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Hablemos de (chicas) youtubers

Sí, ganan dinero grabando vídeos desde su casa, ¿pasamos a lo interesante?

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El mal llamado 'fenómeno youtuber' parece tener casi más detractores que fanáticos. Es mentira. El problema es que los periodistas parecemos más interesados en entender y explicar qué es un youtuber que, como hacen sus suscriptores, ver, comentar, analizar y si es necesario criticar su contenido. Prueba de ello es la forma en la que los medios presentan a estas superestrellas de Internet, centrándose en cómo una persona puede ganar dinero desde su casa (bienvenidos al siglo XXI) en lugar de preguntarse qué lleva a sus millones de seguidores a preferir ver un vídeo en lugar de encender la televisión. Algo estará diciendo, algo estará haciendo que consigue enganchar a tantísima gente. Quizás lo más sensato es escucharles.

Yellow Mellow, de profesión vlogger, tiene más de un millón de suscriptores en su canal de Youtube. Es más que el número de habitantes que tiene una ciudad como Colonia. Bolli, la mujer detrás del canal Todoelmonteesorgasmo, tiene 175.000. Y Andrea Compton, la chica con voz de dobladora, tiene alrededor de 200.000 suscriptores en su canal. Si intentásemos juntar a los fans de estas youtubers tendríamos que alquilar el Santiago Bernabeu durante varias noches seguidas.

Todas tienen en común haber encontrado en Youtube la plataforma idónea en la que volcar el contenido que van creando. Aunque su éxito no parte de seguro. Hasta que llegaron ellas no existían precedentes en España. Y por esa razón, estas youtubers no pueden ponerse de acuerdo sobre cuál es la fórmula de su éxito.

Aunque sí tienen algunas pistas.

En Youtube las reglas no son las mismas que en televisión. Entre los youtubers hay una actitud de camaradería o como dice Yellow Mellow "compartimos la audiencia, no tenemos problemas de horarios o parrillas: si crece uno, acaba beneficiando al resto". Ni siquiera las mujeres que triunfan en la red son las mismas que triunfan en televisión: "yo siempre defiendo que en Youtube si eres un bombón cuesta más que triunfes", cuenta Andrea Compton, "en Youtube triunfa ser normal, incluso, ¿por qué no decirlo? Un poco fea".

Delante de aquellas mujeres, todas creadoras de una cantidad ingente de contenido, da la impresión de que una de las recetas del éxito pasa, precisamente, por su normalidad. Una normalidad bien entendida. Aquellas chicas, que a base de esfuerzo, trabajo y años subiendo vídeos, han llegado a una situación que todos desearían (la de poder dedicarte a lo que te gusta), no son chicas 90-60-90 ni se parecen en nada a los pibonazos que estamos acostumbrados a ver en televisión, más bien se parecen a ese grupo de amigas con el que quedas a tomar unas cañas un martes por la tarde.

Y es que en Youtube es más fácil empatizar con alguien si ese alguien se parece a ti. "La mujer quiere sentirse identificada, está harta de ver a las mismas tías en todas partes, a mi antes me costaba muchísimo identificarme con alguien –pesaba ciento y pico kilos–así que buscaba y buscaba y no era capaz de encontrar una referencia", dice Andrea Compton, "ahora entro en Youtube y veo a un montón de chicas como yo".

"Quizás sí que estamos ayudando un poquito a romper esa norma de 'tienes que ser un pibón'", dice Yellow Mellow, "creo que depende también de cómo te trates a ti misma, yo no puedo centrar mi contenido en mi físico, me gusta darle más importancia a las cosas que hago que a cómo soy [físicamente]". Sus principios parecen conectar con la audiencia, con dos millones de suscriptores, Yellow Mellow dice que ya no puede pasear por Gran Vía a determinadas horas: "no dejará de alucinarme nunca, no dejo de ser una chica que hace vídeos, así que es imposible acostumbrarse a eso". Aunque resulte raro y a veces incómodo "en la calle no hay haters, nadie te viene a insultar jamás, es todo amor".

Como a cualquier mujer con voz en Internet, el ataque de los haters no les resulta desconocido. Y como para cualquier mujer, el pack hater más recurrente es siempre el mismo: "gorda, puta o fea... pues vale", dice Andrea Compton. Uno de los temas que más despierta la furia de estos trolls es el feminismo: "por favor, a ver si a la gente se le mete de una vez en la cabeza que el feminismo significa igualdad, dices cualquier cosa de feminismo y de pronto tienes a un montón de gente llamándote feminazi, es un problema muy bestia", dice Yellow Mellow.

"Yo creo que hacen falta mártires, feminazis incluso, porque el machismo actual es tan visible que tienes que enfrentarte a un montón de comentarios", dice Bolli, "a mi como lesbiana siempre me dicen gilipolleces como 'hace falta que te follen bien'... creo que a veces es necesaria la radicalización: a mayor aporte femenino, mayor aportación en igualdad".

Bolli, de Todoelmonteesorgasmo, elabora contenido LGBT: "yo he tenido haters por la radicalización de mi mensaje, hablo abiertamente de sexo lésbico o de comer coños. Pero tanto Mellow como yo, siendo cabezas visibles, hemos ido abriendo camino para que otras personas se sientan seguras hablando de los mismos temas".

Todas ellas son conscientes de su poder. Y como decían en los cómics de Spiderman, saben que un gran poder conlleva una gran responsabilidad: "en mi caso, que tengo mucha audiencia de Sudamérica, me doy cuenta de que hay muchas niñas de unos 14 años perdidas que quieren explorar libremente su sexualidad pero no pueden porque viven en una sociedad muy machista", cuenta Bolli, "y en esos casos creo que sí que tienes el papel de lanzar un mensaje importante".

"Yo censuro determinadas cosas: sé que hay gente muy joven en mi canal y no quiero que escuchen cosas de mal gusto. Hay que ser muy consciente de quién es tu público", dice Andrea Compton, "eres la única responsable de tu contenido y si la cagas, la cagas tú".

"Un youtuber dijo una vez que votar era inútil... y todos fuimos a él de 'pero tío, por favor, no digas estas tonterías'", dice Yellow Mellow, "no hay que censurarse, pero sí tener cuidado, nuestra audiencia es muy joven y puedes influir de manera negativa si no vas con ojo".

Quizás sí están cambiando las cosas. Estas chicas tienen más audiencia que muchos programas de televisión. Elaboran contenido propio, sin olvidar nunca la responsabilidad que eso conlleva. Tienen una voz única. Cada una de ellas es distinta y ninguna entra dentro de los cánones de belleza imperantes. Quizás la sociedad se ha hartado, como decía Andrea Compton, de ver siempre los mismos modelos y de ver lo que quieren que veas cuando quieren que lo veas. Youtube es un terreno más diverso, más ameno y de mayor independencia tanto para el creador de contenido como para el suscriptor, que elige lo que quiere y cuando quiere. No parece tener grandes pegas.

Quizás, si no lo entiendes, deberías irte de Internet.

Todas las entrevistas tuvieron lugar en el evento '#ChicasenYouTube: la creatividad se escribe en femenino'.





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