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Por qué está todo mal en el meme "En un mundo lleno de Kardashians"

Empezando con que, por desgracia, el mundo no está lleno de Kardashians.

publicado

Corría el mes de septiembre del año 2014 cuando el mundo encontró la penúltima forma de atacar el estilo de vida de Kim Kardashian y su familia. La fórmula fue simple: una usuaria de Twitter subió una fotografía que decía "En un mundo lleno de Kardashians... sé una Jadiya".

Para entender el meme original debemos insertar una breve lección de historia: Jadiya fue la primera mujer del profeta Mahoma. Según la creencia musulmana fue durante este matrimonio cuando Mahoma recibió la revelación divina a través del arcángel Gabriel y, por tanto, ella fue la primera mujer en convertirse al islam y empezar a propagar la doctrina.

Hubiese resultado difícil que el ejemplo de Jadiya triunfase en Occidente y más todavía que se convirtiera en un meme, sin embargo, podemos estar seguros de que si hay algo más fuerte en el mundo que nuestras diferencias culturales es encontrar un enemigo común para unir fuerzas. Y el mundo había encontrado el foco de su odio en la familia Kardashian. Internet se encargó del resto.

Desde 2014, el meme "En un mundo lleno de Kardashians..." comenzó a extenderse a través de redes sociales como Pinterest, Twitter, Facebook o Instagram. El modelo a seguir es variable (llegando a incluir personajes de princesas, actrices, cantantes y hasta personajes de ficción) mientras que el modelo negativo permanece estático: las Kardashians.

En España, la explosión del meme ha llegado con el enfrentamiento entre las Kardashian y Marie Curie.

En un mundo lleno de odio hacia las mujeres, dejad de usar a las Kardashians para seguir enfrentándonos.

El meme parte de la idea de que hay mujeres que son mejores que otras. Más dignas, más aceptables socialmente, con mayor valor. De que hay modelos aspiracionales perfectos. De que hay mujeres a las que te deberías parecer y otras de las que deberías alejarte y, ya puestos, criticar como las critica el resto de la sociedad.

El uso de las Kardashian no es casual. Desde que la familia saltase a la fama con la famosa sex tape de Kim y el posterior estreno de su reality, el clan Kardashian ha estado presente en nuestras vidas mientras hacían alarde del estilo de vida de los ricos y famosos. Las Kardashian tienen dinero y gustan tanto de gastarlo como de mostrar en qué se lo gastan. Las Kardashian son un clan femenino, un matriarcado donde los hombres siempre tienen un papel secundario. Las Kardashian llevan vestidos ajustados y tienen unos culos desmesurados, lo que no les impide sentarse en la silla de dirección de sus empresas y manejar la fortuna que han ido engrosando a lo largo de estos años de éxito. Kim Kardashian es la única mujer del mundo que después de protagonizar un vídeo erótico consiguió aparecer vestida de novia en la portada de la revista Vogue. Kim Kardashian ha conseguido hacer negocio de una situación por la que pretendían causarle una gran vergüenza. Kim Kardashian es madre y esposa y a la vez es fantasía y deseo. Es empresaria y al mismo tiempo reina de la fiesta. ¿Quién no querría ser como ella?



Resulta curioso cómo roles similares al de Kim Kardashian han sido aplaudidos y señalados como modelos a seguir: Hugh Hefner, Jordan Belfort, el mismísimo Donald Trump. Personas que siempre han alardeado de su fortuna y nunca han tenido que disculparse por el sexo que hayan practicado. Pero claro, ellos son hombres. Ellos muestran sus Ferraris y ellas sus zapatos. Ellos llevan trajes y ellas vestidos escotados. Y en el mundo en el que vivimos, el éxito y el derroche masculino está aceptado y es alabado.

Pero lo creáis o no, esto no es una simple defensa al clan Kardashian [1] sino una crítica a la tendencia (milenaria) de criticar a las mujeres y de enfrentarnos constantemente, tomando como ejemplo maldito a un grupo de mujeres que disfrutan abiertamente de su sexualidad y de su poder.

El tono capcioso del meme no hace sino agravar la intencionalidad del mismo: toma los atributos negativos de unas y los positivos de otras, sin que estas cualidades tengan relación entre sí. Curie expresó en un par de ocasiones la sensación de que su marido dudaba de su capacidad en la investigación por el hecho de ser mujer e incluso llegó a hablar de "apropiación" de su marido de parte de su trabajo. Kanye West parece apoyar ciegamente a Kim Kardashian. Veamos: "en un mundo donde todas acaban con patanes que intentan cortarles las alas, sé Kim Kardashian". Injusto, ¿verdad?

El enfrentamiento entre mujeres, como si de caballos de carreras o mercancía se tratase, es la razón por la que seguimos cayendo en estereotipos de género, encorsetadas dicotomías e ideales inalcanzables. Si vistes demasiado sexy, la gente no te va a tomar en serio. Si disfrutas de tu sexualidad, nunca encontrarás pareja estable. Si apuestas por tu carrera, nunca tendrás una familia. Si eres Kim Kardashian, no puedes ser Marie Curie.

Si de verdad queremos construir una sociedad que no nos juzgue por nuestros actos o que, al menos, nos juzgue con el mismo instrumento de medición con el que se juzga a los hombres, debemos empezar por desterrar los sistemas de puntos entre mujeres: los "debería" y "no debería", los ideales, los modelos, los estándares y las perfecciones, los "yo" y los "las otras tías, que son peores". Y abrazar el individualismo, las imperfecciones y las contradicciones. Porque las mujeres nunca llegaremos arriba dejando a otras mujeres abajo.

[1] Un poco sí.

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