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17 Historias de intoxicación alimentaria que te darán asco y risa al mismo tiempo

"Nada dice 'amor' como ver a tu esposo hacer popó en la bañera mientras estás vomitando en el excusado".

publicado

1. Los tacos del terror:

Mis compañeros de habitación en la universidad y yo probamos un nuevo lugar de comida mexicana para cenar. La intoxicación me pegó unas cuantas horas después. Se sentía como si mil pequeños demonios enojados estuvieran apuñalando mis entrañas con dagas al rojo vivo. Corrí al baño y las puertas del infierno se abrieron de lleno. Estaba sudando, llorando y cagando más de lo que creía posible. Después escuché un golpe mientras mi compañero de habitación abrió la puerta de golpe y procedió a vomitar tacos parcialmente digeridos sobre mi cuerpo medio desnudo, que estaba expulsando los contenidos del alma de satán en el excusado.

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2. El peor primer día de escuela:

La noche anterior a que debiera comenzar mi nuevo trabajo como maestra de inglés, fui a una cena de celebración con mi novio y nuestros amigos. Comí ostras. Todo estuvo bien hasta que llegué a la escuela al día siguiente, cuando comencé a sentirme mareada, pero se lo achaqué a los nervios. Le di la bienvenida a mi nueva clase y les enseñé por alrededor de 20 minutos, pero después no pude abrir la boca por miedo a vomitar. Los niños comenzaron a hablar y a reír, hasta que vomité en proyectil por todo el salón, manchando a un buen número de mis nuevos estudiantes en la fila delantera. Es justo decir que nunca fui su profesora favorita.

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3. El cachorro petrificado:

Hace unos años, fui a checar un nuevo lugar de tacos que me recomendó mi mejor amigo. Pasé toda la noche aferrado al excusado para salvar mi vida. La peor parte fue que mi perrito estaba tan angustiado porque yo claramente estaba sufriendo que comenzó a llorar y a orinarse encima en la puerta. Volteé la cabeza para consolarlo y terminé vomitando toda la parte delantera del excusado y el piso. Entre limpiarme el vómito, el baño y a mi pobre perrito, fue una noche terrible.

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4. Caca en un avión:

Mi peor experiencia con intoxicación alimentaria fue por un sándwich de aeropuerto. De hecho, inhabilité el baño de la clase económica porque estaba destruyendo el lugar por ambos extremos. Fue como la escena del elevador de El Resplandor , con mi vil desorden salpicando por todo el maldito lugar. Nunca olvidaré la mirada en la cara de la pobre azafata.

—Katherine Haché, Facebook

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5. El lío con el jugo de fruta:

En mi vuelo de regreso de Tailandia, fui despertado de mi sueño por la más intensa urgencia de vomitar, sólo para darme cuenta que no había bolsas para el mareo. Mi novio tomó la bolsa de plástico en la que vienen las almohadas y atrapó mi vómito justo a tiempo y puso las gotas sobrantes en su vaso de jugo de manzana. Fui al baño a lavar mi bolsa, me eché agua en la cara y después mi novio me ayudó a volver a mi asiento. Trató de hacerme sentir lo más cómodo posible y se terminó rápidamente el último trago de jugo de manzana. Olvidó que no era jugo de manzana.

—Tyler Amato, Facebook

6. El pedo con premio del carrito de compras:

Tenía 7 años y hacía calor, así que mi papá me compró un helado arcoiris. Alrededor de unas dos horas después, estábamos en Walmart y me tiré algunos pedos antes de darme cuenta que en realidad eran pedos con premio. En vez de hacer lo normal y decirle a mis papás para que nos fuéramos a casa no dije nada porque estaba muy apenado. Después de que en realidad comencé a sentirme muy mal le pedí a mi papá que me pusiera en el carrito. Pero, ni cinco minutos después, comencé a vomitar en proyectil y a cagarme encima de mi papá, del piso y de mi mismo.

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7. El peor almuerzo de trabajo:

Mi compañero de trabajo me llevó a almorzar hacer algunos años y pedí un sándwich de pollo con papas fritas. Una mordida y supe que algo no estaba bien con mi sándwich, así que me comí las papas fritas y no pensé en ello. ¿Por qué? Porque claramente soy una glotona masoquista. El karma me pateó el trasero. Una hora después estaba realizando un espectáculo de pirotecnia intestinal bajo mi escritorio en mi bote de basura. Los ecos de mi canción se pudieron escuchar por toda la oficina así que mi jefe me envió a casa para que durmiera mi vergüenza.

—Kimberly Crotty, Facebook

8. La luna de miel más de mierda:

Mientras estábamos en nuestra luna de miel, mi marido y yo terminamos con un caso agudo de intoxicación por alimentos. El destino quiso que sólo tuviéramos un baño — y tomamos turnos en el excusado, mientras el otro usaba la bañera para vomitar. Eventualmente, llegó el momento en el que ambos teníamos que hacer popó. Nada dice "amor" como ver a tu nuevo esposo colgando su trasero sobre la bañera para hacer popó mientras vomitas tu cerebro.

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9. El show McCagar completo:

Para el cumpleaños de mi hermana hace unos años, comimos en un buffet. Yo comí un taco de pescado, le di una mordida y decidí tirarlo. Al día siguiente en el trabajo sentí la repentina urgencia de vomitar. Llegué al baño y e inmediatamente me vomité encima. Aunque no lo crean, mi jefe no me dejó irme a casa. Unos 15 minutos después, sentí la urgencia de vomitar de nuevo. CORRÍ al baño y sólo llegué a los lavabos antes de comenzar a vomitar por todas partes. Y después pasó... me hice popó en los pantalones mientras vomitaba en un lavabo en un maldito McDonald's.

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10. La salchicha de la vergüenza:

Era la primera vez que pasaba la noche con un chico con el que estaba saliendo. Cenamos pizza — el de queso, yo de salchicha. En las primeras horas de la mañana me desperté con unas náuseas abrumadoras. Traté de llegar al baño pero en cuanto me levanté, vomité sobre toda la alfombra de la habitación. Él se despertó y me encontró en pánico tratando de absorber mi show de horror con algunas toallas de papel delgadas. ¡Estoy asustada para siempre de las salchichas, pero al menos seguimos juntos!

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11. El vómito del Blue Man:

Cuando tenía 10, mis padres me llevaron a ver al Blue Man group. A mitad del show, sentí que una terrible oleada de náuseas me golpeó y vomité en todo el asiento delante de mi. Estaba vomitando tan violentamente que los Blue Men se dieron cuenta y le dijeron a su director de escena que fuera hacia la audiencia y me llevara al backstage. Después del show, uno de los Blue Men sostuvo un bote de basura para mi para continuar vomitando.

—Meg Gonsalves, Facebook

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12. La Cenicienta del infierno:

Soñaba con el baile de graduación desde que era niña, así que naturalmente estaba en las nubes cuando mi crush del último año me pidió acompañarlo cuando era de segundo año. Las cosas estaban saliendo muy bien y me sentía como en un cuento de hadas... pero entonces la intoxicación por comida me golpeó durante mi primer baile lento. Corrí por el pasillo, deteniéndome a vomitar el pollo rancio que me había comido más temprano en cada bote de basura en mi camino al baño. Había siete chicas en mi caseta sosteniéndome el vestido, quitándome las manchas de rímel, dándome toallas de papel para limpiarme el vómito de la boca y dándome agua. Resulta que mi cuento de hadas era una Cenicienta infernal.

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13. El terrible presagio:

Cuando tenía unos 9 años, comí unos nuggets de pollo de un lugar que literalmente se llamaba "Mad Cow" ("Vaca loca"). Resulta que fue algún tipo de presagio porque esa noche, convertí el baño de mis abuelos en alguna especie de pesadilla de vómito de El Exorcista. Debería haberlo sabido.

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14. El lazo del vómito:

Mi novio y yo tuvimos intoxicación por alimentos al mismo tiempo y peleamos por el baño. Después, compartimos un balde para vomitar en la cama el uno junto al otro, sólo para que yo terminara dejando salir diarrea EXPLOSIVA en la cama que compartíamos. Nuestro lazo está sellado — ahora nunca nos podremos dejar.

—Lauren Steve, Facebook

15. La canasta de vómito:

Hace dos veranos, comí salmón tikka masala en mi restaurante hindú favorito. Después, esa noche, me encontré con un chico con el que había estado hablando por Tinder. La mañana siguiente me desperté y me sentí con un poco de náuseas, pero lo ignoré — hasta que me di la vuelta para salir de la cama e inmediatamente vomité en su bote de basura. Su bote de basura de mimbre... que no tenía forro. Miré mientras el vómito salía por los agujeros del mimbre, horrorizada y apenada más allá de lo creíble. Corrí al baño, vomité mis entrañas en su lavabo y conduje a casa lo más rápido que pude para nunca volver a ver al chico de nuevo.

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16. El saco de mierda literal:

Fui a la casa de un amigo a una barbacoa y en 40 minutos sentía el estómago revuelto. Salí corriendo de ahí como alma que lleva el diablo. Sólo me tomó siete minutos volver a casa y llegar a la entrada, pero rápidamente me di cuenta de que no iba a llegar al baño. Miré mi bolsa de verano y después de asegurarme de que no había nadie alrededor, me agaché en el asiento para hacer popó en mi bolsa. Después sentí que me invadían unas náuseas abrumadoras y procedí a vomitar en mi bolsa. Después de que todo terminó tiré a la basura mi bolsa de mierda y vómito y pasé la noche entera abrazando el trono de porcelana.

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17. Y este pecaminoso caso de las cacas:

Mi abuelo invitó a algunas personas a la casa, incluyendo a una monja, la hermana Mary. Esto intimidó a mi mamá, habiendo asistido a una escuela católica cuando era niña, así que trató de impresionarla haciendo una ensalada de brócoli. No teníamos arándanos deshidratados, así que lo hizo con albaricoques. Los albaricoques deshidratados se veían pasados, pero de cualquier modo las cortó y las puso directamente en la ensalada. No mucho tiempo después, los estómagos de todo mundo comenzaron a retumbar, pero ninguno más que el de la hermana Mary. Volteé para ver a la hermana Mary contoneándose hacia la puerta con perlas de sudor en su rostro. Nunca vi a nadie verse tan cerca de la muerte antes.

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Nota: los envíos se editaron por su tamaño y/o claridad.

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