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Así se ve la inmigración cuando eres niño

Estas son historias de personas que emigraron a otros países cuando eran pequeños, y los pequeños detalles que notaron al llegar.

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Cuando tenía 7 años de edad, me mudé de México a Estados Unidos, e inmediatamente traté de aprender lo que significaba ser estadounidense. Había cosas obvias: comida chatarra marca Lunchables, caricaturas de Nickelodeon, idas a Toys 'R' Us. También había cosas tan nuevas que me cautivaron. Nunca había conocido a niños con alergias
alimentarias o asma, y estaba convencida que sería una "niña americana normal" si tan solo tuviera un inhalador y pudiera rechazar una cajita de leche por motivos de intolerancia a la lactosa.

Nunca se cumplió mi deseo, y pronto descubrí que no hay tal cosa como un “americano normal," pero al crecer, fui conociendo a otros inmigrantes como yo, y descubrí un denominador común en nuestras historias. Intercambiamos impresiones sobre detalles: estar asombrados por el botón que busca todas las estaciones de radio con solo
pulsarlo una vez, notar pequeñas diferencias entre la forma en que los maestros
de diferentes países sostienen la tiza, tratar de aprender a disfrutar dulces
que nos repugnaban para poder encajar con los otros niños.

Cuando Anja y yo nos conocimos, hablamos acerca de nuestras experiencias como niñas inmigrantes (ella se mudó de Alemania a Ghana cuando tenía 11 años), y decidimos colaborar en este proyecto. Recopilamos historias de personas que se mudaron de un país a otro cuando eran menores de 18 años, y Anja ha ilustrado 17 de estas historias.

Desde luego, la gente —incluso los niños— emigran bajo distintas circunstancias. Algunos de nosotros dejamos nuestro hogar sabiendo que volveremos a visitar en unos pocos meses. Otros se preguntan si algún día volverán a ver a sus padres. Hemos incluido historias de inmigrantes que se consideran a sí mismos "expatriados", "refugiados," y otras categorías entre estos dos extremos.

A pesar de que nuestras experiencias difieren en muchos aspectos, tenemos en común el haber emigrado cuando aún no éramos responsables de nuestras propias vidas. Estas son historias acerca de lo que uno es libre para observar cuando sus preocupaciones principales no son ni el dinero, ni el trabajo, ni las visas, ni la falta de este tipo de necesidades. Estas son historias de ir a un lugar nuevo, pero, más precisamente, son historias de ser llevado allí. Estas son historias sobre los pequeños detalles que pudimos observar. —Kristina Marie Fullerton Rico



Jasmine Bager se mudó de Arabia Saudita a Estados Unidos a los 17 años, y notó las cajas de cereales.

"Los supermercados eran como Disney! Las tiendas estadounidenses tienen tantas opciones coloridas y los pasillos están tan llenos de productos casi idénticos con diferentes etiquetas que marean. ¿¿Cómo es posible que existan tantos cereales??"


Sarah se mudó de Estados Unidos a México a los 11 años, y notó el almuerzo.

"Cuando nos mudamos a México, vivimos en un hotel por un par de semanas. Todas las noches cenábamos en el restaurante del hotel, y el hotel nos hacía comida para llevar a la escuela. El primer día de clases, abrí mi lonchera y encontré un chile relleno envuelto en papel aluminio. Nunca había visto uno antes. No es exactamente un sándwich de mantequilla de maní..."


Josie Torres Drewett se mudó de México a Estados Unidos a los 8 años, y también notó el almuerzo.

"Fue muy interesante aprender sobre los diferentes tipos de comida que la gente come en la zona fronteriza de Estados Unidos y México y ver la fusión de la comida americana y mexicana. Recuerdo perfectamente la primera vez que vi a una amiga hacer un ‘burrito’ de mantequilla de maní y mermelada (mantequilla de maní y mermelada en una tortilla de harina). ¡Pensé que era la cosa más asquerosa del mundo!"


Christopher Dawson se mudó de Perú a Estados Unidos a los 10 años, y notó los autobuses escolares.

"Los grandes autobuses escolares amarillos que transportaban a los niños de ida y vuelta parecían estar en todas partes. En Perú, había transporte privado que llevaba a algunos niños a la escuela, pero no teníamos este tipo de infraestructura organizada para proporcionar transporte de forma gratuita".


Mina se mudó de Guatemala a Belice a los 17 años, y notó los cangrejos ermitaños.

"En Belice coleccionaba conchas de cangrejo ermitaño, y mis nuevas mascotas
siempre se escapaban".


Keith Hatch se mudó de Estados Unidos a México a los 11 años, y notó las botellas de refrescos.

"Juro que el refresco de botella de vidrio sabía mejor. Tenías que pagar extra si querías quedarte con la botella, así que mis amigos y yo nos sentábamos afuera de la tienda en una vieja banca para beber nuestros refrescos y así poder devolver las botellas para pagar el precio descontado. Nos divertimos tanto en esa banca".


Michelle Kiang-Hinojosa se mudó de Venezuela a Estados Unidos a los 8 años, y notó el queso.

"Cuando recién llegué, estaba obsesionada con el queso Kraft Singles. Decidí que esta era la verdadera razón por la cual mi familia había venido a Estados Unidos.
Raspaba el queso del plástico con los dientes para comérmelo, y acostumbraba comerme alrededor de 10 paquetes de queso mientras veía caricaturas en la televisión, con un montón de envolturas de plástico a mi lado. Era bastante asqueroso, poco saludable, y me hacía muy feliz".


Mariana se mudó de Brasil a Argentina a los 6 años, y notó las fresas.

"Estaba fascinada con unas fresas silvestres que crecían en frente del edificio de al lado. Nunca había visto fresas creciendo de una planta. Fue genial enterarme de dónde vienen".


Inne se mudó de Corea del Sur a Estados Unidos a los 10 años y notó las carpetas.

"Me encantaron mis carpetas para la escuela! Nunca había tenido una. Nunca había visto una. En Corea, tuve cuadernos de espiral, pero nunca tuve papeles sueltos en carpetas de anillos. Me parecían una parte esencial de las escuelas estadounidenses".


Marilyn Borroto se mudó de Cuba a Estados Unidos a los 16 años, y no notó...nada.

"Yo fui una de 14,000 menores de edad sin acompañantes que emigraron de Cuba a Estados Unidos como parte de la Operación Pedro Pan. Primera parada: Miami, Florida City Camp. Última parada: Villa María en San Antonio, Texas, un tipo de albergue de monjas. Cuarenta muchachitas recibimos alojamiento, comida, y educación a través del programa de Caridad Católica y el gobierno estadounidense. Villa María era un lugar muy tenebroso. Nada era fascinante ahí. Nos alojaron en el último piso y el techo de metal lo hacía muy caliente".


Masha se mudó de Rusia a Estados Unidos en el otoño de 2015. Tiene 11 años de edad.

"¡Es fantástico tener bebederos aquí en Estados Unidos, porque si no tienes agua y te da sed, puedes ir a beber!"



Puedes leer más ensayos por Kristina Marie Fullerton Rico aquí y ver más ilustraciones de Anja Riebensahm aquí.




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