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Charlamos con trabajadores sexuales argentinos y esto fue lo que nos contaron

"El trabajo sexual, es trabajo".

publicado

Ellos son leídos como varones por tener pene. Pero al escucharlos, leerlos, trascienden el binarismo. A veces se dirán “ellos”, otras “ellas” y a veces evitarán todo tipo de género al usar la letra X. Son trabajadores sexuales y cuentan de este trabajo, no sólo hablan sobre las tareas que esto implica, sino también del activismo que requiere su empleo autónomo.

Juan Ejemplo, Brune, Julián y Pichón son cuatro historias dentro de un mercado que existe hace –demasiados– años. Pero cada vez más cobra voz política. Aquí sus historias:

¿Cómo empezaste en el trabajo sexual?

Juan: “Empecé en 2012. Trabajaba en una florería y me pagaban con un mes de demora. Un día no tenía para pagar el alquiler, me conecté a un chat y conseguí un cliente. Hoy vivo de eso”.

Juan Ejemplo tiene unos ojos entre verdes y celestes que seducen al primer contacto. Es flaco y alto con el pelo rapado. Se le ven algunos tatuajes y tiene un piercing en la nariz. El verano sabe que está acá para que Juan pueda andar con poca ropa. El verano obedece a Juan.

¿Cómo es ser trabajador sexual?

Juan: “No estoy ‘vendiendo mi cuerpo’ para nada, doy un servicio y hago lo que quiero, no lo que quiere el otro”, y explica que antes de empezar acuerdan todo lo que se hará y el precio de este servicio. Recita el speech de un ‘básico’: “beso, mamada y franela”. Beso, sexo oral y algo de mimos.

Juan besa. Si bien en el mundo del trabajo sexual a veces esto se cobra aparte él dice que “es muy besón. Yo no puedo coger si no beso, no me erotiza”. En estos años de trabajar con el cuerpo como herramienta dice que aprendió a descubrir que el sexo no sólo es genital.

“Tengo clientes de muchas corporalidades y edades diferentes. Cuando la pija no se te para entonces vas buscando puntos erógenos en distintas partes. O te toca estar con gente que tiene otro recorrido porque es grande, entonces te van tocando otras partes, tiene otros gustos y otras maneras de comunicarse”, y detalla la cartografía del deseo en el cuerpo. “Me encanta ser puta”, brama.

¿Por qué te presentas como "puta y feminista"?

Pichón: “La enunciación de la identidad política ‘puta’ es la reapropiación de la injuria, es tomar aquello con lo que quieren dañarnos y levantarlo con orgullo. Es comerse todos los estigmas que semióticamente vienen encadenados y encarnarlos desde los órdenes minoritarios para construir nuestro propio feminismo”.

Trabajador sexual, taxi boy, escort y la lista sigue. Hay muchas formas de llamar a los varones que ejercen este oficio. Pero varios de ellos se dicen ‘puta’.

Pichón es profesor en Ciencias de la Educación y está terminando su tesis para Licenciado. Vive en San Juan, una provincia argentina bastante conservadora. Pichón es puta. También es activista de AMMAR (Asociación Mujeres Meretrices Argentinas) y desarrolla actividades de visibilización, camina las calles con su remera en la que se lee PUTA Y FEMINISTA, está atento a lo que pasa cuando la policía violenta a las compañeras. Pichón es visible.

¿Viviste situaciones de discriminación en la academia?

P: “Mi directora de tesis de la universidad me pidió que cambie de directora porque ella no podía dirigirme alegando otros argumentos, pero finalmente admitió que era por este trabajo, me dijo: ‘si vas a ser docente hacete otro perfil macho’”, narra Pichón mientras en su departamento -el lugar donde atiende- el pañuelo por la campaña nacional al aborto legal cuelga y saluda a cada cliente que llega. Eso también es activismo.

¿Dónde ingresa lo feminista en tu trabajo?

P: “Cuando las feministas planteamos que lo personal es político, es porque en nuestras esferas más íntimas se están llevando a cabo procesos políticos. Nuestro cuerpo es un campo de batalla y nuestro trabajo también, sobre todo cuando es el trabajo sexual que rompe las normas sociales. Existir es resistir”, expone Pichón al nombrarse, visibilizarse. A veces recorre la zona roja para trabajar, pero otras lo hace repartiendo preservativos y hablando con las compañeras para saber lo que está pasando. La sororidad devenida en activismo.

Juan Ejemplo y Pichón, pueden sonar a nombres de fantasía. Pero ellos los convierten en identidad, no los llevan como un alias, no, Juan es Juan y Pichón es Pichón.

¿El trabajo sexual solamente consta de tener relaciones sexuales?

Brune: “La mayoría busca un servicio de intimidad sexual. Pero también tendríamos que analizar qué entendemos por ‘relación sexual’. Para algunos clientes, hablar mientras nos abrazamos desnudos es una forma de disfrutar de su sexualidad. Lo más frecuente son las relaciones sexuales tradicionales que involucran penetración, pero no son las únicas. Muchos nos buscan para salir a cenar y hablar, pedirnos consejos o simplemente estar acompañados y compartir un momento”

Brune, no Bruno, Brune con una ‘e’ que desafía toda imposición y lectura de género binaria es quien explica esto. Brune vive y trabaja en la ciudad costera de Mar del Plata, otro lugar bastante conservador del país. Su imagen es la de un ‘twink’, aniñado, siempre anda con una sonrisa encima y llena de selfies todo. Pero así como es dulce y tierno, su diálogo es el de un feminista con furia.

¿Cuál es la diferencia para una masculinidad y una feminidad al momento de realizar este trabajo?

B: Al momento de ejercer el trabajo sexual todxs cargamos con estigmas, pero al ser una masculinidad dentro de un sistema patriarcal, lamentablemente gozamos de privilegios y libertades. Los varones no somos cuestionados, no nos enfrentamos al escarnio público al que son sometidas las mujeres cuando cuentan que son trabajadoras sexuales. Aprendí que lo que puedo hacer con este privilegio es contar mi experiencia, dar la cara y entrar en el debate y representar a muchxs que no pueden porque aún les pesa el estigma y luchar por sus derechos.

¿Cuál es la diferencia entre el trabajo sexual y otros trabajos?

Julián Fernández: “la parte del cuerpo que estoy explotando en cada uno”. En el call center se encuentra en relación de dependencia y en el trabajo sexual es autónomo: “manejo mis tiempos, pero si yo no me muevo no genero dinero, el otro trabajo maneja mis tiempos pero puedo ir y no hacer nada que aun así me van a pagar porque yo cumplí mis horas”.

Explica que quizás la diferencia más grande se da en momentos como cuando está conociendo a alguien, en el estigma que se le sigue depositando al trabajo sexual: “cuando le digo que soy puta me dicen ‘no me interesa porque yo quiero algo serio’ y no me dejaste de hablar porque trabajo en un callcenter y no sabes que tal vez estoy híper explotado y con el cerebro quemado, pero claro si es puta la descartamos. Esa es la diferencia”.

Quien se quede en su trabajo sexual y no siga indagando, también se perderá que Julián es activista y parte de un proyecto llamado ‘La Tetera’. Esta es una publicación que comenzó como revista impresa y ahora es un formato digital: “apuntamos directamente a noticias/relatos que traten sobre diversidad o disidencia sexual pero no nos quedamos con ganas de opinar o investigar sobre cualquier otro tema tomando nuestra identidad como punto de partida para cualquier texto”.

¿Quiénes son sus clientes?

Pichón: “La mayoría de mis clientes son varones, heterosexuales, casados, clase media y padres de familia. He tenido muy pocas clientas mujeres y ninguna corporalidad trans. Mi relación con ellxs es interesante, nos divertimos, gozamos y charlamos cuando no apetece pero tenemos en claro siempre que no son mis amigxs, son clientes. Más de una vez se han enojado porque después de unos cuantos encuentros les seguí cobrando, como si por brindar un buen servicio y disfrutarlo yo también no debería cobrar. Más allá de esas cosas, la relación es muy buena”

De a poco las mujeres se van empoderando y comienzan a usar estos servicios. Juan Ejemplo explica que el trabajo desestructuró su sexualidad y que ahora las atiende a ellas también. Y lo goza. “El deseo es algo construido e impuesto, de formas raras e incluso sin darnos cuenta. Yo pensaba que sólo me gustaban los hombres y después del trabajo sexual pude ampliar esa modalidad deseante”, explica Pichón Reyna.

Cuerpos con discapacidad funcional, cuerpos gordos o avejentados, cuerpos negros, enfermos o portadores, todos estos cuerpos ingresaron en el registro de su deseo. “Tiene que ver con la justicia erótica. Tiene que ver con la redistribución de los placeres. Así como pasa con la justicia social y la distribución de la riqueza”, sigue Pichón.

¿Cómo es la relación con sus clientes?

Julián: “Si los clientes son casados y me piden ‘ni me escribas’ la relación la dispone esa persona, me escribe cuando puede. Si me cuentan que les gusté y que quieren que les escriba entonces fidelizás al cliente y vuelve, pero claramente estoy pensando en términos comerciales, con la mejor onda pero son clientes”, dice.

La manera de contactarse con los clientes va variando. Las redes sociales y aplicaciones de contactos cuando registran que hay una oferta sexual eliminan los perfiles, esto dificulta su trabajo de manera autónoma. La otra opción es recorrer la calle y las zonas rojas a la espera que se dé el encuentro.

Juan Ejemplo: “Es como en las películas, pasa el auto despacito, para, le pones cara de puta, así como cara de zorrita y para y te pregunta qué onda y la cara de sorpresa es buenísima, y lo piensan y se quedan mirando como ‘¿qué hago?’ y bueno, dan una vuelta, lo piensan y ya fue o vamos”, lo cuenta divertido, lo dice sabiendo que todo seduce.

¿Cómo viven el sexo cuando no es por trabajo?

Julián: “Mirá, si la voy a pasar de regular para abajo, te voy a cobrar. Si la voy a pasar de regular para arriba pero no me despertás nada, también te voy a cobrar”.

Brune: “Me cansé de la típica cita en donde el hombre cree que porque te ‘conquistó’ ya puede hacer lo que quiera. En estas relaciones gratuitas identifiqué una violencia que jamás viví trabajando y lo veo muy a menudo, lo veo muy naturalizado. Mis clientes son súper respetuosos con mis decisiones”.

Para Brune el trabajo le dio la pauta de que eso que entregaba gratis y sin planteárselo podía tener un precio y aclara que este es su recorrido y puede que no sea así para todos los trabajadores.

¿Qué opinan del movimiento abolicionista?

Brune: “Mientras el abolicionismo sueña con un mundo ideal, las putas en las esquinas sueñan con que no vengan los patrulleros a apretarlas, sueñan con llegar a sus casas sanas y salvas”

El movimiento abolicionista no considera al trabajo sexual como un trabajo ni como una elección. “Hay un visto bueno hacia todo lo que pretenda combatir la trata, ¿quién podría no estar de acuerdo? Cualquier proyecto con esa finalidad es aprobado, pero la realidad es que muchxs utilizan esta lucha como gancho para escalar en el Estado y nunca se incluye una distinción entre trabajo autónomo y tráfico de personas y la mayoría de las políticas anti-trata sólo persiguen a las trabajadoras sexuales autónomas”, explica Brune.

Cuando estos trabajadores hablan expresan que trata no es lo mismo que trabajo sexual. También explican la diferencia entre este y prostitución:

Pichón: “La diferencia entre prostitución y trabajo sexual es que una persona en situación de prostitución no está eligiendo eso para sí mismx mientras que en el trabajo sexual autónomo está presente la decisión, además de los horarios, tarifas, con quien lo hacés y con quién no”.

El 30 de julio fue el día internacional de la lucha contra la trata de personas, y en varias de las redes sociales de las y los trabajadores se pudo leer un mensaje: “no somos el problema, somos parte de la solución”.

¿Cuál es el reclamo por parte de las y los trabajadores sexuales al Estado argentino?

Pichón: “Exigimos al Estado el reconocimiento de derechos humanos y laborales para quienes estamos dentro del mercado sexual, entendiendo que el trabajo sexual es un trabajo como cualquier otro”, explica Pichón. “La falta de derechos nos arroja a la marginalidad y clandestinidad. Nos expone a la violencia institucional, como cuando desde la policía que nos detiene arbitrariamente y realiza allanamientos hasta el maltrato por parte del sistema médico. Sin derechos laborales no tenemos acceso a jubilación, obra social y salud integral”.

Del 29 de mayo al 2 de junio se realizó en Buenos Aires el primer congreso nacional de trabajadoras sexuales en Argentina. Estos días encontraron a trabajadoras, trabajadores y trabajadorxs sexuales de todo el país en diálogo, compartir conocimiento y unirse para seguir luchando.

El 2 de junio es el día internacional de las trabajadoras sexuales y frente al Congreso Nacional de Argentina las putas se dieron cita para celebrar y reclamar. Los paraguas rojos, emblema de las trabajadoras, agitaban el cielo mientras desde un camión las bandas tocaban cumbia. Los cuerpos llenos de brillo bailaban mientras las bocas rojas y empoderadas caracajeaban y cantaban. Se celebra y se lucha.

Parte de la marea que latía correspondía a los trabajadores sexuales, ellos que se identifican como putas y que en completa sororidad marchan con ellas. Están Juan Ejemplo Trueno, Brune y con la boca pintada de negro agitando estaba Pichón Reyna. Es alto y su cuerpo sobresalta de euforia y sensualidad.

"Trabajo sexual ES trabajo".

Brune / Pichon Reyna / Julián Fernández / Juan Ejemplo

Brune, Julián, Pichón y Juan Ejemplo son una pequeña porción dentro del mercado sexual. Incluso dentro de los trabajadores sexuales. Así como ellos hay otros cuerpos, otras filosofías, otras modalidades de ejercer esta misma profesión/oficio.

El trabajo sexual existe, y sigue exigiendo derechos al Estado. Hay voces en contra, voces a favor y cada vez más, hay visibilización.

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