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Updated on 31 dic. 2018. Posted on 20 sept. 2018

Por qué las mujeres tenemos que aprender a ser más maleducadas

En resumen: no nos queda otra.

Drante / Getty Images

Hace poco, me encontraba navengando en un ferry junto a dos amigos cuando uno de ellos me hizo fijarme en la mujer y el hombre que estaban en el asiento de detrás. "Madre mía, ese tío está ligando fatal", me dijo. La chica, sentada en su asiento, respondía mediante monosílabos al chico, apoyado en el respaldo del asiento de ella. "¿De dónde vienes, a dónde vas, estás de vacaciones, te gusta la playa, tienes Facebook?" Mi sentido femenino pronto se agudizó y, quizás por haberme visto más de una ocasión inmersa en una situación similar, de inmediato advertí lo que estaba sucediento: aquellos dos no estaban ligando, él la estaba molestando.

He vivido esta situación muchas veces. Un tío se te acerca en cualquier sitio (un bar, una cafetería, una librería, elige tú el escenario) y comienza a darte conversación con cualquier pretexto porque le interesas, porque quiere ligar contigo. No me parece que intentar un acercamiento sea algo necesariamente malo, aunque sí creo que muchos hombres deberían esperar para ver si la otra persona tiene un mínimo interés, porque quizás solo quiere estar a su bola o porque quizás se le acaba de morir el gato. Y, a menudo, en ese tipo de situación las mujeres no sabemos cómo reaccionar. Así que aguantamos, tragamos y respondemos de manera evasiva para salir rápidamente de ese embrollo y continuar con nuestra vida.

Con la filosofía (y la seguridad) masculina de "el no ya lo tienes" y "el que la sigue la consigue", los hombres se acercan a las mujeres y parecen ignorar por completo los principios de la comunicación. Parece mentira tener que explicarlo, pero si una persona te responde educadamente pero no fluye la conversación, si mira el teléfono móvil evitando el contacto o te responde con evasivas, lo más probable es que no quiera hablar contigo. Porque por mucho que un hombre se haya "armado de valor" para acercarse a una mujer, la realidad es que esa mujer no le debe nada a ese hombre... porque el deseo de él no está por encima del de ella.

Por educación (y por miedo) las mujeres tendemos a ser demasiado amables con el género masculino. Callamos, escuchamos larguísimos monólogos, reímos chistes y bromas de mierda, asentimos, dejamos pasar. El arquetipo de la feminidad, que a veces parece llevar años enterrado y otras sacar la mano de la tumba como en una película de muertos vivientes, vuelve a nosotras cuando nos enfrentamos a determinadas situaciones que nos hacen regresar a esa amabilidad por incomodidad, a esa sonrisa con la boquita cerrada, a ese asentimiento educado y a ese miedo a dañar el ego masculino.

Y creo sinceramente que deberíamos hacer algo.

Siempre y cuando la situación esté exenta de peligro hacia nosotras, siempre y cuando no estemos en un callejón oscuro, las mujeres deberíamos empezar a ser más bruscas, más cortantes, más estúpidas y más maleducadas. Decir más alto "me molestas", "no me interesa hablar contigo" o "perdona, me apetece estar a mi bola". Decir "no quiero hablar contigo" y saber que no tienes por qué hablar con él. Mandarlos a paseo, no reír sus gracias, ni permitir que nos sigan incomodando porque les parecemos "monas" y estamos a solas. Las mujeres tenemos derecho a la ranciedad, a ser unas setas, a tener cara de mierda y a no sentir el más mínimo interés hacia una persona que nos estorba. Deberíamos recuperar nuestro espacio. Hacerles saber que la calle no es suya, que el mundo también es nuestro. Que nosotras también somos sujetos sexuales y no solo objetos, y que como sujeto no nos interesa ni su persona ni su cortejo.

Porque llevamos siglos cumpliendo con nuestro papel, siguiendo el guion asignado a nuestro género, siendo pacientes y comprensivas y amables y educadas y, sinceramente, estoy muy cansada de ser respestuosa con desconocidos que no respetan mi soledad, mi tranquilidad, mi espacio, mis decisiones ni mi exageradísima falta de interés en ellos. Y, oye, quizás todo lo que habían necesitado en todos estos siglos era simplemente darse de bruces con una mujer muy, pero que muy, borde.