11 sencillas cosas que los hombres pueden hacer por el feminismo

Escucha.

1. No seas activista en la calle y machirulo en la cama.

Jane_kelly / Getty Images

Vale, te ha flipado ‘Teoría King Kong’ de Virginie Despentes y has leído un par de estados de Facebook que te han hecho convencerte de que lo tuyo es el feminismo. Para el carro. Lo primero que debes hacer es revisarte tú y revisar qué tipo de comportamientos machistas estás perpetuando con las mujeres de tu entorno: ¿eres de los que dice que “ayuda” en la casa en la que vive? Habla con tu pareja y empieza a ocuparte del 50% de las tareas domésticas. ¿Le llevas todavía los tuppers y la colada a tu madre porque “es lo que ha hecho siempre”? Por favor, tío. ¿Eres padre? ¡Enhorabuena! ¿Compartes el 50% de las responsabilidades de la crianza? Mmm… mírate eso también. ¿Cada vez que una mujer está cabreada asumes que está con la regla o que necesita un polvo? ¡Vuelta a la casilla de salida! Y, oye, ¿crees que apoyas emocionalmente a tu chica tanto como ella te apoya a ti? Vaya. Pues así con todo.

Las casas no pueden construirse por el tejado… y no hay nada peor que ser un activista en la calle y un machirulo en la cama.

2. Escucha.

Cottidie / Getty Images

Uno de los problemas del machismo es que culturalmente ha silenciado a las mujeres y ha dado más voz a los hombres. El primer paso para apoyar el feminismo es escuchar qué tienen que decir las mujeres con respecto a su propia opresión, así que ponte cómodo, pídete una cerveza y presta atención.

3. Cállate.

Valovalo / Getty Images

No es necesario que nos des tu opinión en todo momento sobre un problema que conocemos mejor que tú, ¿le darías a un oncólogo tu opinión sobre el cáncer? Tampoco es necesario, de verdad te lo digo, que decidas heroicamente ejercer de “abogado del diablo” sobre un tema que (¡qué casualidad!) no te afecta lo más mínimo. Y, por favor, tampoco es necesario que nos interrumpas en todo momento para desmarcarte “del resto de los hombres”. Sí, ya sabemos que no todos los hombres sois así, pero sí te importa más una generalización que el problema que te estoy contando… es que igual sí que eres un poquito así.

4. Enfréntate a los coleguitas.

Dmitrymo / Getty Images

Vale, has escuchado a un montón de mujeres, has empezado a entender de qué va todo esto, te has dado cuenta de que todo es una mierda y ahora tienes unas cuántas sugerencias que hacernos sobre qué hacer o qué decir en determinadas situaciones. MEC. ERROR.

Ahora es el momento de hacer el verdadero trabajo sucio: enfréntate a tus colegas. Sí, a ese que comparte constantemente fotos de tías en pelotas en vuestro grupo de WhatsApp de la oficina, al que dice “si pesa más que un pollo, me la follo”, a ese que llama “gorda” a cualquier tía que tenga más de una 38, al que hace sentir incómoda a una chica en el bar cuando ella claramente está pasándoselo bien con sus amigas, al que dice que su jefa “es una zorra que necesita un buen polvo” o a los que hacen bromitas (jeje) muy inofensivas (jeje) sobre cómo violarían a una mujer.

5. Utiliza tu privilegio para las causas justas.

Lvnl / Getty Images

Porque además de los coleguitas, seguro que hay determinadas actitudes machistas en tu trabajo (ese compañero baboso con una compañera) o en tu familia (que tu madre sea la que se ocupe de preparar todo en una comida familiar). Por desgracia, cada vez que una mujer señala una de estas actitudes es tachada de exagerada (¡qué dices, mujer!) o incluso grosera (¡pero qué borde eres!)… ¿qué tal si utilizas tu privilegio para algo positivo como señalarle estas conductas machistas a otros hombres y ponerte del lado de la mujer?

6. Deja de juzgar a las mujeres.

Polar_lights / Getty Images

Cada vez que tengas una opinión muy fuerte sobre una mujer, revísala y elimina todo aquello que pueda venir de una educación machista. En general, no opines sobre su físico aunque pienses que es un comentario bueno: las mujeres sufrimos una presión social increíble sobre nuestros cuerpos. Las mujeres, cuando nos salimos del molde que determina la sociedad, tendemos a recibir duras críticas: si es la jefa, la tacharán de mandona, si una mujer no quiere hijos, la tacharán de egoísta y desalmada, si desea una relación, es una mujer anticuada y si desea lo contrario, es una suelta. No perpetúes este sistema.

7. Cada vez que una mujer exprese una opinión que te resulte incómoda, trata de entender por qué te hace sentir así en lugar de ponerte a la defensiva o menospreciarla.

Irina Griskova / Getty Images

Todos tenemos actitudes machistas y la revisión es una tarea constante dentro del feminismo. De modo que, a no ser que te hayan criado los lobos, es imposible que carezcas de determinadas actitudes o ideas que son tan solo una muestra de la educación que has recibido. Tómatelo como el viejo dicho: quizás, si te pica tanto, es porque te está curando.

8. No infravalores los problemas de las mujeres ni digas que somos “unas exageradas”.

Jozefmicic / Getty Images

Si has nacido hombre, blanco y hetero es imposible que hayas sufrido el tipo de opresión que hemos sufrido las mujeres y, por mucho que intentes ponerte en nuestro lugar, seguirás sin sufrirlas. Por ese motivo, no le restes importancia a los problemas de las mujeres: si una mujer se queja ante ti del problema del acoso callejero, no digas que “a ti una vez te dijeron un piropo y te alegró el día”. Para ti es una excepción, para nosotras es la norma.

9. Ocúpate de tu masculinidad y de los problemas que te provoca el modelo tóxico imperante de esta.

Serazetdinov / Getty Images

Mira, entre tú y yo, yo no estoy en esto del feminismo para que los hombres “podáis llorar” o “hablar de vuestros sentimientos”. Ojo, me parece una movida que vivamos bajo un sistema que provoque que los hombres tengáis que ser fuertes, viriles, económicamente solventes, poderosos y que se considere una debilidad que un hombre sea sensible… pero, sinceramente, me preocupan más los feminicidios, la violencia machista, las violaciones, la brecha salarial, el aborto, los problemas producidos por la píldora anticonceptiva, el acoso en el trabajo, el debate sobre los vientres de alquiler o mirar constantemente a mis espaldas cuando vuelvo a casa por un callejón oscuro.

Es vuestro trabajo como hombres deconstruir vuestra masculinidad, analizarla y ver cómo podéis cambiar para ser más felices. No es mi trabajo, es el tuyo. Enjoy.

10. Cede tu espacio y entiende que no eres el centro del universo.

Jjpan / Getty Images

A las mujeres se nos escucha menos y, salvo cuando nos convertimos en “objeto de deseo”, también se nos tiende a invisibilizar. El feminismo busca la igualdad porque vivimos en una sociedad desigual. Y, lamento comunicarte si todavía no te has dado cuenta, que para alcanzar una verdadera sociedad, un determinado grupo tiene que perder poder para que otro lo gane. Es simple, pero es lo que más cuesta. A nadie le gusta perder privilegios.

Por eso, cede tu espacio y respeta el espacio de las mujeres.

11. Y, recuerda: tu amiga feminista no es Google.

Frdmn / Getty Images

Existe una práctica común en el Maravilloso Mundo del Nuevo Aliado que es dar la brasa constantemente a su amiga feminista con temas de feminismo. Es un debate interesante, no me malinterpretes. Y ver cómo te preocupas y te interesas por el feminismo es genial. Pero, de verdad, si no entiendes por qué no se llama “igualitarismo”, vete a Google. Si quieres entender las olas del feminismo, vete a Google. Si no entiendes por qué un piropo nos puede resultar ofensivo, también lo puedes buscar en Google. En serio, buscar constantemente el espíritu pedagógico en una mujer feminista es un poco el nuevo “plánchame esta camisa que a mí me da pereza”.

Gracias y buen viaje.

Check out more articles on BuzzFeed.com!

Beatriz Serrano es Redactora de BuzzFeed y vive en Madrid
 
  Tu reacción
 

Reacciones

Buzzing ahora