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23 Formas totalmente locas en las que las personas se han roto huesos

Strippers, aspiradoras, y baños. ¯\_(ツ)_/¯

publicado

1. El dedo meñique de stripper:

"Normalmente me apunto para cualquier cosa divertida, así que cuando los chicos con los que estaba sugirieron un club de strippers, yo dije '¡VAMOS!' Para no hacer el cuento largo, traté de subirme al escenario y bailar con la stripper después de haber bebido mucho y caí sobre mi trasero enfrente de todos. La stripper se resbaló y me pisó la mano con sus tacones. Terminó rompiéndome el dedo meñique de la mano derecha. Y, hasta hoy, a mi dedo le decimos el 'meñique de stripper', y cuandoquiera que la palabra stripper se menciona, me duele".

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2. El ataque de la aspiradora:

"Siempre he tenido cabello muy largo (me llega hasta el trasero). En sexto grado, me encontraba en la casa de mi papá y estaba haciendo mis deberes. Uno de ellos resultó ser aspirar las escaleras. De repente, mi cabello quedó atrapado en la parte giratoria y simplemente se la pasó aspirándolo más y más en segundos. ¡Luego la aspiradora comenzó a golpearme en la cara!

Me quedó un terrible ojo morado y durante casi un día entero apenas pude abrir el ojo izquierdo. También me salió de la nariz una cantidad de sangre como jamás me había salido. Mi mamá me llevó al doctor y resulta que también me fracturé un hueso justo debajo del ojo y todavía tengo una pequeña cicatriz. Me la he pasado inventando historias sobre lo que me ocurrió ya que no quiero decirle a la gente en la escuela que fui atacada por una aspiradora".

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3. El fiasco del baño:

"Trabajaba en un hotel local y estábamos teniendo una fiesta de despedida para el gerente junto al hotel. Tomé varios tragos y tuve la increíble urgencia de hacer del dos. Lo siguiente de lo que me acuerdo es que mi novia (que ahora es mi exesposa) estaba en el cubículo del baño diciéndome que despertara y regresara a la fiesta. Me paré de la taza del baño, perdí el equilibrio —la consecuencia usual de los tragos—, caí en el piso frío y duro, y me rompí el fémur derecho justo en dos partes: con los pantalones y la ropa interior todavía a la altura de las rodillas. Es el único hueso que me he roto, pero es toda una historia, ¿no?"

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4. El desagradable bocado:

"Cuando tenía cinco años de edad traté de hacer un columpio con una cuerda en las barras trepadoras que estaban en mi patio trasero. No pude apretar el nudo con las manos así que traté de utilizar los dientes; me resbalé y apreté la cuerda con la boca mientras caía. Me rompí el paladar en dos".

—Jacquelyn Archey, Facebook

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5. La impresionante posición de pie:

"No es súper vergonzoso, pero hace aproximadamente cinco años me encontraba de pie, hablando con mi mamá, cuando ambas escuchamos un tronido. Luego sentí un ridículo dolor en mi pie. Empecé a llorar y mi mamá me dijo que me aguantara porque no había forma de que me rompiera el pie estando parada. Pues bueno, mi pie comenzó a hincharse y mi papá convenció a mi mamá de llevarme a la sala de urgencias, y resultó que me quebré el quinto metatarsiano. Esa es la historia de cómo me encontraba de pie y me quebré el pie".

—Hannah Rose Speilman, Facebook

6. El mortífero calzón chino:

"Permítanme plantear el escenario: Tenía nueve años, estaba sola en casa y veía la televisión. Me dio hambre, así que me levanté para ir por unas palomitas de maíz. De regreso al sofá, me di cuenta de que se me habían metido los calzones, así que sobra decir que intenté sacármelos mientras me sentaba. Fue una idea terrible porque me los saqué mal (quién iba a decir que hay una forma correcta de sacarte los calzones) y me senté demasiado rápido. Para no hacer el cuento largo, mi dedo quedó aplastado bajo el peso de mi trasero (todavía me desconcierta cómo lo hice) y se fracturó. Mi dedo nunca sanó bien y, hasta la fecha, sigue estando gordo y torcido".

—Camille Dawson, Facebook

7. El déjà vu:

"Estaba totalmente borracho en la casa de un amigo y me encontraba fumando un cigarro en el balcón cuando, de repente, su pequeño perro salió corriendo de la casa persiguiendo a un ratón. Salté y caí sobre el costado de mi pie. Me rompí el cuarto y quinto metatarsianos.

Lo más loco es que, seis años más tarde, se me estaba haciendo tarde para ir a trabajar, salí corriendo y escuché que algo tronó y sentí un dolor insoportable en mi pie derecho una vez más. Me rompí exactamente el mismo pie, exactamente los mismos huesos, exactamente el mismo día, solo que seis años después".

8. El demasiado adorable cachorro:

"Había llegado a casa con mi amoroso y dinámico perro después de un día verdaderamente largo y frustrante. Me arrodillé para darle sus muy merecidas caricias y besos, cuando sacudió exuberantemente su cabeza hacia atrás para lamerme la cara. Su cabezota, dura como una roca, se azotó contra mi nariz y me rompió el tabique. Ciertamente, fue un trágico incidente de abrazo".

—Colleen Amc, Facebook

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9. El susto del bebé:

"Vi a una bebé caerse de una sillita alta en un restaurante. Cayó de cabeza y pensé que, con toda seguridad, acababa de verla morir. Me mareé tanto de pensar en ello que me desmayé. Detuve mi caída con la cara. Treinta y dos puntadas y una mandíbula rota. Es la única vez que me he fracturado un hueso. Por cierto, la bebé estaba bien".

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10. El milagro del nacimiento:

"Mi hija trató de salir boca arriba y me rompió el coxis con su gorda cabecita".

—Andrea Lewis, Facebook

11. La única forma en la que los estudiantes universitarios que están en quiebra se entretienen:

"Durante el primer año de universidad, allá en 2009, todo mi cuerpo estaba envuelto en cinta adhesiva (los brazos pegados a los costados, las piernas juntas… Era una noche de lunes y éramos unos estudiantes aburridos y sin dinero) y estaba siendo perseguida por los pasillos de nuestros dormitorios. Temiendo que fuera a tropezarme, caerme y lastimarme (¡vaya ironía!) me recargué en una puerta para apoyarme. La puerta se abrió justo cuando recargué todo mi cuerpo en ella, caí como un árbol en el bosque y no pude meter las manos para detener mi caída. ¡Aterricé directo sobre mi cara y quedé totalmente inconsciente! Terminé en la sala de urgencias con la nariz rota, cuatro dientes rotos, una conmoción cerebral grave, quemaduras en todo el rostro provocadas por la alfombra y cubierta en sangre. Dos días después, mi cara se había hinchado tanto ¡que me parecía a Voldemort!"

—Ellie Crook, Facebook

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12. El tronco vengativo:

"Me encontraba en una tienda REI y estaba estirándome para alcanzar una hamaca en el estante superior. Yo no sabía, pero la hamaca era parte de una exhibición de camping que incluía un tronco de verdad, el cual, cuando yo tomé la hamaca, cayó directamente sobre mi cara. Estaba tan avergonzada que cuando el empleado de REI vino para ver si yo estaba bien, le dije 'Sip, completamente bien', aunque toda la cara me punzaba y ya estaba comenzando a tener ambos ojos morados.

Luego seguí caminando aturdida por la tienda antes de decidir irme a casa (posteriormente descubrí que tenía una conmoción cerebral, de ahí que anduviera vagando). Al día siguiente, en el trabajo, mi jefe, un cirujano de trauma, me vio y me dijo que fuera de inmediato a la sala de urgencias porque, sip, definitivamente, me había roto la nariz. ¿A quién se le ocurre poner sin precaución un tronco pesado y real en un estante superior? ¡De todos modos, me encanta REI!"

—Savannah Alys, Facebook

13. La oferta dos por uno:

"Yo ya era paciente en el hospital por otra razón. Los pantalones médicos eran un poco largos; me tropecé con ellos, pateé algo mientras caía y me rompí el dedo gordo del pie izquierdo, así que en alguna parte hay un informe de accidente hospitalario con mi nombre en él".

—Jennifer Kehn, Facebook

14. El niño que en verdad creía:

"Cuando tenía dos años de edad pensaba que era Dumbo, así que traté de volar saltando desde la litera de mi hermano. Terminé rompiéndome el cuarto y quinto metatarsianos del pie derecho. Y, para empeorar las cosas, pensé que debía intentarlo otra vez, y por poco y lo hago, excepto que mi mamá entró (yo estaba gritando) y me llevó al doctor. Todavía tengo aquella escayola morada".

-Katie Martin, Facebook

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15. Para ser sincera, valió la pena la dulce venganza:

"En la secundaria tomé clases de artes marciales. Normalmente nos dividían por parejas al final de la lección para practicar el sparring. Un día, me tocó ser pareja un chico que era mucho más alto que yo y tenía fama en la clase de ser innecesariamente rudo. Comenzamos el sparring y se la pasó golpeándome verdaderamente fuerte en los pechos. El instructor se dio cuenta y le dijo que dejara de hacerlo, pero comenzó a hacerlo nuevamente en cuanto el instructor se alejó para vigilar a los demás chicos. Para colmo, me sonrió con un aire de superioridad, así que supe que estaba haciéndolo a propósito. Perdí por completo la calma y le di una patada giratoria en la cabeza con la suficiente fuerza como para romperme el dedo gordo. Sobra decir que ambos estuvimos en la banca durante el resto de esa sesión de sparring. El dolor nunca se sintió tan satisfactorio".

—Laura Gauthier, Facebook

16. La persona cuyo amor por el Kool-Aid lo traicionó:

"Solía ser algo importante para mí cuando era niña y veía a mi papá preparar Kool-Aid. Cuando tenía siete años, mi papá me llamó para que fuera a la cocina porque estaba preparando Kool-Aid de cereza, mi favorito. Corrí a la cocina llevando puesto mi más reciente atuendo de Old Navy, con todo y los pantalones capri resbalosos. Me subí de un brinco al banco de la barra y de inmediato me resbalé, caí de espaldas y me deslicé debajo de la mesa del comedor, rompiéndome el codo en tres puntos diferentes".

—Monique Morris, Facebook

17. La batalla por la mejor vista:

"Cuando era una niña pequeña estaba sentada en la encimera de la cocina, como lo hacen los niños malcriados, y mi hermana me empujó porque no podía ver la TV. Caí de boca en el piso y, como recuerdo, ¡me quedó la nariz chueca y un diente permanentemente lastimado!"

—Haley Alyssa, Facebook

18. El desayuno de los campeones:

"Justo este marzo pasado me rompí el dedo anular mientras preparaba cereal. Mientras. Preparaba. Cereal. Me serví mi cereal y fui por una cuchara, y cuando coloqué en la encimera la cuchara para ir por la leche, la cuchara comenzó a resbalarse de la encimera. Naturalmente, con mis reflejos de ninja, rápidamente fui a agarrarla antes de que se cayera... y terminé estrellando mi mano en la encimera con todas mis fuerzas. Escuché un poderoso ¡CRACK! y sentí dolor. Me sacaron una placa de rayos X y descubrieron que tenía una rajadura de tamaño considerable en la segunda articulación del dedo anular de mi mano izquierda. Probablemente es lo más estúpido que he hecho".

—Rose Parham, Facebook

19. El abrazo que salió mal:

"Fui a abrazar a mi amiga y ella me dio el abrazo más grande que jamás he recibido; luego sentí un tronido y un DOLOR instantáneo. Me fracturé la costilla mientras me abrazaban. Eso es todo. Yo gano".

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20. La danza de los pantalones:

"Recientemente había perdido algo de peso, así que estaba tratando de ver si podía entrar nuevamente en unos jeans determinados. Todo iba bien al principio. Tenía ambas piernas dentro, pero luego todo se vino abajo cuando llegué a mis caderas. ¡No podían pasar de mis caderas! Estaba decidida a ponerme esos pantalones, así que comencé a hacer eso de que brincas por toda la habitación al tiempo que sostienes la parte superior de tus pantalones para lograr ponértelos. Estaba en mi habitación, entre mi cama y mi espejo, agitando las piernas y brincando de un lado a otro simplemente para ponerme estos malditos pantalones. Y ahí fue donde ocurrió. Me golpeé el pie en la esquina de la base de mi cama, que era puntiaguda y de madera. Inmediatamente me caí. ¡Me dolió muchísimo! Terminé rompiéndome uno de los dedos del pie, todo por tratar de ponerme unos pantalones".

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21. El estornudo agresivo:

"El día de mi cumpleaños, estaba abriendo regalos sentada con las piernas cruzadas y estornudé tan violentamente que mi nariz se golpeó con mi rótula y se fracturó".

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22. El día de spa no tan relajante:

"Me rompí el pie mientras me hacían la pedicura. Ni siquiera me di cuenta que ocurrió hasta el día siguiente cuando desperté y mi pie estaba hinchado y de color negro y azul. Según el cirujano ortopédico, ella masajeó mi pie tan agresivamente que provocó una fractura por estrés. Simplemente digamos que después de dos meses y medio con una bota de yeso, ya no me hago masajes en los pies".

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23. La suerte salvaje:

"Me rompí el brazo derecho en el estacionamiento del consultorio del doctor después de que me quitaran el yeso de mi brazo izquierdo".

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Nota: Las colaboraciones han sido editadas por motivos de longitud y/o claridad.

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