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Estos son los mitos de género que "justifican" la violencia

BuzzFeed News habló con las participantes de #NiUnaMenos sobre las mentiras que lastiman a las mujeres.

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1. Los hombres son violentos por naturaleza.

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No, no hay nada natural en la violencia. “Las relaciones patriarcales y machistas que justifican la agresión no están solo en Argentina,” contó Soledad Vallejos, periodista argentina, una de las organizadoras de la marcha #NiUnaMenos del 3 de junio en el país en contra del femicidio.

“Estos vínculos suceden en todo el mundo y en latinoamérica en particular son muy fuertes".

Si bien no hay un “perfil” de hombre violento (puede ser cualquiera) la tendencia general es que suelen ser parejas muy controladoras. “No son enfermos ni nacieron violentos. Son hombres que ‘aprendieron’ a resolver sus conflictos en la pareja con violencia”, explicó Mariana Carbajal, escritora del libro Maltratadas.

2. Las víctimas son mujeres sumisas.

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Para nada. Cualquiera puede verse sometida dentro de una dinámica violenta, muchas veces sin darse cuenta lo que está sucediendo. “Cualquiera puede quedar atrapada en el llamado círculo de la violencia,” dijo Carbajal.

“Primero viene el estallido de ira, el golpe, aunque puede haber antes agresiones verbales, descalificación, y después el maltratador pide disculpas, promete que nunca más va a suceder, lo que se conoce como la ‘luna de miel’, y ella perdona, le cree. Y luego vuelve a empezar en otro momento con agresiones verbales, descalificaciones, golpes y vuelve a pedir perdón…”

Y así sigue, y vuelve a repetirse una y otra vez.

3. Las mujeres pobres son más propensas al maltrato.

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No hay un perfil de víctima, en esto están de acuerdo todas las expertas que entrevistamos. “Pueden ser profesionales, empresarias, docentes, empleadas domésticas, de cualquier actividad y sector social,” dijo Carbajal.

Lo que sí es verdad es que a algunas mujeres les cuesta salir más que a otras. Uno de los grupos de mujeres más vulnerables son aquellas que dependen económicamente de sus parejas.

Cuando contó cómo acompañó a una compañera a hacer una denuncia a la comisaría de la mujer en el partido de Almirante Brown, Lorena Mansilla, de la organización FOL, dice que se le hizo imposible a esta mujer acudir a la fiscalía al día siguiente. “No tenía dinero propio, y ni siquiera podía pagar el transporte para presentarse y seguir la demanda, así que se dio por vencida”, dijo Mansilla.

4. La madre tiene que ser protectora y sino, es culpable.

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¿Y qué pasa cuando la mamá no se puede cuidar a ella misma? ¿Y si ella es tan víctima de la violencia que no puede resguardar a sus propios hijos?

Cuando llevó a su nena de dos años muerta al hospital, Yanina González fue acusada de “mala madre” y un fallo con poca visión de género y que no consideraba su retraso madurativo trató de encarcelarla por homicidio. Gracias a la ayuda de organizaciones feministas que acudieron en su defensa, se pudo investigar más y se supo que la pareja de Yanina en ese momento había matado a golpes a la nena. Yanina fue finalmente absuelta en 2014, luego de pasar un año presa por un crimen que no había cometido.

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5. Las mujeres “buscan” la violencia como que le griten cosas en la calle.

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Nadie tiene derecho a violentar a una mujer sexualmente con un piropo no solicitado, dicen las organizadoras de #NiUnaMenos. Al igual que en la relación violenta, los comentarios a las mujeres en la calle la colocan en una posición de objeto de la mirada ajena, y no de sujeto.

“Los femicidios son el paroxismo de la violencia machista,” dijo a BuzzFeed News via email Laura Arnés, periodista feminista argentina, “que nos atraviesa (a las mujeres) cotidianamente y se manifiesta de diversos modos: ‘piropos’, salarios desiguales entre hombres y mujeres, en los modos de la división del trabajo doméstico y fuera de la casa, en la ilegalidad del aborto, en las violaciones, en los abusos cotidianos (como cuando te tocan el orto en los colectivos), en los golpes, en los travesticidios, en la trata de mujeres, en la explotación sexual, en la lesbofobia, en la bifobia, en la transfobia, en la homofobia, en el falocentrismo en la cama, en los modos de sanción de la justicia, en la constante sospecha que pesa sobre el accionar de las mujeres, etc.”

6. Si la golpean, es porque la mujer habrá hecho algo para merecerlo.

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Nada más falso. Como le dijo la cantante Laura Miller cuando le respondió a la conductora Mirtha Legrand, nadie merece que le levanten la mano.

“Qué hiciste para que te golpeara?”, la pregunta de la estrella de la televisión argentina desató tal debate que tuvo que pedir disculpas de forma pública. Su postura ilustra la de mucha gente que aún piensa que hay motivos para la agresión.

El “por algo será” remite en la Argentina al sentido común que pretendió instalar la última dictadura militar para justificar el terrorismo de Estado.

7. Las “aleccionan” por amor.

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Esta es la retórica del golpeador: “Los mismos maltratadores suelen apelar, después de dar el cachetazo aleccionador a ese razonamiento falaz: ‘Mirá lo que me hiciste hacer’ o ‘Mirá como me ponés’, revictimizando a la víctima,” cuenta Carbajal.

Hace unos años, este vocabulario era repetido por los medios masivos de comunicación en Argentina, que hablaban de “crimen pasional” o de “matar por amor”. Después de muchos esfuerzos por parte de organizaciones de género los profesionales de los medios cambiaron totalmente la forma de referirse a este tipo de crímenes, y la palabra “femicidio” y “violencia de género” son hoy moneda corriente, y a las noticias policiales se han sumado muy buenos análisis de cuestiones más de fondo.

8. Es mejor no meterse en cuestiones de pareja.

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La idea general de que “no hay comedido que salga bien” y de que es mejor no inmiscuirse en asuntos domésticos de una relación no tiene ningún sentido cuando la mujer es violentada. Pasa de ser un tema privado a ser pública, porque corre riesgo su vida.

Subyace la creencia de que el lugar del hombre es el trabajo, y el de la mujer la casa. Seis de cada 10 femicidios ocurren en la casa, relevó la ONG La Casa del Encuentro y la gran mayoría son perpetuados por actuales o ex novios o maridos.

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9. Las mujeres son pasivas y se dejan golpear.

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No les queda otra. Este mito condensa otro muy cercano: que las mujeres no somos capaces de agenciar nuestro propio destino, sino que somos apéndices de un sujeto masculino fuerte, que nos veda o permite hacer ciertas cosas, a su antojo.

“El patriarcado es sostenido y sostiene al machismo: los hombres son sujetos, las mujeres son objeto,” explica Laura Arnés, “al mismo tiempo se fundamenta sobre la heterosexualidad obligatoria, es decir, sobre la división genérica varón/mujer.”

10. Si no hay golpes, no hay violencia.

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Mentira. Profesionales de la salud piensan que los diferentes tipos de violencia producen huellas imborrables en las víctimas, que por no tener una marca visible en el cuerpo no son menos dañinas.

Los tipos de violencia que enumera la ley actual de género (26.485) y las organizaciones feministas como La Casa del Encuentro son varias: física, emocional, psicológica, obstetricia (cuando no se permite el aborto, o cuando una mujer da a luz en un hospital público sin los insumos adecuados), sexual, económica, etc.

11. Si se queda en una relación así, es porque le gusta.

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Por el círculo de la violencia que explicábamos, no es tan fácil escapar de una relación así. Y si se sale, tampoco es fácil salir del todo.

“Hasta que se llega al femicidio hay todo un recorrido de la violencia,” explicó Magdalena Moreno, feminista del FOL. “Cuando vamos a denunciar, no somos escuchadas, nos desaniman a que hagamos la denuncias, tanto en las comisarías normales como en las de las mujeres. Si seguimos las denuncias, muchas veces los fallos son patriarcales, favorecen al golpeador, y no a la mujer.”

12. Todo se supera.

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“Las huellas te quedan para siempre, no creo poder recuperarme nunca,” dijo una mujer maltratada durante 14 años que habló con BuzzFeed News y prefirió que no mencionemos su nombre para proteger a sus hijos.

La violencia de género tiene consecuencias individuales y sociales, por eso las organizaciones se están movilizando, para que el tema cobre relevancia en el ámbito público y se orquesten políticas para hacerle frente.