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Updated on 13 nov. 2018. Posted on 12 nov. 2018

4 razones para dejar de pensar eso de que "las mujeres somos nuestras peores enemigas"

1. Es una de las herramientas más sólidas del patriarcado.

Olha Khorimarko / Getty Images

Tanto en conversaciones sobre feminismo como en otras que nada tienen que ver con la igualdad, a menudo escuchamos esa frase tan manida de que "las mujeres somos muy malas entre nosotras" o "las mujeres somos nuestras peores enemigas". A veces, incluso se convierte en la excusa para seguir explicando por qué existe el machismo porque, claro, "también hay mujeres que son muy machistas", como si el hecho de que todavía existan muchísimas mujeres alienadas que han nacido en el seno de una sociedad machista fuese un motivo de peso para desviar la atención de temas tan importantes como la cultura de la violación, la feminización de la pobreza o los asesinatos machistas.

Individualmente, todas podemos tener algún problema con determinada persona. Por supuesto que existen mujeres que son mala gente, negarlo sería básicamente negar que somos, ante todo, personas. Es en generalizar el estereotipo de "la maldad intrínseca de las mujeres" donde radica el problema. Por eso es importante recordar estos 4 motivos por lo que no caer en este estereotipo la próxima vez que escuchemos la misma maldita frase de barra de bar.

1. Porque es una de las herramientas más sólidas del patriarcado.

Divide y vencerás. Dividir a las mujeres ha sido y sigue siendo una de las herramientas más poderosas del patriarcado. Enfrentar a las mujeres y hacer que nos centremos en nuestras diferencias es una manera de que los hombres sigan estando en el poder. O, como escribió Simone de Beauvoir: “el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”.

Que las mujeres nos veamos a nosotras mismas como enemigas no hace sino favorecer que no nos centremos en los verdaderos problemas. Y, peor todavía, que no hablemos de ellos. Nuestra fuerza reside en la unión, la sororidad y las redes de apoyo entre mujeres. Lo que nos une es infinitamente más fuerte que lo que nos pueda separar.

2. Porque culpabiliza a las mujeres de todos nuestros problemas.

Ser mujer no significa que mágicamente seas feminista. Cuando la mayoría de las mujeres hemos sido educadas en una sociedad machista, es natural tener comportamientos misóginos. Lo ideal es detectarlos, deconstruirlos y cambiarlos.

Sin embargo, existe toda una narrativa que muchas de nosotras hemos interiorizado que parece liberar a los hombres de toda culpa y echársela encima a las mujeres. Un ejemplo concreto de esto es cuando tu pareja, un hombre, te pone los cuernos con una mujer y ella se convierte inmediatamente en el foco de todo tu odio pero a él, en cambio, le acabas perdonando. Cuando, aunque la situación por parte de ambos esté mal, ella no tenía ningún compromiso de fidelidad contigo.

Cuando vemos a otra mujer como "nuestra competencia", la pregunta que deberíamos hacernos es "¿competencia por qué?". ¿Estamos compitiendo por la atención de un hombre con otra mujer? ¿Es entonces la otra mujer la que debería ser el foco de mi odio cuando es un hombre quien está jugando con las dos y disfrutando de nuestro interés? ¿Estamos compitiendo por recibir mayor atención en un puesto de trabajo? ¿No sería mejor reconocer que nuestro jefe no está siendo justo con el género femenino e incluso nos está tratando de menos y aliarnos para conseguir un trato mejor?

3. Porque bebe de un estereotipo sexista que implica que las mujeres somos criticonas, envidiosas e inmaduras.

La socialización de las mujeres parte de que veamos a otras mujeres como competencia y, pese a eso, todas tenemos mejores amigas en las que apoyarnos y con las que crecer juntas.

Las mujeres podemos ser criticonas, pero los hombres también lo son. Eso no significa que a todas las mujeres nos guste el cotilleo ni el hablar por hablar. La idea de que todas las mujeres somos "como porteras" es un estereotipo fuertemente asociado a nuestro género, pero es que no deja de ser un estereotipo.

Las mujeres también nos tiramos horas hablando con desconocidas que acabamos de conocer en el baño de la discoteca, también le hacemos la vida más fácil a esa nueva becaria a la que nuestros compañeros de trabajo miran como buitres, las mujeres pasamos horas escuchándonos hasta resolver un problema, o simplemente hasta que vemos que nuestra amiga ha conseguido desahogarse, las mujeres mayores se hacen compañía mutua y han tejido una red de cuidados entre ellas. Esto también sucede y me atrevería a decir que más a menudo que el hecho de criticar a otra mujer porque no te gusta su ropa. Existe sororidad y bondad entre mujeres. Existe la empatía y existen los cuidados. Y esa es la idea que debemos potenciar, no la que viene asociada con viejos estereotipos.

4. Porque quita el foco del verdadero problema.

"Es que luego los mujeres son las más machistas". Pues muy bien, Jose Manuel. Pero es que las mujeres no son las causantes del acoso sexual en el ambiente laboral, ni de los recientes abusos de poder salidos a la luz gracias al movimiento #MeToo, ni del suelo pegajoso, ni del techo de cristal. De hecho, son muchas mujeres obreras las que están luchando contra la feminización de la pobreza. Las mujeres no suelen ser las causantes de las violaciones a otras mujeres, ni son otras mujeres las que persiguen a otras mujeres por la calle, ni las que nos toquetean cuando vamos en el metro o en el autobús, ni las que nos gritan improperios desde un coche para pasar del "guapa" al "puta" cuando no respondemos como ellas esperan. Las mujeres no somos las que sexualizamos a las menores de edad, ni las que decimos "si pesa más que un pollo, me la follo". Las mujeres no somos las causantes de la violencia machista en todas sus formas y colores, desde las más sutiles hasta las más agresivas.

Las mujeres podemos ser machistas, sí, pero seguiremos estando en una situación de opresión en una sociedad desigual. Las mujeres no somos nuestra peores enemigas, el patriarcado lo es. Y debemos unirnos para que deje de serlo.