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    Esto es lo que se siente cuando terminas una relación de maltrato

    Te marcharás, sufrirás, pero te encontrarás contigo misma.

    Rebecca Hendin / BuzzFeed

    Esto es lo que pasará. Lo dejarás y será pronto. Llevas meses convenciéndote de que no es tan malo y que muchas mujeres están peor que tú. Pero no puedes olvidar lo que sentiste cuando el policía te agarró de los hombros mientras se llevaban al hombre que supuestamente te amaba. "Los hombres buenos no le hacen esto a las mujeres. Los hombres buenos no son violentos". Fue vergonzoso, humillante, pero, en algún lugar dentro de ti, sentiste alivio. Porque esto era prueba, finalmente, de que no estabas haciendo un drama. Dijo un policía.

    No puedes olvidar lo que sentiste cuando la policía se llevó al hombre que supuestamente te amaba.

    Te marcharás y no te acostumbrarás inmediatamente. Eso está bien. Dejar a alguien es difícil y te complicará más las cosas, a pesar de que ya no lo amas. No estás segura de si alguna vez lo amaste, aunque durante meses te dijeras a ti misma que sí y se lo dijeras a él desde hace más tiempo.

    Te marcharás y él usará todos sus viejos trucos para convencerte de volver. Suplicará, llorará, mentirá de rodillas. Dormirás con él otra vez para sentir algo porque los 20 meses que pasaste con él te dejaron atontada. Él está sobrio y se comporta mejor que nunca, pero solo al principio; sabías que no duraría mucho. Esta vez te vas para siempre.

    No llorarás, pero beberás. Saldrás casi todas las noches y las noches que te quedarás en casa, trabajarás obsesivamente hasta las 4 de la mañana, sin parar, hasta sentir la necesidad inmediata de dormir. Dormirás durante tres horas y empezarás de nuevo.

    Te sentirás increíble, como si hubieras recuperado tu vida, esa vida que era tuya. Pero será mucho mejor porque tendrás mejores energías. ¿Quién iba a pensar que podías lograr todo esto dejando de comer y durmiendo solo tres horas? ¿Quién iba a pensar que te ibas a divertir tanto fuera de casa y verías un montón de amaneceres magníficos antes de cerrar los ojos?

    Una noche te acostarás desnuda al lado de un amigo que acabas de besar y que hace tiempo te ha parecido atractivo. Tu amigo te mirará con tristeza y le preguntarás qué pasa y no sabrá qué responderte. A la mañana siguiente, comerán cereales juntos y te preguntarás cómo echaste todo a perder.

    Rebecca Hendin / BuzzFeed

    Irás al zoológico con otro amigo que casi no has visto en los últimos dos años y ambos harán la fila para comprar sándwiches. Te quejarás de que todos los sándwiches tienen tomate y tú lo detestas, así que probablemente no podrás comer nada. Tu amigo te mirará, enojado pero preocupado, y te preguntará qué pasó. "Solías ser la persona más feliz que había conocido, ¿qué diablos te pasa?". Se te enfriará todo, a pesar de los 30 grados de temperatura. Le contarás todo y se convertirá en tu defensor feroz y será uno de los pocos hombres en los que confiarás por un largo tiempo.

    Empezarás a detenerte. Será imperceptible al principio —cancelando citas y repitiendo la alarma una o dos veces— y luego, un día, los pies te pesarán al despertar. Te acostarás boca arriba mientras ves girar el ventilador del techo y tu perro se tenderá a tu lado, con la mirada fija en tu cuerpo inmóvil.


    Ninguna mujer es una isla, aunque esté viviendo en una.

    Cerrarás los ojos. Todos los pensamiento que evitaste tener durante meses, llegarán juntos y te harán vibrar la cabeza. Entenderás que él está saliendo con alguien más y por primera vez consciente sentirás culpa. Culpa por haberte negado a presentar cargos y culpa por haber asumido que dejarlo arreglaría el problema. Lo arregló para ti, en cierto modo, pero ninguna mujer es una isla, aunque esté viviendo en una. Si la chica que tiene ahora también sale lastimada, sería tu responsabilidad. El perro se pondrá boca arriba. Volverás a dormir. Enjuaga, repite.

    Te arrastrarás hasta el centro comercial a comprarle a tu papá algo para el Día del Padre. Recorrerás todo L'Occitane, recordando a través de la niebla en tu cerebro que a tu papá le encanta la loción para después del afeitado. Olerás la fragancia de bergamota y la pareja que está junto a ti, bromearán con una muestra de humectante hasta que ella le aplica un poco en la mano a él. El olor llegará a ti y sentirás que la bilis te sube por la garganta. Dejarás la loción y saldrás de la tienda, directo a los baños públicos. Te apoyarás sobre el asiento de un inodoro, con náuseas y sudando, mientras que la triste sensación de pesadez en tu intestino se propaga por todo el cuerpo.

    Al lavarte la cara con el agua fresca de la llave, te devolverás 10 minutos, buscando la razón de tu colapso repentino. Te darás cuenta de que era un humectante de té verde. Recordarás que esta es su marca. Buscarás ayuda. Te preguntarás por qué esperaste tanto tiempo. Trata de no sentirte mal por eso. Nunca has hecho esto antes.

    Tu primer paso será una conversación con tu doctora. Le dirás que últimamente no te has sentido feliz. Te preguntará si algo desencadenó ese sentimiento, tú asentirás con la cabeza y ella no ahondará más en el asunto. Te preguntará con qué frecuencia te sientes triste en una escala de 1 a 10. Responderás "nueve" en voz baja. Te remitirá al psicólogo y pedirás una cita para la semana siguiente.

    Tu psicóloga será una persona amable de mediana edad, en una oficina iluminada por el sol y con cojines coloridos. En la primera cita, dirás, con total naturalidad, que estás allí porque saliste de una relación de maltrato y eso ha afectado tu estado de ánimo. Tu terapeuta asentirá con la cabeza y te hará preguntas discretas. Harás esto una vez a la semana durante varios meses. Será de ayuda.

    Nunca pensaste que el enojo sería una emoción útil, pero ahora te permitirás sentirla de verdad y la sentirás correr por tu sangre. Enojo por que te haya pasado esto. Enojo por que la gente cercana a ti no pudo protegerte. Enojo por no vivir en un mundo donde las partidas sean más fáciles.

    Algo injusto te ha pasado y está bien sentirse enojada por eso.

    Y quedarás muy resentida con él. Pensaste que la terapia se iba a tratar solo de perdón y paz, pero tu amable sicóloga de mediana edad te llevará en la otra dirección. Te dirá que aceptes el hecho de que algo injusto te ha pasado y que está bien sentirse enojada por eso.

    Te dirá que este hombre te hizo responsable de su bienestar emocional mientras destruía el tuyo y ese desequilibrio puede matar a la gente. Te dirá que culpar al maltratador debería ser la única opción de la víctima, pero que suelen culparse primero a sí mismas. Dejarás de preguntarte qué fue lo que hiciste mal y empezarás a decirte a ti misma cada día que hiciste algo mucho mejor: te fuiste.

    Rebecca Hendin / BuzzFeed

    Te unirás a un grupo de entrenamiento personal para mujeres que se reúne en un parque local tres veces a la semana. Los músculos de los muslos se expandirán tanto que los pantalones ya no te servirán, pero pensarás que de todas formas te gustan más los vestidos. En los días que no entrenas, asistirás a largas clases de yoga y te maravillarás de lo fuerte que te sientes.

    Saldrás con alguien. Será casual. Después de un encuentro, todo se vuelve demasiado emocional para tu gusto, esperarás a que la otra persona se quede dormida, luego saldrás por la ventana y pararás un taxi para ir a casa. Admitirás que este no fue el modo de actuar más maduro y decidirás pensar mejor con qué personas te relacionas mientras estás sanando. Lograrás casi todo esto.

    Ocho meses después de haber empezado la terapia, tendrás tu última sesión antes de hacer un viaje en solitario al extranjero. Tendrás tu última sesión de entrenamiento a la semana siguiente y las mujeres del grupo te comprarán café y después se sentarán al sol contigo. Te irás de Sydney con muchas faldas y muy poco dinero.

    En la primera noche del viaje, en una residencia en Auckland, un tipo borracho en tu dormitorio se te acercará demasiado, te meterás a un baño y respirarás profundo. Al llegar a Nueva York, estarás lista para una aventura. En Islandia, te pararás desnuda bajo una ducha comunal y casi no podrás notar la carne de la gente que se apiña a tu lado. En Londres, habrás tomado una decisión.

    Irás a casa y te prepararás para mudarte al Reino Unido, al otro lado del mundo. Si hubieras hecho esto antes, es como si hubieras huido. En vez de eso, sentirás que estás saliendo adelante porque de eso se trata. Te darás cuenta, por primera vez en dos años, de que tus decisiones son solo tuyas.

    Rebecca Hendin / BuzzFeed

    Tendrás citas, muchas, en tu nueva ciudad. Ya no sentirás culpa. En vez de eso, sentirás enojo hacia todo hombre que trata a las mujeres como él te trató a ti y sentirás enojo hacia la gente que no actúa y permite ese comportamiento. Tratarás de usar tu enojo para mejorar el futuro, aunque a veces olvidarás que estás enojada y eso también será algo bueno.

    Ya no sentirás culpa y a veces olvidarás que estás enojada.

    Con el tiempo, te enamorarás. Él será gentil contigo y con los demás. Habrás construido una vida completa tú misma y después —solo después— estarás lista para compartirla con alguien más. No negarás que fuiste maltratada, pero para ese entonces ya será como una pizca de sal en un lago de agua dulce. Ya no te definirá.

    Pondrás este mensaje en una botella y lo mandarás a la isla donde vivías.



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