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Esta es mi talla según la tienda en la que me compre ropa

La verdadera ba-talla de la moda (perdón).

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Hace un par de meses fui de compras. Necesitaba hacerme con una buena dosis de jerseys de invierno después del fatídico episodio conocido como "casero-malvado-tira-maleta-por-error". Necesitaba también unos pitillo. Y un par de faldas. Siendo pragmática y deseando terminar cuanto antes mi tarea (no, no todas las chicas disfrutamos de las compras), compré unos pitillo (talla 36) en una tienda tras probármelos, un par de jerseys y entré a otra tienda a comprar un par de faldas (talla 36) sin probármelas. Cuál fue mi sorpresa al descubrir que en aquellas faldas cabía yo y una hipotética hermana siamesa, que bailaban alrededor de mi cintura cual hula hoop en una rave de trapecistas.

¿Había sufrido mi cuerpo una extraña mutación adelgazante provocada por los pitillo? No, había comprado en Suite Blanco y en H&M. Y al parecer, usaba tallas diferentes en cada una de las tiendas. A partir de entonces me surgieron muchas dudas, ¿cuál es mi verdadera talla? ¿Determinaba el lugar en el que comprase la talla que gastaba? ¿No debería existir un tallaje más "universal"? Y sobre todo, ¿por qué la gente se obstina tanto en decir "descambiar"?

Primer lunes de rebajas: en busca de mi talla definitiva.

Beatriz Serrano / BuzzFeed

Lunes. 9.54 de la mañana. Primark ya tiene cola porque la moda no entiende de horarios ni de inclemencias metereológicas. Es mi primera parada en este viaje en busca de la talla definitiva.

Escojo unos pitillo negros para la prueba, ¿por qué? Porque es una prenda universal y un fondo de armario básico. Todas, más altas o más bajas, más gordas o más flacas, tenemos un pantalón negro en el armario. Y al margen de pequeños cambios (detalles de diseño, más o menos elástico, etc), suelen ser muy similares.

Primark: talla 34.

En Primark entré sin dificultad en unos pitillo negro de la talla 34, semi-elásticos. Me entraron como un guante, no me apretaban y me sentía cómoda dentro de ellos. Con movilidad, ya sabéis, de los que no te convierten inmediatamente en el Hombre Bicentenario. Para Primark soy una 34, no tenía la menor duda.

A ver, entraban, sí. Y el esfuerzo por abrocharlos era bastante reducido si lo comparamos con sacar la espada Excalibur. Pero si tuviera que escoger una ocasión para llevar estos pantalones sin duda elegiría uno de esos días en los que no tienes pensado comer, beber y si me apuras, vivir.

El problema aquí vino cuando me probé la 36 y descubrí que tampoco era mi talla. Como podéis apreciar en la fotografía, hace esas bolsitas horribles que apuntan a que después de dos lavados estos pantalones pasarán a formar parte de la ropa de "cuando no quieres arreglarte pero de repente viene el técnico a arreglarte la lavadora y claro, no vas a abrir en pijama".

Conclusión, en Mango gasto aproximadamente la 35. Ya que mi talla en Mango es invisible os pagaré con dinero invisible, ¿QUÉ TAL ESO, MANGO?

Zara: 34 pero con matices.

En Zara la 34 volvió a entrarme como un guante o como dirían en alguna revista de moda "me quedaba como una segunda piel". De hecho, fueron los pantalones con los que más a gusto me sentí durante toda la prueba. El único problema fue (sin tener claro si esto tiene que ver con la talla o el acabado) que me sobraba un poco de cintura, ¿por qué, Amancio? ¿Por qué todo no podía ser perfecto?

Bershka: aquí viene cuando la matan.

En Bershka la talla 34 no es que no me entrase, es que ni me abrochaba. Hice varios intentos sin obtener ninguna victoria. No entendía nada. Si hasta había subido por las escaleras para llegar al probador y eso puede considerarse dosis diaria de ejercicio. No era posible haber cambiado de talla en los siete minutos que van de Zara a Bershka.

Beatriz Serrano / BuzzFeed

Aquí me hice un selfie para enfatizar mi desconcierto #nofilter.

El hecho de que mi talla "ganadora" ni siquiera me entrase en una de las tiendas me llevó por distintos derroteros. Pensé, en primer lugar, que si hubiese caminado por Gran Vía y unos pantalones (estos, precisamente) me hubiesen llamado desde el escaparate de Bershka y al probármelos no me entrasen, mi primera conclusión no hubiese sido la de que en Bershka las tallas son más pequeñas, sino la de que con toda probabilidad habría cogido algo de peso en Navidad. Y quizás en ese momento, viéndome reflejada en el poco favorecedor espejo del probador con unos pantalones que no cierran, hubiese tomado la determinación de hacer una dieta / más ejercicio / comprar un bote de helado y ver una película de Matthew McConaughey. Todo esto, recordemos, POR NADA.

Mi siguiente pensamiento fue para la estrategia de Bershka. Es cierto que el target de Bershka es un público mucho más joven que el de Mango o que el de su hermana mayor Zara, por esta razón es posible que las tallas de la tienda sean más pequeñas, puesto que se intuye que las personas que compran en esta tienda son más jóvenes (pre adolescentes, adolescentes y post adolescentes) y más menudas. Tiene sentido. Pero al mismo tiempo no lo tiene. Siendo precisamente una marca que va a un público más joven, pasando por una infinidad de cambios físicos y emocionales en ese turbio proceso que se llama adolescencia, ¿no debería ser la tienda que tuviera una filosofía más positiva sobre el cuerpo y (perdón por la expresión) más "manga ancha" con las tallas?

Pull&Bear y H&M: vuelta a la 34.

Debí perder algo de peso bajando la Gran Vía ya que tanto en Pull&Bear como en H&M volví a recuperar la talla 34... ¡y sin dietas milagro! Intuyo que si hubiese seguido caminando hasta Plaza de España hubiese desaparecido por completo.

Stradivarius: 36 y déjame tranquila de una vez por todas.

Beatriz Serrano / BuzzFeed

Llegados a este punto todo me daba igual. Eran demasiados pitillos para un solo ser humano. En Stradivarius volví a coger dos tallas y la 34 me quedaba "demasiado justa". Entiéndase el concepto, cualquier persona puede comprar unos pantalones "algo justos" porque sabe que con un par de lavados ensancharán. "Muy justos" llega al límite de "mis amigos me sacan en procesión".

Conclusión: no sé qué talla gasto.

Según Primark, Zara, Pull&Bear y H&M gasto una 34. En Berskha y Stradivarius gasto una 36. Y mención especial a Mango, la tienda en la que gasto una 35. Con estos datos y aunque la 34 sea la talla con la que más veces me he sentido cómoda, no he sido capaz de encontrar una talla universal como suele suceder con los zapatos.

Lo que sí he comprobado ha sido el cambio de tallas de una tienda a otra. Si como decía más arriba solo hubiese entrado en una de las tiendas mi sensación sería la de haber engordado o haber adelgazado al descubrir que la talla que suelo utilizar no me entra o que unos pantalones me quedan grandes, cuando probablemente no sea cierto.

Ante esto, la única solución que se me ocurre es la de no pensar en tallas. No obsesionarse. Son mentira. Y escoger un pitillo, un vestido o una camisa por cómo te hace sentir, porque te quede bien o porque te resulte cómodo. Da igual que sea una 36, una 38 o una 44.

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