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Hablé con mi ex infiel luego de encontrar su email en la lista del hack de Ashley Madison

A partir de hoy, en todo el mundo comenzarán a aparecer conversaciones como la mía.

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No me pude aguantar. Cuando anoche escuché que subieron la información hackeada de Ashley Madison y tenía un buscador, comencé a investigarla casi en forma automática. Dentro de un subterráneo atiborrado, mientras volvía de un juego de baseball, con tres cervezas y un perro caliente encima, comencé a buscar con mi teléfono móvil cada dirección de email que pude recordar de memoria, casi sin pensar.

La primer dirección que ingresé fue la de mi padre (por suerte, no hubo resultados). La segunda fue la de mi ex; la ingresé en parte porque tres años de relación son suficientes para marcar a fuego en tu cerebro una dirección de email, y en parte porque estaba casi segura de que sabría lo que encontraría. Dos veranos atrás, me enteré que me engañó con una mujer que conoció online. Me pareció que si había alguien de mi entorno que figuraría entre los millones de personas cuyas casillas quedaron vulnerables por el hackeo, sería él. De cualquier modo, fue un cóctel de buena memoria y curiosidad morbosa.

Acerté, por supuesto:

Recuerdo el momento en que descubrí su engaño de un modo tan vívido que es una sensación casi física: la garganta seca, el temblor en mis rodillas, el zumbido dentro de mis oídos. Vértigo. Me sentí desorientada durante días. Es una sensación que mucha gente (miles, quizás) tendrán esta semana.

Luego de lo sucedido, seguimos juntos durante unos meses; fue mi elección. Mi justificación fue que hay muchos tipos distintos de infidelidad, y muchos tipos de relaciones. Hay millones de maneras de ser cruel con la gente que amas, y solo un puñado de ellas involucran meterte en una página en la que no deberías estar y hacer click en "suscribir". Haber tomado esa decisión aún me parece que fue lo mejor. Durante ese tiempo, muchísimas personas me preguntaron si hubiera preferido no saber.

Siempre dije que sí. Finalmente, nos separamos; en parte tuvo que ver con el engaño, pero en parte no fue por nada de eso. Lo decidimos sentados en su auto fuera de un gimnasio abierto las 24 horas, y fue horrible. Y aunque parezca poco probable, mantuvimos una amistad bastante linda, aunque a veces se sienta forzada. De modo que le envié un mensaje de texto para preguntarle sobre el hackeo.

Al presionarlo, lo aceptó sin rodeos.

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Claro que sí. Siento que todo el mundo le echó un vistazo después de haber leído CUALQUIER ARTÍCULO PERIODÍSTICO SOBRE EL TEMA DE LOS ÚLTIMOS AÑOS. Lo seguro es que no tienen mi tarjeta de crédito. Qué dulce que lo hayas revisado. Jaja.

Dijo que no conoció a nadie ahí, y me parece que le creo. Así que le pregunté cómo se sentía sobre su privacidad:

No le importó. Me pareció una postura rara para alguien que, no mucho tiempo atrás, vió que su relación destrozada cuando su novia descubrió su comportamiento online. Pero fue honesto:

Conversaciones como la mía comenzarán a darse en todo el mundo (si no hay comenzado ya) hoy, mañana y la semana que viene. Decenas de miles, y quizás muchas más. Y no solo entre cónyuges, sino entre hermanos, padres, compañeros de trabajo y amigos. Todas serán diferentes, pero sospecho que muchas se sentirán ponderadas, peculiares, y extrañamente triviales (después de todo, ser infiel es una de las cosas más ordinarias que puedes hacer en un matrimonio). Hay una probabilidad nada despreciable de que ahora mismo, en algún lugar del mundo, alguien esté sufriendo la misma punzada estomacal que aún recuerdo, que esté sentado en el piso del baño o en la cama preguntándose Qué demonios pasó y Ahora qué. Algunos de estos descubrimientos separaran personas.

Algunos serán descartados rápida y alegremente por ser irrelevantes. Casi todos, al principio, se sentirán importantes para las personas por impulso ingresaron una dirección de email en esa cajita blanca.

En mi caso, él no parecía querer hablar del tema. Intenté preguntarle si se suscribió mientras estábamos juntos, y cambió de tema. Hice una broma, y luego él hizo una broma. Hablamos sobre la seguridad de datos, y sobre un show de radio que solíamos escuchar juntos, sobre trabajo, y sobre las vacaciones que nos habíamos tomado con nuestras nuevas parejas. Fue la conversación más larga que tuvimos en meses, y se sintió extrañamente bien.

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