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Estas barberías en Buenos Aires te harán verte increíble y moderno

Navaja, brocha, colores y clásicos que hacen de la barba toda una experiencia.

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Desde hace ya varios años la barba es trend. Le buscan nombres a quienes la usan, los encorsetan en tribus, ellos se escapan y buscan el estilo propio. Las barbas no son algo de ahora ni parece ser una tendencia que vaya a terminarse.

Lo cierto es que las barbas son fetiche, moda y orgullo de muchas masculinidades. Para los caballeros que desean cuidar su barba, darle una estética y arreglarse hay espacios especializados, hace varios años, que ofrecen todo tipo de servicios para las pilosidades del cuello para arriba.

Salón Berlín: club de caballeros.

El espacio respira un ambiente clásico. Fernando Elo, creador del salón, habla de los valores de ser clásico: "Es dónde más cómodo me siento, tiene que ver con una forma de vivir, de cómo educo a mis hijos, de mis valores como padre, hijo, compañero de trabajo", y mientras habla se ve en su mano el tatuaje que dice 'Familia Unida'.

Salón Berlín comenzó en 1999, y desde 2004 atiende en este local. Antes que la moda hablara de barbas acá ya atendían caballeros. "Abren muchos lugares con una estética parecida a la que nosotros tenemos pero carecen algo que no se puede comprar, ni disimular", explica Elo. Por eso ahora su objetivo es abrir una escuela tradicional de barbería argentina, compartir el conocimiento con las nuevas camadas y "reconocer a esos barberos que se desloman, me pasó a mí que tengo 44 y trabajo desde los 15", cuenta este profesional que colgó los botines de fútbol para dedicarse a concretar esta experiencia. Porque Salón Berlín no es solamente una barbería, es toda una vivencia.

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Al filo de la navaja.

"Un buen barbero sabe usar la navaja", es un momento interesante porque la persona que está por ser afeitada logra un estado hipnótico, y nada de hacerse el canchero ni atender el teléfono. Este acto de comunión y confianza es el que más disfruta Elo: "verle la cara a la persona cuando terminás de afeitar, realmente parece que volvió de la luna", y muestra con gestos esa sensación de calma de quienes atravesaron algo placentero. "Se da una conexión muy interesante, al que lo está haciendo le requiere una concentración más allá del oficio y de la buena mano. Necesitás un aplomo que día a día te va acomodando en la vida, para que cada cosa que hagas, la hagas así", y así son los principios de Salón Berlín.

En Salón Berlín se realizan cortes clásicos al estilo años 30/40: afeitadas tradicionales, corte de pelo, recorte de barba, arreglo de bigote, pero más allá de esto lo que buscan quienes te atienden es crear un vínculo con ese cliente. Fernando Elo cuenta que se crean vínculos, por esto dejó la peluquería femenina, acá siente que puede charlar con sus clientes de igual a igual. Los clientes vuelven todos los días, un retoque, un cambio, llevan a sus hijos y amigos, suena la música y las charlas se dan en un Salón optimista y entretenido.

¿Para quién es Salón Berlín?

El espacio no está limitado a una moda ni a un estereotipo, es para todos. Los profesionales del salón se ocupan del cuello para arriba. Que el cliente se vista como guste, tenga la edad que tenga, acá más allá del mote lo que hacen es decirte qué queda mejor con tu cara, tu estilo, y quizás el mes que viene lo hacemos igual, o vamos probando algo, y ahora veamos esto porque es verano, o invierno. Salón Berlín es para todos.

Podés pedir un servicio clásico o con máquina, mientras disfrutás los tragos de la barra y escuchás buena música. Salón Berlín tiene dos sucursales más, una en San Isidro y otra en Rosario. En esta última hay mesa de ping pong y dardos. En todos los salones comparten las mismas técnicas y la misma filosofía de club de caballeros, una experiencia que trasciende el corte de pelo y busca conectar la necesidad del cliente con lo que el barbero ofrece.

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Un túnel del tiempo dónde convive lo actual con una estética 50's, Salón Pompadour logra revivir el oficio de la peluquería de barrio con el espíritu de la barbería. "Me gusta el folclore de barrio, la cosa simple, cero pose, pero con estéticamente cuidado", explica Ornella, una de sus creadoras.

Se vibra un look Mad Men con la actitud amable entre vecinos de esas épocas. Todos pasan por la puerta y saludan, le traen regalos, se prestan los cargadores del celular. Son clientes y amigos: "acá no sos un nombre en el fichero, sos un nombre y apellido", dice Ornella señalando efectivamente a uno de los tantos objetos vintage que arma el espacio, mientras cuenta anécdotas de todas las personas que visitan Pompadour, "Acá hay tiempo, comprás tiempo para vos y nosotras lo brindamos".

“Un centímetro acá, es UN centímetro”

Mientras en el combinado suena un disco de pasta que puede ir de Nat King Cole a Brian Seltzer, bossa nova, jazz o lo que el cliente haya pedido en su "música a la carta", habitamos un espacio mitad "para damas" y mitad "para caballeros". Pero esto es parte de la perfo que divierte a todos, las chicas se sientan en el espacio de los caballeros, los muchachos se van al sector más coqueto, y todos contentos. Las feminidades se animan al corte cortito y las barbas acá se tiñen de colores fantasía.

El corte 'Pompadour' es un estilo rasurado a los costados y con jopo al frente, nace de la aristócrata y amante de Luis XV de Francia pero luego se vuelve ícono de los muchachos rockabilly. Y esa ambigüedad es lo que representa este salón. No hay pose ni estructuras, todo es relajado y con ese guiño vaudeville. Vienen familias enteras, "y hasta se formaron parejas", cuenta divertida Ornella. Entre esos valores del barrio que recuperan está el descuento a jubilados, "no me importa estar IN o OUT, tenemos precios accesibles para que puedas seguir dándote el gusto".

Cuidando tu barba.

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Mientras el televisor de tubo reproduce VHS en el sector de caballeros la barba es tratada como una estrella. Con máquina o navaja, mientras la brocha nos cubre la cara nos cuentan de los productos especiales para cuidarla. Los clientes se quejaban por no encontrar productos de calidad como los que hay afuera. En respuesta a eso Salón Pompadour creó la línea Ponthus.

Asesoradas por herboristeros, crearon un producto libre de alcohol, sin conservante y 100% orgánico. Así nace esta gama de productos que incluye aceites de barba, elixirs, cera para peinar y bálsamo. Los aromas van desde las notas cítiricas hasta amaderadas, todos los productos además tienen acción terapéutica. Así que además de ayudar al crecimiento, dejarla más dócil y elegante, cubrirte de aromas súper atractivos, estás ayudando tu piel y barba. El último lanzamiento es un aceite dual, que sirve para preparar la piel para el afeitado y luego, se usa para cicatrizar.

(Un secreto: los jueves de caballeros hay promociones en cortes y productos. Además podés hacerte lavados con productos de barberías Floyd).

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Salón Pompadour une varios mundos y crea uno propio. Ornella cuenta como asesoran a los clientes, quienes llegan así nomás y después vuelven cada vez más arreglados, “te empezás a ver bien y querés seguir viéndote bien”. Todo lo que ofrecen está pensado para todo tipo de hombre, “es para quien quiera estar cómodo”.

Barbería La Época es un museo viviente.

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La mirada se eclipsa al entrar a La Época, miles de objetos habitan vitrinas, pared, techo, mesas y más. Esta no es una barbería nada más, “La National Geographic nos toma como el único museo viviente de peluquería y barbería del continente”, el que habla es Miguel Ángel Barnes, más conocido como ‘El conde’. Hace 17 años que él ofrece no solo un servicio para pelos sino un espacio cultural. Le brilla la mirada al mostrar las perillas de luz de porcelana, las primeras que hubo en el país, y funcionan. La charla de detiene ante el RIIIIIING del teléfono de 1920, una caseta que contiene una reliquia que aún funciona. Y el conde atiende.

En la puerta está el alcahuete, ese tubo blanco y rojo que gira es el segundo objeto que representa al barbero. Data de los años 1800-y-algo, de cuando los barberos realizaban sangrías. Maestros en el uso de la navaja, cuando una persona tenía mucha presión, realizaban un corte (con navaja desinfectada) y ayudaban a “descomprimir” y nivelar. Usaban también un instrumento llamado gatillo con varios filos y hasta sanguijuelas. El primer símbolo que los representó, es una bandeja metálica con un corte para apoyar ahí el cuello, la función de esta era retener los dientes que caían cuando el barbero realizaba la extracción. Sí, también sacaban piezas dentales. Podían sacarla con alguna pinza o atar el diente con un hilo a la palanca del sillón, hacerlo girar a toda fuerza y cuando el hilo tensaba, salía el diente. Todos estos objetos los podemos ver aquí en ‘La Época’, por suerte ahora solo vendremos a por un buen corte, a tomar un café en el bar que tiene el local o a disfrutar una noche de tango mientras suena el piano de 1907.

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El conde tiene dieciséis barberías desarmadas y más de diez mil objetos guardados. Barnes dice con orgullo a cada persona que la visite que: “la BBC ubicó este espacio entre las 4 barberías más importantes y el New York Times entre las 10”. Este dato lo cuenta rodeado por los sillones dónde cortan, estos también tienen historia. El blanco es con el que empezó, un clásico original de 1800, atrás están los de niños que fueron comprados en la antigua tienda Harrod´s. Frente a ellos está el espejo que trajo de Caleufú, Provincia de La Pampa. El mismo data el 1911 y era del barbero Don Casiano Birolo, un ciudadano destacado del pueblo y para constatar esta historia el conde nos muestra un diploma que le dieron a Don Birolo. Hay fotos de los objetos que ahora acá se lucen, pero fotos originales, de sus momentos de no ser museo. Dónde miren hay una historia, y el anfitrión, engalanado en zapatos de charol, tiradores, camisa impecable y gemelos dorados, nos la contará con total pasión.

Algunos le dicen “el eslabón perdido” entre esos barberos ancestrales y las modernas barberías actuales. El conde se ríe. Y cuenta cómo nació en este local cuando era una importante verdulería y frutería, cómo su sueño se hizo realidad con “TRA-BA-JO”, silabéa y cuenta de los 7 años que pasó recolectando y diseñando no un sueño sino una meta.

Una afeitada 'Señorial'

Entre los servicios destacados se encuentran las 'Afeitadas señoriales' que se realizan "como eran tradicionalmente". Acá el tiempo es un espacio detenido y presente, conviven muchas épocas y todo converge en la voz y elegancia del conde. Nos explica que la afeitada señorial comienza aplicando un fomento (muy) caliente "que hay que aguantarlo", que permite que el poro se abra, no dificulte el paso de la navaja y saque el vello. Luego se aplica agua jabonosa (con brocha) y se afeita primero yendo a favor del pelo. Luego se le pone un fomento tibio, se le vuelve a poner el agua jabonosa y se lo afeita esta vez contrapelo. Después se le pone el último fomento que esta vez es frío, helado. Ese poro que abrió tiene que cerrar. Luego una crema, una loción. El conde explica el procedimiento realizando delicados y ceremoniales movimientos en el aire, indicando dónde está cada objeto, recorriendo con la mirada y su charla todo el espacio.

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Se acaba de cortar el pelo un chico de unos 12 años, en el café un grupo de amigas de unos jóvenes casi 70 años charlan y el teléfono interrumpe los tangos que suenan. Hay reconocimientos y premios también, Presidencia de la Nación y Ministerios que engalanan La Época, un gramófono, jabones, peines, más fotos, hay muchas épocas esperando ser encontradas. Y todas en un mismo espacio.

Las barbas son mucho más que una moda.

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Cada espacio tiene su sello, pero comparten mucho. Desde la pasión por lo que hacen, el trato con sus clientes y una tradición de oficio que respetan con ceremonial y protocolo.

En cada una de ellas se viven experiencias que trascienden el corte, visitamos universos antropológicos en torno a las costumbres de épocas pasadas que se empatan con la actualidad. Cada barbería lo dice a su modo personalísimo, pero si algo queda en claro, que la moda que intenta ponerle etiquetas al estilo y la tendencia, acá se queda corta. Cada uno de estos sitios merece ser descubirto y aseguramos que se llevarán mucho más que un corte de pelo/barba.