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Qué pasa cuando los bebés nacen con genitales ambiguos

¿Es ético operar a las personas intersexo para que sean hombres o mujeres?

publicado

Nota de BuzzFeed Español:

La situación de las personas intersexo, cuyos genitales son ambiguos y no son claramente identificables como masculinos o femeninos, es conocida para quiénes hayan visto la película de Lucía Puenzo XXY, ganadora del premio Cannes en 2007, y muy discutida en el mundo hispanohablante.

La periodista de BuzzFeed News Azeen Ghorayshi investigó un caso similar al que trata la película. Los padres adoptivos de M.C., una persona intersexo que fue operada de bebé para ser mujer, iniciaron acciones legales en la corte de Estados Unidos porque M.C., que ahora tiene 10 años, se siente hombre (por lo que nos referiremos a él con pronombres masculinos).

La historia de lo que le pasó a M.C. habla de un problema más grande y que no sucede solo en Estados Unidos sino en el mundo entero: si está bien o no que los médicos decidan operar a los bebés que tienen esta condición.

Al nacer, sus genitales externos incluían un pene de 2 centímetros, una pequeña abertura vaginal, un testículo sin descender en su lado izquierdo, ambos ovarios y tejido testicular en su lado derecho, además de un nivel de testosterona en la sangre considerado normal en bebés masculinos. La definición técnica de esta condición es “trastorno de diferenciación sexual ovotesticular”. Algunos registros médicos de M.C. recurrieron a un término más arcaico: “hermafroditismo”.

Uno de cada 2.000 bebés nacidos en los Estados Unidos nace como M.C., con rasgos que encajan en algún lugar del amplio espectro que existe entre lo masculino y lo femenino. Algunos doctores dicen que la cantidad de bebés intersexo es aún mayor (hasta 1 entre 100), dependiendo del tipo de señales biológicas que se utilicen para marcar una diferencia que no vino dada por la naturaleza.

En los bebés que tienen la misma condición de M.C., los doctores revisan los factores genéticos, hormonales y anatómicos que jugarán un rol al momento en que el bebé crezca y se identifique como hombre o mujer. Luego, con el consentimientos de los padres, a menudo se realiza una cirugía para que la anatomía se ajuste a su asignación de género.

En 2012, el año más reciente del cual se pudo obtener información, cirujanos de varios hospitales estadounidenses realizaron varios procedimientos intersexo por lo menos 2.991 veces con niños menores de 18 años de edad, y 1.759 cirugías en niños menores de cinco años.

Sin embargo, muchos pacientes intersexo, sus padres, expertos legales y bioeticistas se oponen a estas modificaciones quirúrgicas, que consideran médicamente innecesarias, plagadas de problemas de consentimiento, y dañinas tanto física como psicológicamente.

“Una persona con genitales ambiguos es inaceptable para la sociedad, y como cirujano puedes cambiarlo en algo que se vea normal y que sea aceptado por la sociedad”, dijo Michael DiSandro, urólogo pediátrico de la universidad de San Francisco. “Si no tienes el cuenta todo el contexto y solo te fijas en los aspectos quirúrgicos del problema, serás el tipo de doctor que realice estas operaciones. ¿Por qué no lo harías?”

Entre otros críticos, una de las personas que está en contra de que se intervenga quirúrgicamente a los bebés interexo es Pam Crawford, la madre adoptiva de M.C.. Hoy, M.C. es un niño de 10 años. (M.C. se identifica como varón, así que este artículo se referirá a él con pronombres masculinos). Mientras entra en su adolescencia, Pam y su esposo Mark presentan una denuncia ejemplar contra los hospitales y tutores estatales que decidieron que su hijo tuviera una cirugía de asignación de género.

El juicio, programado para noviembre, es la primer denuncia pública que surge de un debate científico de larga data: ¿Debería operarse a los bebés intersexo para convertirlos en “niños” y “niñas”?

La idea de que el sexo puede asignarse nació con el trabajo del psicólogo y sexólogo John Money en los años 50.

Según Money, los bebés no nacen con un sexo predeterminado; su identidad de género se desarrolla durante los primeros dos años de vida, y depende de la manera en que sus padres elijan criarlos.

M.C. nació el 20 de noviembre de 2004 en un hospital de Greenville, Carolina del Sur. Al poco tiempo, el departamento de servicios sociales del estado comenzó a investigar a sus padres biológicos por una posible negligencia.

Cuando M.C. nació, los doctores lo registraron como varón. Pero al tiempo notaron los genitales ambiguos del bebé. En los archivos médicos, la condición de M.C. fue caratulada como “confusa”, aunque se trataba de un bebé sano. Un exámen de ADN reveló que tenía dos cromosomas X, la definición genética femenina, y se definió a M.C. como hembra. Sin embargo, faltaba decidir si M.C. debería ser criado como niña.

“Con la cirugía adecuada, es posible una crianza orientada a cualquier sexo”, dijo a su madre adoptiva y a la trabajadora social Yaw Appiagyei-Dankah, endocrinólogo.

“Mi parcialidad en ese momento fue hacia el género femenino, aunque manifesté la posibilidad (...) de que podrían existir niveles de testosterona suficientes como para poner en duda su identidad de género”, escribió en sus anotaciones del 27 de febrero de 2006 el doctor Ian Aaronson, cirujano pediatra que terminó operando a M.C..

Aunque tanto Aaronson como Appiagyei-Dankah dijeron que era posible que las hormonas de M.C. ya se hubiesen orientado a desarrollar una identidad masculina, con el tiempo concordaron en que el joven debía someterse a una cirugía genital para vivir como niña.

Los padres adoptivos de M.C., Pam y Mark Crawford, viven en una gran casa de ladrillos a orillas de un lago del centro de Columbia, en Carolina del Sur. Adoptaron a M.C. cuando tenía 20 meses.

Pam y Mark dijeron que no hubo un momento puntual en el que hayan confirmado que M.C. era un niño. Pero al crecer, M.C. comenzó a manifestar sus preferencias más abiertamente. Una vez que pudo vestirse solo, dejó de lado su vestimenta femenina y prefirió los jeans y las camisas. Cuando para hacer deporte se dividían los equipos entre niños y niñas, M.C. quería estar del lado de los niños.

Sus padres recuerdan un día en especial cuando M.C. tenía seis años y pidió un corte de cabello “como el de papá”. Pam le explicó al usar ese corte, la gente pensaría que era un niño. M.C. dijo que eso estaba bien, y le cortaron el pelo al ras.

Durante primer grado en la escuela, M.C. decidió que quería ser niño todo el tiempo. Pam y Mark hablaron con la maestra de la pequeña escuela judía a la que asistía, y la directora envió una carta al resto de los padres del curso. Cuando llegó el gran día, M.C. se paró frente a su clase, les dijo que había nacido “en el medio”, y explicó a sus compañeros que ahora era un niño.

Sus padres no estuvieron ahí, pero Stanton, la vice directora de M.C. en ese momento, observó todo desde el fondo del salón. “Fue algo conmovedor, él se sintió muy seguro”, dijo Stanton. “Estaba listo”.

La denuncia de los Crawford es el último capítulo de un movimiento en contra de las cirugías intersexo.

Hoy en día, más y más activistas se hacen escuchar a través de blogs, videos, y redes sociales, denuncian cirugías intersexo y enaltecen con orgullo sus identidades intersexuales. Este grupo, pequeño pero con llegada, dice que las cirugías que les realizaron provocaron que se sientan avergonzados y confundidos con respecto a sus propios cuerpos.

La respuesta de los doctores es que la amplia mayoría de las cirugías intersexo son exitosas, y que estos defensores representan a una minoría muy pequeña. Sin embargo, hay quienes dicen que es momento de comenzar a escuchar a las voces disidentes, sin importar cuántas sean.

En las últimas dos décadas, cambiaron algunas cosas. Por ejemplo, las técnicas quirúrgicas son mucho mejores. Y los niños que son operados, a los que antes no se les daban explicaciones, tienen hoy en día servicios de asistencia que les explican cada procedimiento y sus implicancias. Todos están de acuerdo en que eso es un gran avance. Aún así, la cantidad de cirugías se mantiene tan alta como siempre.

Una parte del problema es que los científicos todavía no comprenden la biología detrás de las condiciones de intersexo, o los efectos a largo plazo de una cirugía.

Pero varios doctores afirman que las alternativas pueden ser mucho peores.

“Quienes protestan para detener las cirugías no tienen evidencias de que los resultados de no hacerlas serán mejores que lo que se hace ahora”, dijo Barry Kogan, urólogo pediátrico en la facultad médica de Albany, y ex presidente de la sociedad de urología pediátrica. “Es un experimento que jamás se llevó a cabo”.

“Sin duda se nos puede criticar por nuestros errores pasados”, agregó Kogan, “pero también creo que irse al otro extremo puede producir errores y traumas psicológicos similares”.

En esto concuerda DiSandro, el cirujano en la universidad de San Francisco: dijo que detener todas las cirugías haría imposible que los doctores actúen para el bienestar de sus pacientes. “Realizar la cirugía a corta edad, antes que los bebés puedan recordarlo, les evita el dolor de tener que someterse a esto más adelante en su vida”, dijo. “Obligar a los niños a crecer con genitales ambiguos es muy duro, casi antiético”.

Existe solamente un puñado de estudios que investigaron la salud mental en bebés intersexo que no fueron operados. Los resultados no ofrecen definiciones: algunos estudios no encuentran diferencias relevantes en su calidad de vida al compararlas con personas sin condiciones intersexuales. Otros estudios muestran disparidades en la educación, el empleo y el casamiento. Las condiciones intersexo son demasiado escasas y hay pocos estudios, de modo que alcanzar un veredicto sobre esta problemática por ahora parece algo lejano.

Hoy en día, M.C. disfruta su vida como niño, pero Pam y Mark saben que en poco tiempo deberá enfrentar las realidades más duras de tener una biología parcialmente femenina. En un par de años, existe la posibilidad de que los órganos reproductivos internos de M.C. provoquen que tenga senos, un período y otras incomodidades de la pubertad femenina.

Según dicen, cuando llegue ese momento, M.C. comenzará a ver a un especialista en hormonas que decidirá cuándo y si es conveniente comenzar a bloquear el desarrollo femenino. Es muy posible que se le de terapia de hormonas para compensar la testosterona que su cuerpo ya no produzca por sí mismo.

En ese momento, M.C. también deberá enfrentarse a las decisiones médicas que se tomaron por él; decisiones que sus pares, al entrar en las etapas sexuales de sus vidas, tuvieron la suerte de evitar.

M.C. tal vez hubiera lidiado con todas estas dificultades, o cuestiones similares, incluso si nunca lo hubiesen operado. Pero para la familia Crawford hay una diferencia crucial en ambos escenarios: la habilidad de M.C. para tomar su propia decisión. “Odiamos que se tomaron decisiones que podrían haber tenido un impacto significativo en su capacidad de ser hombre”, dijo Pam, con unos modales muy alegres que se transformaron en una mirada severa. “Simplemente no queremos que otras personas pasen lo que él se enfrentará”.

Este post fue traducido del inglés por Javier Güelfi.