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    Posted on 30 ago. 2016

    7 Cosas que suceden cuando vives en otro país durante 10 años

    Tu relación con la palabra 'hogar' se hace más complicada, al igual que tu extraño acento.

    Rebecca Hendin / BuzzFeed

    Me mudé a Londres en el centenario del gran terremoto que sufrió San Francisco en 1906. Esto es insignificante y completamente casual pero le agregó un toque dramático a un día ya bastante emotivo. Pasé el último día que viví en California deambulando por la ciudad con mi familia y mi novio británico conocido por internet, con quien me mudaba, en una burbuja de negación total hacia aquello en lo que se estaba por convertir mi vida. Almorzamos en un restaurante demasiado caro con servilletas de tela demasiado grandes, y lo emocionante del almuerzo fue que el camarero me sirvió un ron con Coca a pesar de que tenía solo 20 años. Era como si notara mi adultez. Al final del día, antes de abordar mi vuelo, mi padre me fue a ver al aeropuerto y me dio una bolsa llena de Twinkies y una tarjeta que tenía la imagen de Elvis. Dios bendiga a los Estados Unidos.

    Todo el día estuvo lleno de emociones contradictorias. Estaba triste por dejar a mi familia y entusiasmada por dejar a mi familia, además de eufórica porque ME MUDABA A INGLATERRA con mi NOVIO. No creía tener miedo. No sabía cuán diferente iba a ser mi vida.

    Tampoco sabía que la razón por la que nadie parecía más afligido por mi partida era que esperaban con seguridad que estuviera de regreso en California, para servir frappuccinos en Starbucks, luego de pocos meses. (Aparentemente nadie creía que fuera a durar mi romance cibernético con un británico de Myspace). (Llevamos casi 10 años casados, así que váyanse al carajo).

    Esto es lo que he aprendido después de vivir en el exterior por 10 años:

    1. Tu patria se siente más extranjera cada vez que regresas.

    Sucede lentamente: personajes famosos que no reconoces, películas de las que nunca has oído hablar, nuevas marcas de yogur en Target que nunca has probado; pero pronto te conviertes en un visitante del país en el que creciste.

    Es extraño tener que preguntarle a tu madre cómo ir a lugares a los que siempre ibas en coche. U olvidarte los nombres de las calles que solías tener grabadas en la memoria. La forma de ser de la gente y el comportamiento propio de su cultura, de repente, tienen algo incómodo y nostálgico al mismo tiempo.

    Aún más extraño es pasar por la caja de Walgreens y que te cueste contar los billetes y las monedas que necesitas para pagar tus Goldfish Crackers y Nilla Wafers, porque las de 10 centavos son del tamaño de las de 5 centavos USD pero valen 10 centavos, aunque las que valen 0.25 se parecen a las de 10, ¿¿y por qué todas los monedas son parecidas?? Y cuando tratas de explicar que ya no reconoces esas monedas porque "has pasado demasiado tiempo lejos", suena como si hubieras pasado la última década en la cárcel o en un coma.

    2. Tu vocabulario y tu acento se convierten en algo ridículo.

    Mi acento del norte de California durante los últimos 10 años evolucionó de "obviamente estadounidense" a "¿eres canadiense?" a "norteamericano inclasificable" y hasta lo que alguien describió alguna vez como "transatlántico", que para mí fue uno de los halagos más grandes que recibí en la vida.

    Como esfuerzo para simplemente encajar, más que como intento consciente para aclimatarme culturalmente, adopté el vocabulario británico. Años después, debido a la naturaleza de mi trabajo (¡escribir en la web para el público británico!) mi teclado y mi corrector ortográfico pasarían al inglés británico. Pero, al mismo tiempo, las veces que regresé a Estados Unidos, el cesto o 'bin' pasó a ser nuevamente 'trash', la pizza volvió a ser exquisita ('hella good'), y una vez más fui al 'bathroom' o quizás 'restroom' en vez de llamarlo 'loo'.

    Esta transición que me devolvió las palabras de mi pasado fue consciente, fue un esfuerzo por no sonar snob, por no despreciar las palabras que había usado durante 20 años y, de alguna manera, por no despreciar a mi familia. Casi 10 años después, llamo a las cosas como me vengan a la mente: a veces las libras son dólares y los dólares son libras. Toda vez que digo 'cheers' y 'loo' en Estados Unidos, suena como si fuera una bastarda exagerada, pero he llegado a aceptarlo. Quizá sea tan solo una bastarda exagerada transatlántica.

    Rebecca Hendin / BuzzFeed
    3. Extrañas a tus animales más que a tu gente.

    No importa cuánto lo intentes, los perros no quieren participar en llamadas de Skype. No te reconocen en una pantalla de computadora portátil. No les importa si intentas verlos a través de FaceTime. No te responden cuando dices "HOLA" y "¿QUÉ ESTÁS HACIEEENDO?" con esa voz horrible que usas solo con ellos.

    Con la gente, con tu familia, puedes intercambiar por WhatsApp una selfie poco decorosa o tres emojis de popó para que sepan que estás pensando en ellos. Que los extrañas. Puedes llamarlos por teléfono cuando estás borracho a medianoche mientras ellos aún se preparan para ir a trabajar y reírse de lo raro de los horarios. Con los perros, no hay consuelo por no poder hundir la cara en su hermosa mata de pelos blancos y sedosos y decirles que son muy obedientes.

    Eso es lo único que tenemos con las mascotas: sus besos hediondos y sus pezuñas con olor a Fritos en la vida real. No nos pueden decir por teléfono que nos extrañan. Y eso nos lleva a hacernos preguntas más profundas sobre la psicología canina, tales como: ¿Los perros saben cuánto hace que nos fuimos? ¿Ese sentimiento de pérdida se hace más profundo con el tiempo o en algún momento nos olvidan hasta que lleguemos de nuevo a su puerta con olor a tierras extrañas y a aviones de mil pedos?

    Pero es aún peor cuando te rompen el corazón haciendo lo inimaginable: fallecer sin tenerte a su lado.

    Llorar a una mascota, lejos de tu familia, con un océano de por medio, es una experiencia singularmente devastadora que solo entienden los que la han vivido. Los que en silencio han sollozado en el baño del trabajo mirando las fotos de su cachorro que les mandó su hermana y luchando con la lógica: "Mi perro murió... Bueno, no mi perro, el perro de mi familia. No, no están aquí, están en mi país. Sí, en Estados Unidos. No, hace siete años que no vivo con ellos. Pero SÍ, estoy destruida".

    ¿Todos los perros van al cielo? Más vale que sí.

    4. El significado de la palabra 'hogar' se hace más complicado.

    Es algo que ha experimentado todo aquel que se haya mudado a un lugar diferente de donde vive su familia o donde fue criado. Es común que uno diga: "Ahora voy a casa", refiriéndose a regresar a su lugar de residencia. Su apartamento. Más ampliamente, "Regreso a casa en Navidad" suele significar que uno vuelve a cualquier lugar donde viva su familia más inmediata. Quizá sea la ciudad en que uno creció, la casa en que creció. O quizá no.

    Para algunos de nosotros, 'casa' significa nuestra propia casa. La que nos construimos, a miles de kilómetros de distancia de la de nuestra familia. La casa en que aprendimos a ser adultos, donde freímos el tocino contra la resaca y donde nos la pasamos mirando programas de TV y llorando en el suelo al aprender a ser adultos al otro lado del mundo, lejos de todo lo conocido. Un lugar en el que no podemos ir a Target a comprar un kit "Adult in a Bag" ya preparado y diseñado por Orla Kiely. Ni hacer que venga papá el fin de semana y nos ayude con las cosas de la casa que solo los padres saben arreglar. Quizá, en vez de eso, tengamos un enredo interior lleno de cosas del corazón que solo los padres saben romper.

    Si tienes que luchar encarnizadamente para construir una casa en un lugar en el cual has debido comenzar todo de cero, donde has tenido que redefinir y reconstruir las comodidades de tu hogar, esa se convierte en tu casa. Tu hogar independiente y lejos de todo y de todos. No es por parecerse a una frase de Instagram, pero realmente te conviertes en tu propio hogar.

    Rebecca Hendin / BuzzFeed
    5. Al igual que tu relación con tu familia.

    Si tienes problemas de comunicación con tu familia y temas de los cuales "es mejor no volver a hablar, por favor" ya antes de mudarte a miles de kilómetros de distancia, nada se arregla mágicamente con un océano de por medio. Las relaciones son difíciles, caóticas y complicadas, aun cuando no pasen mucho tiempo viéndose las caras y compartiendo juntos. Cuando solo tienen FaceTime y están juntos solo un par de horas al año, es más difícil ~conversar~. ¿Quién quiere hablar de algo por lo que lloras en terapia cuando pueden pasar una LINDA CENA FAMILIAR de sentimientos reprimidos y agresión pasiva como una FAMILIA NORMAL?

    Y cualquier culpa que sientas por vivir tan lejos solo empeora cuando enfrentas en tu familia un tipo específico de "miedo a perderte algo", y no siempre son las grandes festividades las que te hacen sentir peor. Son las cosas banales de todos los días, como que tu hermano devuelva "una camiseta de mamá en Old Navy", las que te llenan de ese sentimiento que te hace pensar que te dejan de lado y te olvidan —aunque eres tú quien se fue, así que ¿tienes derecho siquiera a entristecerte por esto?—, y por eso lloras un poquito en el baño de cualquier bar al que vayas.

    Vivir lejos de tu familia complica aún más las cosas, pero no lo hace imposible si todos están dispuestos a acomodarse y a aprender los diferentes horarios.

    6. Y tu sentido personal de la identidad también se complica.

    Siempre envidio un poquito a los que son de una ciudad o un país y tienen una conexión fuerte con ese lugar, como Oliver Queen y Star City, Matt Murdock y Hell's Kitchen, Lady Gaga y su herencia italiana. Todo parece claro: soy de aquí, esta es mi casa, soy esto, soy de Nueva York. Pero a medida que viajo y conozco más gente, más pienso que ese sentimiento, ese fuerte vínculo entre ciudad e identidad, es bastante raro.

    La mayor parte de la gente, como yo, parecen una cosa y suenan a otra. Tienen un apellido que no necesariamente refleja su historia. Tienen un acento que no revela dónde viven. Su color de piel y de ojos no explican inmediatamente su historia tampoco. Cada vez que voy al extranjero con mi esposo británico, siento ansiedad cuando digo: "Somos de Londres", y tengo que terminar la frase diciendo: "Pero yo soy de California originalmente". Como si la gente con acento norteamericano no pudiera decir que es de Londres cuando alguien pregunta desde dónde los visita.

    Soy seguidora del equipo británico en los Juegos Olímpicos y lloro con los discursos de Obama. Condimento la pizza con aderezo ranchero y el queso grillado con ketchup, pero tomo el tenedor con la mano izquierda y el cuchillo con la derecha: como debe ser. Sostengo que los Kraft Singles son una delicia, pero también que el Sistema Sanitario Nacional y las restricciones a las armas en el Reino Unido son dos de las razones por las que nunca volveré a vivir en los Estados Unidos. Mi identidad es complicada y contradictoria, pero eso es lo que sucede cuando te conviertes en estadounidense y británica al mismo tiempo. Nunca seré una cosa por sobre la otra, nunca encajaré 100%; no importa dónde vaya. Y en eso encontrar emigrantes y hablar con ellos es enormemente reconfortante, porque también tienen raras identidades dobles y acentos aún más extraños.

    Rebecca Hendin / BuzzFeed
    7. Busca a otros emigrantes, pero que no sean tus únicos amigos.

    Hay algo que provoca un sentimiento especial de frescura y confirmación al hablar con otros emigrantes que conocen bien ese desconcierto que uno ha sentido al vivir en otro país. Alguien que conoce la ansiedad latente y constante que sientes los primeros meses (¿años?) en un país que te engaña si piensas que no es tan diferente, donde cada sistema, cada norma social te da un falso sentido de seguridad para mostrarte luego que, en realidad, no tienes ni la menor idea de lo que estás haciendo, que eres un gran estúpido estadounidense.

    Pero si bien es tentador rodearse de otros estúpidos estadounidenses para que te protejan de la espinosa vida del expatriado —como una manta suave y protectora tejida en Florida por una amorosa abuela que huele a chocolate y a White Diamonds—, no puedes hacer eso. Debes levantarte y enfrentar esta extraña y nueva vida, de cara al viento. Literalmente, debes ponerte de pie (no quedarte sentado) luego de tantas noches de borrachera en los pubs de Londres, con hambre y preguntándote cuándo es que van a cenar, hasta que un día te das cuenta de que esa es la cena. Y que tu futuro te depara la suciedad de una hamburguesa como tentempié a medianoche. Verás que cuando aceptes eso estarás frente a un hito.

    Te adaptarás mucho más rápido y aprenderás más sobre este nuevo lugar que te rodea si estás simplemente en su interior. Y una vez que hayas aprendido todo esto y aceptado la suciedad de esas hamburguesas, verás que en verdad hay muchos más que prefieren cenar y no morirse de hambre en los pubs. Solo que son demasiado británicos para sugerir algo así.







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