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10 Personas que aprendieron a amar su cuerpo y te inspirarán a hacer lo mismo

La autoaceptación es lo mejor que puedes hacer por ti.

publicado

1. Después de vencer el cáncer, ganar y perder cantidades extremas de peso, y sufrir en el amor, Tam Naymark aprendió que la felicidad está en su capacidad de poder re-descubrirse cuantas veces ella quiera.

De dónde es: Argentina.

Su historia: "Cuando era chica, mi cuerpo se enfermó y mutó. Producto de las dosis de corticoides, mi cuerpo se hinchó. De repente pasé de ser una nena muy flaquita a una nena muy gordita. No puedo echarle la culpa al cáncer, también me gustó siempre comer. Años de quimioterapia me dejaron la huella en el cuerpo y pasé años engordando sin que eso me importase demasiado. Sin embargo detrás de todos esos kilos, yo escondía una parte. Pensando en que la gente que me quisiese me tenía que querer internamente, descansé en la comodidad de pesar lo que pesaba. Pero yo no estaba cómoda, y eso era mi gran secreto, y mi gran mentira".

"De repente, un día me enamoré. Y sentí que si bien, él podía gustar de mí internamente, también podía seducirlo con mi cuerpo, y sin querer, focalicé mi ansiedad en él, dejé la comida a un lado y adelgacé treinta kilos. Al final, quedé muy flaca, y de esto ya pasaron seis años, pero él nunca se enamoró de mí. Sin embargo, yo desconocía a esa mujer que se ponía frente a mí en un espejo. Y todas esas capas y capas de comida acumulada y perdida, me dejaron desnuda, al descubierto, con mil huellas en el cuerpo que aseguraban que otro cuerpo, que también me pertenecía, había pasado por ahí. Estuve flaca hasta hoy, y hoy sigo así. Solo mucho tiempo después, y quizá no del todo, me aseguré de recordarme a mí misma que este rollo que está entre la pelvis y mi ombligo es adorable. Que mi celulitis, mis estrías en las tetas, y algunas otras rutas que forman un mapa por recorrer también son mías y tengo que amarlas en su completitud. No pienso amigarme con la idea de que así soy y no voy a cambiar, porque eso me encierra. Prefiero dibujarme y desdibujarme a cada paso, entendiendo que yo soy esta y todas las posibilidades de mí misma".

2. Bruno Cinti pudo transicionar a su verdadero 'yo' y así poder empezar a disfrutar su vida.

De dónde es: Argentina.

Su historia: "Muchas personas me felicitaron por mi "valentía". Pero lo que propulsó mi transición fue en realidad miedo. Miedo a seguir siendo infeliz en un cuerpo erróneo. Miedo a morir sin nunca haber sido yo. Miedo a los espejos. ¿Te imaginas cómo se siente que cada espejo por el que pases te devuelva un reflejo ajeno? ¿Ver ese mismo reflejo foráneo en las pupilas de todos los que te miran? No había nada qué podía hacer para amigarme con mi cuerpo y aprender a habitarlo. Salvo transformarlo".

"La testosterona no es una fórmula mágica. Tampoco es una experiencia personalizable. Sus efectos no se pueden elegir, ni siquiera predecir con exactitud. Dependen de la química misteriosa de cada cuerpo, de los vericuetos de cada mente.

Podía imaginar esta errática cartografía vellosa -incluso esta barbita ya no tan incipiente que tanto tardó en darme el gusto de crecer-, esta voz que por fin reconozco como propia. O los músculos que se desarrollan a pesar de mi empeño por no ejercitarlos. Quizá no me sorprendan mis facciones modificadas; se parecen un poco más a mí. Todavía estoy aprendiendo a calmar a los demonios interiores, que se hallan tan a gusto en una violencia que desprecio. No es mi intención hacer de esto una fábula aleccionadora. No me arrepiento ni por un segundo. La testosterona me dio el reconocimiento por parte de la sociedad del hombre que soy. Ahora está en mí construir el hombre que quiero ser".

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3. Jenifer González perdió el miedo a expresar sus sentimientos y darle menos importancia a lo que la gente piensa sobre ella.

De dónde es: Guatemala.

Su historia: "Me empecé a aceptar cuando ya no me daba miedo expresar mis pensamientos abiertamente por más “locos”, “raros” o "diferentes" que fueran. Solo ahí empecé a notar que le agradaba a las personas por cómo era y me di cuenta que nutrir mis pensamientos era básico para sentirme bien. A partir de ello me empezó a gustar mi cuerpo (la forma, mi ojos, mi sonrisa, mi pelo y etc.) y me sentí hermosa; eso me motivó a llevar una vida más sana, no solo mental, sino físicamente".

"En algún momento de mi vida me importaba mucho si las personas me miraban atractiva cada vez que salía a fiestas, pero luego empecé a darme cuenta que eso no iba a traerme paz mental. Siempre iba a pensar que otras personas eran más “bellas”, al final te das cuenta que la belleza física es subjetiva y cultural. Para mí no fue cuestión de un momento y/o evento, más bien fue un proceso para aceptarme tal cómo soy y mejorar algunos aspectos, no para alguien más, sino para mí".

4. Lucas Fauno aprendió a amar su cuerpo tal y como es, ignorando los estereotipos de varones gays que imponen los medios.

De dónde es: Argentina.

Su historia: "La cultura de la imagen de varones gays impone modelos en los que no encajo. Los calzoncillos más sexy los puedo usar de vestido. No tengo culo, soy muy flaco, no tengo brazos y mucho menos espalda. Me avergonzaba mucho mi cuerpo tan delgado entre los estereotipos de cuerpos de Adonis".

"La calma llegó cuando al enamorarme veía que los cuerpos de mis parejas eran "imperfectos" para esos cánones, pero para mí eran la felicidad pura. Uno con su pancita, otro con sus rarezas, cada uno con su particularidad. Y en ellos me reflejé, ellos me elegían y me ayudaron a que yo aprendiera a elegirme. Hasta los más "perfectos" cuando se quebraban y lloraban por miedo a ser dejados me hicieron entender que sus cuerpos de estatua griega no les aseguraban nada. Así que acá estoy, luego de encontrarme en la otredad, empezando a habitar mis dientes feos, mi no-culo, mi incipiente calvicie. Cuido la salud, no me obsesiono con la estética. Aprendo a ser yo".

5. Henry Tovar ignoró los prejuicios sobre su delgadez y se dio cuenta que su físico nunca le impidió lograr sus metas.

De dónde es: Venezuela.

Su historia: "Por historia familiar, genética o equis motivo no patológico, he tenido una tendencia a ser bastante delgado desde siempre. A muy temprana edad, en mi niñez, esto nunca representó un "problema", pero con el paso del tiempo al entrar a la adolescencia, recibí esa avalancha en los medios de personalidades estereotipadas. Chicos altos, musculosos, por lo general de tez bastante clara, entre otros, y comencé a sentir alguna especie de diferencia, la cual terminó desencadenando una serie de inseguridades y afectando mi autoestima sin duda".

"Tuve que enfrentarme en más de una oportunidad ante dificultades para desenvolverme socialmente, conocer nuevas personas, integrarme, expresar lo que quería, e incluso manifestar con lo que no estaba de acuerdo. A pesar de todas estas situaciones, la llegada temprana de la adultez y el enfrentamiento ante experiencias completamente nuevas a nivel personal, académico y profesional me demostraron una y otra vez que mis capacidades y quien soy como tal, van mucho más allá de lo que pueda representar el cuerpo físico. ¡Sí!, soy bastante delgado, ¿y qué?, esto nunca me ha impedido cumplir ninguna de las metas que me he propuesto, ni ha representado un rechazo en un grupo social. Y en caso que así fuera, la lección a aprender sería que no quiero pertenecer al mismo, porque la discriminación no debe ser tolerable en ningún nivel".

6. Pablo Bouvier entendió que debía amar su cuerpo después de lidiar con depresión y problemas alimentarios.

De dónde es: Argentina.

Su historia: "Cuando iba a la secundaria padecí de bullying... todos me catalogaban como el "gordito raro", "gordito emo" y demás calificativos que me hacían sentir muy mal. Como mi casa era un infierno y el único lugar para escapar era el colegio tuve que aprender a lidiar con eso como mejor pude. Pasé por bulimia, me desmayé y terminé deprimiéndome. Con el tiempo conocí a una persona que me hizo entrar en el mundo de los boliches (porque yo era bailarín). Era todo un desafío que un chico que no tenía un cuerpo de gimnasio bailara sobre un escenario. Soporté críticas, burlas así como halagos y buenas vibras".

"Cuando viví un año a 500 kilómetros lejos de todo aproveché para pensar mucho en qué quería para mí. ¿Por qué habría yo de estar mal? ¿Por no tener músculos? ¿Por no encajar? Ese día agarré mi skate y salí a patinar... y sonriendo se me cayó una lágrima porque había entendido que yo estaba bien. Que no había nada malo en mí. Que debía amarme porque es mi cuerpo, MÍO, y es natural. Estoy sano, puedo vivir y hacer lo que me gusta. Si el sistema no quiere incluirme, allá ellos, pero hoy, después de un largo proceso, NADIE ME QUITA LA SONRISA".

7. Sara Blandon decidió amar su cuerpo delgado a pesar de las burlas de muchos.

De dónde es: Guatemala, pero vive en Houston, Texas.

Su historia: "Yo soy una persona muy delgada y por lo tanto siempre ha habido personas atacandome por mi figura. Diciéndome cosas como, 'si fueras más llenita fueras más bonita', 'no tenes cuerpo', 'pareces niño', 'pareces enferma', 'come más'. También habían muchos que me ponían apodos como "anoréxica" y otros más. Cuando estaba en los básicos eso me afectaba mucho. Aunque no lo demostraba en la casa, me miraba en el espejo y me sentía fea, enferma y me ponía a llorar. No me sentía cómoda conmigo misma".

"Luego de un tiempo en mi último año de bachillerato, me di cuenta que no podía seguir pensando así, que yo fui hecha de esta manera y que yo no era la única con una consistencia muy delgada. Luego de cambiar mi forma de pensar, todo fue mucho más simple, me sentía muy orgullosa de mí misma, me sentía bonita, y hasta aliviada. Ahora cuando alguien me dice algo respecto a mi figura, no me afecta porque aprendí a aceptarme a mí misma y amarme tal y como soy".

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8. Brenda Mato se dio cuenta que la perfección no existe y que la belleza está en aceptar tu verdadero 'yo'.

Facebook: SableStarr.BM

De dónde es: Argentina.

Su historia: "Actualmente mi actividad principal es el modelaje. Pero no todo empezó tan fácil. Me tocó nacer en un cuerpo gordo y mi primer dieta fue a los seis meses de vida. Sí, la pediatra le dijo a mi mamá que estaba excedida de peso, así que debió restringirme la comida. Crecer en un cuerpo gordo no es fácil, todos sabemos que los chicos pueden llegar a ser muy crueles, pero nos olvidamos que los adultos son sumamente peores. Aún recuerdo el comentario sobre mi sobrepeso en cada reunión familiar a la que asistíamos. Y a pesar de que en mi adolescencia "pegué el estirón" y llegue a tener un cuerpo más "normalito", el hecho de tener busto, caderas grandes y algo de panza, hacía que mi título de gorda no desapareciera. Así que obligadamente seguía tirándome abajo, sintiéndome mal con mis amigas y saliendo con chicos que tal vez ni me gustaban, pero eran los que se fijaban en mí, así que suponía que estaba bien".

"No sé exactamente cuándo pasó, aunque busque y busque no encuentro una fecha o un suceso específico en el que pueda decir ACÁ ENTENDÍ TODO. Lo que sé es que en algún momento supe que algo estaba mal con mi vida y no era justamente YO. Entendí que el hecho de existir en un cuerpo gordo era una parte más de las tantas partes que soy y que eso no tenía que condicionarme más. Entendí que mi cuerpo no tenía que ser una traba para todo. Entendí que puedo ser graciosa, inteligente, bonita, entretenida, atenta, colorada y gorda y que todos podían convivir sin problema en la misma persona. Que ninguno era más o menos, peor o mejor, simplemente todos eran YO".

"Finalmente entendí que la perfección no existe y que tenía que dejar de buscar ser algo que no soy, así que empecé a explotar todo lo que yo sí soy. Entendí que la belleza está en ser único y no en acoplarse al montón. Entendí que soy bella por ser yo y eso es lo que más importa".

9. Jessica Galdámez Mijangos logró entender que su estatura no es un impedimento.

De dónde es: Guatemala.

Su historia: "Desde que tengo memoria, si algo me ha faltado toda la vida es estatura. Siempre fue problema de bullying y humillación desde pequeña. Sin embargo, desde muy joven maduré y aprendí a aceptarme tal y como soy. En segundo primaria fue cuando más bromas tuve acerca de mi estatura, pero recuerdo una de ellas en particular. En donde estudiaba la primaria solían tomar una fotografía de todo el colegio en uno de los campos de fútbol. Para mi mala suerte era en orden de estatura, por lo que no estaba dentro del grupo de mi clase sino con niños de kinder. Ya te imaginarás el bochorno y molestadera de todos".

"A raíz de eso y otras situaciones, me torné violenta. Cuando me molestaban reaccionaba pegándoles, correteándolos y demás para defenderme. Sin embargo, entre más lo hacía más incentivaba a que me molestaran. Un día entendí que la violencia llama más la atención que ignorando todo lo que me decían. Así que decidí probar y dejar de reaccionar así. Y para mi sorpresa funcionó. Disminuyó la molestadera y empezó el lindo proceso de aceptarme tal cual soy. Soy chaparrita, mido 1.45 cm. y no fue fácil aceptarme, fue duro. Pero aprendí que el ser pequeña no determina que sea menor en todo. Al contrario me ha tocado la tarea de demostrar que no soy lo que creen y que puedo dar igual o más que alguien de estatura alta o promedio".

10. Trás sufrir muchas críticas por su peso, Katherine Fabiola Rivera García aprendió a aceptar que todos somos perfectamente imperfectos.

De dónde es: Guatemala.

Su historia: "Cuando tenía 11, era una niña gordita, bajita, con cabello alborotado, y siempre muy alegre. En ese tiempo no le prestaba mucha atención a la apariencia porque tener un gran grupo de amigas y suficientes muñecas para jugar era lo que más me importaba. Aún así, los insultos “inocentes” de mis compañeros, no me agradaban, recuerdo que me apodaban “barrilito”, y siempre por las mañanas al ingresar al colegio era lo primero que escuchaba que me decían. Los ignoraba y actuaba como si no me importara, pero si hubiese sido así, seguramente ni lo estuviera contando en este momento".

"Cuando cumplí 12 años mi cuerpo cambió radicalmente, pasé de ser la niña más gordita de mi salón a ser una de las más delgadas, por supuesto que eso me hacía feliz, por fin sentía que encajaba en lo que los demás veían como “bonito”. Aunque no duró mucho, cuando llegué a mi adolescencia me di cuenta que ser delgada no era lo único que esta sociedad vacía pedía, sino además de eso, tenía que tener en mi cuerpo dibujada una silueta de curvas peligrosas. En mi país, como en la mayoría de países Latinoamericanos, las mujeres son reconocidas por tener un cuerpo de reloj de arena, y si no cumples con ese requisito entonces seguramente algo salió mal en ti".

"Fue hasta que un día me cansé de sentirme así, y busqué a personas que aprecio mucho para que me ayudaran a comprender que era valiosa y que la belleza es subjetiva. Lo que para mí es bonito, para otro tal vez no lo sea, no hay definición que diga los parámetros para que seas bonita, simplemente tienes que ser tú. Dejé a un lado todo lo que no me dejaba amarme, dejé de comprar en las tiendas que no tenían mi talla, compré un traje de baño con el que me siento cómoda y linda, y aprendí que mi sonrisa y personalidad eran el mejor tip de belleza. En fin, entendí que Dios me hizo perfectamente imperfecta, que el mundo no es el que me debe decir cómo debo de ser para ser bella, sino yo soy la que le dice al mundo lo que para mí es belleza. Todos somos fabulosos, en diferentes tamaños, pesos, y medidas".

La semana del cuerpo está dedicada a generar contenido que explore y celebre nuestra complicada relación con nuestro físico. Lee más artículos aquí.

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