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#MeToo no es un movimiento en contra de los hombres, sino a favor de las mujeres (y eso no es puritanismo)

No existe tal cosa como el derecho a importunar. Importunar a una persona no es ningún derecho natural del hombre.

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Al mismo tiempo que el movimiento Time's Up teñía de negro la alfombra de los Globos de Oro como forma de protesta ante las agresiones sexuales de la industria del cine, al otro lado del Atlántico, en Francia, un colectivo formado por 100 artistas e intelectuales publicaba un manifiesto en el diario Le Monde en contra de la ola de "puritanismo sexual" que se había desatado a raíz del caso Weinstein.

Entre las firmantes se encuentran las actrices Catherine Denueve o Ingrid Caven, la escritora Catherine Millet, que ha calificado el feminismo actual como "exacerbado y agresivo", la periodista Élisabeth Lévy que tachó de “infecto” el movimiento #MeToo, la escritora Abnousse Shalmani que definió el feminismo como "el nuevo totalitarismo" o la filósofa Peggy Sastre, autora del ensayo La dominación masculina no existe.

El manifiesto defiende el "derecho a importunar" de los hombres, haciendo hincapié en que "la violación es un crimen, pero un flirteo torpe no es un delito y una galantería tampoco es una agresión machista". En el manifiesto también hablan de unas nuevas víctimas: los hombres. “Esta justicia expeditiva ya tiene sus víctimas: hombres sancionados en el ejercicio de su oficio y obligados a dimitir por haber tocado una rodilla, intentado dar un beso, hablado de cosas intimas en una cena profesional o enviado mensajes con connotaciones sexuales a una mujer que no sentía una atracción recíproca”. Las 100 artistas e intelectuales francesas afirman que, desde el caso Weinstein, las mujeres que se muestran reticentes al movimiento #MeToo son vistas como traidoras o cómplices.

El manifiesto ha corrido como la pólvora. En general, gracias a las voces que se han alzado para mostrar su rechazo ante el mismo. Sin embargo, el hecho de que 100 artistas e intelectuales, todas mujeres, publiquen un manifiesto de este tipo en un diario como Le Monde sigue favoreciendo la existencia de comportamientos abusivos y legitimados por parte de muchos hombres en situación de poder a mujeres en situaciones de inferioridad.

Empezamos por el principio: no existe tal cosa como el derecho a importunar. Importunar a una persona no es ningún derecho natural del hombre. Ni de la mujer, todo sea dicho. Tampoco es un derecho tocar una rodilla ajena por debajo de una mesa, meter cuello o mandar mensajes subidos de tono a una mujer a la que, con toda probabilidad, le cause muchos quebraderos de cabeza si se encuentra en una situación de desigualdad de poder ante ti. Las dinámicas de poder funcionan así: y no es lo mismo que un conocido escriba un mensaje sexual después de una cena a que lo escriba un jefe o cualquier otra persona de la que puedas depender económica o laboralmente.

Decir "me estás importunando", apartar esa sucia mano en tu rodilla o mostrar los mensajes con connotaciones sexuales ante un superior que pueda hacerse cargo de la situación no es puritanismo. Es plantarse ante una situación de extrema desigualdad. Es plantarse ante siglos de abuso de poder por parte de hombres que se creían con derecho a todo y que han visto a las mujeres como trozos de carne para su deleite.

El movimiento #MeToo no es una caza de brujas, por mucho que muchos medios y muchos hombres lo sientan como tal. Si se siente de tal forma, es porque muchos hombres tienen fantasmas en su propio desván. Fantasmas que hasta hace tan solo unos meses estaban atrapados, cohibidos, silenciados, pero que ahora, gracias a una magnífica unión de fuerzas, están moviendo todos los muebles. Por fin están haciendo ruido.

El movimiento #MeToo no va en contra de los hombres, sino que va en favor de las mujeres. Mujeres silenciadas, apartadas y oprimidas a las que nadie ha querido escuchar hasta ahora. Pero resulta curioso con cuantísima facilidad el poderoso toma el discurso del oprimido. Con qué facilidad el abusón se carga de razones para seguir abusando del débil: por el derecho a importunar, porque un mensaje subido de tono no es grave, porque las mujeres exageran y los hombres son así. Con cuánta facilidad un movimiento que tiene por protagonistas a las mujeres vuelve a girar en torno a los hombres. Y con cuánta facilidad se inventan derechos que en realidad no existen, pero llevan siglos pensando que han existido. Resulta curioso cómo en el mismo manifiesto pueden llamar a los hombres "víctimas" y reconocerse a sí mismas como "mujeres silenciadas, vistas como traidoras y cómplices" al mismo tiempo que llaman "puritanas" a mujeres que llevan silenciadas décadas tras sufrir abusos por miedo a represalias de hombres poderosos.

#MeToo favorece que las mujeres hablen. Y hablando se han dado cuenta de que no están solas, de que no son las únicas. El caso Weinstein ha favorecido una conversación a nivel mundial, gracias a la cual se ha demostrado que no solo la industria de Hollywood tiene sus cimientos podridos, sino que el mundo entero funciona así.

Si el hecho de que las mujeres hablen te encrispa, si el hecho de las mujeres hablen te aterra, quizás va siendo hora de que tú también te plantees hacer limpieza en el desván. Porque si te da miedo formar parte de la solución, quizás es que formas parte del problema.



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