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Lyla Ribot para BuzzFeed

La realidad de un estudiante mexicano: Cuando tu papá se va a Estados Unidos

Su papá está en Estados Unidos, pero César Segura quiere cumplir sus metas en México. La Fundación Bancomer ayuda a jóvenes como César, que inspiran a construir un mejor país. Conoce más aquí.

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César se despierta casi todos los días a las 6:20 de la mañana, plancha su ropa, se viste, se toma un jugo y se guarda unas galletas y camina a la esquina de su casa, en la localidad de Tenería Del Santuario, a las afueras de Celaya, Guanajuato. Los días que tiene suerte, el camión que lo recoge no viene demasiado lleno y llega a la escuela en15 minutos. César cursa el tercer semestre de preparatoria en el Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Guanajuato (CECYTEG) en San Juan de la Vega. Al salir de clase, vuelve a esperar al autobús para regresar a casa, y después de una hora, se va a jugar fútbol, el deporte que más le gusta, hasta que una ola azul marino opaca completamente al sol.

Parecería que la vida de César es como la de cualquier joven mexicano, excepto que, de sus 16 años, solo ha convivido con su papá cinco. Él es uno de los miles de estudiantes afectados por la migración.

“Se volvió a ir el 13 de febrero”, me dice.

Su papá partió a Estados Unidos por primera vez cuando César ni siquiera había nacido. No regresó hasta que él cumplió 9 años. La única manera en la que lo conoció durante ese tiempo fue a través de fotografías. “Mi papá se fue cuando tenía 17 años, y mi mamá estaba embarazada”, dice César. Su mamá, Yolanda Jiménez, fue la que asumió la responsabilidad de cuidarlo, y es alguien a quien él admira muchísimo. “Mi mamá siempre me sacó adelante, trabajaba, y no me quería dejar, no le gustaba dejarme encargado, me llevaba con ella a su trabajo; ayudaba a mantenerme”.

César hoy tiene una hermanita de 6 años, quien por primera vez sufre los estragos de tener un padre ausente. “Mi hermana está triste, dice que lo extraña mucho, pero al menos él sí la vio nacer, vio sus primeros pasos, sus primeras palabras... los míos no. A mi me tocó solo estar con mi madre”. El papá de César regresó a Tenería en el 2010 para intentar establecerse económicamente en México, trabajando en una ferretería local. Pero los gastos fueron demasiados, y las pocas oportunidades laborales que tenía a su alcance sabotearon su deseo de permanecer cerca de su familia.

Le pregunto a César si él también ha pensado en irse. “No, yo amo mucho México, mucho, mucho”, dice. “Y para eso se fue mi padre, para que yo pudiera quedarme, para que yo le echara ganas a la escuela, a mis estudios, para que yo no tuviera que irme como él; él tiene una familia y se está alejando de nosotros”.

“A él no le gustaría que yo me alejara de los que van a ser sus nietos, porque sí, se siente muy feo. Para eso se fue, para que yo tenga las armas necesarias para estudiar y salir adelante aquí”.

El papá de Cesar seguirá siendo una figura inmóvil que vivirá únicamente a través de imágenes en los años que vienen, una presencia que él solo podrá apreciar a través de sus enormes ojos negros.

El hecho de que su papá regrese pronto o no, depende de César. “Mi papá me dijo que si yo decido estudiar la universidad, él vuelve después de que la que termine. Ya nada más van a ser los gastos de mi hermana.” La voz de César se rompe, se estira, se tuerce, y casi sin querer, se escapan de sus palabras verdades agridulces. “Cuando él estuvo aquí tenía los gastos de ella del kínder, los míos de la prepa, y la luz, y comer... pero cuando acabe de estudiar, ya voy a ser un gasto menos”.

César no lo expresa externamente, pero más que convertirse en un arquitecto (la profesión que quiere ejercer), tal vez él desea ser eso, más que nada: un gasto menos. Porque eso significaría que su papá estaría a su lado.

Además de su mamá, otra figura que ha llenado el vacío del padre de César ha sido una maestra que tuvo en secundaria: Ofelia Tovar, quien le demostró a César que aprender nunca pasa de moda. “Yo la admiro mucho, ella me enseñó muchas cosas, ella seguía estudiando, a pesar de tener cuarenta y tantos, no paraba. Ha sido mi maestra favorita”.

César me cuenta que sus materias preferidas son inglés, biología y química, y que le gustaría estudiar su carrera en el Instituto Tecnológico de Celaya. Sueña con construir casas y edificios. Sueña con romper con la idea de que en México no hay oportunidades, sueña con cosas con las que pocos en su municipio se atreven a soñar. “De mi rancho, casi nadie es profesionista, la mayoría son albañiles o trabajan en el campo, o luego, como mi papá, no les alcanza el dinero y se tienen que ir para allá (EE.UU.). Prefieren salirse porque este país no les da lo necesario”.

Mientras su papá regresa, César se enfoca en unas cosas y se distrae con otras. Se mete de lleno en la escuela; se mete a los campos de fútbol a llenarse el corazón. El fútbol es la hebra que lo conecta de forma más íntima con su papá. Cuando lo conoció por primera vez a los 9 años, lo primero que hizo fue llevarlo a practicar este deporte.

“Yo tenía 9 años, ya estaba grande para apenas empezar, pero mi papá insistía, que el Cruz Azul, que el Cruz Azul. Yo no jugaba bien, y mi papá me quería llevar a una escuela de ese equipo a Villagrán”.

Al final, la escuela les quedó demasiado lejos y al no contar con un vehículo propio, el transporte se les complicaba, pero el papá de César consiguió entrenarlo ahí mismo, en Tenería; eventualmente participó en un torneo en Celaya, y comenzó a jugar mejor. Me cuenta que su papá veía los partidos en la tele, pero que no era muy bueno, entonces no jugaba. Hoy, César funge como el delantero titular en casi todos sus partidos.

“Él siempre me ha dicho que todo lo que él haga, quiere que yo lo lo haga mejor”. Y es que en el fondo César sabe que, aunque su relación con su papá por ahora se encuentre en pausa, el camión seguirá pasando por él todas las mañanas a las 6:45, entrará y saldrá de clases, soñará de noche y de día, y el balón no va a dejar de rodar.

Conoce más sobre la Fundación Bancomer, que ayuda a jóvenes que inspiran a construir un mejor país.


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