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8 Cosas que nadie te dice sobre cómo es criarse en la pobreza

Mi infancia es mi mayor fuente de vergüenza y mi mayor fuente de fortaleza.

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1. La sensación de vergüenza nunca desaparece.

Nací justo en medio de la crisis económica de principios de los años 80. Mi mamá era madre soltera y estaba desempleada, lo cual era muy mal visto durante la torpe y moralizadora era de Thatcher en Gran Bretaña. Y el gobierno no ofrecía ninguna ayuda con el cuidado de los niños, así que las madres solteras no podían volver al trabajo.

Casi toda mi ropa provenía de tiendas de segunda mano. Nunca olvidaré el horror que sentí cuando mi mamá me mandó a la escuela con unos pantalones de pana acampanados de color café. Mis amigas tenían faldas ra-ra y parecían Madonnas en miniatura. Yo parecía algo sacado de un catálogo de Littlewoods de los años 70. Todos se rieron de mí y me sentí avergonzada.

Mientras las vergüenzas públicas continuaban, menos importancia les daba. Pero ese y otros cien incidentes similares me marcaron como alguien que era menos que los demás, como si tuviera una mancha imborrable en mi carácter, algo que debía tratar de ocultar.

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2. La gente no entiende bien lo que es la pobreza.

Hace algunos años, trabajé en una universidad como jefe de servicio voluntario. Muchos estudiantes venían a mi oficina diciendo que querían ir a África para ayudar a los pobres. Yo les respondía: "Vaya, me parece genial, ¿pero qué hay de la pobreza en el Reino Unido?". Y me respondían: "No, aquí no tenemos pobreza".

Pero la verdad es que sí tenemos pobreza. Cuando era joven, casi no teníamos dinero. Durante los años 80 y 90, el subsidio de desempleo era de aproximadamente £40 a la semana; el subsidio familiar era de aproximadamente £20 a la semana. A mis amigos les daban ese dinero como mesada. Mi mamá lo usaba para pagar las cosas básicas.

Teníamos un medidor de electricidad prepago que a veces no podíamos recargar, así que teníamos que leer a la luz de las velas. No teníamos auto, ni alfombras, ni plancha, ni lavadora. El teléfono lo cortaron y teníamos muy poca comida, aunque mi mamá hacía (y todavía hace) cosas impresionantes con lentejas.

3. Es muy difícil tener un buen desempeño en la escuela.

Pasaba el mayor tiempo posible en la biblioteca después de clases, tratando de hacer mi tarea antes de que cerraran. En casa hacía frío, no había luz y no era tranquilo. Ninguna de estas cosas me dejaban concentrar en la forma en que Jane Austen expone el tema del esnobismo en Orgullo y prejuicio o en cómo sumar dos fracciones.

Los principales problemas que enfrentan los niños pobres son el ruido, la interrupción, la falta de espacios para estudiar, la alimentación inadecuada, la calefacción y, fundamentalmente, la falta de electricidad. De acuerdo con Citizen's Advice, le cortan el servicio de energía prepago a 1.62 millones de personas cada año y a las compañías no les importa si tienen niños o no.

Mis profesores raras veces me perdonaban el hecho de no llevar la tarea terminada porque no podía ver en la oscuridad. De hecho, a menudo me regañaban o me decían que no servía para nada, algo que dolía mucho escuchar. Después de todo, yo misma me trataba de la misma manera todo el tiempo.

4. Te sientes increíblemente expuesta y sola.

El estigma de ser un niño pobre te persigue hasta la edad adulta. Me siento muy acomplejada por la educación que he recibido y me preocupa que cuando la gente me mire sepa de algún modo que era pobre cuando tenía 7 años, o que una organización benéfica llamada Bolton Lions pagaba por nuestras vacaciones. Incluso me da un poco de vergüenza admitir eso aquí.

De acuerdo con la investigación del Child Poverty Action Group, 1 de 3 niños británicos (28%) se crían por debajo de la línea de pobreza. Pero, a pesar de eso, uno siente que es el único. Además, es difícil convencerse de que la fría y hambrienta vida que uno lleva es "normal" cuando ves cómo vive la mayoría de la gente.

No conocía a nadie que estuviera tan mal como nosotros. Mi tía era cocinera y mi tío un mecánico, y también vivían en la propiedad de una asociación para la vivienda, pero a mí me parecían muy ricos. Tenían pequeñas barras de chocolate Mars en la nevera, un televisor que no era alquilado y alfombras. ¿Se imaginan?

5. Y perjudica enormemente tu confianza.

En el 2003, asistí a una charla de orientación profesional sobre periodismo en mi universidad. Uno de los oradores —un reportero de la BBC con acento de clase alta— dijo: "No tiene ningún sentido que te presentes si no tienes la confianza y no te expresas bien. Tienes que ser capaz de tocar a la puerta de una madre afligida y conseguir un comentario. Si no puedes hacer eso, ni te molestes".

Continuó diciendo otras cosas, pero casi no presté atención. No tenía confianza. El síndrome del impostor nos afecta todos en cierta medida, pero siempre me he sentido un fraude. La sensación de sentirme indigna y menos que los demás nunca ha desaparecido. Yo era la niña que "no servía para nada".

¿Cómo puedes tener confianza cuando tienes la cabeza tan llena de palabras negativas y malos recuerdos? Me fie del comentario del reportero de la BBC, me levanté y me fui, alejándome de una carrera en la que estaba interesada. Terminé haciendo trabajos de mierda por años, convencida en el fondo de que eso era todo lo que me merecía.

6. También perjudica tu salud mental.

Mamá muchas veces tenía que darle prioridad a comprar comida, recargar la electricidad y dejar la cuenta del teléfono. Después de un tiempo, la empresa emitía una sentencia judicial para cobrar la deuda, lo que significaba que hombres corpulentos podían entrar por la fuerza a nuestra casa y llevarse nuestras cosas: una perspectiva aterradora cuando eres niño.

De acuerdo con la Academia Americana de Pediatría, la exposición de los niños al estrés afecta la función de la amígdala cerebral y la glándula adrenal, lo cual a su vez afecta la salud mental y la capacidad de aprendizaje. Y lamentablemente no hay muchas cosas que sean más estresantes que tener que vivir escondiéndose de los alguaciles.

Las personas que se sienten amenazadas y preocupadas como los niños suelen pasar eso a la edad adulta en forma de ansiedad. Nunca me siento relajada con mi situación. Siento que siempre estoy a uno o dos pasos de los alguaciles o de perder mi casa: es una mierda.

7. La forma en que los medios hablan de nosotros puede ser hiriente.

Busca artículos en internet sobre el desempleo en el Reino Unido y te toparás con al menos un titular estridente como "Padres holgazanes no tienen vergüenza de pedir limosnas para sus cinco hijos" o "Vividora pide £70 000 al año para reforzar el subsidio de su prole".

Casi todos estos tipos de artículos usan la palabra "prole" para describir a los hijos subsidiados (o incluso "prole salvaje") como si estas familias fueran la escoria mutante de la sociedad en lugar de niños humanos.

Yo soy la niña que los periódicos llamaron un miembro de "una prole subsidiada": nacido al parecer para vivir del estado o para conseguirle a su mamá una vivienda de interés social. En otras palabras, una carga inútil. No ayuda a mejorar el autoestima que el Daily Mail te describa a menudo como una sangría para la sociedad.

8. Pero puedes aprender a aceptar que eso no te define.

Sí, te criaste en la pobreza, pero no fue tu culpa. Hasta los tabloides enojados estarían de acuerdo con que tú no pediste nacer. De hecho, tus experiencias de la infancia y de la adultez le han dado forma a la persona que eres hoy: una persona que es lo contrario de una sangría para la sociedad porque todos tenemos valor, sobre todo tú.

Eres una persona que entiende lo que significa no tener nada y que aprecia lo que tiene. Una persona que es sensible a lo que otras personas viven y que no las juzga por tener ropa arrugada o zapatos gastados.

Es increíblemente difícil romper el ciclo de pobreza y mucha gente no lo logra. Es por eso que lo llaman ciclo. Nuestros hijos también crecerán con falta de confianza, no alcanzarán su potencial, ni sus hijos podrán. Es una tragedia nacional.

No será sencillo acabar con la pobreza en el Reino Unido, pero todos debemos trabajar para acabar con el estigma que trae consigo. Después de todo, toda nuestra sociedad es más pobre como consecuencia.

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