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¿Eres Godínez?

Eres un pequeño Dios.

publicado
  1. 1.

    José Luis Hernández / BuzzFeed
    La fondita de la esquina es tu segundo hogar.
    La conoces tan bien que te preparas para su “jueves pozolero” o “martes de chile relleno”.
    El cajero es tu pastor. Nada te faltará.
    Tu vida se mide en quincenas.
    A la 1:00 PM te mueres de hambre.
    Casi todo el tiempo hablas de comida con tus compañeros.
    A las 4:00 PM te mueres de sueño.
    Tienes un gafete que te identifica y debes portar visible.
    Tienes una tarjeta con la que puedes abrir puertas que otras personas no pueden.
    Tienes que ir a Zara a comprar ropa para trabajar.
    Aprovechas el viernes casual para ponerte unos tenis bien acá.
    El viernes casual es tan casual que vas a Papa Bill's y te tomas la tarde.
    Los días feriados son lo más cercano a un milagro.
    Los puentes son una bendición.
    Tu jefe es sagrado.
    Bueno, lo odias un poco en secreto.
    La verdad haz soñado muchas veces con que le caiga un yunque marca ACME.
    Tienes un celular de la oficina.
    Andas con tu jefe.
    Te ligas a tus compañeros de trabajo.
    Las fiestas de Navidad de la oficina son las mejores.
    El aguinaldo nunca es suficiente pero siempre es bien recibido.
    Piensas que tu sueldo es meramente simbólico.
    Sabes que eres libre pero prefieres la comodidad de tu rutina oficinista.
    Aprovechas la hora de la comida para tomar unos rayitos de sol.
    Maldices al del puesto de la fruta cuando no está en su lugar.
    Tu taza es sagrada.
    Si alguien toca tu taza armas un pancho.
    Tus tuppers son tu cajita feliz.
    Tienes toda la colección. Desde los más grandes hasta los más chiquitos.
    Odias que el vecino desayune huevo.
    Pero no tienes bronca con darte un sandwichito de atún.
    Eres de las únicas personas del planeta que le saben dar uso al pisapapeles.
    No te importa ir por los cafés. Más vale afuera que adentro.
    Tienes un calendario especial para juntas.
    Las juntas te parecen eternas.
    La mayoría de las veces son eternas en verdad.
    Tus e-mails dicen “me apoyas” como imperativos.
    Tienes tarjetas de presentación.
    Sólo has usado tus tarjetas para ligar.
    Y para presumírselas a tus amigos ninis.
    Si alguien trae donas es el mejor día de tu vida.
    Comer en tu escritorio es parte de tu rutina.
    Siempre te roban tu pluma.
    Eso te provoca infartitos de enojo.
    Por eso aprendiste a robar las plumas de los demás.
    Te escabulles por la puerta de servicio cuando llegas tarde.
    Llega una hora del día en la que tu silla se calienta tanto que sientes que se va a incendiar.
    Te pintas las uñas en tu escritorio.
    Te has rasurado las piernas/axilas/bigote en el baño de la oficina.
    Tienes tu cepillo y tu pasta de dientes en tu lugar.
    Le pones tu nombre a tu lunch para dejarlo en el refri comunal.
    Te das una vuelta por Netflix cuando nadie te ve.
    Tus e-mails casi siempre llevan la leyenda de “URGENTE”.
    Intentas mostrar tu buen gusto en el diseño de tus presentaciones.
    Que no depositen es motivo de salir a incendiar al ciudad.
    Hacia el final de quincena ya no tienes ni un peso.
    Hasta desayunas café grasoso en vaso de unicel de la cafetera del pasillo.
    Aprovechas cada cupón y promoción al 2x1 que se te atraviese en la vida.
    Has robado artículos de tu oficina. Los necesitas en casa.
    El trabajo no es motivo para perderse un partido.
    Los ves en tu compu mientras finges estar ocupadísimo.
    Pero eso sí, si juega México todos vamos por unas chelas y el trabajo se pospone hasta... nunca.
    Adornas tu cubículo según la temporada del año.
    Tienes fotos de tus seres queridos junto a tu computadora.
    Tus e-mails llevan un cordial “sin más por el momento.”
    “Quedo al pendiente.”
    “Quedo a tus órdenes.”
    Adoras el pastel de oficina.
    Eres el que junta las monedas para ir a comprar el pastel del Godín en turno.
    Porque en el fondo quisieras que te compraran uno sabroso en tu cumple.
    La promoción de kilo de carne por botella en el Papa Bill's es el mejor invento del hombre.
    Los fines de semana te pones Bacardiaco.
    Y si te chingan, toda la semana.
    Te das siestas cortitas en el baño.
    Y a veces en la sala de juntas.
    Vives para el chisme de oficina.
    Los de sistemas pueden responder a cualquier incógnita que tengas.
    El Doodle de Google es motivo de charla casual junto a la cafetera.
    A las 7:00 PM ya no hay nada urgente.
    A menos que trabajes en publicidad.
    Pobres publicistas.
    De veras.
    Te conocen en todos los lugarcitos de tacos y comida corrida de la colonia.
    Tienes un kit de víveres en el cajón para cuando te mueres de hambre.
    El Internet siempre es mucho más lento de lo que debería.
    El Internet no existe, son tus papás.
    Cuando te quieres echar un pedo, buscas un pretexto para salir.
    Por lo general es: “Voy a la tienda, ¿alguien quiere algo?”
    Siempre pides algo de la tienda cuando alguien sale porque a ti te da flojera.
    Tomas todos los breaks de cigarro que puedes.
    Sabes que el mundo laboral no sería nada sin ti.
    Eres un ser hermoso.
    Te lo repites cada día en el espejo antes de salir corriendo para llegar a tiempo.
    Eres un sobreviviente del sistema.
    En el fondo, eres feliz.
    Aprovechas cada momento de libertad para serlo.
    A veces hasta organizas una cascarita express con una tapa de jugo Júmex.
    “Godínez” es en realidad una palabra compuesta.
    God = Dios / Inez = diminutivo.
    “Godínez” significa Diosito.
    Eres un pequeño Dios.

¿Eres Godínez?

Crees que porque te dejan usar jeans para ir a trabajar y todos se hablan de “güey” en lugar de “usted” ya estás exento de ser Godínez, pero eres tan Godínez como los juguetes de diseño que decoran tu escritorio. Porque debajo de toda esa pinta de ser humano independiente, hay una tarjeta de nómina esperando la quincena, Godínez.

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Eres un Godínez que lo mantiene real. No tienes muchas pretensiones. Los tuppers y las fondas son lo tuyo porque es lo más práctico. Respetas a tus compañeros y disfrutas de los momentos gratis que te da la vida, incluyendo el café y las galletitas. Sin embargo, vas que vuelas para ser un Godín supremo. Recuerda que todos empezaron como tú.

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Llevas mucho tiempo surfeando por las corrientes oficiniles o vas demasiado rápido. De cualquier forma, estás tan inmerso en el universo oficinista que ya no te importa. Es más, ya ni siquiera te das cuenta. Recuerda todos esos pasteles de oficina que has comido y las caguamas con las que has brindado con tus compañeros de cubículo. ¿No es suficiente todavía? Tal vez no, pequeño Dios. Tal vez no.

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Oiga, usted, Godínez. Ya tuvo suficiente. Retírese. Váyase lejos y no regrese. Deshágase de sus tazas, de sus gafetes y de los de sistemas. Usted no los necesita. Dedíquese a enriquecerse por dentro, haga un poco de yoga o váyase a vivir a una playa. Por favor, pequeño Dios. Os lo ruego. No haga nada de lo que pudiera arrepentirse. Todavía está usted a tiempo. Mire a su alrededor. ¿Qué es lo que ve? Huya. La vida no vale nada.

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