Posted on 26 de julio de 2016

    Fui a un rave matutino y en lugar de beber alcohol me pusieron a hacer yoga

    Mantras, baile y comida sana... ¿Seguros que aquí es la fiesta?

    Son las 7 de la mañana, el Sol aún no sabe si ya salió o si se acuesta otros cinco minutos.

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    Ahora mismo debería estar en cama, ignorando mi primera alarma, pero estoy en ropa deportiva y veo a una multitud haciendo Yoga.

    ¿Cómo acabé en este lugar?

    Pues nos invitaron a Wake, una fiesta tan diferente que no suena como fiesta.

    Wake

    Es un evento para ir a "cargarse de energía" antes de ir al trabajo. No era en la noche, era muy temprano y en lugar de precopeo nos dieron una hora de yoga. Al menos regalaban snacks.

    Comida gratis, ¡allá vamos!

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    Wake

    Llegué tarde con la esperanza de que el destino me ahorrara los estiramientos pero no tuve tal suerte. Lo que sí me perdí fue el ritual de purificación por el que pasaron todos los asistentes al entrar al evento.

    En medio de los yoguis se había dispuesto un altar ecléctico.

    Wake

    Del otro lado del patio, una señorita quemaba unas yerbas aromáticas. Le pregunté acerca del altar y me dijo que deliberadamente lo habían armado con elementos de todas las religiones.

    “Porque no importa qué nombre le demos a la energía, todos estamos aquí para sanar y dar lo mejor de nosotros mismos.”

    Wake

    Cuando le pregunté qué quemaba me dijo que era salvia y copal.

    Empezamos bien.

    La señorita del incienso me inspiró.

    Wake

    No traje tapete por amateur, así que me puse a hacer yoga en el piso. Durante una hora, más de cien personas estiramos nuestros cuerpos en formas para las cuales no fueron diseñados.

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    Yo descubrí que tengo la elasticidad de un trozo de madera seco y la señorita frente a mí descubrió que podía convertirse en un pretzel y pararse en una mano al mismo tiempo.

    El yoga es un poco como ir al psicólogo, es más difícil de lo que parece y sólo funciona si crees.

    Wake

    Llega un punto en el que los estiramientos te dejan demasiado cansado para ser cínico. En ese momento volteé a ver a mi alrededor y lo único que pude ver fue un montón de personas esforzándose por mejorarse a sí mismas.

    Lo mejor del yoga es cuando termina.

    Wake

    La mitad del placer que sentimos se debe al dolor que alivia, por eso es tan padre sobarse, rascarse un granito o saciar un antojo. Cuando el dolor que nos infligimos es gradual y controlado, el descanso al final se siente como una recompensa bien ganada.

    Al final de la sesión, más de cien personas al unísono cantaron “Ommmmmmmmmm".

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    Por unos segundos, ese patio de la Colonia Roma se escuchó como un templo budista.

    Mientras meditábamos, la señorita del copal tocó un didgeridoo, un señor tocó una concha y todos se pararon a bailar.

    Wake
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    La transición de espiritualidad a pachanga fue súbita.

    Wake

    Aún estaba acostado sobre el piso, aliviándome de mis estiramientos, cuando empezó a sonar la música.

    Wake

    Nunca han visto una fiesta como esta. No se sirvió ni una gota de alcohol (pregunté) pero la gente bailaba con una alegría inusual para las 8 de la mañana.

    Wake

    La música estaba increíble, eran como ritmos asiáticos genéricos pero con beat, una especie de techno hippie. Bailar entre tanta gente hermosa terminó por intimidarme, así que regresé a mis instintos más básicos: fui a ver qué había de comer.

    Aquí es donde le fallo a todo esto de abrirme a nuevas experiencias.

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    Lo siento pero aquí pinto mi raya. Este jugo sabe exactamente a lo que dice la etiqueta.

    En otra mesita vendían pan vegano sin gluten.

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    No les voy a decir que estaba bueno porque mi recién encontrada espiritualidad me prohibe mentir. Estos bocadillos me hacían sentir como un conejo muy elegante.

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    O como un pájaro a dieta.

    Pero, como dicen por ahí, namasté.

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    En lugar de enfocarme en la comida, decidí concentrarme en el maravilloso espectáculo que se desarrollaba a mi alrededor. Nunca había estado en una fiesta donde dieran masajes.

    Hubo baile.

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    En un extremo de la pista se agitaban abanicos y hula hulas.

    Suspenso.

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    Esta mujer nos tenía con el Jesús en la boca porque, en sus hábiles piruetas, sus alas de polímero flamable rozaban muy de cerca las velas prendidas del altar.

    Arte.

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    Un señor en la fiesta le pintaba la cara a los asistentes. Le dije que me pintara de Spiderman y me dijo “aquí no es Chapultepec.”

    Esa última parte la inventé.

    Pero sobre todo, hermandad.

    Wake

    Esta banda en vivo comenzó a tocar cuando ya era hora de irme. La verdad me hubiera encantado escucharlos.

    Al final hice yoga, comí sano y bailé… ¡Todo antes de las 9 de la mañana!

    Wake

    En el camino a casa recuerdo haber pensado que me gustaría llevar una vida más saludable, como la de esta gente.

    Todo menos su comida.

    Wake

    Después del yoga, McDonald's. Eso sí sería el Nirvana.

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