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17 historias de horror de acampadas que harán que te quedes dentro para siempre

Serpientes, arañas y osos, ¡oh, no!

publicado

Hemos pedido a la comunidad de BuzzFeed que comparta sus historias de terror de acampadas. Estas son las mejores.

1. El agujero de las pesadillas:

"El año pasado, fui de acampada y necesitaba ir a cagar. Comencé a cavar un agujero (porque eso es lo que se supone que has de hacer cuando cagas en mitad de la nada) y DESENTERRÉ UNA JODIDA SERPIENTE. Me puse a correr y a gritar y luego lloré en los brazos de un amigo".

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2. La primeriza:

"Tuve mi primera regla estando de acampada. Afortunadamente, estaba en una caravana, por lo que había baño, pero no tenía los artículos necesarios y no estaba preparada. Estaba totalmente horrorizada de que algún oso pudiera olerme de algún modo y viniera a comerme".

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3. La excursión de acampada envenenada:

"En 11º grado, tuve una excursión de ciencias a la montaña. No había agua y tampoco habíamos llevado, ya que la idea era recoger nieve, fundirla y purificarla. Se supone que tienes que poner dos gotas de lejía por cada botella de tamaño normal. No me di cuenta de que mi botellita de lejía tenía una grieta, así que cuando añadí las dos gotas, entró mucha más en la botella. Acabé envenenada con la lejía, lo cual produce el peor dolor abdominal que jamás puedas sufrir".

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4. La hoguera de la linterna:

"Acababa de estrenar un móvil nuevo. Estaba usándolo de linterna para encontrar astillas para el fuego. Lancé varias astillas al fuego y me di cuenta de que también había lanzado el móvil. Mientras pensaba cómo sacarlo, la batería explotó. Nunca he vuelto ni volveré a ir de acampada".

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5. Cuestión de suerte:

"Una tarde, en una excursión de acampada con las Girl Scout, los guías nos dijeron que podríamos ir a nadar a un gran lago después de comer. Todo el mundo estaba superemocionado y nos dimos prisa en acabar la comida, hasta que el orientador del campamento nos llamó a mí y a otras dos chicas y nos dijo que teníamos que fregar. Vimos con caras serias cómo el resto de las chicas se iban a nadar, mientras nosotras nos quedábamos lavando los platos. Una media hora después, escuchamos el primer grito. ¡En el lago había sanguijuelas! Durante las horas siguientes, estuve viendo desde la cocina cómo las chicas lloraban cuando les arrancaban lentamente las sanguijuelas de todo el cuerpo".

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6. La última excursión de fin de semana:

"Mi familia y yo siempre solíamos ir de acampada a Estes Park (Colorado, EE. UU.) durante los puentes. Todo cambió hace dos veranos, cuando mi familia, por alguna razón, pensó que montar nuestra TIENDA PARA SEIS justo al lado del agua era una buena idea.

Así que en mitad de nuestra primera noche, sobre las 2 de la mañana, sentí frío; mucho mucho frío. ¡¡Lo has adivinado!! El suelo de nuestra tienda estaba cubierto por 10 cm de agua. Estábamos llenos de sanguijuelas y tuvimos que salir pitando. Luego, los coches no arrancaban. DOS COCHES QUE NO ARRANCABAN, la misma noche, a la misma hora. Sobra decir que cambiamos nuestras actividades de fin de semana".

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7. La roca siniestra:

"Cuando tenía unos nueve años, fui de acampada con mi familia por primera vez. Todo iba bien hasta que, mientras jugaba por el campamento saltando de una piedra a otra, salté sobre algo que resultó ser una masa retorcida de arañas de patas largas, del tamaño aproximado de un balón de baloncesto. Con mis 9 años, me cagué de miedo cuando todas se desparramaron, y pasé el resto del fin de semana llorando, sin querer salir del coche. He necesitado casi una década y mucho poder de convicción antes de volver a ir de campamento".

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8. Una situación pegajosa:

"Mi familia y yo estábamos alrededor de la hoguera, asando nubes de azúcar. Estaba a unos 4 metros del fuego, recogiendo astillas, cuando una de las nubes de mi hermano empezó a arder.

Para apagarla, sacudió el palo hacia delante y atrás, lo que hizo que la nube en llamas volara a través del campamento y aterrizara justo sobre mi cabeza. En una fracción de segundo, mi madre me agarró el pelo y la nube derretida y me arrastró al baño, para quitármela lo antes posible. Él nunca se disculpó".

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9. El espíritu del campamento:

"Cuando estaba estudiando en el extranjero, en Australia, tuvimos una excursión de inmersión y fuimos de acampada durante varios días cerca de Broome, con unos guías de viaje aborígenes. Nos contaron historias de espíritus y su capacidad para controlar ciertos animales y atormentarlos. Durante la última noche, me sentí muy inquieta y no podía dormir... De la nada, me llegaron unos gritos que helaban la sangre. Mi compañera de tienda se giró, nos pusimos en guardia y vimos que nadie más se había despertado con lo que habíamos escuchado.

Esa noche, nos habían contado que si un pájaro era poseído por un espíritu maligno, emitía sonidos como los de una mujer gritando, así que nos entró el pánico. El resto de la gente no nos hizo mucho caso esa noche, pero a la mañana siguiente, cuando nos dirigíamos al aeropuerto, uno de los guías abrazó a mi compañera de tienda y le dijo: "Si algo te sigue a casa, REZA y ponte en contacto conmigo enseguida".

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10. Una sombra desagradable:

"Fuimos a dormir a la tienda y, cuando nos despertamos por la mañana, todavía parecía de noche, ya que unas sombras cubrían la tienda. Resulta que había más de 50 arañas que cubrían la parte superior de la tienda".

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11. Un visitante escurridizo:

"Una vez estaba en un campamento de las Girl Scout. Cuando todos nos fuimos a dormir, había una serpiente dentro de mi saco de dormir. La descubrí cuando me metí en el saco y se deslizó sobre mi cuerpo. Desde entonces, tengo un terror nivel Indiana Jones a las serpientes".

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12. Un desastre sangriento:

"Cuando estaba en la escuela secundaria, formaba parte del programa militar ROTC de mi escuela. Una vez al año íbamos de acampada, y en el último año tuve que compartir tienda con dos cadetes de primero, una de las cuales era bastante remilgada. En mitad de la primera noche, la chica de mi derecha me despertó y me dijo: 'Sargento, hay sangre por todas partes'. Me puse en pie inmediatamente y resulta que la chica había tenido una fuerte hemorragia nasal y se había limpiado con la chaqueta de mi uniforme. Mientras tanto, la otra chica se despertó, escuchó algo y empezó a entrar en pánico al ver la sangre. No dejaba de gritar. La persona que estaba de guardia fuera abrió la tienda y solo vio a tres adolescentes, una llorando desconsolada, otra cubierta de sangre y yo intentando limpiar la sangre de mi uniforme".

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13. El mordisco nocturno:

"Una vez, cuando tenía unos siete u ocho años, fui de acampada con mi padre. La mañana siguiente a la primera noche, me desperté con un enorme nódulo rojo e hinchado en la parte izquierda del abdomen, con dos perforaciones en la parte superior del bulto. Acudí a mi padre, que siempre se levantaba temprano para preparar el café y el beicon en el fuego, y le enseñé el bulto.

Él simplemente me dijo: 'Parece que anoche tenías una tarántula o una serpiente dentro del saco de dormir. Esta noche deberías sacudirlo antes de meterte dentro'. Sobra decir que, desde entonces, he seguido ese consejo cada vez que he ido de acampada, pero ahora tengo una tremenda cicatriz, que parece la marca de unos colmillos en el costado".

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14. La encendedora de fuegos:

"En julio, mi padre y yo fuimos de acampada a las montañas de Colorado (EE. UU.). Pensábamos que haría calor suficiente como para ir, pero aún había mucha nieve en el suelo. La primera noche hacía tanto frío que no podía dormir, así que decidí hacer un fuego y acurrucarme cerca, para ver si así volvía a dormirme. Me desperté con mi padre gritándome y echándome agua fría por encima. Resulta que no se debe dormir tan cerca del fuego, y mi saco de dormir había prendido y estaba ardiendo. El saco se echó a perder y yo tuve que dormir las últimas noches en la furgoneta".

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15. Jerarquía natural:

"Mi madre y yo fuimos de acampada cerca de una gran colina. Todo el rato me parecía escuchar un ruido extraño en la lejanía. Era cada vez más y más alto, y entonces empezaron a bajar por la colina unos pavos salvajes enormes. ¡Todos los pavos empezaron a cargar contra mí y picarme! Me puse a gritar y a subirme encima de la mesa de pícnic para librarme de ellos, mientras mi madre simplemente me señalaba y se reía. Al final se dispersaron, pero los seguí oyendo casi todo el día".

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16. La picadura de la infancia:

"Cuando era pequeña, todos los veranos iba de acampada con mi familia. A mis hermanas y a mí nos encantaba encontrar un lugar en el bosque donde poner nuestros juguetes y jugar. Una vez, estábamos corriendo por el bosque buscando un buen sitio y acabé pisando un nido de avispas del barro. Lo siguiente que ocurrió fue que mis padres se encontraron con tres niñas gritando, corriendo de vuelta al campamento, llenas de picaduras".

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17. Un final accidentado:

"Tengo cuatro hermanos mayores, y la primera vez que nuestros padres nos llevaron de acampada, mis hermanos decidieron jugar un partido de béisbol. Yo era muy bajita y callada, así que no me vieron ir detrás de ellos, y cuando mi hermano mayor iba a batear, me dio en medio de la frente. Estuve tres días en el hospital, con el cráneo fracturado y varias contusiones, y aún tengo la marca en la frente. Mis padres no nos volvieron a llevar de acampada".

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Algunos de los textos enviados han sido ligeramente editados por motivos de extensión y/o claridad.

Este artículo ha sido traducido del inglés.