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El matrimonio igualitario cumple 5 años en Argentina

Casi 9500 parejas LGBT se unieron en matrimonio desde 2010. ¿Les cambió la vida poder casarse? Acá, las historias que fueron posibles contadas por sus protagonistas.

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El 15 de julio de 2010, hace exactamente cinco años, en una histórica sesión que duró 14 horas, el Senado de Argentina convirtió en ley el matrimonio igualitario, que amplió el derecho de contraer matrimonio a las parejas del mismo sexo.

Las personas LGBT del país consiguieron "los mismos derechos, con los mismos nombres", tal cual pedía el eslogan con el que la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (FALGBT) impulsó el reclamo para que casarse ya no fuera un derecho exclusivo de las parejas integradas por un hombre y una mujer.

La federación quería que las personas LGBT accedieran a un matrimonio con todas las de la ley, frente al proyecto más conservador de otorgar a las parejas del mismo sexo una Ley de Unión Civil, similar a las que ya había en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en la provincia de Río Negro pero de alcance nacional. Una iniciativa que, además, no incluía el derecho a que las parejas del mismo sexo pudieran adoptar.

Por otro lado, la ley que buscaba ampliar los derechos matrimoniales a las parejas del mismo sexo tuvo entre sus principales enemigos al entonces cardenal Jorge Bergoglio, ahora más conocido como Papa Francisco, quien en una misiva a una congregación de religiosas sostuvo que se trataba de "una movida del padre de la mentira" (o sea, del Diablo), en contra del "Plan de Dios". Además, múltiples sectores religiosos salieron a las calles a manifestarse en contra del derecho a la adopción de las parejas del mismo sexo, esgrimiendo que los niños tenían derecho a tener "un papá y una mamá".

Pero a pesar de que las presiones para que la ley no fuera aprobada, y luego de más de tres años de lucha de las entidades LGBT, el matrimonio igualitario se convirtió en ley y le permitió a la Argentina ocupar un sitial de honor como décimo país en reconocer este tipo de derechos.

Gays, lesbianas, bisexuales, travestis y transexuales dejaron de ser ciudadanos con menos derechos, al poder unirse en matrimonio ante la ley, con los mismos derechos y deberes de las parejas heterosexuales. Lo cuál incluye un montón de cuestiones que para las parejas heterosexuales están históricamente aseguradas pero a las que la comunidad LGBT no podía acceder antes de 2010.

Entre los más significativos está el de permitir que una pareja del mismo sexo pueda adoptar niños. Anteriormente, las personas LGBT podían iniciar trámites de adopción como solteros. Si posteriormente se ponían en pareja y terminaban criando juntos al niño, el padre "de hecho" no tenía ningún estatus legal sobre el menor. Y en caso de fallecimiento del adoptante que poseía la tenencia, el chico era separado del padre o madre sobreviviente. Podía haber profesado años de amor y cuidados, pero al no existir vínculo legal, el chico tenía que volver a un orfanato a esperar ser adoptado nuevamente.

Daniel Angelone, que fue casi 30 años pareja del artista plástico y actor Eduardo Vergara Leumann cuidó al artista hasta su fallecimiento, a los 76 años de edad. Pero a pocas horas de la muerte de Vergara Leumann, la familia del creador de Botica de Tango ingresó en la vivienda de la pareja, cambió las cerraduras y dejó a Angelone en la calle, sin siquiera dejarle sacar sus cosas.

Lo de Angelone no fue un caso aislado: otra de las grandes conquistas de las parejas del mismo sexo a partir de la ley es la de poder tener bienes en común y heredar al cónyuge. Ya no más una vida compartida para ver cómo los parientes del compañero/a fallecido aparecían para quedarse con los bienes que los dos habían logrado con años de esfuerzo. Ya no más casos de personas que, luego de perder a su pareja, veían cómo familiares de su pareja (que muchas veces hasta habían roto todo contacto con el difunto por su orientación sexual) profanaban su último deseo de que quien lo había acompañado toda su vida pudiera heredar sus posesiones materiales.

Además, a partir de la Ley de Matrimonio Igualitario, las parejas LGBT que se casan también pueden compartir la cobertura médica, decidir sobre el cónyuge en caso de riesgo de vida, visitar y asistir a su esposo o esposa en caso de internación hospitalaria.

Y también, a la posibilidad de ver legitimado su amor a través de una ley que le dio una cachetada a la homofobia y que reconoció como iguales al resto de la sociedad a aquellos que siempre fueron señalados por ser diferentes.

Aunque muchas provincias no llevan estadísticas sobre el tema, la FALGBT estima que durante sus primeros cinco años de vigencia, fueron casi 9.500 las parejas del mismo sexo que decidieron formalizar su relación y disfrutar de los beneficios que otorga la ley.

Pero aunque los derechos sean los mismos y tengan los mismos nombres, para la comunidad LGBT local el hecho de celebrar su unión ante la ley adquiere múltiples significados y connotaciones, muchas más de las que, a simple vista, parecen tener para los heterosexuales. Es que no se trata de un hecho que tiene como único objetivo formar una familia, sino una multiplicidad diversa en la que conviven el amor, asegurarse derechos básicos para estar protegidos ante la sociedad y una forma de militancia.

Las parejas con las que tomó contacto Buzzfeed coincidieron en que el hecho de estar casadas legalmente, no cambia su vida cotidiana. Así les ocurrió a Matías Kirschenbaum y Gustavo Lento Navarro, quienes están juntos desde hace 28 años. El primero es diseñador gráfico, el segundo también es diseñador, pero especializado en gráfico, indumentaria y textil. Son coquetos y no dicen la edad. Solo confiesan que tienen entre 40 y 50 años.

Se conocieron en 1988. Matías era alumno del colegio Nacional N°8 Julio A. Roca de Belgrano, cursaba uno de sus últimos años de secundaria y militaba en el centro de estudiantes. Gustavo era un preceptor muy joven, recién egresado del mismo colegio. Se conocieron en el año 1988, durante una protesta de estudiantes y docentes contra el gobierno de Raúl Alfonsín. Y a partir de ahí nunca se separaron.

"Estábamos en una manifestación y llevábamos la bandera del colegio, uno de cada punta. Y se armó una corrida. Con lo cual, enrollamos la bandera, que era un palazo enorme, y ahí fue la primera vez que nos quedamos solos. A partir de ahí empezamos a seducirnos", cuenta orgulloso Gustavo.

Para ellos, casarse fue más que nada una cuestión de militancia. "La idea de casarse nunca estuvo muy presente en la pareja, porque hace muchos años estábamos juntos. Siempre estuvimos en la militancia de la ley, y la apoyamos en las marchas, pero cuando salió no fue lo primero que nos planteamos. Sí fue lo primero que nos preguntó nuestra familia. Nosotros dijimos que no, porque no era para nosotros un acto que fuera a reivindicar nada de la pareja. Pero después empezamos a charlar un poco que por la militancia, en función de que salió esa ley, y porque esa ley significaba un cambio importante; nos parecía que estaba bueno apoyarla con el hecho concreto del casamiento. Así fue que decidimos hacerlo", explica Matías.

Ambos coinciden en que su vida no cambió por el hecho de haberse casado. Y aunque Gustavo sostiene que el matrimonio le parece una institución anacrónica, también admite que en su entorno, la relación de pareja que tiene con Matías es un verdadero ejemplo. "De nuestras familias, somos los que llevan mas tiempo juntos. Nuestro padres se separaron, nuestros hermanos tienen muchos menos años de pareja. ¡Y hoy somos la pareja que hay que consultar para la vida de matrimonio!", comenta entre risas.

Distinta es la historia de Tomás Balmaceda (34) y Franco Torchia (38), quienes pudieron casarse al cumplirse apenas un año de relación. Los dos son periodistas y se conocieron a la distancia en 2012, cuando Franco volvía a la televisión con el ciclo de TV "Cupido" y Tomás lo entrevistó telefónicamente en su programa de radio. Un año después se vieron cara a cara por primera vez, cuando Franco le devolvió la gentileza y lo llevó a su ciclo radial para hablar de redes sociales . No pasó nada entonces, ya que ambos estaban en pareja. Pero al poco tiempo, la vida los reencontró recién separados. "En junio de 2013 leí un tweet de Tomás por el día del padre y a mí me resonó en un lugar muy sensible. Me pareció especialmente tierno. Y le mandé un DM y le dije que me gustaría tomar un café con él. Yo sabía que en ese momento él ya estaba solo. Pero no me imaginaba lo que iba a pasar. Acordamos tomar algo y desde ese día nunca más nos separamos", cuenta Franco.

Se casaron muy enamorados, aunque primó en su decisión la idea de acompañar un logro tan imporante para la comunidad LGBT argentina. "En la diaria creo que no cambió nada, pero debo decir que me siento mucho más unido. Algo del trámite ejerce su fuerza en esa sensación de unión.

Y nos permitió un acceso a la burocracia estatal y bancaria, y a la burocracia en general del sistema en que vivimos. Lo cual no es para nada menor. Yo por eso creo que la ley nunca se trató de un matrimonio igualitario sino universal, ya que universaliza un derecho que no lo era. Además, le fui encontrando una dimensión cada vez más política, el gusto de haberle arrebatado algo al sistema que era privativo de aquellas unidades familiares para las que está pensada nuestra economía. Me parece un sabotaje. Creo que hay que recuperar la dimensión política del matrimonio universal o igualitario, porque creo que es un asalto de insurgencia", argumentó Franco.

Para Tomás, quien fue el que planteó el tema de unirse en matrimonio, muchas parejas heterosexuales se casan para conformar ciertas normas sociales, y no por motivos románticos. "Yo creo que la idea de que el matrimonio tiene que estar sí o sí vinculado al amor se está degradando. Para muchos es una instancia más de su currículum que se tiene que cumplir. Es algo que está impuesto para hombres y mujeres por igual. ¿Cuántos matrimonios uno conoce que no son por amor? Porque ella está embarazada, por interés económico, porque alguno de los dos tiene un problema que quiere tapar con eso... Pasa en 2015, no en los 70, los 80 o los 90. Pasa en gente de mi generación que fue a la universidad, que conoce, que ha viajado. Muchos de los matrimonios de este momento, no siguen las reglas del amor. Siguen mandatos que ya están instalados. Y en nuestro caso, cumple otro rol que no tiene que ver con el amor. Yo me casé enamorado de Franco, pero no creo que el matrimonio sea para toda la vida. Sí en que el amor con él es para toda la vida. En el matrimonio, accidentalmente se junta un trámite con un amor que va a ser para siempre", explica.

El matrimonio de ambos se dio meses después de que la hermana de Tomás, Pilar, falleciera de cáncer. Y para su familia fue un "fogonazo de vitalidad" que, sin que la pareja se lo propusiera, ayudó a su entorno a salir de una situación muy negativa. Además, le permitió a Teresa, la hija que Franco tuvo en una relación anterior y que hoy tiene 6 años, disfrutar de un nuevo papá.

"La relación de Teresa con Tomás es muy conmovedora de ver. Es una relación de muchísimo amor y mucha intimidad. Porque también para mí es la primera vez en mi vida que tengo una familia. Que es elegida y 100 por ciento deseada. Yo tenía asociada la familia a una fuerza muy negativa, muy venenosa. Y siento que hoy ya no", sostiene Franco.

Y agrega que considera tan padres como él a Tomás y al novio de su ex mujer. "Me encanta que así sea. También me libera un poco, es muy pesado ser papá. Y no hay nada mejor que poder compartir esas responsabilidades", asegura.

Y a los miles que ya se casaron, se les suman constantemente nuevas parejas LGBT que quieren unirse en matrimonio. Leonardo Le Bihan (38) es analista de sistemas. Lionel Fischer (35), su futuro marido, es pianista y preparador de óperas. Se conocieron en 2009, a través de una página de contactos de la época "que ya no es famosa", según comentan entre risas. Y lo que comenzó en el mundo virtual como un levante siguió en el mundo real como una relación que, tras seis años de convivencia, se convertirá en matrimonio en el mes de agosto.

Lionel reconoce que en su decisión de convertirse en un señor casado pesa mucho lo simbólico que tiene el matrimonio y no exclusivamente la protección ante la ley. "Para mí es algo más idílico, no tanto de los derechos o por una formalidad, sino dar otro paso en la relación después de estar conviviendo seis años", explica.

Por su parte, para Leonardo se trata de asegurarse los mismos derechos de los que gozan las parejas heterosexuales. "Llevamos una vida juntos y venimos construyendo cosas hace seis años. Que ante alguna eventualidad que pueda llegar a suceder, la otra persona no tenga ningún tipo de derechos sobre las cosas que construíste toda tu vida y que sí las tenga tu familia, me parece que es injusto. No entiendo por qué las parejas del mismo sexo no pueden tener la misma cobertura legal que las parejas heterosexuales. Por eso, casarse me parece importante", explica.

Además, agrega que cree que el colectivo LGBT debe buscar la inserción en la sociedad para contribuir a un cambio que debe continuar más allá del matrimonio igualitario. "Creo que es importante frente a la sociedad que salgamos de las sombras. Que dejemos de ser un gueto, porque no lo somos, somos una realidad.Y el matrimonio es un paso más para seguir avanzando en la sociedad, para seguir yendo hacia adelante con otros derechos que tienen que ver con las relaciones de las personas, con romper con el modelo machista de sociedad, y con mostrar que la sociedad estructurada en base al pensamiento machista y patriarcal no es la única que vale sino que hay muchos grises. Y todos ellos son parte de la sociedad", asegura.

El matrimonio igualitario en Argentina es una realidad que disfrutan miles de personas y que sigue sumando felices recién casados y casadas. Una realidad que abrió el panorama para la ampliación de derechos de sectores largamente postergados y discriminados, como la Ley de Identidad de Género que les permite a los y las transexuales cambiar legalmente su nombre y su género para llevar uno acorde a su identidad en su Documento Nacional de Identidad. Y que también se convirtió en un ejemplo a seguir por los activistas LGBT de otros países de América Latina que comenzaron a luchar por su propio sueño de matrimonio igualitario y que, como sucede con México, aún están batallando para gozar de los mismos derechos con los mismos nombres.

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