Esto es lo que ocurre cuando menstrúas en una caravana migrante sin privacidad ni agua

    “A veces por el dolor (menstrual) una se pone bien débil y tiene que caminar. Cuando ando así que ya no puedo más pienso en mi hija, de 9 años, que dejé en Honduras y darle todo lo que necesita".

    Fany Roxana tuvo su periodo menstrual en el trayecto a la Ciudad de México con la caravana migrante y, en ocasiones, sentía que el dolor de vientre, el cansancio y la insolación la derrotarían.

    “A veces por el dolor (menstrual) una se pone bien débil y tiene que caminar. Cuando ando así que ya no puedo más pienso en mi hija, de 9 años, que dejé en Honduras y darle todo lo que necesita”, expresó la hondureña de 25 años, quien sólo viajó con su segunda hija, de 5.

    Melissa Amezcua

    Fanny Roxana

    La mujer, con la piel del rostro visiblemente quemada por el sol, llegó a la Ciudad de México hace cuatro días con la intención de viajar hasta Tijuana e intentar cruzar a Estados Unidos en busca de una mejor vida. Durante su estancia en el estadio Palillo Martínez, donde se instaló el albergue para la caravana, también tuvo que lidiar además con la falta de privacidad para asearse e ir al baño.

    Ella y su hija forman parte de los cerca de 7 mil migrantes que partieron hace semanas de Centroamérica rumbo a Estados Unidos, y es una de cientos de mujeres que padecen la falta de condiciones de higiene; un riesgo con el que han tenido que lidiar desde hace semanas durante el trayecto.

    “Usamos las regaderas porque como usted sabe, luego, los hombres están viendo y no se puede bañar uno así, y hay hombres que luego no están en sus cinco sentidos”, dijo Fany refiriéndose a que se tuvieron que habilitar las regaderas fijas que se ubican a un costado del Foro Sol para que las mujeres pudieran bañarse en espacios privados, ahí las filas para entrar fueron hasta de dos horas.

    Melissa Amezcua

    En el camino, varias mujeres aseguraron que llegaron a parques y plazas públicas donde las dejaron entrar a algunos baños fijos; sin embargo, en el estadio Palillo Martínez se colocaron sanitarios móviles que en poco tiempo quedaron sucios y poco útiles para la higiene menstrual.

    Melissa Amezcua

    En varias carpas de atención médica había decenas de cajas con toallas sanitarias y protectores femeninos para la menstruación. No obstante, el uso prolongado de estos productos sin una higiene apropiada puede provocar infecciones vaginales y alergias propiciadas por los geles y aromatizantes de estos.

    El Ejército de Salvación Nacional instaló una carpa en este lugar para dar servicio médico a los migrantes que lo necesitaran. La coordinadora Verónica Espinoza Soto dijo que se había atendido a una mujer que tenía una infección vaginal.

    Melissa Amezcua

    “A mí me vino mi periodo el domingo y ayer fue muy difícil porque no había agua para bañarse, y uno está acostumbrada a bañarse diario”, dijo Karen Martínez, otra de las migrantes de esta caravana.

    Karen estaba acostada sobre unas cobijas y bajo una carpa improvisada con lonas y palos de madera cerca de las gradas del estadio. Se resguardaba del intenso calor que se sintió en la Ciudad Deportiva y, cada que podía, se distraía con su celular. No tenía energía para salir.

    Melissa Amezcua

    Karen Martínez

    Karen tiene 25 años y salió de Honduras con su hermana y dos sobrinos que no rebasan los 6 años debido a la falta de trabajo y a la ola de violencia que hay en su país.

    “Me sentí bien mal (porque) las regaderas estaban muy llenas y decían que no había agua, los baños estaban muy sucios, lo que hice fue salir a pedir un baño con una señora de una pulpería (miscelánea)”, contó.

    Rebecca Blackwell / AP

    Mujeres bañándose con agua de un garrafón en el estadio Palillo Martínez.

    Leslie Giovanna es una adolescente hondureña de 13 años que viaja con su padre, a quien describe como sobreprotector. Ella se siente aliviada de que su menstruación sea irregular porque así no lidia con esas dificultades y se concentra en su sueño de llegar a Estados Unidos e ir a la escuela para convertirse en cirujano plástico.

    Melissa Amezcua

    Lesli y Dani

    “Mi papá me cuida demasiado. Me dice que no me amontone con el grupo porque ahí es donde está toda la malicia de tocarse y que no salga afuera porque ahí ya me empiezan a ver distinto los hombres, ya no respetan”, confesó la menor.

    Mientras Leslie esperaba a que su papá regresara con la comida, platicaba con Dani Rodríguez, una hondureña de 26 años. Las dos mujeres se resguardaban del sol en una de las carpas más grandes instaladas por el gobierno de la Ciudad de México y, después, fueron juntas a formarse en la fila de las regaderas.

    Brenda Ramírez lavaba ropa con una cubeta que encontró por ahí y que llenó en la zona mixta de regaderas. Dijo estar tranquila de que su menstruación ocurriera durante el trayecto a la Ciudad de México. “Nos donaron toallas (sanitarias) en el camino, y yo lo que hice fue que me puse una toalla nocturna (más grande) para que aguantara un poquito más pero ya pasé, gracias a dios”, dijo la mujer, de 29 años, quien lleva cerca de 25 días en la caravana.

    Melissa Amezcua

    Brenda Ramírez

    Prefirió bañarse a cubetazos detrás de unos muros, junto a su niño de 4 años, y la ropa puesta, que hacerlo con el resto de las personas, pues la privacidad la hace estar más cómoda.

    “Los hombres se bañan con boxer y ya pero una de mujer es más difícil, porque yo me baño con mi ropa, mire. Nos cuesta y es incómodo”, relató mientras tallaba con jabón un vestido negro y su hijo se atascaba el pelo de gel para peinar.

    “¡Te estás llenando la cabeza de gelatina!”, regañó al pequeño pues acaban de bañarse.

    Las mujeres de la caravana coinciden con los hombres que la delincuencia y la falta de trabajo fueron los detonantes de su salida de Honduras. Pero ellas agregan un componente: la violencia sexual.

    “Yo fui violada en Honduras y puse una denuncia pero en Honduras que violen a una mujer es normal, él me golpeó y no me ha dejado de molestar, soy madre soltera de dos hijos. Prefiero morirme que regresar a Honduras”, expresó Alejandra Rodríguez, de 22 años, mientras se ponía un pantalón por debajo del vestido que usó para bañarse en el mismo lugar que Brenda; un espacio improvisado que parecía solo ser usado por mujeres.

    Melissa Amezcua

    Alejandra Rodríguez

    Diversas organizaciones de derechos humanos han reportado por años que las mujeres centroamericanas en su paso por México deben lidiar con agresiones sexuales. Según Médicos Sin Fronteras, el 31 por ciento de las mujeres migrantes sufren abusos sexuales cuando transitan por este país.

    Algunos medios de comunicación, han dicho que incluso hay mujeres que toman inyecciones anticonceptivas para evitar embarazos por violaciones en su trayecto a Estados Unidos.

    Al respecto, la carpa de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México aseguró que hasta el jueves por la tarde habían entregado pastillas e inyecciones anticonceptivas a 25 mujeres. Y también tenían disponibles píldoras del siguiente día, condones masculinos y femeninos, así como dispositivos DIU de cobre.

    “Lo que hemos dado más son (anticonceptivos) inyectables, mensuales o bimensuales, y mujeres que sólo vienen por anticonceptivos o condones”, dijo el doctor Adrián Núñez.

    En el mismo estadio del que hoy por la mañana salieron cerca de 700 migrantes en Metro rumbo a la estación Cuatro Caminos para continuar su camino por la ruta Querétaro-Tijuana, se instalaron camiones para realizar mastografías libres de radiación a cualquier mujer mayor de 15 años.

    Diego Simón / Cuartoscuro

    Migrantes en el Metro rumbo a la salida a Querétaro.

    La doctora Anaís Álvarez, encargada de estos estudios, atendió a 25 mujeres al día desde el lunes pasado. Reveló que encontró algunas pacientes con sospecha de cáncer y se los informó.

    “Son mujeres que nunca se habían atendido y que no tienen idea de la magnitud de los resultados”.

    A pesar de las complicaciones higiénicas de migrar y carecer de agua potable o privacidad, las mujeres de la caravana coinciden en que "dios las ha acompañado en su camino".

    "Llega uno y siente que ya no puede más, pero con ayuda de dios hemos podido llegar hasta donde estamos", comentó Alejandra Rodríguez.



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