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17 trucos que utilizan los supermercados para venderte más cosas sin que te des cuenta

A partir de ahora irás al supermercado con un gorrito de papel albal.

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1. Todos los carros de compra funcionan mal... y eso significa que están funcionando bien.

Nonnie192 / Getty Images

Te ha sucedido, ¿verdad? Has cogido un carro de la compra que tiene una rueda torcida y te pasas toda la visita al supermercado intentando enderezarlo. O quizás tienes la sensación de que tu carrito va demasiado lento. No es que tengas mala suerte, es que es un truco del supermercado: los carros tienen un pequeño freno para hacerte caminar más despacio y que así te puedas fijar en productos que quizás hubieses pasado de largo. Algunos también están desviados hacia la izquierda para que puedas coger las cosas con la mano derecha, porque si tu carro se desvía justo hacia las estanterías del chocolate, ¿qué demonios vas a hacer tú, pequeño mortal?

2. Y, además, los carros de la compra son cada vez más grandes.

El tamaño del carro de la compra ha aumentado con el paso de los años, la razón es sencilla: a nadie le gusta ver un carro vacío. Si después de comprar aquello que necesitas observas que tu carro tiene muchísimo espacio, es posible que no te sientas satisfecho y lo comiences a llenar con cosas que no necesitas. Voilà, más dinero para el señor Roig.

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3. ¡Aunque también hay carros mini!

Sbytovamn / Getty Images

Oh, parece muy divertido que tu pequeñín simule estar haciendo la compra contigo con su carrito diminuto como una personita que paga su mini declaración de la renta, ¿eh? Lo cierto es que esta tontería termina saliéndole cara al comprador porque raras veces vaciará por completo el carrito del niño.

4. El hilo musical controla tu ritmo, querida oveja.

Es importante para los supermercados controlar la afluencia de gente y los supermercados pueden meterte prisa o apaciguarte según les convenga. Por eso, en las horas de mayor tráfico, el ritmo de la música suele ser cañero para que hagas las cosas más rápido, mientras que en horas más tranquilas, la música suele ser más sosegada.

5. Y tu compra podría estar condicionándose por el olfato.

Cada vez son más habituales las secciones de panadería o bollería en los grandes supermercados que, casualmente, desprenden un olor celestial cuando estás cerca. ¿El motivo? Quizás si los productos más golosos no te entran por los ojos sí que lo hagan por el olfato.

6. Las frutas y las verduras al principio, porque la primera impresión es lo que cuenta.

Mnstudio / Getty Images

Si lo piensas detenidamente, tendría más sentido que las frutas y las verduras se encontrasen en la última parada para que no se aplastasen ni se quedasen al fondo del carro conforme sigues con tu compra, pero no es así... y existen dos razones para ello: la primera tiene que ver con el olfato y las sensaciones positivas que las frutas y las verduras provocan en nosotros y la segunda es que, si en un principio has comprado un montón de alimentos sanísimos, es mucho más probable que después te lleves algún precocinado o algún capricho poco saludable.

7. No sabemos si será bueno ni barato, pero sin duda será bonito.

Los pescados y las carnes suelen venderse sobre fondo blanco para destacar su color y hacerlos más llamativos. Las frutas y las verduras están colocadas a modo de "recién traído de la huerta" en cajas y cajones de madera para dar la impresión de ser más fresco y saludable. ¿Y qué me dices del brillo de las manzanas y de otras frutas? Cuanto más bonito sea, más ganas tendrás de llevártelo a casa.

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8. Los colores varían según lo que intente comunicar el supermercado.

Antonio_diaz / Getty Images / Via u

Si un supermercado pretende dar la impresión de que sus ofertas son las mejores y sus precios son más bajos, utilizará el color rojo que es el que los humanos relacionamos con la oferta. Si lo que pretenden es mostrar que todo es sano, ecológico y fresco utilizarán la madera y los colores verdes, que a fin de cuentas son los colores de la naturaleza. ¿Y para darle un toque exquisito de mercado gourmet? El negro y los tonos sobrios serán los escogidos.

9. Si te sientes en un laberinto es porque estás en un laberinto: EL LABERINTO DEL CONSUMO.

Los productos de primera necesidad como la leche, el azúcar o los huevos siempre se encuentran al fondo del local para que así te des un paseo estupendo por todos esos pasillos llenos de cosas que no necesitas pero que qué demonios, unas Ruffles sabor jamón nunca sobran en una cocina.

10. Todo lo que necesites estará muy lejos de lo que acabas de comprar.

Mediaphotos / Getty Images

Las secciones están separadas a propósito para que des mil vueltas y, por el camino, te topes con un montón de ofertas que no entraban en tu plan de compra pero que terminarás consumiendo.

11. Y cuando por fin te hayas aprendido dónde está cada cosa, el supermercado cambiará el orden de los productos.

La ubicación de los productos básicos cambia periódicamente y el motivo es el mismo que hemos visto antes: el objetivo es que deambules por los pasillos y así existan más posibilidades de que metas más productos en el carro. Qué listos son, ¿verdad?

12. A los supermercados les gusta emparejar más que a 'First dates'.

Alexpro9500 / Getty Images

Los supermercados te ofrecen alimentos complementarios de manera subliminal, es decir, parejas que funcionan como el hummus y los picos de pan, la carne de cerdo y la mostaza, el guacamole y los doritos o las fresas y la nata. Estos productos estarán situados uno junto al otro para que no te lo pienses dos veces a la hora de meterlos en el carro.

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13. Los productos que se compran por impulso están a la salida o al lado de la caja.

Son los que se conocen como "productos golosina", que van desde chocolatinas y otros dulces hasta revistas.

14. Los precios suelen terminar en 5, 7 y 9.

Porque nuestro cerebro prefiere comprar algo a 9,99 que a 10. Es lo que se conoce como "precios psicológicos": una terminación que no es redonda tiende a parecernos más barato y, además, dificulta la comparación de precios.

15. Las gangas siempre se muestran de manera caótica.

Voyagerix / Getty Images

El típico cajón de oportunidades o el pasillo de las ofertas suelen parecer lugares a los que no llega el brazo de la ley. Este desastre es premeditado: cuanto más cutre parezca, más barato pensarás que te va a salir. Y no solo eso, cuando el cliente tiene que rebuscar en un mar de baratijas y encuentra algo de valor, tiende a percibirlo como una ngran oportunidad y rara vez se resiste a comprarlo.

16. Los productos que quieren que compres siempre se encuentran a la altura de los ojos.

La vista tiende a centrarse a la altura de nuestras cabezas, es por eso que los productos que el supermercado quiere posicionar mejor se encuentran exactamente a esa altura... y los que podrían ser competencia directa sean más complicados de encontrar. Los supermercados también utilizan el juego de las dos alturas: productos colocados a tamaño adulto y otros colocados a tamaño niño.

17. Que te lleven la compra a casa gratis no te sale gratis.

Shironosov / Getty Images

Una oferta de servicio habitual en la mayoría de los supermercados es la de llevarte la compra a tu casa de manera gratuita... pero jamás es de manera gratuita. La compra a casa suele ir con la condición de que hayas gastado alrededor de 50 euros, lo que implica que quizás si ese día has gastado 38 termines comprando otros productos que no necesitas con urgencia a cambio de no tener que cargar con las bolsas.

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