23 cosas que las personas que crecieron asistiendo a la iglesia católica entenderán

Asistir a la misa podía ser a veces algo hermoso.

1. La frustración de llegar tarde a misa y encontrarte con que ya no había bancas para sentarte.

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Estar parado toda una hora de misa puede ser un poco incómodo. Especialmente cuando eres un niño.

2. El dolor de piernas que sentías después de estar parado durante toda una misa de Domingo de Ramos.

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Misa de domingo: una hora. Misa de Domingo de Ramos: ETERNA.

3. Escuchar las palabras más temidas de la Nochebuena: MISA DE MEDIA NOCHE.

20th Century Fox

4. Sentir que estabas haciendo algo moralmente incorrecto por ser el único que estaba sentado.

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5. Conmoverte al volver a ver los vídeos caseros de tu bautismo.

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No te preocupes. Todos lloran. Todos.

6. Fantasear mientras veías los vitrales de la iglesia.

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7. Poner dinero en la canasta de la colecta siempre fue un poco emocionante.

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8. Hablar en jerigonza cuando no te sabías la oración.

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9. Creer que la “Sangre de Cristo” sabría a jugo de uvas.

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No sabe a eso. Sabe a vino.

10. Participar en tu Primera Comunión significaba que finalmente podías probar esas hostias.

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Por alguna razón, siempre pensaste que tendrían un sabor dulce.

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No saben así. Saben a trigo.

11. Preguntarte quién sería el afortunado que recibiría “la gigante”.

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Nadie. El sacerdote partía la hostia en trozos y la daba a la congregación. Qué le vamos a hacer…

12. La indecisión de recibir la hostia en la mano o en la lengua.

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Querías recibir la hostia en la mano, pero siempre olvidabas cuál iba sobre cuál. A la mera hora, siempre sacabas la lengua.

13. Siempre olvidabas lo que ibas a decir en el confesionario.

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Seamos honestos: realmente no tienes nada qué confesar hasta que eres adulto.

14. El simple placer de jugar con las almohadillas para arrodillarse.

15. La comodidad de arrodillarse así.

Siempre funcionaba estar medio arrodillado y medio sentado.

16. Estrecharle la mano a extraños durante la Señal de la Paz, siempre fue un poco incómodo.

¿Tengo que estrechar la mano de todos, o solo la de las primeras tres personas?

17. Y también lo era agarrarse de las manos.

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Dos palabras: Sudor. Palmas.

18. Cuando el sacerdote bendecía a la congregación con agua bendita, te sentías súper especial cuando el agua en efecto te tocaba.

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19. Siempre te preguntaste por qué el sacerdote siempre daba su sermón con una voz canora desganada.

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Más adelante entenderías que él, en realidad, estaba cantando.

20. Si en tu iglesia se tocaba el órgano, siempre sonaba como si los Cuatro Jinetes estuviesen a punto de aparecer.

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21. El Miércoles de Ceniza, era genial entrar al colegio con una cruz en tu frente.

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“¿Qué? ¿Esto? Es simplemente el poder de Cristo. No es gran cosa”.

22. La alegría de escuchar a alguien leer las actividades de la comunidad para la semana.

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Esto era una señal de que pronto llegaría el final de la misa.

23. Y, finalmente, la parte favorita de todos: “Que Dios les bendiga. La misa ha terminado. Pueden ir en paz”.

¡ALELUYA!

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