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Por qué tenemos que entender el trastorno obsesivo compulsivo

El miedo al miedo.

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Sales de la habitación y apagas la luz. La vuelves a encender. La apagas. La enciendes. Otra vez. Otra. Otra. Si paras antes de tiempo, ocurrirá algo malo. Si no te lavas las manos vas a contagiarte de alguna enfermedad. Y, lo que es peor, contagiarás a los tuyos. Lávatelas otra vez. Otra. Otra. Otra. Con lejía. Da igual que sangres.

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No suena gracioso porque no lo es. El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) no es 'el rarito que tiene la mesa ordenada'. No es el compañero que siempre tiene el volumen de la tele en números pares. No eres tú cuando ordenas los botes de especias por tamaños o colores. Por suerte.

"El TOC se compone de dos partes", explica a BuzzFeed la psicóloga clínica Raquel Núñez, "la obsesión y la compulsión". Primero llega la obsesión, en forma de "pensamientos o imágenes de carácter invasor". Son muy persistentes y muy dolorosas. Tanto, que generan un miedo y una ansiedad que solo se pueden superar con la compulsión. Hay algo que alivia ese sufrimiento, así que el afectado lo repite de forma compulsiva.

Nos ha pasado a todos: estás en el metro y piensas que alguien podría empujarte. Es normal y no pasa nada. A menos que tengas trastorno obsesivo compulsivo. En ese caso, el miedo es mayor. Te obsesiona una idea, te aterroriza y te asaltan las imágenes. Sólo desaparecen cuando haces algo, cuando repites un ritual. Encender las luces, lavarte las manos o no pisar las líneas al caminar por la calle son, tal vez, las compulsiones más conocidas. Lo que no se conoce tanto es lo que hay detrás. Lo que es vivir incapacitado por ti mismo.

"Es una enfermedad muy incapacitante y lleva a un nivel de sufrimiento importante", resume Núñez. Además, cuando es grave suele ir asociada a otros trastornos, como la depresión. Pero es posible mejorar y llevar una vida normal en la que estas tres letras acompañan, pero no guían, como hizo Damián Alcolea, actor, profesor de teatro y autor de Tocados.

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El problema, como nos cuenta Damián, es el estigma. El trastorno afecta a cerca de un millón de personas en España, pero tardan de media siete años en buscar ayuda. Y es que se unen los prejuicios propios de nuestro país al miedo. "A diferencia de otros trastornos, uno es muy consciente del proceso mental que lleva a cabo. Hasta que das el paso, es muy normal pensar que te estás volviendo loco".

Los afectados saben que lo que les pasa no es normal y los tabús hacen el resto. En esos años hasta que se diagnostica y la persona aprende a vivir con el trastorno y a gestionar las obsesiones, se avergüenza de lo que le ocurre.

El TOC transforma a quienes viven con él en actores. Da miedo exteriorizarlo y lo más fácil es ocultarlo. Disimularlo. Al ser un proceso -primero surge el miedo y como consecuencia entra en juego la compulsión- es fácil detectarlo y esconderlo. Sin embargo, para poder combatirlo y retomar el control, hay que aceptarlo, comprenderlo.

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"El TOC ha sido muy maltratado por los medios". Y esto, en parte, es lo que le animó a hablar y a escribir (su libro, de hecho, nació como un guion para una película). "Radica en el miedo al miedo. Uno tiene que entender el miedo como parte del proceso. No pasa nada por sentir pánico. Cuando te entrenas, le quitas oxígeno al TOC".

"Yo buscaba referentes, pero lo que encontraba no me inspiraba". No en España, al menos, pues en general "no se habla y cuando se hace, salvo honrosas excepciones, es de mala manera". Fuera del país sí ha habido famosos que han reconocido que tienen TOC -Beckham, por ejemplo- y series como Girls, Monk o Scrubs. Esta última, con el personaje del doctor Casey interpretado por Michael J. Fox, se esfuerza en reflejar lo que es vivir con TOC más allá de la anécdota.

Esto no solo ayuda a los afectados a entender qué les pasa, sino también a quienes les rodean. "El TOC es poco popular y desde fuera quien lo padece es 'la persona rara'", resume Raquel Núñez. Nos falta la empatía y hablar de ello es uno de los pasos, como ocurrió con la anorexia. "Hay que reflejar el sufrimiento que conlleva".

"Yo ahora llevo una vida normal y feliz. Me siento orgulloso de quien soy", cuenta Damián, con la misma actitud positiva y la misma vitalidad con la que habló desde que descolgó el teléfono. "No hablo del TOC como una enfermedad que se pueda curar. Es un trastorno. Una condición. Mi vida estuvo dedicada a mis rituales. Cuando aprendes a gestionarlo vives mejor, pero eso no quiere decir que te cures. Tengo que aceptar que tengo TOC".

Consulta siempre con tu médico sobre cualquier asunto relacionado con tu salud y bienestar. Los artículos de BuzzFeed tienen únicamente propósito informativo y en ningún caso sustituyen ningún tipo de diagnóstico, tratamiento o consejo profesional.

Si quieres saber más sobre el TOC puedes ver a Damián Alcolea el próximo 12 de diciembre de 10:30 a 13:00 en la sede madrileña de la U. O. C., en la Plaza de las Cortes, 4.

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