usé los pendientes sin problema durante tres años. Un día fui a nadar a la piscina del papá de mi amiga, de la cual me aseguraron que habían limpiado hacía poco. Luego me enteré de que la habían limpiado con limpiador de inodoros, lo cual es asqueroso. Unos cinco días más tarde, el pezón izquierdo se me hinchó y se inflamó, al punto en que parecía que tenía una uva debajo. Horrorizada, fui al médico, quien me informó que necesita operarme de inmediato porque tenía una mastitis por las bacterias de la piscina. Una perforación de $50 se convirtió en una cirugía de $5000".

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24. El ataque del paraguas:

"En mi primer año del colegio universitario, iba corriendo a una clase y llovía a cántaros y estaba muy ventoso. El paraguas que llevaba se dio vuelta, me enganchó la perforación del cartílago de la oreja derecha y me la arrancó de un tirón. Fui a la clase, pero la profesora me dejó salir cuando vio lo que había sucedido. Hoy, 13 años después, sigo teniéndole miedo a los paraguas".

—Kaynabess Freda, Facebook

25. El perforador de Walmart que nunca había hecho perforaciones:

"A los siete años me perforé las orejas por capricho en Walmart. Todo comenzó bien. La mujer me marcó la oreja con un rotulador y luego tomó la pistola perforadora. Luego procedió a perforar muy por debajo de la marca, casi en el extremo de la oreja ¡y luego no pudo sacar la pistola! Mi mamá tuvo que jalar la pistola para separarla de mi oreja, mientras yo gritaba y lloraba. La mujer nos contó luego que nunca había hecho una perforación. Todavía tengo una cicatriz de esto".

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Nota: Las entradas han sido editadas por longitud y/o claridad.

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