Si el artículo de El País hablase de los baby boomers como habla de los millennials

Para todos aquellos cabreados con ESE artículo.

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Cada generación que ha despuntado a lo largo de la historia ha tenido un objetivo político y social o, simplemente, la intención de ocupar el poder. Y cada una ha tenido derecho a cometer sus propios errores. Desde los estudiantes del mayo francés —cuando los adoquines se convirtieron en un arma cargada de futuro contra los cristales de las boutiques parisinas bajo el lema: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”— hasta los baby boomers —los nacidos tras la Segunda Guerra Mundial—, que destruyeron por completo el mercado inmobiliario y financiero y nos llevaron a la peor crisis de los últimos 30 años.

Los baby boomers (nacidos entre 1946 y 1965) se niegan a aceptar que su tiempo ya pasó. No hay empresa, organización o político que no dedique sus esfuerzos a explicarles cómo diantres funciona un smartphone o a fingir una paciencia infinita cuando exigen "hablar con el encargado" en un restaurante. Todos tienen como objetivo tranquilizarles para que no monten su enésimo pollo en la puerta del Vips porque su código de descuento caducaba ayer, pero ellos no se habían enterado. No existe constancia de que los baby boomers hayan nacido y crecido con los valores del civismo y la responsabilidad. Hasta este momento, salvo por sus equipos de fútbol y el mismo partido al que llevan votando los últimos 30 años, no se identifican con ninguna aspiración política o social. Su excesiva fijación por el pasado y su indiferencia, en cierto sentido, hacia el futuro y lo que está por venir son los rasgos que mejor los definen. En ese sentido, es probable que el eslabón perdido de esta crisis mundial generalizada resida en el hecho de que son una generación que tiene la tranquilidad de quien lleva calentando la misma silla durante los últimos 30 años, pero ninguna obligación.

Me encantaría conocer una sola idea baby boomer que no fuera un "pues en mis tiempos todo era mejor" o "los chavales de ahora son todos unos vagos". Una sola idea que trascienda y que se origine en su nombre. Porque, cuando uno observa la relación de muchos con el mundo que les rodea, parecen más bien una radio vieja emitiendo en bucle un soniquete atronador que seres humanos que llegaron al mundo gracias a sus madres.

Aquellos baby boomers que se saturan cuando tienen que hacer un poquito de multitasking o comprar un partido de fútbol en una televisión inteligente no tienen un programa, no tienen proyectos y solo tienen un objetivo: quejarse a todas horas. Al parecer, lo único que les importa es comprar una casa y luego ponerse a especular con ella.

El problema es que, si gran parte de esta generación que se niega a aceptar que no son los amos del mundo, no deja de temer todo lo nuevo y lo moderno, seguirá teniendo sentido que su temor sea el que termina alzando como líder a Donald Trump. Ojalá el miedo a lo desconocido no hubiese llevado a todos los mayores de 60 años a votar en favor del Brexit.

Al final las preguntas son muchas. ¿Vale la pena construir un discurso para aquellos que no tienen en su ADN la intención de escuchar? ¿Vale la pena dar un paso más en la antropología y encontrar el eslabón perdido entre el baby boomer y el ser humano? ¿Vale la pena volver a explicarles que, como ahora hacen ellos, siempre ha habido algún otro señor antes quejándose de todo lo que hacen las generaciones venideras?

Si los baby boomers lo único que saben hacer es quejarse sin proponer ninguna solución que no sea un auténtico despropósito, lo más natural sería dejar de escuchar la sarta de tonterías que tienen que decir. Los demás, los que no pertenecemos a esa generación, los que no estamos dispuestos a ser responsables del fracaso que representa que una parte significativa de estos abueletes sigan empecinados en vivir en 1965, debemos tener el valor de pedirles que dejen de creerse los reyes del mambo e inventarse derechos como "su derecho decirle a una mujer que está muy guapa por la calle", "su derecho conducir el coche a pesar de los altos niveles de contaminación" o "su derecho a fumar en los bares". Pero, además, que sepan que el resto del mundo no está obligado a mantenerlos en sus jubilaciones privilegiadas a los 65 años.