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Holly Madison revela el infierno que es la vida en la mansión de Playboy

"Me reconozco como feminista renacida", le dice a BuzzFeed News.

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Holly Madison decidió escribir un libro cuando estaba en el pico de su carrera, siendo estrella en el longevo Peepshow de Planet Hollywood en Las Vegas además de tener en E! su propio reality show Holly's World, y aun así sus fanáticos no dejaban de preguntarle por Hugh Hefner y por la época en que fueron novios en la mansión de Playboy.

"Las mujeres solían venir a decirme: '¿No extrañas la mansión?' O 'Qué lástima que Hef no se casara contigo'", recordó Madison durante una reciente entrevista con BuzzFeed News en su casa en una calle arbolada de Los Ángeles. "Yo pensaba: '¿No ven que me va mucho mejor sola?'".

Tenemos la seguridad de afirmar, luego de las revelaciones de Madison en la reciente publicación Down the Rabbit Hole: Curious Adventures and Cautionary Tales of a Former Playboy Bunny, que ha eliminado con éxito la reaparición de cualquiera de esas preguntas. Con pocos preámbulos —Madison y su colaborador, Leslie Bruce, saben qué busca el lector— Down the Rabbit Hole cuenta la historia de Madison con Hefner de 2001 a 2008 y su desenlace. El resultado sabe a las memorias de una celebridad fusionadas con The Bell Jar y Going Clear. La depresión de Madison en la mansión de Playboy alcanzó profundidades horrorosas, y aun así se sentía atrapada ahí: por su temor debido a sus limitadas posibilidades profesionales, por su negativa a admitir frente a los demás lo triste que estaba en realidad y por el control emocional que Hefner ejercía sobre ella.

El libro también hace explícitamente una crítica demoledora al insidioso mito de la cultura popular según el cual las mujeres se muestran más que estúpidas en los reality shows televisivos: un fenómeno en el que la misma Madison participó mientras estuvo en The Girls Next Door, el reality show de E! que realizó una crónica parcial de sus épocas con Hefner (y compañeras Playmates o novias de Hefner, Kendra Wilkinson y Bridget Marquardt). En la nota del autor, Madison escribe: "En el cambio de milenio, se puso de moda que las mujeres se vieran estúpidas, para sobrevivir solo en base a su apariencia y para preocuparse solo por la fama y el materialismo. Algunos efectos de ese momento en el espíritu de los tiempos perduran hasta hoy".

Down the Rabbit Hole, que el miércoles debutó en el listado de los más vendidos del New York Times como número 2 entre las ediciones de lujo de hechos reales, no es algo liviano. Sentada en la sombra de su patio con vista a su jardín un caluroso día de verano, Madison, que ahora tiene 35, declaró: "Sentía que tenía algo que decir sobre el hecho de estar en medio de todo eso que sucedía mientras Paris Hilton, Jessica Simpson y Kendra eran tan celebradas —y formé parte de eso también— por ser estúpidas en televisión. Una de las razones por las que escribí el libro fue mostrar la otra cara de eso".

A continuación, Madison habla con BuzzFeed News sobre cosas que no sabes de Hefner, sus sórdidos años en la mansión de Playboy y el feminismo.

Madison creció en Alaska y Oregón. Conocía Playboy e incluso fue a una audición en que la revista buscaba a la Conejita del Milenio en su segundo año de universidad. (Resultó ser una treta publicitaria).

"Lo que me llamaba la atención era la vida glamorosa de las mujeres que habían posado allí, ya fueran Marilyn Monroe o Jenny McCarthy, que era muy popular en mis épocas de preparatoria, o Pamela Anderson", dijo Madison. "Solía mirar una misma revista muchas veces, y las imágenes parecían muy clásicas y glamorosas".

No pasó mucho tiempo hasta que Madison se vio envuelta en la vida de Playboy, a pesar de ser juzgada por su entorno.

Personal collection of Holly Madison / Via HarperCollins

Madison a los 21 y recién llegada a California.

En 2000, cuando Madison tenía 20 y estaba en la universidad, se cambió a una escuela en Los Ángeles con el objetivo de comenzar una carrera como actriz. Conseguía su sustento trabajando en Hooters en Santa Mónica, un trabajo que le encantaba; y eso hizo que la invitaran a una fiesta en la mansión de Playboy. Un cliente de Hooters era amigo de Hefner y le preguntó si quería ir a una fiesta, "casi sin mirarme a los ojos", escribe Madison. Pensó que iba a ser una sola vez, pero terminó yendo a la mansión todos los domingos a fiestas en la piscina.

Fue allí que descubrió el harén de siete a la vez que sostenía Hefner, quien entonces tenía 74 años. Luego de un año de ir asiduamente a la mansión, cuando se mudaron las dos personas con las que alquilaba su vivienda, Madison estaba desesperada por quedarse en Los Ángeles y decidió intentar ser una de aquellas chicas. (Había una vacante.) Después de todo, le habían asegurado que ninguna de ellas tenía sexo con Hefner, y parecía un lugar lindo —y gratuito— en el cual vivir.

La decisión inmediatamente le quitó a sus amigos fuera de la mansión. Madison relata que le decían: "'Ay, qué asco, ¿te enganchaste con un viejo?' Creía ser adulta y tomar decisiones con libertad. Y era así. Pero era ingenua y en verdad no estaba lista. Y de alguna forma cedí... Ahora entiendo por qué los demás lo veían extraño. Pero supongo que no era fácil explicar por qué creía que sería divertido o por qué era una buena idea".

Tal como comprobó Madison la primera noche que salió con Hefner y con las chicas, el sexo era un requisito para vivir ahí. Los miércoles y los viernes eran "Noches de discotecas" en que Hefner y sus damas salían por Hollywood, donde se los trataba como VIPs en varios clubes. (La fama de Hefner como galán septuagenario estaba en su cima por entonces). Hefner le ofreció a Madison una metacualona diciéndole, como escribe en Down the Rabbit Hole: "En los años 70 las llamaban 'abridores de piernas'". Ella la rechazó pero se emborrachó y, cuando todos regresaron a la mansión, le dijeron que era hora de ir al dormitorio de Hefner.

Tina Jordan, por entonces su novia número 1 —un puesto que ocuparía luego la misma Madison—, la hizo entrar al cuarto, que era, según escribe, "como un episodio de Obsesivos compulsivos". Con porno explícito en dos televisores, Hefner se masturbaba mientras las chicas representaban escenas lésbicas. Ninguna lo disfrutaba. Una chica, cuyo nombre Madison cambió por Vicky en el libro, la empujó hacia Hefner instándolo a "estar con la chica nueva". Madison escribe: "Fue tan repentino que ni siquiera me acuerdo qué sentí más allá de tener un cuerpo pesado encima del mío".

Y algunas de esas mujeres habían tomado las metacualonas de Hefner. "Por ese entonces no eran algo común; ni siquiera sé cómo las conseguía", dijo Madison. "Sé que la mayoría de las chicas de mi edad no las tomaba y no sabía qué sensación provocaban. Y estoy segura de que muchas de esas chicas no sabían en absoluto qué eran".

En todo el curso de esa transacción nunca se discutió si quería tener sexo con Hefner. ¿Lo considera no consentido cuando reflexiona sobre el pasado? "Creo que, si estaba ahí y pretendía ser una más de las chicas, todos asumíamos que yo sabía que algo ocurría", dijo Madison. "Y efectivamente sabía que algo sucedía. No soy estúpida. Pero ninguna de las mujeres lo admitía realmente ni hablaba de eso".

El sexo grupal tenía lugar dos veces por semana, aclaró. "Era siempre los miércoles y los viernes luego de la discoteca", dijo. "Era siempre exactamente igual porque así le gusta vivir su vida".

Todo era un ritual en el que actuaba su elenco renovado de chicas. "Sabían que era un requisito implícito para vivir ahí y se lo esperaban", afirmó Madison. "Y parecía una rutina, desde mi punto de vista. Las chicas se paraban ahí y montaban un espectáculo para sugerir que algo sucedía. Hef no escuchaba bien de un oído, por eso todas hablaban, rumoreaban y se burlaban de lo que estaba pasando".

¿Sabrá que decir esto hoy parece demencial? "¡Sé que no es normal!", dijo Madison riéndose. "Tan solo concuerda con los patrones que manejaba él".

Su historia de aquella primera noche es el único momento en que revela ese tipo de detalles íntimos en el libro. Es lo que la gente siempre quiere saber, afirmó, por lo que no quería que el relato pareciera lujurioso. "Hablo de cómo me hizo sentir esa situación", dijo Madison. "De algún modo, no me agradaba formar parte de algo grupal, no me hacía sentir bien conmigo misma. Pero no quise ser sensacionalista con respecto al sexo porque para mí no era el tema más importante. Era solo una de las cosas que me hacían sentir mal".

Escribir sobre ese momento —su ingreso a la mansión y sus obligaciones— fue lo más difícil para Madison. "Continué, pero sí, fue difícil para mí", declaró. "Ni siquiera puedo explicar por qué. Creo que porque tomé la decisión y sentí que me vendí a mí misma."

Ser una de las chicas de la mansión era una experiencia muy controlada, aun dejando de lado el sexo preestablecido. Las noches que no se les exigía estar en casa, había un toque de queda a las 9 PM. Madison mantuvo su trabajo en Hooters algún tiempo: no solo era importante para ella tener contacto con el mundo exterior, sino que tampoco estaba ganando dinero si dejamos de lado la ropa y la asignación que Hefner destinaba a su tratamiento de belleza.

Emocionalmente, fue cuesta abajo. Se sentía hostigada por algunas de las demás mujeres, especialmente Vicky, a quien había considerado una amiga. Hefner no era afectuoso y la trataba como a una estúpida al criticar su aspecto. No le permitía ponerse labial rojo, odiaba su cabello corto y le decía: "Te ves vieja, endurecida y barata".

Se volvió algo tartamuda y, por eso, comenzó a hablar lo menos posible. Menos de un año después de vivir ahí, pensó en suicidarse; por eso escribió: "Ahogarme parecía una forma lógica de escapar a la vida ridícula que estaba llevando. No podía soportar más mi miseria".

Madison buscó ayuda pero Hefner, según escribe, no le permitía ver a un terapeuta, por eso visitó a un médico para conseguir antidepresivos. Tenía demasiada vergüenza de decirle a sus padres lo que estaba sucediendo, dijo. Y en la mansión, a nadie le importaba ver lo que le pasaba. "Creo que los demás se daban cuenta de mi conducta depresiva, pero la interpretaban de otra manera", afirmó. "Cosas como 'es engreída' o 'es una perra'".

En cierto momento, Hefner la obligó a dejar su trabajo en Hooters. "Era solo un trabajo estúpido de mesera, pero luego de que me presionaron para que dejara ese empleo, me sentí realmente excluida del mundo exterior", dijo Madison. "Y privada de toda mi independencia". Por entonces, no tenía poder adquisitivo; Hefner había decidido dejar de publicar a sus chicas en la revista porque, en general una vez que conseguían eso, lo dejaban.

Sus únicas confidentes eran la que fue muchos años secretaria de Hefner, Mary O'Connor, y otra chica, Bridget Marquardt (que luego se convertiría en su coprotagonista en Girls Next Door). Con O'Connor, Madison se cuidaba de no cruzar ciertos límites, porque sabía de su lealtad hacia Hefner. "Nunca le conté de verdad cuán profundo había llegado", afirmó Madison. "Ya que era la secretaria de Hef, no podía ir a decirle: '¡Quiero suicidarme! ¡Sácame de aquí!'"

Le dijo más cosas a Marquardt. "Pero aun con ella, me avergonzaba sentirme tan mal", aseguró Madison. "Elegir mudarse a la mansión es algo muy osado, pero admitir que estás deprimida es reconocer que tomaste una decisión realmente estúpida. Y no estaba preparada para hacer eso".

The Girls Next Door llegó en 2005, y fue entonces cuando —finalmente— todo comenzó a mejorar.

Personal collection of Holly Madison / Via HarperCollins

Desde la izquierda: Marquardt, Playmate Liz Stewart, Madison y Kendra Wilkinson.

El reality show en E! no resolvió inmediatamente los problemas de Madison. De hecho, escribe que a las mujeres no se les pagó ni un centavo por la temporada 1. Pero el grupo de novias de Hefner se había reducido a tres; y ella, Marquardt y Wilkinson se llevaban bien. (Es decir, se llevaban bien por entonces: Wilkinson ha decidido pelearse públicamente con Madison desde esa época, parte de lo cual se detalla en el libro. También defendió a Hefner desde la aparición de Down the Rabbit Hole pero Madison desestima eso: "Observo la respuesta de Kendra y me parece muy dispersa y extraña").

Cuando vivía con Hefner antes de que comenzara ese programa, Madison se sentía "como flotando". Luego, dijo: "A veces estaba triste después de Girls Next Door también, pero sentí que el programa de TV mejoró mucho nuestra calidad de vida". Lograron viajar, se convirtieron en Conejitas (finalmente), y luego de la primera temporada incluso ganaron dinero con el programa. Madison también consiguió una pasantía en Playboy para desarrollar una trama y pronto la contrataron como editor fotográfico subalterno: le encantó.

Pero luego de cinco temporadas y más tiempo con Hefner, Marquardt y Wilkinson progresaban y se mudaban, dejándole a Madison lo que su personaje de Girls Next Door deseaba en el libreto: una relación a solas con Hef. Resultó ser una idea que no pudo soportar y pronto decidió marcharse.

"Al final, reconocí su violencia verbal y eso fue lo que me hizo cambiar", declaró Madison. "Había muchas cosas en la relación con las que no estaba cómoda del todo, pero lograba justificarlas en mi mente ya que había otras ventajas de permanecer allí. Y cuando Bridget y Kendra se preparaban para irse y parecía que yo iba a ser la única, se las agarró conmigo tres veces en un fin de semana: dos de esas anécdotas las cuento en detalle en el libro. Quedé sorprendida; no podía quedarme si ese tipo iba a tratarme tan mal".

Luego de que se fue, la ponía nerviosa su vida laboral, pero pronto acabó en Dancing With the Stars y en Peepshow, con lo cual ganó, según escribe, millones de dólares. Fue la protagonista hasta que estuvo demasiado embarazada como para continuar: había comenzado a salir con Pasquale Rotella, un magnate de EDM, en 2011. Su hija, Rainbow, nació en marzo de 2013.

Hefner dijo que Madison y Down the Rabbit Hole "reescriben la historia".

Charley Gallay / Getty Images

Hefner y su esposa, Crystal Hefner, en la fiesta de noche de brujas de la mansión de Playboy en octubre de 2014.

Hefner, que ahora tiene 89, no ha dado entrevistas sobre el libro de Madison. Cuando BuzzFeed News se comunicó con su vocero, reiteró las afirmaciones que Hefner emitió antes: "En el curso de mi vida he tenido una buena cantidad de relaciones con mujeres hermosas. Muchas siguieron su camino para vivir sus vidas felices, saludables y productivas y me complace decir que hasta hoy seguimos siendo amigos. Lamentablemente, hay unas pocas que han elegido reescribir la historia en su afán de permanecer en el ojo del público. Supongo que, como dice el dicho, ¡no se puede tenerlo todo!".

En respuesta, Madison le dijo a BuzzFeed News: "Creo que mi parte preferida de esa respuesta es que aprovecha la oportunidad para recordarles a todos las muchas mujeres con las que ha salido".

Afirmó: "Hef adora rodearse de gente que le diga que sí. Y efectivamente tiene muchos amigos con los que es bueno. Hay toda una costumbre de hablar de él como el tipo más agradable. Sepan que ese fue el barniz y la personalidad por la que me sentí atraída durante mucho tiempo. Por eso uno tiene miedo de hablar de cierta forma, ya que nos convencen de que estamos locos".

Cuando era soltera, dijo Madison, no podía creer "cuánta gente juzga el valor de una mujer o su éxito según sea casada o no". Añadió: "Y no estoy criticando el matrimonio; la vida matrimonial y la familia están entre las cosas más importantes de mi vida. Pero cada uno construye su vida a su modo y a su debido tiempo, y no creo que deba señalarse a una mujer diciéndole: 'Oh, ¿todavía no te has casado?' ¿Por qué la gente sigue pensando así?".

Sí, es feminista; y Down the Rabbit Hole surge de ahí.

"Me reconozco como feminista renacida", aseguró. "No puedo llamarme feminista sin que me ataquen por eso con cosas así: '¿Cómo puedes ser feminista? ¡Viviste con Hugh Hefner!'. Pero creo que llega un momento en la vida de cada mujer en el cual tiene que convertirse en feminista".

Madison hizo una pausa y dijo: "Puedes hacerte la estúpida todo lo que quieras. Eso no va a durar mucho ni va a ser gratificante".

This story was updated to add the information about Down the Rabbit Hole making it onto the New York Times bestsellers list.

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