back to top

Me hubiese gustado poder votar a una mujer, pero no hay

La pregunta sigue siendo por qué hay tantas mujeres en lugar de por qué no hay ninguna.

publicado

Durante la rueda de prensa tras la jura de cargo de Justin Trudeau como Primer Ministro de Canadá, una periodista preguntó por qué era importante para el liberal que la composición de su nuevo gobierno fuera igualitaria, formada 50% por hombres y otro 50% por mujeres. La respuesta del Primer Ministro fue simple pero tajante: "porque estamos en 2015".

En el mismo 2015 en el que Trudeau formaba su gobierno paritario haciendo levantar la mano (y la ceja) a algunos sectores de la prensa, The New York Times publicaba la noticia de que hay más hombres llamados John o David dirigiendo empresas que mujeres en general.

2016 es un año importante en política nacional e internacional. En Estados Unidos, la demócrata Hillary Clinton avanza posiciones para ganar las elecciones frente al republicano Donald Trump. En España, de los cuatro partidos mayoritarios, no encontramos entre los candidatos a la presidencia del Gobierno a ninguna mujer. Y quizás lo curioso es que en un ambiente en el que la palabra feminismo está a la orden del día, la pregunta sigue siendo por qué hay tantas mujeres en lugar de por qué no hay ninguna.

España es el octavo país de la Unión Europea con mayor brecha salarial: las mujeres cobran hasta un 18,8% menos que los hombres por desempeñar el mismo trabajo. Este dato resulta especialmente curioso si tenemos en cuenta que en los países desarrollados las mujeres tienen un nivel educativo mayor a los hombres. En España el 51,6% de las personas que tienen estudios superiores son mujeres. Es decir, las mujeres están más preparadas pero cobran menos.

Sobre la dificultad de las mujeres para alcanzar puestos de mayor responsabilidad se ha debatido largo y tendido hasta llegar a la conclusión de la existencia de un "techo de cristal", una metáfora que hace referencia a las barreras invisibles que impiden a las mujeres ascender laboralmente del mismo modo que los hombres. Esta barrera se mantiene, invisible pero sólida, debida a factores diversos como una cultura dominante tradicionalmente machista a la que la empresa no es ajena.

En política sucede lo mismo y, por desgracia, España no representa una excepción. En la siguiente gráfica podemos observar cómo el número de mujeres en política tiende a ser menguante según se alcanzan puestos de mayor responsabilidad.

Estamos en 2016 y los políticos hablan de feminismo. Alberto Garzón, candidato a las listas de Unidos Podemos, es vapuleado en Twitter por escribir la palabra heteropatriarcado. La izquierda española le ha perdido miedo a palabras como feminismo, patriarcado y violencia machista. Partidos como el PP y Ciudadanos, prácticamente ausentes en el discurso feminista, también se han visto arrastrados a la conversación sobre violencia de género.

La política parece haber seguido la tendencia de la sociedad española: las búsquedas en Google de palabras como feminismo, machismo o patriarcado tienen un aumento considerable de búsquedas en 2015. Sin embargo, la política parece ser también un reflejo de la discriminación con la que se topan las mujeres a la hora de ostentar un cargo de responsabilidad: de izquierda a derecha, ningún partido lleva a una mujer como cabeza de listas. Ninguna mujer es líder, aunque vayan ganando terreno conforme la sociedad se vuelve más abierta, más igualitaria y más feminista.

En el documental 'Miss Representation', de Jennifer Siebel Newsom, daban otro dato curioso; cuando en una clase de niños y niñas de 6 años les preguntaban qué querían ser de mayores, los dos grupos solían responder lo mismo: astronauta o presidente de los Estados Unidos. Cuando hacían la misma pregunta a alumnos de 12 años, los chicos querían seguir llegando al despacho oval, pero las chicas habían cambiado de parecer: la mayoría querían ser profesoras, médicos o veterinarias. ¿Qué había sucedido en esos 6 años para que las niñas ya no quisieran viajar a la luna? La distinción en el trato que recibían, los estereotipos de género y la falta de representación y de modelos a los que seguir.

La representación es importante. No solo porque no se me ocurre nadie mejor que una mujer para hablar de discriminación de género, opresiones, brecha salarial o violencia machista, también porque es bien sabido aquello de que de lo que no se habla no existe. Y lo que no se ve tampoco. Nuestra sociedad necesita a mujeres en el liderazgo, mujeres visibles, mujeres a la cabeza. Porque deben ser modelos para las generaciones venideras. Deben romper techos para que las niñas del futuro quieran seguir siendo astronautas y presidentas.

Leí en una ocasión que la igualdad real llegaría cuando viéramos a mujeres mediocres en cargos de gran responsabilidad. Hasta ese momento, las mujeres todavía deberán romper muchos techos acristalados para acomodarse en sillas habitualmente destinadas a posaderas masculinas. Que rompieran el techo comenzando por la política sería un gran ejemplo para el resto de la sociedad. Ya va siendo hora. Porque estamos en 2016.


Publicidad

Patrocinado