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¿Por qué las mujeres no asfaltan carreteras?

Cada vez que muere un obrero en trabajos masculinizados como la construcción, surge una corriente machista que se pregunta dónde están las mujeres obreras, como si el trabajo de cuidados no fuera precisamente uno de los trabajos más maltratados e invisibles.

Flukyfluky / Getty Images

Esta semana nos enteramos de la muerte de un trabajador de Murcia que se encontraba asfaltando una carretera con temperaturas superiores a los 40º, en plena ola de calor. Las condiciones en las que trabajan muchos obreros de la construcción son vergonzosas, y este ni siquiera es un caso excepcional. En lo que llevamos de 2018, 250 trabajadores han muerto en accidentes laborales, pero la cifra se olvida mucho más rápido si, por ejemplo, se criminalizan las huelgas en todos los medios. Tenemos un problema de derechos laborales y, en definitiva, de clase, y tenemos que solucionarlo urgentemente.

Ahora es cuando me la gano: Pues yo no veo paridad de género en los obreros que asfaltan las carreteras en verano.

El periodista Pascual Serrano hacía su propio análisis del suceso con un argumento que las mujeres solemos oír todos los veranos: “Yo no veo paridad de género en los obreros que asfaltan carreteras”. Y me parece muy importante recordar que las mujeres obreras y feministas estamos radicalmente en contra de toda explotación laboral, no solo la que afecta a las profesiones feminizadas. A nosotras también se nos parte el corazón leyendo que ha muerto un trabajador en condiciones infrahumanas, pero estos sucesos no tienen nada que ver con la paridad.

No puede ser que solo nos acordemos de la paridad cuando un obrero muere en el trabajo, ni utilizar esa tragedia como herramienta para demonizar el discurso feminista. Nadie debería trabajar en unas condiciones que le puedan costar la vida, y nadie debería desear unas condiciones de mierda para otro. En la frase “Yo no veo a mujeres asfaltando o subiéndose a andamios”, lo que preocupa es que los muertos no sean mujeres, y no que exista este tipo de trabajo para nadie. También se huele un tufo machista que excluye a los trabajos asociados a los cuidados de la lista de trabajos reales, obreros y precarios. Como si las mujeres no fuéramos las reinas de la pobreza.

A las mujeres no suelen contratarnos en las profesiones masculinizadas porque, históricamente, la división del trabajo -construida, como todos los ámbitos, en un sistema patriarcal- nos ha relegado al ámbito privado (cuidados, hogar, enseñanza). Al igual que no suele haber hombres encargándose de los niños y los mayores en casa o en las residencias, ni cosiendo hasta sangrar en talleres, ni rompiéndose la espalda fregando habitaciones de hotel por dos céntimos. Las mujeres somos mayoría en el trabajo de cuidados, pero jamás vamos a desearle a un hombre que pase once horas limpiando escaleras sin contrato y por un sueldo ínfimo. Lo que queremos es que todos podamos trabajar dignamente y que no haya un solo muerto más por accidente laboral. Las mujeres no nos moriremos asfaltando, pero nos morimos de otras muchas formas, y también nos matan por ser mujeres, pero nuestras vidas y nuestras condiciones laborales no son una carrera de fondo entre unos y otras. La precariedad es una lucha de todos, no un instrumento para atacar a las que también son compañeras obreras.

BuzzFeed Daily

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